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Lo Que La Culpa No Restaura

Lo Que La Culpa No Restaura

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Reencuentro / Romance
Popularitas:312
Nilai: 5
nombre de autor: yangmi_pushia

Cuando U-jin partió al extranjero para convertirse en una abogada impecable y Jeong decidió quedarse a construir desde cero su sueño entre harinas y hornos, ambas creyeron que el tiempo se encargaría de diluir lo que sentían. Durante años, sus vidas transcurrieron en universos paralelos: U-jin conquistando el exigente mundo de las leyes con elegancia y determinación; Jeong convirtiendo su pequeña pasión en la cafetería y repostería más aclamada de la ciudad, mientras intentaba descifrar un vacío en su corazón que ningún éxito lograba llenar.

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El peso del crystal

U-jin pasó la noche entera en vela, caminando de un lado a otro en la soledad de su apartamento.

El eco de sus propias palabras en la cena corporativa la perseguía como una condena. La culpa le oprimía el pecho, pero el pavor a destruir la carrera que tanto le había costado levantar —y el miedo desgarrador a que el escrutinio social terminara alcanzando a Jeong— la llevaron a tomar una decisión cobarde: levantar una muralla infranqueable.

A la mañana siguiente, cuando el timbre de la puerta sonó, a U-jin se le cortó la respiración. Al abrir, se encontró con Jeong de pie en el pasillo.

La repostera vestía una chaqueta de corte recto sobre su camisa oscura y llevaba entre las manos una pequeña caja envuelta con un listón impecable. Su mirada serena y masculinizada se iluminó de inmediato al ver a la abogada, ofreciéndole una sonrisa cálida que solo logró hincarle más la culpa a U-jin en el corazón.

—Sé que has estado al límite con el trabajo estas semanas —dijo Jeong con su voz grave y pausada, dando un paso al frente con la naturalidad de quien se siente en su hogar—. Te prometí que serías la primera en probar la nueva receta. No quería presionarte con mensajes, así que preferí traértelo en persona.

U-jin dio un paso atrás, pero no para invitarla a pasar, sino para marcar una distancia física evidente. Su postura se volvió rígida, el rostro se le cubrió de una frialdad ensayada y ajustó el cuello de su blusa como si estuviera frente a un cliente en su oficina.

—Jeong-ah... no debiste tomarte la molestia —respondió U-jin, manteniendo la voz extrañamente distante y neutral.

Jeong se detuvo en seco en el recibidor, notando al instante la barrera invisible que se alzaba entre las dos. La calidez en los ojos de la chef dio paso a una ligera sombra de desconcierto, aunque mantuvo la compostura.

—U-jin, ¿pasa algo? —preguntó Jeong suavemente, dejando la caja sobre la pequeña mesa de la entrada—. Pensé que cuando terminaras el caso podríamos hablar con calma sobre... sobre nosotros, sobre lo que pasó.

—Justo de eso quería hablarte —interrumpió U-jin sin dejarla avanzar, sosteniéndole la mirada con una frialdad que le quemaba por dentro—. El bufete me ha asignado una cartera de clientes muy importante. A partir de ahora estaré excesivamente ocupada con viajes y audiencias. Mi trabajo requiere mi atención absoluta y no voy a tener tiempo libre.

Jeong la observó en silencio durante varios segundos. Su instinto le decía que había algo mal, que la mujer que tenía enfrente no era la misma que se había entregado a ella con absoluta pasión unas semanas atrás.

—¿Me estás diciendo que ya no nos veremos? —preguntó Jeong, con la voz volviéndose más baja y profunda.

—Digo que no podré verte muy seguido, o tal vez casi nunca —sentenció U-jin, apretando las manos a sus espaldas para que Jeong no notara cómo le temblaban los dedos—. Es lo mejor para ambas en este momento. Mi carrera es mi prioridad.

El silencio que siguió fue denso y doloroso. Jeong sintió una punzada de intranquilidad opresiva en el estómago; sabía que las palabras de U-jin sonaban a una excusa vacía, a un refugio levantado por el miedo o el remordimiento. Sin embargo, fiel a su naturaleza caballerosa y respetuosa, jamás obligaría a U-jin a dar un paso que no quisiera dar.

Jeong tragó saliva, dio un paso hacia atrás hacia la salida y asintió despacio, guardando la compostura con una madurez impecable.

—Entiendo. Si esa es tu decisión y tu trabajo es lo primero... lo acepto, U-jin —dijo Jeong con tono serio pero sin resentimiento—. Solo espero que estés bien. El postre se queda ahí; ojalá al menos lo disfrutes.

Jeong dio media vuelta y caminó hacia el ascensor con pasos firmes. U-jin cerró la puerta en cuanto la vio alejarse y se apoyó de espaldas contra la madera, dejándose deslizar hasta el suelo mientras las lágrimas que había contenido finalmente rodaban por sus mejillas.

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Renata Mabel
me encanta esta historia 🦆✨
yangmi: Hola 🤭, gracias por estar leyendo ☺️
total 1 replies
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