Isabella necesita salvar a su familia y Alexander necesita una esposa. La solución parece sencilla: un matrimonio por contrato durante un año.
Solo hay una regla que no pueden romper: no enamorarse.
Pero vivir juntos, compartir secretos y enfrentar enemigos hará que aquello que comenzó como un acuerdo se convierta en algo mucho más real.
¿Podrán cumplir el contrato sin perder el corazón en el intento? 💗
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Capítulo 14 — La verdad de Alexander
Alexander permaneció frente a ellos sin decir una palabra.
El silencio dentro del viejo invernadero era insoportable.
Isabella sostenía la fotografía de Adrian entre sus dedos.
Lucas, en cambio, parecía preparado para marcharse en cualquier momento.
—Les pregunté qué hacen aquí —repitió Alexander.
—Yo recibí un mensaje —respondió Isabella.
Alexander frunció el ceño.
—¿De quién?
—No lo sé.
—¿Qué mensaje?
Isabella sacó el teléfono y se lo mostró.
Alexander leyó la pantalla.
Su expresión cambió.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque anoche encontré otra nota.
Alexander levantó la mirada.
—¿Qué nota?
Isabella respiró profundamente.
—Decía que te preguntara qué ocurrió el día que murió tu hermano.
Alexander se quedó inmóvil.
Lucas cerró los ojos.
—Sabía que esto iba a pasar —murmuró.
Alexander lo miró.
—¿Tú sabías que alguien estaba contactándola?
—No.
—Entonces explícame qué haces aquí.
Lucas permaneció en silencio.
Alexander dio un paso hacia él.
—Lucas.
—Estoy intentando descubrir la verdad.
—¿Qué verdad?
Lucas miró a Isabella.
—La verdad sobre Adrian.
Alexander apretó la mandíbula.
—No vuelvas a hablar de él.
—Han pasado ocho años, Alexander.
—¡Dije que no!
Isabella se sobresaltó.
Nunca había visto a Alexander perder el control de aquella manera.
Lucas bajó la voz.
—No puedes seguir fingiendo que no ocurrió.
Alexander permaneció en silencio.
Finalmente, Isabella habló.
—Quiero saber qué pasó.
Alexander la miró.
—No quieres saberlo.
—Sí quiero.
—Isabella…
—Estoy cansada de que todos me digan que hay cosas que no debo saber.
Alexander respiró profundamente.
—Adrian era mi hermano menor.
Isabella asintió.
—Lo sé.
—Era tres años menor que yo. Era diferente a mí. Más alegre. Más confiado.
Por primera vez, la voz de Alexander perdió aquella dureza habitual.
—Éramos muy unidos.
Isabella no dijo nada.
—La noche en que murió, habíamos discutido.
—¿Por qué?
Alexander bajó la mirada.
—Por una decisión que yo había tomado.
—¿Qué decisión?
—Había descubierto que alguien estaba utilizando información de la empresa para sacar dinero.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿La misma situación de hace veinte años?
Alexander negó.
—Esto ocurrió años después.
Lucas intervino.
—Adrian también lo descubrió.
Alexander lo miró.
—Y quiso investigarlo.
—Sí.
Isabella sostuvo la fotografía.
—¿Y qué pasó esa noche?
Alexander permaneció callado durante varios segundos.
—Adrian salió de casa.
—¿Solo?
—Sí.
—¿Y luego?
—Nunca regresó.
Isabella sintió un nudo en el pecho.
—¿Encontraron su cuerpo?
Alexander negó lentamente.
—No.
El silencio volvió a llenar el lugar.
Isabella abrió los ojos.
—Entonces… ¿cómo saben que murió?
Alexander respondió con dificultad.
—La policía encontró pruebas suficientes para considerarlo muerto.
—Pero nunca encontraron el cuerpo.
—No.
Isabella miró la fotografía.
—Entonces existe la posibilidad de que esté vivo.
Alexander negó inmediatamente.
—No.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque lo busqué durante años.
Su voz se quebró ligeramente.
—Lo busqué hasta que no me quedó nada más que buscar.
Isabella sintió compasión.
Ahora comprendía por qué Alexander evitaba hablar de aquel tema.
—Lo siento.
Alexander apartó la mirada.
—No necesito que sientas lástima por mí.
—No siento lástima.
Ella dio un paso hacia él.
—Te entiendo.
Alexander la miró.
Durante unos segundos quedaron frente a frente.
Sin contratos.
Sin secretos.
Solo dos personas intentando comprender un dolor que ninguno había elegido.
Pero entonces Isabella recordó la fotografía.
—Alexander.
—¿Sí?
—Hay algo más.
Le mostró la imagen.
Él la tomó.
Su rostro palideció.
—¿Dónde encontraste esto?
—Aquí.
Alexander miró el reverso.
Leyó la frase.
“No murió como te contaron.”
Su respiración se detuvo por un instante.
—Esto no puede ser.
Lucas se acercó.
—Eso mismo pensé.
Alexander levantó la mirada.
—¿Quién te la dio?
—Nadie.
Isabella sacó el teléfono.
—Alguien me está enviando mensajes.
Alexander tomó su mano.
—A partir de ahora, no vas a ir a ningún lugar sola.
—Alexander…
—No estoy negociando esto.
Isabella lo miró.
—¿Por qué?
Alexander sostuvo su mirada.
—Porque si alguien está intentando utilizarte para llegar hasta mí, no voy a permitir que te pase nada.
Isabella sintió que su corazón latía más rápido.
Quizás era por el miedo.
Quizás por todo lo que acababa de descubrir.
O quizás porque, poco a poco, aquel matrimonio falso comenzaba a sentirse demasiado real.
Alexander soltó su mano.
—Nos vamos.
Pero antes de salir, Isabella miró nuevamente la fotografía.
Por primera vez, una posibilidad imposible apareció en su mente.
Adrian Blackwood podría seguir vivo.
Y si eso era cierto, significaba que alguien había pasado ocho años ocultando la verdad.