Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.
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Capítulo 14: El archivo de los Valemont
La noche había caído sobre Londres cuando Evelyn y su hermana llegaron a la residencia Vale.
Alistair había insistido en que esperaran hasta la mañana.
Evelyn se negó.
—Si ese registro existe, quiero verlo antes de que alguien más lo encuentre.
—Precisamente por eso deberíamos esperar —respondió Alistair.
—Ya esperé trece años.
Su hermana la observó en silencio.
—Tiene razón.
Alistair suspiró.
—Entonces entraremos por la biblioteca.
La residencia estaba casi a oscuras.
Alistair abrió una puerta lateral y las condujo por un corredor que Evelyn nunca había visto.
—Mi familia guarda documentos antiguos en esta parte de la casa —explicó.
—¿Tu padre sabe que estamos aquí?
—No.
Evelyn se detuvo.
—¿Está vivo?
Alistair la miró.
—Sí.
Aquella respuesta cambió el ambiente.
—Entonces él podría saber quién era nuestro padre.
—Podría.
Llegaron a una puerta de hierro.
Alistair sacó una llave.
La cerradura cedió.
Dentro había cientos de libros.
Registros.
Cartas.
Documentos familiares.
Evelyn comenzó a buscar.
Su hermana se dirigió a otra estantería.
—Aquí hay algo.
Sacó un volumen cubierto de polvo.
En el lomo aparecía una palabra:
**Valemont.**
Evelyn se acercó.
—Ábrelo.
Su hermana lo hizo.
Las primeras páginas contenían registros de nacimientos, matrimonios y defunciones.
Hasta que encontraron una página arrancada.
Alistair examinó el borde.
—Alguien la quitó deliberadamente.
Evelyn pasó los dedos por el papel.
—¿Qué había aquí?
—Probablemente el registro que buscamos.
Su hermana señaló la página siguiente.
Había una anotación escrita a mano.
“Los documentos restantes fueron trasladados al archivo privado.”
Alistair frunció el ceño.
—¿Archivo privado?
—¿Dónde?
—No lo sé.
Una voz respondió desde la entrada.
—Yo sí.
Los tres se volvieron.
Un hombre mayor estaba de pie junto a la puerta.
Vestía un traje oscuro y sostenía un bastón.
Alistair palideció.
—Padre.
Evelyn comprendió inmediatamente quién era.
El patriarca de los Vale.
El hombre que podía conocer la verdad que todos habían intentado ocultar.
Su mirada pasó de Alistair a las dos hermanas.
Cuando vio a Evelyn Bellamy, su expresión cambió.
—No puede ser.
Evelyn dio un paso adelante.
—¿Me conoce?
El hombre apretó el bastón.
—Conocí a tu madre.
—Eso no responde mi pregunta.
Él guardó silencio.
Evelyn continuó:
—¿Conoció a mi padre?
El hombre la observó durante varios segundos.
—Sí.
—¿Quién era?
Alistair intervino.
—Padre.
—Cállate.
Evelyn no retrocedió.
—Quiero la verdad.
El hombre caminó hacia el escritorio.
—Tu padre se llamaba Adrian Valemont.
Evelyn sintió que el nombre le resultaba extrañamente familiar.
—¿Era un traidor?
—No.
—Entonces, ¿por qué borraron su apellido?
El hombre miró a Alistair.
—Porque nosotros fuimos los traidores.
Nadie habló.
—Los Vale acusamos a los Valemont de conspirar contra la Corona para quedarnos con sus propiedades.
Alistair bajó la mirada.
—¿Y mi familia hizo eso?
—Sí.
Evelyn sintió que la rabia desaparecía lentamente.
No porque hubiera perdonado a nadie.
Sino porque finalmente tenía una verdad.
—¿Y mi padre?
—Intentó recuperar el nombre de su familia.
—¿Por qué no lo hizo?
El hombre tardó en responder.
—Porque murió antes de conseguirlo.
Evelyn apretó los puños.
—¿Cómo?
El patriarca Vale la miró directamente.
—No murió en el incendio.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Adrian Valemont murió dos años antes.
Su hermana dio un paso atrás.
—Entonces, ¿quién estaba con nosotras aquella noche?
El hombre no respondió.
Evelyn comprendió que algo no encajaba.
—Dijo que nuestro padre no estaba allí.
—No estaba.
—Entonces alguien estaba fingiendo ser él.
El patriarca asintió.
—Y esa persona fue quien provocó el incendio.
Alistair miró a su padre.
—¿Quién?
El hombre bajó la voz.
—Mi hermano.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Tu hermano?
—Lord Sebastian Vale.
Alistair palideció.
—Pero murió en 1881.
—Eso fue lo que hicimos creer.
La habitación quedó completamente silenciosa.
Evelyn dio un paso adelante.
—¿Está vivo?
El hombre negó.
—No.
—Entonces ¿dónde está?
El patriarca señaló el libro.
—En el mismo lugar donde escondió el verdadero registro Valemont.
Evelyn abrió el volumen.
Detrás de la última página había un compartimento.
Dentro encontraron un pequeño mapa.
Mostraba una propiedad abandonada a las afueras de Londres.
Debajo aparecía una frase:
**“Aquí terminó la mentira.”**
Evelyn tomó el mapa.
—Vamos.
Alistair la miró.
—No sabemos qué encontraremos allí.
Evelyn sostuvo la mirada.
—Por primera vez, eso no me importa.
Su hermana tomó su mano.
—No irás sola.
Evelyn asintió.
Pero antes de que pudieran salir, el patriarca habló.
—Hay algo más.
Las dos se volvieron.
—¿Qué?
El hombre miró a Evelyn.
—Adrian Valemont dejó una última instrucción.
—¿Cuál?
—Nunca permitas que las dos hermanas estén juntas cuando descubran quién fue su verdadera madre.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Por qué?
El anciano bajó la mirada.
—Porque Isabelle Valemont tampoco era quien ustedes creían.