¿Cuánto tiempo toma borrar a una persona que nunca fue realmente tuya?
Alba tiene cuarenta y dos canciones guardadas en una playlist titulada simplemente "Nuestra". Cuarenta y dos fragmentos de una historia que siempre vivió en el "tal vez", en las miradas a escondidas y en las promesas que se quedaron a mitad de camino.
Mateo no fue su novio. No fue un error. Fue su "casi algo": ese espacio gris donde los sentimientos son más intensos porque nunca llegan a ser oficiales. Pero ahora que el silencio entre ellos es más fuerte que la música, Alba ha tomado una decisión: cada noche borrará una canción. Y con cada canción, intentará borrar un recuerdo.
Desde el primer acorde bajo la lluvia hasta el último mensaje sin responder, Alba recorrerá el mapa de su corazón roto para entender en qué momento el "nosotros" se convirtió en un "casi".
A veces, el desamor más difícil de superar es aquel que nunca tuvo un nombre.
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El secreto de la perla .
Capítulo 24: El secreto de la perla. [Presente]. La cafetería era un caos de tazas chocando y el rugido de la máquina de espresso, pero para mí todo sonaba como un zumbido lejano, una estática que me aislaba del mundo. Sergio se inclinó hacia mí, invadiendo mi aire. Su aliento apestaba a tabaco rancio y a un miedo que se le escapaba por los poros.—¿Crees que esto es solo por plata, Alba? —me susurró, mientras sus ojos saltaban frenéticos hacia la puerta de cristal.—¿De qué hablas? Los registros de la “Liquidación” muestran desvíos de millones.Él me cortó en seco, atrapando mi mano con sus dedos huesudos y temblorosos.—A Mateo le da igual el dinero, siempre puede fabricar más. Lo que hay en esos papeles… es la razón por la que te manda fotos de gatos muertos y cenizas. Es por lo que pasó con la anterior.Sentí un hachazo de hielo en la nuca.
—¿La anterior?Busqué mis auriculares a tientas. Necesitaba algo que me sostuviera antes de que el suelo se abriera bajo mis pies. [Pasado] No preguntes por ella, Alba. Es de mala educación hurgar en cajones cerrados.Mateo estaba ahí, hundido en su sillón de lectura, bajo esa luz tenue que lo hacía parecer una estatua de mármol. Yo acababa de encontrar un pendiente de perla, el mismo que luego vería en la caja de cenizas escondida en el fondo de un armario de la suite.—Solo quería saber quién era, Mateo. Vivió aquí, ¿no?Se levantó. No gritó, no se apresuró. Caminó hacia mí y me quitó la joya con una lentitud que me dio náuseas. Me puso la mano en la nuca, apretando justo donde el cráneo se une al cuello.—Era alguien que no valoró lo que tenía. Alguien que creyó que podía irse sin devolver la llave —su voz era un susurro gélido—. Tú eres distinta, ¿verdad, pequeña? Tú sabes que de aquí solo se sale cuando yo abro la puerta.Esa noche, su voz fue un presagio. Pero yo estaba ciega. Pensaba que su obsesión era “protección”. Qué estúpida. [Presente]. Las palabras de Sergio me golpearon como un puñetazo.
—Ella no se fue, Alba —dijo él, casi sin voz—. La perla no fue un descuido. Mateo guarda trofeos de sus “errores”. Esas cenizas que te dejó… piénsalo. ¿Crees que son solo de un papel quemado?Sentí el café negro subiéndose por la garganta. El mundo empezó a girar. Mateo no era un simple estafador. Era un coleccionista de ruinas.Saqué el móvil con los dedos hechos trapo. Entré en la lista de reproducción que había jurado limpiar. Ya no era una limpieza, era un maldito exorcismo.Click.
“¿Deseas eliminar esta pista?”
Confirmar.El contador cambió. Por un segundo, el aire me entró en los pulmones, aunque sepa a metal oxidado.Quedaban 18 pistas.Me giré hacia Sergio, con el puño apretado bajo la mesa.
—Dime dónde está el archivo original de la auditoría de ese año. Si me voy al infierno, él arde conmigo.Sergio me miró con una mezcla de asco y lástima.
—Mañana, en la fiesta, no te pongas nada que él te haya regalado. Nada. Si lo haces, Alba… ya le perteneces.El silencio entre nosotros se volvió insoportable. Afuera, la ciudad seguía su rutina: coches pasando, gente entrando y saliendo de tiendas, risas que parecían ajenas a la tormenta que me devoraba por dentro.Pensé en la perla. En cómo brillaba bajo la luz tenue, inocente y cruel al mismo tiempo. No era solo una joya: era un recordatorio de alguien que había estado antes que yo, alguien que no sobrevivió a Mateo.El miedo me apretaba el pecho, pero también la rabia. No podía seguir siendo su sombra. Cada canción eliminada era un paso hacia mi libertad, cada archivo que buscaba era un arma contra él.Sergio se levantó, nervioso.
—No me busques si decides enfrentarlo. Yo ya estoy marcado.Lo vi alejarse, arrastrando su miedo como un fantasma. Me quedé sola, con el café frío y el mapa invisible de mi destino.El secreto de la perla no era un misterio romántico. Era una advertencia. Una cicatriz convertida en joya, un trofeo de alguien que había intentado escapar.Mateo no coleccionaba dinero. Coleccionaba vidas rotas. Y ahora, yo era parte de su vitrina.Pero no iba a quedarme quieta. Si la perla era un símbolo de derrota, yo iba a convertirla en el inicio de mi resistencia.Quedaban 18 pistas.
18 pasos hacia la verdad.
18 latidos antes de que la puerta se abriera… o se cerrara para siempre.