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Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

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Capítulo 14

Capítulo 14

Ángela le dirigió una mirada entre avergonzada y molesta.

—Deja de jugar. Come primero.

Gael no siguió provocándola. Después de pasar media mañana en reuniones, también tenía hambre.

En ese momento llamaron a la puerta.

Ángela fue a abrir y encontró a Raúl con varios documentos en las manos. Él no entró; solo se los entregó.

—Señora, estos son los materiales para la reunión de la tarde.

Cuando Ángela se volvió, Gael ya casi había terminado de comer.

—Dejaré los documentos sobre el escritorio. Yo voy a regresar a casa.

Recogió los recipientes de comida para llevárselos.

Gael la contempló con pereza. Cuanto más miraba aquel vestido, más le molestaba que otras personas pudieran verlo.

La rodeó con los brazos.

—Acompáñame a dormir una siesta.

Ángela lo examinó con atención. No descubrió deseo en sus ojos y pensó que, después de todo, estaban en la oficina. Incluso él tendría que comportarse.

—Está bien.

Entró primero en la habitación privada.

Gael la siguió con una sonrisa de triunfo.

La cerradura sonó a sus espaldas.

Solo entonces Ángela entendió que había caído otra vez en la trampa de aquel desgraciado.

Lo empujó.

—Tienes una reunión en la tarde.

—Ángela, este vestido es demasiado hermoso. A partir de ahora, solo podrás usarlo para mí.

Ella no respondió.

A Gael no pareció importarle. Tarde o temprano encontraría la manera de hacerla hablar.

...

Ese día estuvo especialmente fuera de control. Solo la dejó cuando la voz de Ángela quedó completamente ronca de tanto llorar y gritar.

Durante los días siguientes, ella no se atrevió a volver a provocarlo. Permaneció en la residencia Montenegro, recuperando las fuerzas en silencio.

Por fin terminó de reunir la información sobre el miserable que amenazaba a Marina.

Al principio pensó en pedirle a Gael que resolviera el asunto. Sin embargo, después de recordar el contenido de los documentos, cambió de opinión.

Le pidió a Nieves que la llevara a las oficinas de Grupo Sarmiento y fue directamente a buscar a Santiago.

—Necesito hablar contigo.

Ángela entró sin llamar.

Santiago levantó la vista y frunció el ceño.

—Ya eres una mujer adulta. ¿Todavía no sabes tocar la puerta?

—¿Por qué? ¿Estabas escondiendo a alguien?

Ángela recorrió la oficina con la mirada, como si de verdad esperara encontrar a una persona oculta.

—Hoy no.

Santiago tosió para disimular la incomodidad.

—Ah...

El tono de Ángela se llenó de burla.

—Entonces Mari no está aquí.

—Dime para qué viniste.

Santiago dejó la pluma y apoyó los pies sobre el escritorio, con el descaro de un mujeriego incorregible.

—¿Sabías que ese desgraciado todavía está amenazando a Mari?

Al comprender que se trataba de Marina, Santiago se enderezó. Entrecerró los ojos y una luz helada apareció en el fondo.

—¿Hablas de Héctor Lozano?

Ángela asintió y dejó sobre la mesa la información que había encontrado.

Santiago empezó a leer.

Su expresión se oscureció con cada página. Los nudillos le crujieron y apretó tanto la mandíbula que las palabras salieron entre dientes.

—¿De dónde sacaste esto? ¿Quiénes lo han visto?

Ángela recordó que no podía revelar su identidad a demasiadas personas. Además, la documentación contenía asuntos privados y no podía escudarse en el nombre de Gael.

Movió los ojos mientras buscaba una explicación.

—La consiguió Nieves, mi guardaespaldas. Gael la asignó para protegerme. Aparte de nosotras dos, tú eres el único que ha visto el archivo.

—Ángela, ¿cómo descubriste que ocurría algo? ¿Marina te lo contó?

Santiago sintió una punzada amarga.

Quería tanto a aquella mujer... ¿Por qué no había confiado en él?

¿Acaso ocupaba un lugar menos importante que su hermana?

—Mari me pidió que la ayudara a marcharse, pero no pudo decirme el motivo. Por eso le pedí a Nieves que investigara.

La noticia de que Marina quería irse encendió en Santiago enojo y dolor al mismo tiempo.

¿Por qué esa mujer no podía apoyarse en él aunque fuera una sola vez?

Si se lo pidiera, Santiago sería capaz de entregar la vida por ella.

—¿Qué piensas hacer? Si necesitas apoyo, puedo pedirle personal a Gael.

Ángela seguía preocupada. Confiaba en la capacidad de su hermano, pero, al final, él era un empresario.

—Tranquila. Puedo resolverlo. Si necesito algo, te lo pediré.

Una frialdad evidente cubrió el rostro de Santiago.

Después de aquel día, él se volvió mucho más ocupado.

Ángela, en cambio, regresó a su cómoda vida de heredera consentida y dejó que Gael la cuidara.

Finalmente llegó el sábado.

Desde temprano, Gael hizo venir a un equipo de maquillistas y estilistas para preparar a Ángela.

El misterioso vestido de cielo estrellado, combinado con delicados zapatos de cristal, la transformó en una criatura salida de una pintura.

Su belleza era sensual por naturaleza, capaz de robarle el aliento a cualquiera.

Cuando Gael la vio, tragó con fuerza y recorrió su cuerpo de arriba abajo con los ojos entrecerrados.

Aquella mujer era una tentación viviente.

Necesitó tres vasos de agua helada para apagar el fuego que había despertado dentro de él.

La recepción se celebró en un hotel de Grupo Sarmiento.

El salón estaba lleno de vestidos elegantes, joyas y perfumes costosos. Las familias más influyentes de Ciudad de México se habían reunido allí.

Grupo Sarmiento había mantenido un perfil bajo durante mucho tiempo, pero su posición seguía siendo inamovible. El regreso de Santiago anunciaba que la familia volvería a concentrar sus negocios en el país.

Todos habían escuchado que la heredera de los Sarmiento llevaba una vida reservada y casi nunca asistía a eventos sociales.

Esa noche no solo aparecería en público.

También anunciaría que estaba con Gael Montenegro, aquel hombre de rostro frío al que tantos temían.

En las casas de los invitados, madres e hijas habían recibido la misma recomendación: si conseguían acercarse a Ángela, estarían estableciendo una relación con dos de los grupos más poderosos del país.

La recepción ya había comenzado cuando Gael y Ángela entraron.

La pareja armonizaba de tal forma que las felicitaciones no dejaron de escucharse a su alrededor.

Ángela vio a su abuelo y a Santiago rodeados de invitados. Tiró suavemente de la manga de Gael.

—Gael, voy con mi abuelo y con Santiago. Ven a buscarme dentro de un rato.

Gael le besó la frente.

—No te alejes. Quédate con ellos.

Ángela llegó hasta su familia.

Don Sarmiento tomó su mano con orgullo y la elogió ante todos. Los invitados se apresuraron a darle la razón.

Desde un rincón, Blanca contempló la escena consumida por los celos.

¿Por qué aquella mujer era el centro de todas las miradas?

Incluso el hombre que Blanca deseaba desde hacía años estaba dispuesto a inclinar la cabeza ante ella.

Una sonrisa cruel apareció en sus labios.

Sacó el celular y envió un mensaje.

En ese momento, las puertas del salón se abrieron.

Entró una mujer con ropa barata.

Ángela no esperaba volver a ver a Nora Zamora.

Creyó que aquella mujer había desaparecido mucho tiempo atrás.

Cuando Nora se enteró de la verdadera identidad de Selene, no armó un escándalo. Se divorció rápidamente del padre de Fabián y se llevó una gran cantidad de dinero.

Después se supo que mantenía a un amante casi de la misma edad que su hijo. El joven era perezoso, gastaba sin medida y vivía por completo a costa de Nora.

Los invitados miraron con desprecio a la antigua señora Segovia.

—Dios mío. ¿De verdad es la misma mujer arrogante que antes nos miraba por encima del hombro? Ahora ni siquiera parece digna de trabajar en mi casa.

Quien habló fue una mujer que años atrás había querido casar a su hija con Fabián.

Nora la rechazó y humilló a la joven delante de todos.

Ahora que la familia Segovia había caído, nadie quería perder la oportunidad de pisotearla.

Nora cerró los puños y miró a la mujer con los ojos enrojecidos, como si fuera a lanzarse sobre ella. La invitada se asustó y guardó silencio.

Ángela observó la escena con frialdad.

Nora no habría podido entrar por su cuenta. ¿Qué buscaba la persona que la había ayudado?

Ángela se puso una sonrisa cordial y caminó hacia ella.

—Señora Zamora, ¿qué la trae esta noche?

Nora la vio acercarse y sus ojos se llenaron de odio.

Trató de alcanzarla, pero Gael, que ya vigilaba la escena, la derribó de una patada antes de que sus manos tocaran a Ángela.

Nora cayó al suelo de manera humillante y empezó a gritar:

—¡Maldita! ¡Todo esto es culpa tuya! Si no fuera por ti, mi hijo no habría terminado así y yo no habría perdido todo.

Alzó la voz para que la escuchara el salón entero.

—¡Tú sedujiste a mi hijo para que hiciera aquellas cosas! Después, con ese cuerpo usado, te aferraste a un hombre de la familia Montenegro. ¿Cómo puedes traicionar a mi hijo de esta manera?

Su rostro se deformó.

—¡Eres una mujer venenosa!

Un murmullo estalló entre los invitados.

Algunas miradas hacia Ángela se llenaron de desprecio.

Don Sarmiento tembló de rabia.

—Santiago, ¿qué estás esperando? ¿Vas a permitir que esta mujer siga calumniando a tu hermana?

Santiago también ardía de furia. La dureza de sus ojos parecía capaz de atravesar a Nora.

Habló con los dientes apretados:

—Abuelo, si la sacamos ahora, todos creerán que queremos silenciarla. Eso dañaría todavía más la reputación de Ángela. Será mejor que esta mujer presente sus pruebas.

Santiago conservó la sonrisa, aunque su mirada se volvió todavía más fría.

—¿No lo crees, señor Montenegro?

Gael nunca se había preocupado demasiado por las reglas.

Una sonrisa cruel curvó sus labios. Rodeó a Ángela con un brazo y retrocedió dos pasos con ella.

Después apoyó el zapato sobre la mano de Nora y la aplastó con fuerza.

La mujer soltó un grito.

—El señor Sarmiento tiene razón. Yo también siento curiosidad por saber de qué manera Ángela consiguió atraparme.

Ángela lo pellizcó en la cintura y lo reprendió con la mirada.

Gael hizo una señal.

Bravo Uno salió de un rincón y sujetó a Nora a un lado.

—Sellen el salón y bloqueen las comunicaciones. Hasta que conozcamos la verdad, nadie saldrá de aquí.

Los invitados apenas se atrevían a respirar.

Algunas jóvenes asustadas se refugiaron en los brazos de sus padres.

Todos temían llamar la atención de Gael o Santiago. Miraron con odio a Nora, culpándola por haber destruido una recepción que debía haber sido agradable.

Ángela salió de los brazos de Gael y contempló a la mujer con ironía.

—Señora Zamora, ya ensució bastante mi nombre. Es hora de que muestre sus pruebas.

—Yo... claro que tengo pruebas.

Nora movió los ojos, nerviosa, y recorrió el salón.

Su mirada se detuvo en un rincón.

Ángela siguió la dirección. Allí no había nadie.

Sin embargo, un poco más allá, Blanca observaba el espectáculo con evidente placer.

Así que era ella.

—Entonces, muéstrelas. Si dicen la verdad, le ofreceré una disculpa. Pero si son falsas, habrá provocado a las familias Sarmiento y Montenegro. No creo que pueda soportar las consecuencias.

—Algo tan importante no se lleva a todas partes. Yo... lo guardé en un lugar seguro.

Nora empezó a entrar en pánico.

Solo había aceptado dinero para difamar a Ángela. No tenía ninguna prueba.

Ángela iba a seguir presionándola, pero Gael tiró de ella y la protegió detrás de su cuerpo.

—Bravo Dos, acompaña a la señora Zamora a recoger las pruebas. Recuerda protegerla muy bien.

Bravo Dos asintió y se disponía a llevársela cuando Ángela intervino con una sonrisa amable:

—Un momento. La señora Zamora no trajo sus pruebas, pero yo sí traje las mías.

Nieves sacó una memoria USB del bolsillo y se la entregó a un empleado del hotel.

Gael negó con la cabeza, lleno de indulgencia.

Su pequeña Ángela nunca olvidaba una deuda.

En la gran pantalla apareció primero un video íntimo de Fabián y Selene. Después se mostró el resultado de una prueba de ADN que confirmaba el parentesco entre ambos.

Nora corrió hacia el equipo para apagar el video, pero Bravo Dos reaccionó con mayor rapidez. Sonriendo, le bloqueó el paso.

—No se apresure, señora Zamora. Nuestra señora todavía no ha ordenado detener la proyección.

Después aparecieron grabaciones de Nora entrando y saliendo de hoteles con su amante joven.

Nora se desplomó.

Todo había terminado.

Jamás tendría una oportunidad de recuperar su antigua posición.

Los invitados la contemplaron como si fuera algo sucio.

—Con razón la familia Segovia cayó. Cada uno de ellos es peor que el anterior.

—Yo creía que Fabián era el hombre perfecto. ¿Quién imaginaría que mantenía una relación sexual con su propia media hermana?

Nora apretó los dientes.

El miedo nació en lo más profundo de su cuerpo y la hizo temblar.

De pronto se puso de pie y corrió hacia Ángela con todas sus fuerzas.

Todo ocurrió demasiado rápido.

Ángela se llevó las manos al abdomen. La sangre empezó a filtrarse entre sus dedos.

Nora sostenía un cuchillo para fruta y reía como una demente.

—¡Ángela Sarmiento, muérete!

Gael perdió el control.

Las venas se marcaron en el dorso de su mano y descargó un puñetazo contra el rostro de Nora. La mujer cayó inconsciente.

Gael levantó a Ángela y salió a grandes pasos. Las manos le temblaban sin que pudiera detenerlas.

—Bravo Uno, ¡llama al doctor Lara! ¡Ahora!

Don Sarmiento vio la palidez de su nieta.

La mirada normalmente bondadosa del anciano adquirió un filo terrible. Se sujetó el pecho y le gritó a Santiago:

—Llévensela. Arrójenla al río.

Los ojos de Santiago se tiñeron de rojo, pero aun así terminó la recepción con eficacia y sin perder el control.

Los invitados huyeron en cuanto pudieron.

Nadie había imaginado que aquella noche acabaría con un intento de asesinato contra la heredera de los Sarmiento.

En el hospital, frente a las puertas del quirófano, Gael permaneció apoyado contra la pared.

Contempló la sangre que cubría sus manos.

Por un instante volvió a su infancia.

La sangre caliente salpicaba otra vez su rostro.

Se obligó a mantener la calma. Entonces recordó lo último que Ángela le había dicho antes de perder el conocimiento.

Una intención asesina llenó sus ojos, acompañada por un destello de excitación oscura.

—Bravo Uno...

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maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
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