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El Umbral De Las Almas

El Umbral De Las Almas

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Mundo de fantasía
Popularitas:427
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Hay una razón por la que el Emperador Celestial jamás tomó una emperatriz.
No fue porque no pudiera amar.
Fue porque la perdió.
Treinta mil años después...
ella despierta sin recordar quién es.
Y él está dispuesto a poner de rodillas a los siete reinos para conseguir que vuelva a mirarlo como antes.
El problema es que ella ya eligió al hombre equivocado.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 : El monstruo

Hay una diferencia enorme entre conocer a alguien y conocer la historia que los demás cuentan sobre esa persona.

Empiezo a descubrirlo al día siguiente.

No importa hacia dónde camine ni dónde me detenga; el nombre de Azrael aparece una y otra vez, y nunca va acompañado de una sonrisa.

—...Desde que regresó, nada volvió a ser igual.

—Dicen que su sola presencia trae desgracias.

—No deberíamos hablar de él.

—Ni siquiera pronuncies ese nombre.

Paso junto a dos ancianos que bajan la voz apenas me ven acercarme. Una mujer toma de la mano a un niño y cambia de camino al escuchar la conversación de unos comerciantes. Incluso un grupo de jóvenes interrumpe lo que está diciendo cuando uno de ellos menciona al Emperador.

No lo entiendo.

Hace apenas un día lo vi detener a una muchacha sin hacerle daño. Podía haberla castigado delante de todos y, en cambio, se arrodilló para hablarle con una calma que todavía soy capaz de recordar.

No encaja.

Nada encaja.

—Llevas diez minutos con esa cara.

Levanto la vista.

Gabriel camina a mi lado con un par de pergaminos bajo el brazo.

—¿Qué cara?

—La de alguien que está a punto de hacer una pregunta incómoda.

No puedo evitar sonreír.

—Me conoces demasiado rápido.

—Es cuestión de supervivencia.

Su respuesta me arranca una risa, pero desaparece casi tan rápido como llega.

—¿Por qué todos lo llaman monstruo?

Gabriel tarda demasiado en responder. No porque no haya escuchado la pregunta, sino porque está eligiendo con cuidado cada una de las palabras que está a punto de decir.

—Las personas siempre necesitan un culpable cuando ocurre una tragedia.

—Eso no responde lo que te pregunté.

Gabriel suspira y desvía la mirada hacia una fuente donde varias almas llenan pequeñas vasijas de cristal, como si la respuesta estuviera escondida en cualquier sitio menos en mí.

—Lo sé.

—Entonces respóndeme.

—Hay historias que no me corresponde contar.

—¿Y a quién le corresponden?

No responde. Reanuda el paso y lo alcanzo unos metros después, incapaz de dejar el tema.

—¿Tú le tienes miedo?

Esta vez sí me mira.

—No.

—¿Lo respetas?

Asiente.

—Mucho.

—¿Confías en él?

La respuesta tarda apenas un segundo.

—Sí.

Le creo. No porque lo diga, sino porque su voz no vacila. Aun así, algo en su expresión me hace pensar que detrás de ese "sí" hay una historia demasiado grande para resumirla en una conversación.

 

Seraphine me encuentra un rato después en la biblioteca. Al parecer, en el Purgatorio también existen las bibliotecas. Porque, claro, morirse no te libra de seguir estudiando.

Estoy hojeando un enorme libro sobre los Siete Reinos cuando se detiene a mi lado.

—¿Qué buscas?

—Información.

—Eso ya lo veo.

Levanto el libro unos centímetros.

—¿Por qué todos escriben tanto?

Ella arquea una ceja.

—Porque la historia no cabe en una sola página.

—Empiezo a sospechar que tampoco cabe en todos estos libros.

Una sonrisa fugaz cruza su rostro antes de desaparecer. Continúo pasando las páginas, pero ninguna menciona a Azrael. Cierro el libro con un suspiro.

—¿Por qué no hablan de él?

La pregunta queda suspendida entre nosotras. Seraphine baja la vista y, por primera vez desde que la conozco, parece buscar las palabras adecuadas.

—Porque hay heridas que el tiempo no consigue cerrar.

—Eso tampoco responde mi pregunta.

Aprieta ligeramente los labios.

—Hubo un tiempo...

Se detiene.

—¿Qué pasó?

Respira hondo.

—Hubo un tiempo en que todo el mundo lo amaba.

Mi corazón da un pequeño vuelco.

—¿Y ahora?

Levanta la vista de inmediato, como si acabara de darse cuenta de que ha dicho demasiado.

—Se hace tarde. Debes regresar.

—Seraphine...

Pero ya se ha marchado. Me deja sola, con otra respuesta incompleta y una pregunta más rondándome la cabeza.

 

Decido salir a caminar antes de volver a mi habitación. Necesito pensar. Necesito dejar de escuchar historias a medias. Sin darme cuenta termino alejándome de los senderos principales y, cuando al fin levanto la vista, descubro que estoy completamente perdida.

Cruzo los brazos.

—Fantástico.

Ni siquiera sabía que era posible perderse en el más allá.

Sigo caminando hasta doblar una esquina y me detengo en seco. Frente a mí se alza un enorme bloque de piedra con unas palabras grabadas en letras doradas.

JARDÍN SAGRADO. PROHIBIDO EL PASO.

Lo observo unos segundos y asiento para mí misma.

—Esta vez sí lo leí.

—Veo que estás progresando.

La voz llega desde mi espalda. No doy un salto por orgullo, aunque estoy peligrosamente cerca de hacerlo. Me giro y encuentro a Azrael a pocos pasos de mí. No sé cuándo llegó. No escuché un solo paso.

Cruzo los brazos.

—No iba a entrar.

Azrael dirige una breve mirada al sendero que conduce al jardín.

—Todavía.

Entorno los ojos.

—Empiezo a pensar que tienes muy poca fe en mí.

—La justa.

No puedo evitar soltar una risa.

—Sigo creyendo que el cartel es pequeño.

Alza la vista hacia la enorme piedra y guarda silencio durante unos segundos, como si realmente estuviera valorando mi comentario.

—Naturalmente.

La risa vuelve a escapárseme.

—¿Sabes? Empiezo a sospechar que haces bromas.

—Empiezas a sospechar muchas cosas.

Tiene razón.

Demasiadas.

Lo observo un momento, dudando si debería hacer la pregunta que lleva todo el día rondándome la cabeza. Al final, la curiosidad vuelve a ganar.

—¿Por qué todos te llaman monstruo?

El silencio regresa, pero esta vez no resulta incómodo. Es un silencio pesado, antiguo, como si hubiera abierto una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada. Azrael mantiene la vista fija en las flores y, cuando por fin responde, su voz conserva la misma calma de siempre.

—Porque las historias rara vez las cuentan quienes pierden.

Frunzo el ceño.

—No entiendo.

Entonces me mira. De verdad me mira. En sus ojos no encuentro ira, ni frialdad, ni siquiera resignación. Solo un cansancio inmenso, uno que no parece pertenecer a un hombre, sino al peso de demasiadas vidas vividas.

—Lo harás.

No añade nada más. Pasa a mi lado con la misma tranquilidad con la que llegó y continúa caminando entre los árboles.

Permanezco inmóvil, observándolo hasta que su figura desaparece. No entiendo sus respuestas. No entiendo por qué todo el mundo habla de él como si fuera un monstruo. Y, sobre todo, no entiendo por qué cada vez que me alejo de ese hombre termino con muchas más preguntas de las que tenía al encontrarlo.

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Cristian Bermudez
Buen inicio de historia, está interesante. 🥰
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