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La mujer que despertó mi corazón.

La mujer que despertó mi corazón.

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Matrimonio arreglado / Enfermizo
Popularitas:112.9k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Sol Linares no tenía tiempo para soñar con vestidos blancos ni finales felices. Su mamá necesitaba una cirugía urgente, y su padre, que llevaba años mirándola desde lejos, le ofreció una sola salida: casarse con Bruno Alcázar, el heredero de una de las familias más poderosas de Buenos Aires.

Bruno no podía hablar. No podía moverse. Después de una caída extraña, todos lo daban por perdido.

Pero Sol descubre algo que nadie le había dicho: ese hombre inmóvil fue quien la salvó una noche en la que ella creyó que no iba a salir viva.

Lo que empezó como un trato frío se vuelve una deuda, después una promesa, y finalmente una guerra silenciosa dentro de una casa llena de secretos. Mientras Sol cuida a Bruno, alguien intenta terminar lo que empezó aquella caída.

Y Bruno, atrapado en su propio cuerpo, escucha todo.

La chica que compraron para acompañarlo no se parece a nadie de su mundo. Habla demasiado, cocina como si pudiera curar con las manos, pelea cuando la acorralan y no sabe rendirse.

Él sólo tiene una idea fija: despertar antes de que la destruyan.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14

A medianoche, Sol se levantó de la cama de acompañante como si estuviera escapándose de sí misma.

Salió del sanatorio sin hacer ruido y pidió un auto. En el viaje apretó la mochila contra el pecho. Adentro llevaba la cámara diminuta, la aplicación ya instalada en el celular y una mezcla de miedo con ansiedad que le hacía sudar las manos.

No tengas miedo, Sol.

Estás haciendo lo correcto.

La residencia Alcázar apareció en la oscuridad, pesada sobre el césped. El cuarto de Bruno, en el tercer piso, no tenía ninguna luz.

Sol se agachó junto a los arbustos y miró alrededor. Nadie. Todo quieto.

Técnicamente estaba entrando sin permiso.

Pero Bruno seguía en peligro.

La ventana de la escalera del segundo piso seguía abierta. Sol repitió la maniobra de la noche anterior: carrera corta, pie en la pared, manos al marco, cuerpo hacia adentro.

Entró cuidando la mochila.

Subió sin encender luces. Ya había observado de día: ni la escalera ni el pasillo tenían cámaras.

Qué raro, pensó. Una casa llena de plata y ni un ojo electrónico donde importa.

Se agachó frente a la puerta de Bruno y escuchó.

Nada.

Abrió.

El olor químico estaba otra vez.

Sol apretó los dientes.

Bruno estaba así, indefenso, y aun así alguien insistía.

Cerró rápido, se puso guantes y limpió el líquido con una gasa. Guardó guantes y gasa en una bolsa sellada. Después roció alcohol para cubrir el olor.

—¿A quién ofendiste, señor Alcázar? —murmuró.

Esta vez Bruno estaba boca arriba, quieto, como dormido.

Sol no encendió la luz. Abrió apenas la ventana para que entrara aire nocturno.

—Llegué. Usted duerma. Yo trabajo un rato y después le cuento.

Bruno no dormía.

Había dormitado al principio de la noche y desde entonces la esperaba.

Sol sacó la cámara, una batería pequeña, cinta y herramientas. Ya había armado casi todo en el auto.

—Es una cámara inalámbrica. Chiquita, práctica y cara. Vamos a ver quién viene a hacerle daño.

Bruno la escuchó moverse.

Bien.

Tenía algo de cabeza. Como mucho, podía ser asistente de la secretaria de su asistente.

—La pongo arriba del reloj de pared —dijo Sol—. Queda enfrente de la cama y no se nota porque es negra.

Se alejó.

Bruno abrió los ojos.

La vio por primera vez.

Una figura delgada, subida a una silla, estirándose para pegar algo sobre el reloj. La luz débil del celular le marcaba la cintura, las piernas firmes, el pelo largo hasta la cintura que se movía como una tela negra. Sus dedos eran pequeños, claros, delicados.

Bruno sintió una comezón absurda en la mano.

Quiso saber cómo se sentirían esos dedos dentro de los suyos.

Se insultó por dentro.

¿Qué te pasa? Viste mujeres toda tu vida.

El corazón, sin consultarlo, siguió latiendo rápido.

Sol saltó de la silla y Bruno cerró los ojos.

Ella se sentó al lado de la cama y probó la cámara desde el celular.

—Listo. Funciona. Cuatrocientos pesos, señor Alcázar. Me dolieron como si me hubieran sacado una muela. Mañana es sábado, así que voy a trabajar en la cafetería para recuperar algo. Pero al mediodía vuelvo a hacerle el almuerzo. No voy a dejar que Marta lo alimente con cualquier cosa.

Bruno se burló en silencio.

¿Cuatrocientos pesos? ¿Eso era plata? Un bocado de carne en su mesa costaba más.

—El líquido de anoche ya se lo di a alguien para que lo analice —siguió Sol—. Es un estudiante de posgrado de mi facultad. Dicen que es muy bueno. Mañana temprano me da el resultado.

Bruno también quería saber qué era.

La madrugada empezó a aclarar detrás de las cortinas. Sol había trabajado más de una hora y por fin guardó todo.

El celular vibró.

Santiago: Ya está el resultado. Cuando despiertes, llamame.

Sol abrió grande los ojos.

—¿Tan rápido?

Respondió: Buen día, Santiago.

La llamada entró al instante.

Sol se asustó y atendió con la voz baja.

—¿Te desperté? —preguntó él.

—No. Me despierto temprano.

Bruno, en la cama, se puso tenso.

Mentira.

La voz de Santiago sonó seria.

—Sol, salió el análisis. ¿Puedo preguntarte de dónde sacaste esto?

Ella miró a Bruno.

—Fue... algo casual. De un amigo. No sé cómo explicarlo.

Santiago hizo una pausa.

—Está bien, no pregunto por teléfono. Voy al sanatorio y te cuento.

—No, esperá...

Ya había cortado.

Sol saltó.

—Ay, no. Señor Alcázar, salió el resultado. Tengo que llegar al sanatorio antes de que él llegue. Hoy limpié el líquido, así que por ahora está a salvo.

Bruno tenía mejor cara que al principio. Había comido bien unos días y ya no parecía tan blanco. El pelo, sin cortar, le cubría un poco la frente; las cejas inclinadas y las pestañas oscuras le daban ese aire de príncipe dormido que a Sol le daba bronca admitir.

Ella le tocó la punta de la nariz.

—Lindo, nos vemos al mediodía.

Se fue.

Bruno abrió los ojos apenas quedó solo.

¿Así que se iba porque un hombre la llamó de madrugada?

¿Todavía recordaba que era su esposa?

Desde la primera vez que abrió los ojos, había estado probando movimientos mínimos: cerrar la mano, mover el cuello, girar los pies. Recordaba información médica sobre pacientes en estado vegetativo. Sabía que ya había recuperado conciencia y algo de control.

La casa no tenía cámaras. Podía practicar sin que nadie lo viera.

Levantó un poco la cabeza.

Una vez.

Dos.

Tres.

Pudo.

La felicidad le subió tan fuerte que los ojos se le llenaron de lágrimas.

Antes quería morirse.

Ahora no.

Quería preguntarle a Sandra por qué lo empujó.

Quería saber si Esteban estaba detrás del veneno.

Y, sobre todo, quería mirar a Sol de frente.

Sol bajó del auto cuando el cielo recién aclaraba y entró al sanatorio casi corriendo. Se lavó la cara con agua fría y apenas recuperó el aire cuando llegó el mensaje.

Santiago: Estoy en la puerta. Abrime.

Abrió.

Santiago estaba ahí, con bolsas de desayuno.

—Compré algo en La Flor del Plata. Mi mamá sale hoy, quería celebrar. Traje para ustedes también.

La Flor del Plata era un restaurante caro. Renata la había llevado una vez para su cumpleaños y todavía recordaba la cara de dolor de su amiga al pagar la cuenta.

—No hacía falta —dijo Sol—. Mejor contame el resultado.

Santiago dejó las bolsas en el banco del pasillo. Tenía ojeras.

—Comamos mientras te cuento. Pasé la noche en el laboratorio y tengo hambre.

Sol se sintió mal de inmediato.

—Bueno.

Él le dio una bebida tibia y espesa con bombilla.

Sol probó y se le abrieron los ojos.

—Tiene soja, maní, arroz... ¿y algo como hongo blanco? Qué rico.

Santiago la miró comer con una sonrisa que no pudo esconder.

La había visto por primera vez un año antes. Sus amigos lo arrastraron al comedor para mostrarle a “la belleza de las bandejas”. Él no quería ir. Según esos amigos, cualquier chica linda del campus era una diosa.

Pero Sol estaba en una esquina, entre carros llenos de platos, con guantes, el pelo recogido y la cara tranquila. Levantó la vista y sonrió por costumbre. Desde entonces, Santiago la miraba de lejos.

Había visto cómo rechazaba a otros.

Por eso no se había animado.

Y de pronto, su madre terminó en la habitación de al lado de la madre de Sol.

Si no aprovechaba esa oportunidad, era un idiota.

Sol tomó un pastelito cuadrado de una caja.

—Esto es demasiado lindo para comérselo.

Santiago le alcanzó uno con un tenedorcito.

—Probá este. Tiene flores y miel.

—Gracias.

Ella mordió y se acordó de lo importante.

—Santiago, el resultado.

Él dejó de sonreír.

—Tiene compuestos opioides. En baja cantidad, pero no son sustancias de venta libre ni algo que alguien pueda usar así porque sí.

Sol se quedó quieta.

—¿Y qué provocan?

—Si se inhalan durante mucho tiempo: dificultad para respirar, ardor en los ojos, problemas de visión, náuseas, vómitos, desorientación, habla confusa, diarrea. Depende de la dosis y del tiempo.

Sol olvidó el pastelito en la mano.

—¿Tan grave?

Bruno estaba indefenso y alguien le metía eso por debajo de la puerta.

El pedazo de pastel cayó al piso.

Justo entonces se abrió la puerta de la habitación. Clara salió, vio a su hijo sentado junto a Sol en el pasillo, recogiendo el pastel caído, y sonrió como si acabaran de darle el alta por segunda vez.

—Buen día.

Sol se levantó rápido.

—Buen día, señora Clara.

—Buen día, querida.

Santiago llevó otra bolsa de desayuno a Mercedes y después fue a encargarse del alta de su madre.

Mercedes probó la comida con una mirada demasiado intencionada.

—Qué lindo que alguien traiga desayuno.

Sol se metió un bocado de pastel en la boca.

—Cuando tenga plata, te compro esto todos los días yo.

Mercedes bufó.

—Espero sentada.

Sol seguía pensando en Bruno.

Ese día era sábado. Esperó a que el médico hiciera la recorrida, preguntó con detalle por la evolución de Mercedes y confirmó que el domingo podían darle el alta.

—Gracias, doctor —dijo, casi inclinándose.

Mercedes la pinchó con el codo.

—Un médico como yerno tampoco estaría mal. Por lo menos no hacés fila para turno.

Sol saltó.

—¿Un médico? Mamá, esa gente estudia doctorados afuera. Mire a su hija antes de hacer planes.

Mercedes intentó agarrarle la boca para callarla y Sol escapó riéndose al baño.

Adentro abrió la aplicación de la cámara.

Bruno estaba en la cama, pálido, cubierto con una manta fina. Estaba tan flaco que la línea de las piernas se marcaba debajo de la tela.

Sol apretó los dientes.

Le dijo a Mercedes que en la cafetería necesitaban ayuda con mercadería y salió del sanatorio.

No quiso gastar en otro auto. Tomó una bicicleta pública y pedaleó hacia la residencia Alcázar con la mochila a la espalda.

Se sintió ridícula y valiente al mismo tiempo.

Como una caballera de cuento, yendo a rescatar a un príncipe dormido por un maleficio.

—Dale, Sol —murmuró, pedaleando más rápido—. No aflojes.

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Tina Farias
se nota que la autora de la novela no tiene idea de cómo se escribe una buena Novela
ya me e leído 5 novelas hermosas 💖
Belkis Sioli
????? 👀👀👀👀👀 que necesidad de alargarla tanto,
Nellys Bericote
Excelente Inicio de la Novela Escritora Felicitaciones tienes buena narración mantienes al lector queriendo más vamos a ver como se desarrolla la historia 👏👏👏👏👏
Belkis Sioli
a esta altura que aparezcan personajes nuevos, no da .
Belkis Sioli
apareció la madre 😕😕😕😕
Belkis Sioli
ayyyy por favorrrrr, no.pueden ser tan nabos los dos. 😅😅😅
Belkis Sioli
quiero un abogado así 😅😅😅
Belkis Sioli
claro ahora que está flaca la mira, antes no, que feo y vos narradora también, dejas mucho que desear con ese comentario , te fuiste al pasto.
Belkis Sioli
ya que esperamos más de 50 capítulos para su primer beso, espero que su primera vez valga la pena.
Tina Farias
uufff me e leído 3 novelas completas
y aun esta autora no sube el otro Capítulo
aprende a ser más responsable al momento de escribir una novela
las novelas tienen principio y final
😡😡😡
Belkis Sioli
ay no , no puede ser tan estúpida, no sabes si abrazarla o darle una patada para que despierte 😕😕😕👀👀
Belkis Sioli
muyyyyy lenta 🤔🤔🤔
Belkis Sioli
muyyyyy lenta 🤔🤔🤔
Belkis Sioli
siempre alguien interrumpe ???? es muy repetitivo, además Elias no había ido , solo fue Rodrigo
Belkis Sioli
que estúpida, hace cosas de pendeja.
Belkis Sioli
ya veo que esta tarada se va a estudiar y el viejo aprovecha y lo obliga a casarse con la siliconada fruncida. QUE LENTO TODO.
Jorge luis Méndez Montaño
porque está incompleta?
Belkis Sioli
comparto lo de Graciela, larga ,aburrida, me parece innecesario, se pudo abreviar y contar lo mismo 😒😒😒😕😕
Belkis Sioli
está un poco lento esto, 😕😕😕
Tina Farias
bueno de verdad que esta Novela no tiene final
sino tienen idea de como escribir una novela
mejor no lo aga
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