Karol Bellandi lo perdió todo en cuestión de semanas. La empresa que levantó con años de esfuerzo está al borde de la quiebra, las deudas la persiguen y el embargo de su casa termina de destruir el mundo que construyó con sacrificio.
Sin opciones y desesperada por salvar lo único que le queda de su padre, acepta buscar ayuda del frío y poderoso empresario Nathanael Moretti.
Nathanael no cree que asociarse con Karol sea una buena inversión. Para él, ella solo es una empresaria en caída libre. Sin embargo, intrigado por la determinación de Karol, le propone un trato: si logra conquistar al cliente más importante del próximo proyecto, considerará firmar el contrato que podría salvar su empresa.
Obligada a convivir con él después de quedarse sin hogar, Karol descubre que detrás de la arrogancia de Nathanael existe un hombre marcado por secretos y heridas del pasado. Lo que comienza como un acuerdo estrictamente profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.
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Capitulo 14
Días después, Nathanael debía asistir a una cena exclusiva del sector empresarial, un evento al que solía acudir solo. Sin embargo, al llegar la tarde, recibió la visita inesperada de Bianca, vestida con un traje de noche espectacular y una sonrisa perfectamente ensayada.
—He oído que asistirás a la cena de los empresarios esta noche —le dijo con tono amable—. Sería una excelente oportunidad para establecer contactos, y si me permites acompañarte, podría ayudarte con las presentaciones. Conozco a muchas personas allí, mucho más que Karol, que ahora está tan alejada de estos círculos.
Nathanael dudó, pero al ver su insistencia y creyendo que quizás aportaría algo útil, terminó accediendo. Karol, que escuchaba desde la sala, sintió un nudo en el estómago: sabía que su hermana no iba para ayudar, sino para brillar a su costa.
En el evento, Bianca no perdió tiempo. Se colgó del brazo de Nathanael, saludó a todos con desparpajo y no dejó pasar ocasión para hablar de sí misma como la verdadera conocedora del negocio familiar.
—Es una lástima lo que ha pasado con la empresa —decía a los socios más influyentes, con voz compasiva pero calculada—. Karol se ha visto superada por las circunstancias, ya saben… la falta de experiencia. Por suerte yo he estudiado el sector a fondo, y estoy dispuesta a colaborar para que nada salga mal. Sería terrible que se desperdiciara tanto esfuerzo.
Todos asentían, impresionados por su seguridad y su elegancia. Nathanael, aunque permanecía cortés, notaba que ella hablaba demasiado y siempre en contraste con su hermana.
—Disculpe que se lo diga, Bianca —le comentó él en un momento de respiro—, pero no es necesario mencionar las limitaciones de Karol para resaltar sus propias cualidades.
Ella se apresuró a arreglar sus palabras, con una dulzura que ocultaba su malicia.
—No lo hago por despreciarla, al contrario: me duele ver cómo ha perdido el rumbo. Yo solo quiero asegurarme de que el trabajo salga bien, por el bien de todos. Y creo que estoy mejor preparada para estar a tu lado en estos eventos, ¿no crees?
Mientras tanto, Karol, que se había quedado en el apartamento revisando detalles finales, recibía mensajes de conocidos que le enviaban fotos de ambos juntos. Entendió perfectamente el mensaje: Bianca quería mostrarle al mundo —y a Nathanael— que ella era la que ocupaba el lugar que le correspondía.
Cuando Nathanael regresó más tarde, la encontró esperándolo en la sala, seria y con la mirada brillante pero firme.
—Vi las fotos —dijo ella sin rodeos—. Ella se ha encargado de que todos piensen que soy incapaz, que tú la has elegido a ella y que yo sobro en este proyecto. Cada paso que da es para apartarme de mi propio camino.
—No la he elegido a ella —aclaró él con firmeza—. La invité por error, creyendo que podría ser útil. Pero he visto cómo habla, cómo se presenta… y entiendo perfectamente lo que sientes. No volverá a ocurrir.
—Espero que sea así —respondió Karol—, porque ella no se detendrá hasta verme totalmente fuera. Y esta vez no solo quiere la empresa… quiere quedarse contigo también.
Nathanael guardó silencio, consciente de que Karol tenía toda la razón: Bianca avanzaba terreno con claridad, y no iba a conformarse con menos.
Nathanael suspiró, pasándose una mano por el cuello, como si le costara admitir lo que iba a decir.
—Ya lo he visto —respondió con voz grave—. He notado cómo se coloca, cómo me mira… y cómo habla de ti como si fueras una carga. No soy ciego, Karol. Solo que… cuesta creer que alguien sea capaz de tanta maldad con su propia hermana.
—Eso es lo que ella espera —dijo ella con tristeza—. Que nadie crea hasta dónde es capaz de llegar. Se presenta como la perfecta, la comprensiva, la que solo quiere ayudar… y así nadie sospecha que está cavando mi tumba.
Él se acercó un paso, con una expresión seria pero decidida.
—No te preocupes. Mañana mismo le dejaré claro cuál es su lugar, y que no vuelva a aparecer en eventos importantes ni a hablar mal de ti. No permitiré que siga jugando con todos nosotros.
Karol asintió levemente, pero supo que la advertencia no detendría a Bianca: su ambición era demasiado grande para escuchar razones.