Tres amigos fijan un objetivo cada uno y deciden grabar un vídeo esperando poder cumplirlos en un año... pero las situaciones alterarían los planes iniciales.
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Capítulo 13
Reacciono como tratando de alejarla, pero antes de que la toque ella dice: “No te he quitado ninguna pertenencia tuya y no estoy atentando contra tu vida.”
Me quedo paralizado por un momento, pero entonces Priscila, casi como una súplica dice: “me diste tu palabra.”
Al instante retiro mis manos y las pongo en la cabecera. Después digo: “lo dije y lo mantendré. Ni siquiera te tocaré. Pero no intentas salir de un aprieto por el robo, sino convertirte en la persona más importante en mi vida. Espero que entiendas que no puedo permitir que mi hijo crezca en tu vientre, así que no me excitaré para ti”
Priscila: “Si me dices que no quieres un hijo me retiro de encima de ti en este instante.”
Digo: “No te he mentido y deseo no mentirte nunca. De hecho, los planes para que yo esté preparado para tener un hijo empezaron mucho antes de que mis padres me regalen la cuna y a mi criterio, estoy listo. El regalo de la cuna solo aceleró la parte que no he preparado, que es elegir con quién tendré a mi hijo. Sin embargo, seré yo quién elija con quién tenerlo y para que quede claro, si bien me gustaría darles la buena noticia a mis padres de que tengo pareja y que ella está embarazada de mí en este año, estoy dispuesto a que eso no suceda si no consigo a la mujer adecuada para formar un hogar.”
Priscila: “Entiendo. Quizás pueda lograr que me elijas. Vine con una idea en mente, pero esa idea será mi plan b, porque intentaré primero esto.”
En realidad, Priscila ya bañada y limpia, se ve muy atractiva a mi vista. Sin embargo, elegir a la madre de mi hijo implica para mí mucho más que una buena apariencia física. Debido a eso, intento no pensar en el atractivo físico y concentrarme en que esta no es mi elección.
Aunque con mucha dificultad, logro resistir sus intentos de excitarme. Después de algunos intentos de Priscila y sintiendo que no podré resistir por mucho más tiempo, intento desviar la atención a otro tema y digo: “imagina que fueras mi pareja y que otra mujer intentara hacer lo que tú haces. ¿Qué crees que debería pasar?”
Priscila: “se que no tienes pareja, pero si yo fuese tu pareja y otra mujer intentara esto seguramente me enojaría y quizás hasta la lastimaría. ¿Es eso lo que deseas para mí?”
Digo: “no. Jamás desearía lastimarte. Pero que seas la madre de mi hijo es demasiado. Para aclararlo, desde hace mucho que me he estado preparando para ser padre. Dime la verdad Priscila ¿Te has preparado para ser madre?”
Con una sonrisa amarga, Priscila dice: “Desde muy joven pensaba en ser madre. Fue como una ilusión para mí, un sueño que esperaba que se haga realidad algún día. Sin embargo, soy consciente de mi situación actual. De haber tenido un hijo, hubiera sido traerlo al mundo para darle dolor y sufrimiento. Por eso, aunque deseaba tenerlo, elegí esperar a que mi situación mejorara, si es que algún día ocurría.”
Entonces el rostro de Priscila se entristece de nuevo y dice: “Creí que quizás esta sería una buena oportunidad para mí. Realmente aprecio tu honestidad y creo que hubiéramos podido tener una relación de pareja. Pero te entiendo. Nunca me elegirías como la madre de tu hijo. No soy valiosa para ti, y probablemente no soy valiosa para nadie.” Y con los ojos vidriosos dice: “De hecho, al parecer ni siquiera soy buena para esto” mientras señala nuestros genitales.
Digo: “Eso no es verdad. Disculpa por no excitarme para ti, pero eso no significa que te considere una inútil.”
Priscila: “pues así me siento yo y espero que ahora tú entiendas por qué mi única opción es mi plan b”
Toma un cuchillo que estaba a un lado de la cama y que yo no había visto.
Pongo mis manos en posición de defensa y digo: “Ya sabes que defenderé mi vida. Pero tengo claro que me inmovilizaste antes, tengo mis piernas atadas, estás encima de mí y estás armada con un cuchillo, así que tienes toda la ventaja. Si vas a intentar atacarme adelante, pero no te lo pondré fácil y en cuanto lo hagas, puedes olvidarte de cualquier arreglo previo que hayamos hecho.”
Priscila deja el cuchillo a un lado, fuera de mi alcance. Toma mis manos, las besa y dice: “tú eres bueno. No voy a lastimarte. Quizás la comida que comí fue tan deliciosa que fue como una señal, una “última comida”.”
Con mis manos me hace tocar sus muñecas y siento cicatrices.
Priscila con lágrimas en los ojos dice: “ya lo he intentado antes y he fallado, pero esta vez no fallaré. ¿Soy un problema para ti? Pues te tengo buenas noticias. Podrás ver cómo dejaré de darte problemas a ti y a todo el mundo… para siempre.”