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Prometida con un Salvatierra, deseando al otro

Prometida con un Salvatierra, deseando al otro

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Dejar escapar al amor / Hija rica en bancarrota / Romance oscuro / Completas
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Estoy comprometida con Sebastián Salvatierra. El problema es que el único hombre que todavía sabe cómo hacerme perder el control es Gael, su medio hermano… y mi exnovio.
Tres años atrás abandoné a Gael sin despedirme y desaparecí de su vida. Creí que un heredero como él no tardaría en olvidarme.
Me equivoqué.
Para pagar el tratamiento de mi abuela, acepté un compromiso por conveniencia con Sebastián Salvatierra. No había amor entre nosotros, solo un acuerdo que beneficiaba a nuestras familias. Todo debía ser sencillo.
Hasta que Gael regresó de Estados Unidos la noche de nuestra fiesta de compromiso.
Ahora estudia en mi universidad, controla cada lugar al que intento escapar y disfruta llamándome cuñadita mientras se acerca demasiado. Dice que solo quiere vengarse por haberlo abandonado, pero sus manos, sus celos y la forma en que todavía recuerda cada reacción de mi cuerpo cuentan una historia diferente.
Sé que debería mantenerme lejos.
Sé que pertenece a la misma familia del hombre con quien voy a casarme.
Pero cada vez que Gael me toca, recuerdo que antes de convertirme en la prometida de un Salvatierra, fui completamente suya.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18

—Está bien.

Asentí despacio. Había prometido inscribirme en las pruebas para el equipo de animación; que me aceptaran o no ya no dependía de mí.

Había oído que Renata también participaría, así que no tenía demasiadas esperanzas.

Me acurruqué un poco más entre los brazos de Gael. Entonces recordé algo, levanté el rostro y lo señalé con una mirada de advertencia.

—¡Esta vez no se te ocurra molestarme otra vez!

¿Qué clase de buena persona sacaba la mano del auto en pleno desfile solo para tocarle la cintura a una chica delante de todos?

Al recordarlo, Gael bajó la cabeza y no pudo contener la risa. Rozó con la nariz el hueco de mi hombro y rio hasta que todo su cuerpo comenzó a sacudirse.

En aquella época apenas me conocía. Ni siquiera él entendía por qué se había dejado llevar y me había tocado la cintura.

Era la primera vez que tocaba a una chica. Tardó mucho en olvidar aquella sensación extraña en la yema de los dedos. Solo después comprendió que había sido el primer latido del enamoramiento.

Gael siguió riendo. Su voz adquirió un matiz ronco cuando decidió cobrarse una vieja deuda.

—¡Tú empezaste! Me espiaste mientras me bañaba.

Me miró con descaro.

—Señorita, me viste completamente desnudo. ¿Y todavía te quejas porque te toqué la cintura?

¿Espiarlo mientras se bañaba...?

Me puse roja de golpe. Siempre había sido una niña bien; jamás había hecho nada tan vergonzoso.

—No... no fue a propósito.

Agaché la cabeza. Hasta las puntas de mis orejas ardían y mi voz salió fina, cargada de vergüenza.

—Habían quitado el letrero del vestidor. Mateo me dijo que ese era el de mujeres y por eso entré al lugar equivocado.

De verdad no era una pervertida.

¿Mateo se lo había dicho?

Gael arqueó una ceja. Ah... conque así había ocurrido.

Comprendió todo y, en silencio, decidió que le debía un favor a Mateo.

Una risa lenta y seductora vibró en su garganta. Curvó los labios con aparente indiferencia y volvió a provocarme.

—Entonces sí me viste completo.

—Pequeña mentirosa. Antes jurabas que no habías visto nada.

Cuando una chica irrumpió por accidente y lo encontró sin ropa, su primera reacción había sido enfurecerse. Pero al reconocer el rostro de la joven de la que se enamoró a primera vista, el enojo desapareció.

Incluso sintió el impulso absurdo de presumir frente a ella.

No me atreví a contestar. Mantuve la cabeza baja.

Escuché una risa junto a mi oído. Gael se inclinó con lentitud y pegó los labios a la punta de mi oreja.

—Amor, ¿te gusta el cuerpo de tu novio?

Su aliento abrasador se derramó sobre mi cuello y dejó una comezón deliciosa bajo la piel.

El coqueteo hizo que mis orejas se pusieran rojas. Gael seguía invadiendo mi espacio, así que terminé apoyada de puntitas contra el escritorio, con la mano derecha sobre su pecho para contenerlo.

Bajé el rostro, me mordí el labio y conseguí soltar una sola sílaba.

—Sí...

Muy bien.

Había reunido todo mi valor para admitirlo, pero Gael todavía no pensaba soltarme.

Sus largos dedos levantaron mi barbilla mientras él avanzaba otro paso.

—¿Qué parte te gustó? Dime algo bonito para consentirme y dejaré en paz a esta pequeña mirona.

Gael era un hombre terrible. Siempre decía las cosas más indecentes con la voz más dulce.

Yo no sabía jugar como él. Tragué con la garganta seca y, sin otra salida, intenté recordar.

—Tu piel era muy blanca. Tus clavículas... tus pectorales y tu abdomen se veían bonitos.

—Y también...

Callé. Era obvio qué seguía si bajaba un poco más.

Sin embargo, Gael se interesó todavía más. Varias risas apagadas escaparon de sus labios y su tono se volvió descaradamente provocador.

—¿Qué más, preciosa?

Su voz ronca me incitaba paso a paso. No iba a dejarme escapar tan fácilmente.

Agaché tanto la cabeza que casi escondí el rostro en su pecho. Estaba tan roja que sentía la sangre arder bajo la piel. Me enfurecía su falta de vergüenza, pero no sabía cómo combatirla.

Solo pude refugiarme entre sus brazos y murmurar, muerta de pena:

—Y... era muy grande.

La primera vez que lo vi, abrí tanto los ojos que aquel accidente sacudió por completo mi inocencia.

Por mucho tiempo que pasara, todavía me preguntaba cómo podía ser tan grande.

Una risa grave sonó junto a mi oído.

Había conseguido ponerlo de buen humor. Gael bajó el rostro hasta mi hombro para ocultar su sonrisa y su voz ronca se llenó de satisfacción.

De verdad parecía encantado.

Yo seguía recargada contra él, con el rostro encendido y sin poder pronunciar una sola palabra.

¡Gael Salvatierra era un hombre malísimo!

***

Cuando regresé a la residencia, llevaba cinco cajas de chocolates que Gael había mandado traer por avión después de enterarse de que a mis compañeras les gustaba aquella marca.

—¡Vale!

Camila fue la primera en recibirme. Agitó una solicitud en el aire.

—Es la última. La guardé especialmente para ti porque sabía que terminarías participando.

—Gracias, preciosa.

Tomé el formulario y le entregué la bolsa de chocolates.

—Ten. Son para compartir.

—¡No inventes!

Camila y Daniela se acercaron entre gritos. Las dos adoptaron al mismo tiempo un tono insinuante.

—Vale, ese «amigo» tuyo sí que es generoso contigo.

Había algo demasiado sospechoso en todo aquello.

—No... no tiene nada de extraño.

Me sonrojé, esquivé a las dos y comencé a llenar la solicitud con una concentración exagerada.

Estar comprometida y coquetear con otro hombre era inmoral. Lo sabía y por eso no me atrevía a hablar de nuestra relación.

Camila se sentó a mi lado con un chocolate en la boca.

—Aunque los Salvatierra tengan muchísimo dinero, Sebastián no te merece, Vale.

Daniela asintió enseguida.

—Exacto. Es mucho mayor que tú y dicen que nunca deja de buscar mujeres. Es un patán.

—Antes pensaba que al menos te convenía convertirte en la señora Salvatierra —continuó Camila—. Pero si Renata va a casarse con Gael, incluso después de entrar a esa familia seguirán haciéndote la vida imposible.

Durante los últimos días habían averiguado lo complicada que era la familia Montes. Cuanto más lo pensaban, más injusta les parecía la vida de la verdadera hija mayor.

No respondí. Bajé la cabeza para revisar con cuidado el formulario y oculté cualquier emoción.

—¡Por cierto! —Camila recordó otro chisme—. Gael se inscribió en la carrera.

—Gael no ha conducido un auto de carreras en años. ¿Adivinen qué lo convenció esta vez?

—Ni idea —respondió Daniela—. No creo que lo hiciera por una mujer... ¿o sí?

Me sobresalté.

Ya no me atreví a permanecer en la habitación. Temía que los chismes terminaran apuntándome, así que tomé el formulario y me apresuré a llevarlo a la oficina de la asesora.

En ese momento apareció una llamada de un número desconocido. Miré la pantalla y contesté.

—Hermanita...

La voz dulce y falsa de Renata atravesó el teléfono.

—Dijiste que vendrías a mi fiesta de cumpleaños. ¿Por qué cambiaste de opinión?

No tenía ganas de fingir amabilidad con ella.

—Me surgió un compromiso. No podré ir.

—Ah...

Alargó la respuesta con intención.

—Escuché que mi cumpleaños coincide con la carrera de Gael. No me digas que vas a dejarme plantada para ir a verlo.

Su tono estaba cargado de indirectas. Fruncí ligeramente el ceño, sin comprender qué intentaba decir.

—Ay, hermanita.

Renata rio de pronto.

—Cuando se concrete mi alianza matrimonial con los Salvatierra, supongo que tendré que llamarte cuñada.

—No te preocupes. No le diré a nadie que estás enamorada de Gael en secreto.

***

Las pruebas para el equipo de animación avanzaban a toda velocidad.

Entrenábamos movimientos difíciles todos los días. Me sequé el sudor, encontré un rincón vacío para sentarme y volví a recordar las palabras de Renata.

¿Era tan evidente que Gael y yo nos veíamos a escondidas?

No quería imaginar lo que dirían de mí si alguien descubría la verdad.

Lo que hacía estaba mal.

Me lo repetí una y otra vez. Calculaba cuántos días faltaban para cancelar mi compromiso con Sebastián cuando el celular vibró.

*Gael: Amor, llevas días sin hacerme caso. QAQ*

*Gael: ¿Algún desgraciado de afuera te sedujo y te alejó de mí?*

*Gael: Prometiste que yo sería tu único amante clandestino.*

La ráfaga de mensajes me dejó aturdida. Tardé unos segundos en reaccionar.

Aquel hombre tenía fama de ser el heredero más indomable de Ensenada. Siempre hacía lo que quería y no respetaba a nadie. Sin embargo, frente a su novia se pasaba el día pidiendo mimos, atención y besos.

Siempre conseguía hacerme reír. La dulzura llenaba mi pecho, aunque una alarma seguía sonando dentro de mi cabeza.

Recordé la advertencia de Renata y mi sonrisa se endureció. Respiré hondo y escribí despacio.

*Valeria: Tengo miedo de que alguien nos descubra. ¿Podemos ser un poco más discretos?*

Envié el mensaje sin esperar su respuesta. Guardé el celular en la mochila y regresé con las demás para seguir entrenando.

—¿Ya escucharon que Renata Montes también participará?

—Claro. Es muy famosa; seguro le darán el puesto de capitana.

—Ni siquiera viene a entrenar. Qué injusto...

—Habla más bajo. Dicen que va a casarse con Gael y que él se inscribió en la carrera para celebrar su cumpleaños. No podemos meternos con la mujer de Gael Salvatierra.

Mientras estiraba las piernas, escuché a medias los comentarios. Mi rostro no reveló ningún cambio.

Sabía que, cuando la gente imaginaba a la novia de Gael, pensaba en una mujer hermosa, famosa e importante dentro de nuestro círculo.

Yo no estaba a su altura.

—¡Ah!

No supe si perdí la concentración o el equilibrio al saltar. Caí al suelo y mi rodilla golpeó con fuerza el piso.

Todas las miradas se volvieron hacia mí.

Los ojos curiosos parecían capaces de atravesarme. Me mordí con fuerza el labio por el dolor, sujeté la rodilla y me puse de pie poco a poco.

Por suerte no me había lastimado el tobillo.

No entendía por qué. Al principio no tenía ningún interés en quedar seleccionada, pero ahora quería competir con Renata por el puesto de capitana.

No deseaba rendirme. No quería repetir la vida de mi madre, retrocediendo y soportándolo todo hasta permitir que la amante de su marido y su hija la pisotearan.

Tomé un poco de agua, recogí mi cabello en una coleta alta y saqué el celular para ver la hora. Sin querer, leí la nueva sucesión de mensajes en la pantalla.

*Gael: ¿Por qué vuelves a alejarme? ¿Por qué otra vez finges que no tenemos nada?*

*Gael: Amor, ¿tienes a otro hombre?*

*Gael: ¿Quién es el desgraciado? ¿Es más guapo que yo? ¿Tiene más dinero? ¿Es mejor que yo en la cama?*

*Gael: Dime quién es, bebé. Iré a pedirle que me enseñe. \^_\^*

Me quedé sin palabras.

¿Las admiradoras de Gael sabrían que el joven al que idolatraban podía ser insoportablemente infantil?

¿Dónde estaba su elegancia? ¿Dónde estaba el rebelde indomable?

Con el rostro inexpresivo, apoyé los dedos sobre la pantalla y escribí:

*Valeria: ¿No vas a casarte con Renata? Entonces, ¿para qué me buscas?*

Renata era ahora la señorita respetada de los Montes, una actriz en pleno ascenso y la mujer que, según todos, hacía la pareja perfecta con Gael.

Yo no era nadie.

La vista se me nubló. Contemplé aquella línea borrosa y de pronto reaccioné.

No debía descargar mi enojo contra Gael.

Borré el mensaje. Dejé los dedos inmóviles sobre la pantalla durante mucho tiempo. Al final no conseguí controlar mis emociones ni descubrí qué debía contestarle.

Volví a guardar el celular y fingí que nada había ocurrido. Seguí practicando en el salón de danza.

Pasaron varias horas. Las demás se marcharon poco a poco hasta que me quedé sola.

La profesora Galván abrió la puerta.

—¿Todavía estás entrenando?

Su voz me sobresaltó. Me volví deprisa y me limpié el sudor del rostro.

—Termino esta secuencia y me voy, profesora.

—Está bien.

Como si acabara de recordar algo, me entregó un uniforme de animadora.

—Este conjunto acaba de llegar. Pruébatelo y dime si necesitamos modificar algo.

—Claro.

Lo recibí enseguida.

—Mañana pasa por mi oficina. Y apaga las luces cuando salgas —me recordó.

Asentí obediente.

Apagué las luces del salón y tomé la mochila para ir a cambiarme a la residencia. Entonces recordé que Camila no había superado la primera prueba. No quería lastimarla apareciendo con el uniforme, así que decidí usar los vestidores de la planta baja.

Eran más de las nueve de la noche y no quedaba nadie en el edificio de Artes y Deportes.

Elegí una regadera individual y me bañé con calma. Después sostuve el uniforme frente a mi cuerpo. El corte parecía adecuado.

—¿Eh?

Vacié la mochila y revisé cada rincón, pero no encontré la bolsa con la ropa limpia.

¿Cómo podía haber ocurrido?

Durante los entrenamientos siempre llevaba prendas para cambiarme y así no tenía que cruzar la universidad cubierta de sudor. ¿De verdad las había olvidado ese día?

Estaba perdida.

Dejé la mochila a un lado y levanté la ropa interior que acababa de quitarme. Tragué saliva, incapaz de reunir el valor para ponérmela de nuevo.

Después de pensarlo, hice una llamada.

***

Camila y Daniela acababan de regresar de compras y se acercaban a la residencia cuando descubrieron a un hombre bajo los árboles.

Era muy alto. Vestía un uniforme escolar de saco y corbata y esperaba con las manos en los bolsillos, recargado con indiferencia. La sombra ocultaba su expresión.

Su cabello plateado, en cambio, era imposible de confundir.

—¿Ese no es Gael? —preguntó Camila, reconociéndolo de inmediato.

—¿Qué hace frente a la residencia de mujeres a esta hora? ¿Espera a su novia? —Daniela también volvió la mirada hacia él.

—Pero creo que Renata ni siquiera ha venido a la universidad...

En ese momento sonó el celular. Camila leyó el nombre en la pantalla y gritó emocionada al contestar.

—¡Vale! ¿Quedaste? ¿Te aceptaron?

Aunque ella había sido eliminada en la primera ronda, estaría orgullosa si su mejor amiga lo conseguía.

—Todavía no empiezan las pruebas finales. Yo...

La voz suave de Valeria llegó a través del teléfono, pero nadie alcanzó a escuchar el resto.

Camila levantó la cabeza, atónita. El hombre había aparecido frente a ella sin hacer ruido. Cuando sus ojos se encontraron con aquellos iris azul claro, profundos y misteriosos, tragó saliva.

La alta figura de Gael bloqueaba por completo la luz del farol. Camila contempló aquel rostro definido y hermoso, y su cerebro quedó vacío.

—Ga...

¡Gael Salvatierra!

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