SIN ESPOILER
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LA VERDAD
Había pasado un mes desde que Lorenzo y Valeria comenzaron oficialmente su relación.
Durante ese tiempo, las dos familias se habían visto con frecuencia.
Victoria e Ian se habían convertido en buenos amigos. Les encantaba conversar, bromear y descubrir nuevas cosas que tenían en común.
Aquella tarde, Lorenzo llamó a Valeria.
—Quiero invitarlas a cenar esta noche.
—Con gusto.
—Pero... antes debo contarles algo muy importante.
El tono de su voz hizo que Valeria comprendiera que no se trataba de una conversación cualquiera.
—Estaremos ahí.
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Al caer la noche, Valeria y Victoria llegaron a la mansión Moretti.
Ian las recibió con una sonrisa.
—Bienvenidas.
—Hola, Ian —saludó Victoria.
—Hola, Vicky.
Era la primera vez que él la llamaba por ese apodo.
Ella sonrió sin darse cuenta.
—Me gusta ese apodo.
—Me alegra.
Lorenzo apareció unos segundos después.
Su expresión era mucho más seria que de costumbre.
—Gracias por venir.
Valeria tomó su mano.
—¿Todo está bien?
Él asintió lentamente.
—Sí... pero necesito mostrarles una parte de mi vida que hasta ahora había mantenido en secreto.
Los cuatro caminaron por un largo pasillo hasta llegar a una enorme sala de reuniones.
Cuando las puertas se abrieron...
Victoria abrió mucho los ojos.
Había decenas de hombres y mujeres elegantemente vestidos.
Todos permanecían de pie.
En cuanto Lorenzo entró...
Todos inclinaron ligeramente la cabeza en señal de respeto.
El silencio fue absoluto.
Valeria observó la escena con atención.
—Lorenzo... ¿qué está pasando?
Él respiró hondo.
—Ha llegado el momento de decirles la verdad.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Soy el líder de una de las organizaciones mafiosas más poderosas de Italia.
El salón quedó completamente en silencio.
Victoria parpadeó un par de veces.
Valeria simplemente lo observó.
Esperó unos segundos.
—¿Eso era lo que querías contarnos?
Lorenzo pareció sorprendido.
—¿No... tienen miedo?
Valeria negó suavemente con la cabeza.
—No.
Victoria también negó.
—Yo tampoco.
Lorenzo frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué?
Valeria sonrió con tranquilidad.
—Porque durante este mes conocimos al verdadero Lorenzo.
Tomó su mano con delicadeza.
—Un hombre respetuoso.
—Caballeroso.
—Honesto conmigo.
—Y que quiere muchísimo a su hijo.
Victoria asintió.
—Además, Ian es una gran persona.
El joven sonrió con discreción.
—Gracias.
Valeria continuó.
—No voy a juzgarte únicamente por el cargo que tienes. Te juzgo por la persona que eres conmigo y con mi hija.
Lorenzo sintió un enorme alivio.
Durante semanas había temido aquel momento.
Pero la reacción de ambas fue completamente distinta a la que imaginaba.
Entonces dio un paso al frente y miró a toda la organización.
Su voz volvió a sonar firme y llena de autoridad.
—Quiero presentarles oficialmente a la mujer que amo.
Todos dirigieron la mirada hacia Valeria.
Lorenzo tomó su mano.
—Ella es Valeria.
Hizo una pequeña pausa.
—Mi pareja.
Y añadió con una sonrisa cálida:
—Y la futura señora Moretti.
Un aplauso respetuoso llenó el salón.
Varios miembros de la organización sonrieron y ofrecieron palabras de bienvenida.
Valeria, aunque algo sorprendida por la formalidad del momento, respondió con una amable inclinación de cabeza.
Victoria observó a su madre y sonrió con orgullo.
Podía verla feliz.
Y eso era lo único que realmente le importaba.
Ian se acercó discretamente a Victoria.
—¿Todo bien?
Ella lo miró y sonrió.
—Sí.
—Pensé que quizá te impresionaría más.
—La verdad...
Miró a Lorenzo mientras saludaba a los presentes.
—Lo que más me impresionó fue lo feliz que se ve mi mamá.
Ian siguió su mirada.
Después volvió a verla a ella.
—Y eso es lo importante.
Victoria asintió.
Sin darse cuenta, ambos permanecieron uno al lado del otro observando la escena.
Mientras Lorenzo era felicitado por los miembros de su organización y Valeria recibía una cálida bienvenida, Ian y Victoria compartían una sonrisa.
Ninguno de los dos imaginaba que, con el tiempo, aquella nueva familia terminaría uniendo sus vidas de formas que todavía eran incapaces de comprender.