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Quedé embarazada de mi abogado de divorcio

Quedé embarazada de mi abogado de divorcio

Status: En proceso
Popularitas:760
Nilai: 5
nombre de autor: Monica Swenson

Valentina Solano despierta en un hospital después de perder a su bebé y descubre una verdad devastadora: su esposo y su suegra provocaron el accidente para quedarse con su dinero y su empresa.
Decidida a destruirlos antes de que ellos terminen de destruirla, busca a Sebastián Montero, el abogado de divorcios más temido de la Ciudad de México. Frío, brillante y acostumbrado a no perder jamás, Sebastián debería ser solamente su defensor. Pero entre audiencias, amenazas y secretos, la atracción rompe todas las reglas… y una sola noche cambia sus vidas para siempre.
Tres años después, Valentina regresa convertida en una mujer independiente, con una marca propia y un niño llamado Emilio que tiene los ojos de Sebastián.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su poderosa familia, a sus enemigos y hasta a la propia Valentina para recuperar el tiempo perdido. Porque Sebastián Montero puede ganar cualquier juicio, pero conquistar a la mujer que todavía ama será el caso más difícil de su vida.

NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Cap 22 — Rivales

Alejandro Herrera se despertó con el sol en la cara, un dolor de cabeza que le latía detrás de los ojos y el presentimiento de que había hecho algo muy estúpido.

El presentimiento se confirmó cuando revisó el celular.

Tenía catorce llamadas perdidas de un número desconocido, un mensaje de Carolina que decía «te voy a matar» y una foto de un gato gris con una pata vendada que no reconocía.

Debajo de la foto, un texto:

Este es Napoleón. Es mi gato. Usted lo atropelló anoche a las 2:47 AM frente a mi edificio. Le adjunto la factura del veterinario y el presupuesto de terapia emocional (para mí, no para el gato). Si no me contacta antes de las 6 PM, presento denuncia. — Rafael Miranda.

Alejandro se sentó en la cama y se restregó la cara con las dos manos.

—Atropellé un gato —dijo en voz alta, como si escucharlo pudiera hacerlo menos real.

No funcionó.

Montero & Asociados estaba en silencio a las diez de la mañana.

Fernanda levantó la vista de su computadora cuando Alejandro Herrera entró al vestíbulo con lentes de sol, una chamarra de cuero y la energía de alguien que preferría estar en cualquier otro lugar del planeta.

—Buenos días. Tengo cita con el Licenciado Montero.

—¿Su nombre?

—Alejandro Herrera.

Fernanda lo miró con el interés profesional de quien evalúa a todos los visitantes del jefe en una escala interna. Alto. Atractivo. Sonrisa fácil incluso con resaca. Le dio un siete.

—Sala tres, al fondo a la derecha. El Licenciado lo espera.

Alejandro caminó por el pasillo. Las paredes estaban cubiertas de diplomas y reconocimientos de la Barra de Abogados. Todo olía a madera pulida y a ambición. El tipo de lugar donde Alejandro se sentía como un perro callejero en una exposición canina.

Abrió la puerta de la sala tres.

Sebastián estaba sentado detrás de la mesa con un expediente abierto y una taza de café negro que no había tocado. Llevaba un traje gris oscuro sin una sola arruga, como si las arrugas le tuvieran miedo. Levantó la vista.

Los dos hombres se miraron.

No era la primera vez que se veían. Se habían cruzado en el aeropuerto, cuando Carolina presentó a todo el grupo y Sebastián le dio la mano con la presión exacta de alguien que mide hasta los saludos. Se habían visto de lejos en la reunión del restaurante donde Isabela apareció del brazo de Sebastián y Alejandro sintió algo apretarle el pecho que no tenía derecho de sentir.

Pero era la primera vez que estaban solos. Sin Valentina como amortiguador. Sin nadie más en la habitación que pudiera diluir lo que los dos sabían pero ninguno había dicho en voz alta.

—Siéntese —dijo Sebastián.

Alejandro se sentó. Se quitó los lentes de sol y los dejó sobre la mesa.

—Necesito un abogado.

—Eso me dijeron. ¿Para qué exactamente?

—Atropellé un gato.

Sebastián no parpadeó.

—¿El gato sobrevivió?

—Sí. Pero el dueño quiere mi cabeza. Se llama Rafael Miranda. Dice que si no le pago la factura del veterinario y le pido disculpas públicas, me denuncia.

—Rafael Miranda —repitió Sebastián, y algo cruzó por su cara. Una sombra. Un cálculo—. ¿Sabe quién es Rafael Miranda?

—Un tipo con un gato y muy mal genio.

—Es el hermano menor de Isabela Miranda.

Alejandro se quedó callado un segundo.

—¿Tu novia tiene un hermano?

—Isabela no es mi novia.

Las palabras salieron rápidas. Demasiado rápidas para alguien que no le importara la precisión. Alejandro las atrapó al vuelo y las guardó.

—Bien. No es tu novia. Pero su hermano quiere que le pida disculpas públicas por su gato. ¿Me ayudas o no?

Sebastián cerró el expediente que tenía abierto.

—Le ayudo. Pero antes quiero hacerle una pregunta.

—Hazla.

—¿Qué relación tiene usted con Valentina Solano?

El aire de la sala cambió. Se espesó. Como si alguien hubiera cerrado todas las ventanas al mismo tiempo.

Alejandro se reclinó en la silla. La sonrisa fácil se endureció en algo que ya no era casual.

—¿Me estás preguntando como abogado o como hombre?

—Como lo que sea que necesite ser para obtener una respuesta honesta.

—Valentina es amiga de mi hermana Carolina. La conozco desde hace años. Y sí, le dije lo que siento por ella.

Sebastián no se movió. No cambió de expresión. Pero sus dedos, que habían estado descansando sobre la mesa, se cerraron lentamente hasta formar un puño.

—¿Y ella qué le dijo?

—Eso es entre ella y yo.

—Tiene razón. —Sebastián abrió el puño y se alisó la corbata con un gesto que pretendía ser casual y no lo era—. Solo quería saber dónde estamos parados.

—Yo sé exactamente dónde estoy parado. —Alejandro se inclinó hacia adelante—. La pregunta es si tú también lo sabes.

Los dos hombres se miraron durante un silencio que duró cuatro segundos y se sintió como cuarenta.

Sebastián habló primero.

—Mi relación con la señora Solano no es la que usted imagina. Pero tampoco es la que ella cree.

Alejandro entrecerró los ojos.

—¿Y eso qué significa?

—Significa que vamos a resolver lo de su gato y luego cada quien se ocupa de lo suyo. ¿Le parece?

Alejandro lo estudió un momento. La frialdad, la postura perfecta, la mandíbula de acero. Todo en ese hombre parecía diseñado para mantener al mundo a distancia.

Pero algo en sus ojos lo delataba. Un brillo. Una grieta. La misma grieta que Alejandro había visto en el espejo esa mañana cuando pensó en Valentina.

Estamos jodidos los dos, pensó.

—Me parece —dijo.

Se dieron la mano.

El apretón fue firme. Demasiado firme. El tipo de apretón que entre hombres significa «somos civilizados, pero no amigos».

—Bien —dijo Sebastián, y abrió una libreta nueva—. Ahora cuénteme todo sobre el gato. Desde el principio. Sin omitir detalles.

—¿Incluido el detalle de que estaba borracho?

—Especialmente ese.

Alejandro suspiró. Se pasó la mano por el pelo y empezó a hablar. Sebastián tomó notas con la misma meticulosidad con la que habría documentado un caso de fraude millonario, y Alejandro pensó que ese hombre era capaz de darle la misma importancia a un gato atropellado que a una empresa desfalcada, y que eso, de alguna manera retorcida, lo hacía admirable.

No se lo iba a decir nunca.

Alejandro salió del bufete cuarenta minutos después con un plan legal para Rafael Miranda y una certeza nueva que le pesaba en el pecho como una piedra.

Sebastián Montero no era solo el abogado de Valentina.

Lo supo por la forma en que pronunciaba su nombre. Sin título, sin apellido, sin distancia profesional. Solo «Valentina», dicho con la misma cuidadosa neutralidad de alguien que intenta no mostrar lo mucho que le importa una cosa.

Alejandro conocía ese tono. Lo usaba él mismo.

Sacó el celular y le escribió a Carolina:

Caro, tengo un problema.

¿Otro? ¿Ahora qué atropellaste?

No es eso. El abogado de Valentina está enamorado de ella.

La respuesta tardó treinta segundos.

Ay, hermanito. Eso lo sabemos todos menos Valentina.

Alejandro guardó el teléfono. Se puso los lentes de sol y caminó hacia su auto.

El sol de la mañana le pegaba en la cara. La ciudad seguía su curso, indiferente a los hombres que se enamoraban de mujeres que no podían tener.

No la voy a perder, se dijo. No sin pelear.

Pero mientras arrancaba el auto, una vocecita en el fondo de su cabeza —la misma que le había dicho que no manejara borracho, la misma que nunca escuchaba— le susurró algo que no quiso oír:

¿Y si ella ya eligió?

1
Vergara M. Carmen
quien es??? será el papá de Sebastián
Vergara M. Carmen
😂😂
Vergara M. Carmen
no puedo parar de leer 🔥🔥
Vergara M. Carmen
me perdí?? no entendí, no fue Sebastián quien los presento
que le consiguió ese trabajo?
Vergara M. Carmen
como, acaso no fue ella q le dijo de la invitación?
Vergara M. Carmen
claro, tenía q ser una amiga alocada😂
Vergara M. Carmen
ay Valentina!!!
Vergara M. Carmen
está muy buena está novela☺️
Vergara M. Carmen
que?? comooo🔥🔥🔥
Vergara M. Carmen
😂😂😂🔥🔥
Vergara M. Carmen
bien🔥🔥🔥
Vergara M. Carmen
que gente más despreciable, ya les llegará el karma
Vergara M. Carmen
uyyy pero🤬🤬🤬
Vergara M. Carmen
primer capítulo: atrapador, me gusta☺️
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