Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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descubriendo la verdad
Preocupado, el asistente tomó el caballo con el que había llegado y se fue a su siguiente pueblo, el cual estaba a unos 50 kilómetros de allí.
Él tenía la esperanza de que en el siguiente pueblo la cosa estuviera mejor.
Pero allí la cosa estaba igual, y sus habitantes estaban en la decadencia total. Algunos de ellos estaban enfermos.
Otra vez aquel secretario le pregunta lo mismo a un lugareño y el panorama era igual de malo que el anterior.
Al parecer aquella mujer se ha estado burlando del emperador con el descaro más grande del universo, y eso lo pudo ver en los siguientes pueblos, en dónde no había ningún cambio evidente, y el descontento de la gente hacia el emperador era grande.
En esa misión al asistente se le había pasado el día, y al terminar su trabajo se regresa al palacio, para ese tiempo eran las seis de la tarde y la noche estaba por caer.
Inmediatamente fue a ver al emperador, quien aún estaba en su oficina trabajando y con mucho pesar comenzó a relatar todo lo que pudo ver en esos pueblos.
Al parecer la emperatriz ha tenido engañado al emperador durante muchos años, y no solo eso, sino que tiene como cómplice al tesorero real.
—Por lo visto yo soy un reverendo idiota, ¿Cómo no sospeche de ella antes de que esa gente sufra tanto?— pregunta con pesar el emperador a su secretario.
—Al parecer la emperatriz sabe mover sus hilos de forma transparente, para que de ese modo nadie se entere de lo que hace— dice el asistente y el emperador lo comprende.
—Veamos qué tiene ella que decir al respecto, tu toma del tesoro real y ayuda en secreto a esa gente, no escatime con los gastos, si es necesario, usa los recursos de unas de las minas a mi nombre, y haz que la emperatriz caiga y con ella sus aliados, todos deben de pagar por sus crímenes, es una vileza robarle el sustento a los más necesitados— dice el emperador con evidente ira.
—He escuchado que la señorita Eloisa ha estado ayudando a los pueblos del oeste del imperio, y algunos conocidos dicen que lo hace de manera justa y excelente, nos vendría bien su ayuda en estos momentos— aconseja el secretario y el emperador medita en lo que acaba de decir dicho hombre.
—Habla con la señorita Eloisa y trata de hablar con ella sobre la situación, espero que ella se una a nosotros en esto— termina de decir el emperador.
En esos momentos llegó una doncella para avisarle al emperador sobre la cena, la cual estaba siendo ya preparada en el comedor. Lo que significa que es hora de irse a dar un baño para prepararse para cenar.
Ante eso, el emperador terminó de trabajar y se fue a su habitación en dónde le esperaba un sirviente para ayudarlo con el baño.
Mientras eso sucedía en el ducado Zalazar la cosa estaba caótica.
Otra vez la concubina estaba en su habitación destruyendo todo a su paso.
Incapaz de soportar más, el duque mandó a buscar a un doctor, para ver si ese doctor la ayudaba con ella.
Cuando el doctor llegó revisó a la concubina y no encontró nada, le aconsejó al duque ir a buscar un exorcista, alegando que ha de ser un demonio quién atormentaba a esa mujer.
Cómo ayuda, el doctor le pido darle un té fuerte para que mientras tanto ella duerma profundamente.
El duque nada más el doctor salió de allí mandó a hacer el té y obligó a la concubina a tomar ese té.
La mujer cayó rendida a los pocos minutos de tomar el té, parece ser que tanta adrenalina la tenía cansada.
Pero aquella mujer no tardó en volver a gritar fuerte y cuando los sirvientes volvieron a su habitación a ver qué estaba sucediendo, ella al verle llegar les cayó a golpes e hirió a todos con sus uñas.
Cuando el duque llegó se encontró con la situación, y cuando intentó detener a la concubina él también resultó herido, porque ella le arrojó un objeto de su mesita de noche.
La mujer estaba fuera de sí.
Pero su comportamiento tan errático se debe a que ella en su imaginación cree que estaba luchando encuentra de una araña casi de su tamaño.
Esa araña se había subido encima de ella mientras ella dormía e intentó hacerle daño y aquella mujer intentó defenderse de esos ataques, pero la araña no paraba de hacerle daño, e incluso busco a más compañeras para herirla.
Ella se defendía con sus manos, y fue ahí donde hirió a todos. Al final aquella mujer se desmayó del cansancio, el agotamiento físico era grande.
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Al duque no le quedó de otra más que llamar a los guardias para que sometan a la concubina, y para que la aten con cuerdas. Luego mandó a llamar nuevamente al doctor, quien siquiera había llegado a su lugar de residencia.
Un rato después ella despertó y al hacerlo se quejó de dolor de cuerpo.
El duque al verla despierta fue a ella y le pegó una bofetada.
—Eres una loca, has herido a mucha gente, tendré que mandar a buscar a un sacerdote para que te haga un exorcismo— le gritó el duque y ella se vuelve a quejar.
—No solo me atas como si yo fuera un animal, sino que también me pegas, no sé qué está pasando aquí, pero no puedo ser tratada de ese modo— se queja la concubina y el duque se enojó con sus palabras.
—¿Eres idiota o te haces?, no ve que estoy herido— le vuelve a gritar el duque a la concubina y ella en esos momentos se fija en el duque, quien tenía una mano vendada.
Su cara estaba llena de moretones, como si le hubiera dado una reverenda paliza.
A su lado estaban algunos sirvientes con un semblante igual que su amo.
Ella como no se acuerda de nada intentó negar lo sucedido.
—No soy capaz de hacerle daño a nadie, no soy culpable de lo que dices— dice ella de manera indiferente y Alexandra quien estaba fuera desde el principio, fingió llegar en esos momentos y al ver a su padre en esa situación comenzó a llorar.
—Papá, ¿Qué ha pasado? Escuché que la concubina agredió a muchos sirvientes y no pensé que también te hiciera daño a ti— dice ella gritando de manera fingida claro.
La concubina la maldijo.
—Tu niña maldita ¿Cómo te atreves a hablar idioteces? De seguro lo que ha pasado es obra tuya— acusa la concubina y Alexandra lloró aún más y salió de allí corriendo.
Ella se encerró en su habitación y lloraba en voz alta. Bueno fingió llorar, puesto que, lo cierto es que estaba feliz por el resultado de su trabajo.
El duque al ver cómo su hija se fue de allí llorando ordenó a unos de los sirvientes que vaya a buscar al sacerdote para que le haga el exorcismo a la concubina, puesto que, ella estaba arruinando la vida tranquila de la mansión y acaba de hacer sentir mal a su benefactora.
De seguir así la situación, la cosa no terminará bien para él.
Gracias por llevarnos a vivir tan emotiva novela.