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Votos De Sangre

Votos De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio entre clanes / Polos opuestos enfrentados / Mujer poderosa
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: vasitos de veneno

Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.

NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

Tokio — Dieciséis años atrás

—Otra vez.

Misaki respiraba con dificultad.

Tenía las rodillas cubiertas de tierra, una pequeña herida en el labio y ambas manos enrojecidas alrededor de la espada de madera.

Frente a ella esperaba uno de los hombres de su padre.

Era alto. Fuerte. Adulto.

Misaki tenía diez años.

—Otra vez —repitió Takeshi.

Ella levantó la espada.

El hombre atacó.

Misaki consiguió bloquear el primer golpe, pero el segundo impactó contra su hombro.

Cayó.

La tierra raspó sus rodillas.

—Arriba.

Misaki cerró los ojos.

Le dolían los brazos.

Le dolía el hombro.

Le ardían las manos.

—Misaki.

Apoyó una palma contra el suelo y se levantó.

Volvió a adoptar la posición.

El hombre atacó nuevamente.

Esta vez resistió un poco más.

Bloqueó.

Retrocedió.

Intentó golpear.

Falló.

Un movimiento rápido barrió sus piernas y volvió a caer.

—Otra vez.

Misaki apretó los dientes.

—Estoy cansada.

El silencio que siguió hizo que incluso el hombre que entrenaba con ella bajara la espada.

Takeshi se levantó.

Caminó hasta su hija y se detuvo frente a ella.

—¿Qué dijiste?

Misaki bajó los ojos.

—Estoy cansada.

—Lo escuché. Quiero saber por qué creés que eso importa.

Ella no respondió.

Takeshi se agachó frente a ella.

—Miráme.

Misaki obedeció.

—Algún día vas a estar cansada y el hombre que tengas enfrente va a intentar matarte igual. Algún día vas a estar herida y nadie va a detenerse porque estés sangrando. ¿Qué vas a hacer entonces?

Misaki permaneció callada.

—¿Vas a pedirle que espere?

—No.

—¿Vas a decirle que estás cansada?

—No.

—Entonces levantate.

Misaki tragó saliva.

—Sí, padre.

Takeshi se incorporó.

Ella también.

Volvió a tomar la espada.

—Otra vez.

El hombre atacó.

Uno.

Dos.

Tres golpes.

Misaki retrocedió.

Esta vez no intentó vencerlo por fuerza.

Observó.

Esperó.

El hombre levantó el brazo.

Misaki anticipó el movimiento.

Esquivó el golpe, giró sobre sí misma y atacó detrás de su rodilla.

El hombre perdió el equilibrio.

Ella aprovechó.

Lo derribó.

La punta de la espada quedó detenida contra su garganta.

Silencio.

Misaki respiraba agitadamente.

Takeshi la observó durante unos segundos.

—Mejor.

Una sola palabra.

Para Misaki fue suficiente.

Bajó la espada.

—Terminamos por hoy —ordenó Takeshi—. Andá a limpiarte.

—Sí, padre.

Takeshi se marchó acompañado por sus hombres.

Misaki esperó hasta que desapareciera.

Entonces dejó caer la espada.

Se sentó sobre una piedra.

Abrió las manos.

Una de las ampollas de su palma se había roto.

Había sangre.

Cerró inmediatamente el puño.

No dolía.

O eso se dijo.

Entonces escuchó una risa.

Misaki levantó la cabeza.

No provenía del templo.

Más allá del patio había un pequeño estanque rodeado de árboles.

Y junto al agua había un chico.

Misaki frunció el ceño.

No lo conocía.

Parecía tener aproximadamente su edad y estaba agachado junto al estanque intentando alcanzar algo con una rama.

Se inclinó.

Un poco más.

Demasiado.

La rama se quebró.

El chico cayó de culo sobre el pasto.

Misaki parpadeó.

Él miró la rama rota.

Y empezó a reírse.

Solo.

Misaki no entendió qué tenía de gracioso.

Se levantó.

Debería haber regresado al templo.

En cambio, caminó hacia el estanque.

El chico levantó la cabeza al verla.

—Hola.

Misaki se detuvo.

—¿Qué hacés?

Él señaló el agua.

—Pescando.

Misaki miró la rama rota.

Después lo miró a él.

—Eso no es una caña.

—Ya me di cuenta.

Ella permaneció seria.

El chico sonrió.

—¿Vos siempre tenés esa cara?

Misaki frunció todavía más el ceño.

—¿Qué cara?

—Esa.

—¿Cuál?

Él juntó las cejas y apretó la boca, intentando imitarla.

Misaki lo observó.

—No hago esa cara.

—Sí hacés.

—No.

—La estás haciendo ahora.

Misaki se dio vuelta.

—Soy Ren.

Se detuvo.

Miró por encima del hombro.

El chico extendía una mano hacia ella.

—¿Qué?

—Así se saluda.

—Sé cómo se saluda.

—Entonces saludame.

Misaki miró su mano.

No la tomó.

—Misaki.

Ren bajó lentamente el brazo.

—Bueno, Misaki que no saluda.

Ella entrecerró los ojos.

Nadie le hablaba así.

—¿Sabés quién soy?

—Misaki.

—Misaki Kuroda.

Ren esperó.

—Sí. Ya me dijiste Misaki.

Ella frunció el ceño.

—¿No conocés a mi padre?

—No.

Aquello sí la sorprendió.

Todos conocían a Takeshi Kuroda.

—¿Qué hacés acá?

—Mi abuela vive cerca. Me dijo que podía venir al estanque mientras no molestara a nadie.

Ren ladeó la cabeza.

—¿Te estoy molestando?

—Sí.

—Ah.

Volvió a sentarse junto al agua.

Misaki esperó.

Pensó que se marcharía.

No lo hizo.

Tomó otra rama.

—Esa también se va a romper.

Ren levantó la cabeza.

—¿Sabés pescar?

—No.

—Entonces no podés criticar.

Misaki abrió la boca.

La cerró.

Ese chico era insoportable.

Se dio vuelta para marcharse.

—Estás sangrando.

Misaki se detuvo.

Miró su mano.

Ren ya se había levantado.

—No es nada.

—Es sangre.

—Ya sé.

—Entonces es algo.

Misaki lo miró.

Ren señaló su palma.

—¿Te duele?

—No.

Él miró la sangre.

Después volvió a sus ojos.

—Mentís horrible.

Misaki parpadeó.

—No estoy mintiendo.

—Bueno.

Ren metió una mano en su bolsillo y sacó un pequeño pañuelo.

Se lo ofreció.

—Tomá.

—No lo necesito.

—Entonces seguí sangrando.

Volvió a sentarse.

Misaki miró el pañuelo.

Finalmente lo tomó.

—Te lo voy a devolver.

—Está bien.

—Limpio.

—También está bien.

Misaki envolvió la tela alrededor de su palma.

Ren continuó intentando pescar.

Ella debería haberse marchado.

En cambio, se sentó a varios pasos de él.

—Eso tampoco va a funcionar.

—Ya veremos.

—Se va a romper.

—Sos bastante negativa.

—Soy realista.

Ren sonrió.

—Mi abuela dice que las personas que dicen que son realistas generalmente son negativas.

Misaki lo miró.

—Tu abuela habla demasiado.

—Y vos demasiado poco.

Por alguna razón, Misaki no se fue.

Cuatro años después

El golpe de madera resonó en el patio.

Misaki retrocedió.

Esta vez no cayó.

A sus catorce años ya era mucho más difícil derribarla.

Esquivó el siguiente ataque, giró y golpeó con el mango de la espada contra el pecho de su oponente.

El hombre perdió el equilibrio.

Misaki atacó.

Uno.

Dos.

Tres movimientos.

La espada de él cayó al suelo.

Misaki apoyó la suya contra su cuello.

—Muerto.

El hombre respiró profundamente.

—Muerto.

Misaki bajó el arma.

Takeshi observaba desde el mismo lugar de siempre.

—Tardaste demasiado.

Ella giró hacia él.

—Gané.

—Podrías haber ganado antes.

—Pero gané.

Takeshi se acercó.

—Esa diferencia puede costarte la vida algún día.

Misaki guardó silencio.

—Mañana repetimos.

—Sí, padre.

Takeshi se marchó.

Misaki esperó hasta que desapareciera.

—Seguís haciendo eso.

No necesitó darse vuelta.

Reconocería aquella voz en cualquier parte.

—¿Qué cosa?

—Esperar hasta que tu padre desaparezca para respirar.

Ren estaba apoyado contra uno de los árboles.

Había crecido.

Llevaba una caña de pescar apoyada sobre el hombro.

Una de verdad.

—No estaba aguantando la respiración.

—Claro.

Misaki tomó una toalla y se secó el cuello.

—¿Cuánto tiempo llevás ahí?

—Lo suficiente para verte casi perder.

Ella giró inmediatamente.

—No estuve ni cerca de perder.

Ren sonrió.

—Sabía que eso iba a molestarte.

—Sos un idiota.

—Y vos seguís teniendo mal carácter.

Misaki tomó agua.

—¿No tenés otra cosa que hacer?

—Sí.

Le mostró la caña.

—Pescar.

—Entonces andá.

—Vine a buscarte.

—Estoy entrenando.

Ren miró el patio vacío.

—No veo a nadie.

Misaki no respondió.

—Terminaste —insistió él.

—Tengo cosas que hacer.

—Hace tres semanas que decís eso.

—Porque tengo cosas que hacer.

Ren suspiró.

—Una hora.

—No.

—Media.

—No.

—Veinte minutos.

—Ren.

—Quince.

Misaki lo fulminó con la mirada.

—Diez.

Él sonrió.

—Hecho.

—Yo no dije...

Ren ya caminaba hacia el estanque.

—¡Diez minutos!

Misaki puso los ojos en blanco.

Y fue detrás de él.

—No entiendo qué le ves a esto.

Misaki estaba sentada junto al agua.

Ren sostenía la caña.

—Es tranquilo.

—Es aburrido.

—Porque no sabés estar quieta.

—Sé estar quieta.

—Llevás cinco minutos moviendo el pie.

Misaki miró su pie.

Lo detuvo.

Ren sonrió.

—Idiota.

—Ya me lo dijiste.

Permanecieron en silencio.

Con Ren, el silencio era diferente.

No tenía que estar alerta.

No tenía que preguntarse qué esperaba su padre de ella.

No tenía que demostrar que era fuerte.

Podía simplemente sentarse.

—Te lastimaste otra vez.

Misaki bajó la mirada.

Tenía los nudillos enrojecidos.

—No es nada.

Ren dejó la caña.

—Dame.

—No.

—Misaki.

—Ren.

Él extendió la mano.

Ella suspiró y terminó entregándole la suya.

Ren examinó sus nudillos.

—¿Te duele?

—No.

Él levantó los ojos.

Sonrió.

—Después de cuatro años seguís mintiendo horrible.

Misaki intentó retirar la mano.

Ren no la soltó.

—Quedate quieta.

Sacó algo de su mochila.

Misaki lo vio.

—No.

—Sí.

—Tiene un oso.

—Es lo único que tengo.

—Tengo catorce años.

—El oso no discrimina por edad.

—Ren.

—Quieta.

Pegó una pequeña curita sobre uno de sus nudillos.

Un oso sonriente decoraba ahora la mano de Misaki Kuroda.

Ella la contempló horrorizada.

—Te odio.

Ren volvió tranquilamente a su caña.

—No es verdad.

Misaki miró la curita.

Después miró a Ren.

Él ya había vuelto a concentrarse en el agua como si no acabara de hacer nada importante.

Ella bajó otra vez los ojos.

El pequeño oso continuaba sonriendo sobre sus nudillos lastimados.

Misaki no respondió.

Tampoco se lo quitó.

Y cuando regresó al templo aquella tarde, escondió la mano dentro de la manga para que nadie pudiera verlo.

1
Kim Nava
por eso actitud de Dante sigo diciendo que estos protagonistas no deberían quedar juntos al final no se puede ojalá y este final sea distinto y cada uno por su lado y que sea diferente a todas esas historias
Kary Monte
hasta tu hijo sabe cómo debe comportarse🙎🙎🙎
Kary Monte
🤦🤦🤦🤦 como puede ser tan animal
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
Kary Monte
al parecer ren en verdad era solo un profesor enamorado de misaky porque sino su padre le hubiera echado barro
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
Kary Monte
parece me parece 😁😁😁 que el que callo fue De Luca 😁😁😁 ahora pues
Kary Monte
por fin
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
Kim Nava
ella tiene claro lo que quiere y se entiende por qué aria lo mismo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
Kim Nava
el ya cayó ante ella
Mayelin Gimenez
El está loco por ella! Y creo que Misaki no le es indiferente! Solo que se limita por el dolor de la perdida de Ren!
Mayelin Gimenez
Ese Lucio De Luca lo mató por diversión! Con razón Misaki lo dejo sin cabeza!
Kim Nava
y esa maldita viena toda vía defiende a su maldito hijo por que su hijo no es malo 😡😡😡
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
Kary Monte
horrible 😣😣😣horrible lo que vivió Misaki
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
Kim Nava
la que llevó a hi a la madre de Dante es la perra de Carmen 😡
Kary Monte: estoy de acuerdo fue esa perra de Carmen
dante de es darte cuenta de la alimaña que está en tu casa
total 1 replies
Kim Nava
no se por que esta soportando Dante a esa despechada ya la hubiera desaparecido 😡😡😡
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
Kary Monte
dante
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
Kary Monte
/Smug/ está tensión entre Hiroshi y dante me está matando
Kim Nava
bueno su venganza de Misaki es entendible
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
Kim Nava
lo que no me parece es que Hiroshi quiera interponerse el solo es la mano derecha y de confianza que tenga sentimientos hacia ella es su pedo pero no por eso va hacer una piedra para Dante
Kary Monte
no sé otras
pero yo cada vez que estos estás juntos saltan chispas /Sly//Sly//Sly//Sly/
Kim Nava: jiji no eres la única 🤭
solo ellos por su ego y venganza no lo ven 🤭
total 1 replies
Kim Nava
sigo diciendo que la tal Carmen esa se alió a algun enemigo por eso ese ataque 🤔
Kary Monte: 😜😜😜😜 te gusta el peligro dante
total 1 replies
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