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LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Maldición / Terror
Popularitas:368
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Valeria Salvatierra ha aprendido a desconfiar de los misterios. Como periodista, sabe que detrás de cada leyenda existe una explicación y que incluso los casos más extraños pueden resolverse siguiendo las pistas correctas.
Hasta que una mañana recibe una caja sin remitente.
Dentro encuentra una fotografía antigua de cinco personas frente a una mansión abandonada. El rostro de una de ellas ha sido borrado con tinta negra. También hay un recorte de periódico sobre la desaparición de una joven ocurrida treinta años atrás... y una llave marcada con un número:
17.
En el reverso de la fotografía hay una advertencia:
«Ella murió hace treinta años. Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.»
Valeria comienza a investigar y descubre que la desaparición está relacionada con una habitación que la policía nunca pudo registrar.
La habitación 17.
Mientras sigue las pistas, nuevos asesinatos comienzan a ocurrir y personas relacionadas con aquella antigua tragedia empiezan a morir una tras otra.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 — Debajo de la casa

El golpe volvió a escucharse bajo sus pies. Esta vez fue más fuerte. El suelo vibró ligeramente y una fina capa de polvo cayó del techo. Valeria apretó la pequeña llave que Samuel acababa de encontrar. El número 17 grabado en el metal parecía más oscuro que antes.

—¿Qué hay debajo de nosotros?

Samuel observó el suelo.

—Un segundo sótano.

—¿Y por qué nunca lo mencionaste?

—Porque mi padre prohibió que alguien entrara.

—Eso ya no es una razón.

Samuel la miró.

—Porque dos personas que bajaron allí nunca regresaron.

Elena retrocedió.

—Nos vamos.

Valeria negó.

—No.

—Valeria, por favor.

—Si la verdadera habitación está abajo, allí están las respuestas.

Vera se acercó.

—Y también está mi recuerdo.

Valeria la miró.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque ella me lo dijo.

—¿La niña?

Vera asintió.

—Dijo que mi recuerdo está encerrado allí.

Samuel abrió una trampilla oculta debajo de una alfombra. Una escalera estrecha descendía hacia la oscuridad. Un olor húmedo y extraño subió desde abajo.

—No sabemos qué encontraremos.

Valeria encendió la linterna.

—Entonces lo descubriremos.

Bajaron en silencio. Samuel fue primero, seguido de Valeria y Vera. Elena permaneció detrás de ellos, temblando. La escalera parecía no terminar nunca. Después de varios minutos llegaron a un corredor de piedra.

Al fondo había una puerta metálica.

El número 17 estaba grabado en ella.

Valeria sintió que el corazón se le aceleraba.

—Esta vez es la verdadera.

Samuel introdujo la llave.

Antes de girarla, una voz salió desde el otro lado.

—No abras.

Valeria se quedó inmóvil.

Conocía esa voz.

Era la suya.

—¿Quién está ahí?

—Tú.

Vera se aferró a su mano.

—No contestes.

La voz volvió a hablar.

—Si abres, recordarás todo.

Valeria miró a Samuel.

—Eso es lo que quiero.

Giró la llave.

La puerta se abrió lentamente.

La habitación estaba iluminada por varias velas que parecían haberse encendido recientemente. En el centro había una silla. Sobre ella descansaba una caja de madera.

En la pared había decenas de fotografías.

Valeria se acercó.

Todas mostraban a las dos niñas.

Pero en cada fotografía había una diferencia.

En algunas, Valeria aparecía.

En otras, Vera.

Y en varias, ninguna de las dos.

—¿Qué significa esto?

Samuel observó las imágenes.

—Que alguien estuvo reemplazándolas.

Elena soltó un sollozo.

—No...

Valeria se volvió.

—¿Qué?

Elena señaló una fotografía.

—Esa noche.

Valeria tomó la imagen.

En ella aparecían Gabriel y Elena frente a la casa. Entre ellos había una niña.

Valeria reconoció inmediatamente el vestido.

Era el mismo que había encontrado arriba.

Pero detrás de ellos había otra niña.

Valeria sintió un escalofrío.

—Hay dos.

—Sí —susurró Elena.

—¿Cuál soy yo?

Elena no respondió.

—¡Cuál!

Su madre señaló a la niña que estaba junto a Gabriel.

—Esa.

Valeria observó el rostro.

Era ella.

Pero entonces vio a la otra.

Tenía exactamente la misma cara.

—¿Y ella?

Elena comenzó a llorar.

—Ella era la que debía quedarse.

Vera se acercó.

—No.

—¿Qué?

—No era ella.

Vera tomó la fotografía.

—La niña que debía quedarse era yo.

Valeria la miró.

—Entonces ¿por qué tienes mi cara?

Vera no respondió.

Un ruido proveniente de la caja interrumpió la conversación.

Toc.

Toc.

Toc.

Samuel levantó el arma.

—Aléjense.

La caja volvió a moverse.

Valeria se acercó.

—Está viva.

—Una caja no puede estar viva.

—Esta sí.

La tapa comenzó a abrirse sola.

Dentro había una cinta de casete.

Samuel la tomó.

—Necesitamos un reproductor.

En ese instante, una vieja grabadora apareció sobre una mesa.

Nadie había visto esa mesa antes.

Samuel se acercó lentamente.

—Esto no estaba aquí.

Valeria colocó la cinta.

Presionó el botón.

Primero se escuchó estática.

Después, la voz de Gabriel.

—Si estás escuchando esto, significa que fallé.

Valeria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Papá...

La grabación continuó.

—No puedo detener la casa. Tampoco puedo destruir el pacto. Pero puedo esconder la verdad.

Se escuchó una respiración.

—La niña que salió aquella noche no era Valeria.

Valeria cerró los ojos.

—No...

—Tampoco era Vera.

Samuel miró a Elena.

La grabación continuó.

—Era una copia creada por la casa. Una niña hecha con los recuerdos de ambas.

Valeria sintió que todo encajaba.

La tercera niña.

La que había visto en el espejo.

—Si la copia permanece fuera de la casa, la verdadera Valeria seguirá atrapada.

La grabación se interrumpió.

Valeria abrió los ojos.

—¿Atrapada dónde?

La cinta volvió a reproducirse.

—Debajo de la habitación 17.

Valeria miró a su alrededor.

—Estamos aquí.

La voz de Gabriel continuó.

—Pero no busques a la niña.

Todos quedaron en silencio.

—¿Por qué?

La respuesta llegó desde la grabadora.

—Porque ella ya no es una niña.

La cinta se detuvo.

Vera comenzó a llorar.

—No quiero saber más.

Valeria se acercó.

—Tenemos que terminar esto.

Una puerta apareció al fondo de la habitación.

Ninguno la había visto antes.

Sobre ella había una inscripción:

PARA ENTRAR, DEBES DECIR TU VERDADERO NOMBRE.

Samuel negó.

—No.

Valeria observó la puerta.

—Tiene que ser la última cámara.

—No sabes qué hay detrás.

—Precisamente por eso.

Se acercó.

—Valeria Salvatierra.

La puerta no se abrió.

Vera la miró.

—Ese no es tu verdadero nombre.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque mamá nunca te llamó así cuando éramos pequeñas.

Elena cerró los ojos.

Valeria se volvió hacia ella.

—¿Cuál era mi nombre?

Elena comenzó a llorar.

—No puedo decirlo.

—Dímelo.

—Si lo digo, la casa te reconocerá.

Valeria comprendió entonces que la puerta no estaba esperando una contraseña.

Estaba esperando su identidad.

Y antes de que pudiera hablar, una voz femenina salió desde el otro lado.

—No necesitas que tu madre te lo diga.

Valeria se quedó inmóvil.

La voz continuó:

—Yo lo recuerdo.

La puerta comenzó a abrirse.

Detrás apareció una mujer.

Tenía el rostro de Valeria.

Pero era mucho mayor.

Su cabello estaba completamente blanco y sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Por fin regresaste.

Valeria retrocedió.

—¿Quién eres?

La mujer sonrió.

—Tu hermana.

Vera soltó la mano de Valeria.

La mujer la miró.

—Y tú...

Su sonrisa desapareció.

—Tú nunca debiste salir.

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