Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 14
Renata no dejó de pensar en lo que Gael dijo incluso después de volver a casa.
> “Te ves diferente cuando sonríes así.”
El problema era que él lo había dicho demasiado tranquilo.
Como si no entendiera el efecto que tenía decir cosas así de repente.
O peor…
como si sí lo supiera.
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Cuando entraron a la casa, Renata dejó el bolso sobre el sofá mientras intentaba actuar normal.
Gael dejó las llaves sobre la mesa y aflojó un poco el cuello de la camisa.
Otra vez ese gesto.
Y otra vez Renata tuvo que obligarse a mirar hacia otro lado.
Esto ya empezaba a ser ridículo.
—Renata dijo: —Todavía no entiendo cómo alguien puede vivir usando ropa tan incómoda.
Gael bajó la mirada hacia la camisa.
—Gael preguntó: —¿Ahora también criticas mi ropa?
—Renata respondió: —Estoy ayudándote.
Gael soltó una pequeña risa.
—Gael dijo: —Claro. Muy amable de tu parte.
Renata caminó hacia la cocina intentando ignorar el hecho de que últimamente él sonreía demasiado cerca de ella.
Y eso definitivamente no ayudaba.
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Minutos después, Renata abrió el refrigerador buscando algo para tomar.
—Renata preguntó: —¿Quieres algo?
Gael se apoyó contra el marco de la cocina.
—Gael respondió: —Agua está bien.
Renata tomó dos botellas y le lanzó una.
Gael la atrapó fácilmente.
Demasiado fácilmente.
—Renata dijo: —Odio cuando la gente hace eso.
—Gael preguntó: —¿Atrapar cosas?
—Renata respondió: —Sí. Hace que me sienta torpe.
Gael abrió la botella sin dejar de mirarla.
—Gael dijo: —Tú ya te sentías torpe sola.
Renata abrió la boca indignada.
—Renata dijo: —Okay, eso sí fue grosero.
Gael sonrió apenas.
Y Renata ya empezaba a sospechar que él disfrutaba demasiado molestarla.
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El celular de Gael vibró sobre la mesa.
Otra vez.
Gael miró la pantalla y la pequeña sonrisa desapareció inmediatamente.
Renata lo notó.
Porque últimamente siempre pasaba lo mismo.
Cada llamada parecía arruinarle el humor.
Gael respondió mientras caminaba hacia la sala.
—Gael dijo: —¿Qué pasó?
Silencio.
Renata no quería escuchar.
De verdad no quería.
Pero la voz seria de Gael hacía imposible ignorarlo.
—Gael dijo: —No. Nadie hace nada hasta que llegue.
Otra pausa.
Más tensión.
—Gael dijo finalmente: —Voy para allá.
Renata levantó la vista apenas él colgó.
Gael tomó las llaves rápidamente.
—Renata preguntó: —¿Qué ocurrió?
Gael caminó hacia la puerta.
—Gael respondió: —Tengo que salir un momento.
—Renata preguntó: —¿A esta hora?
Gael dudó apenas un segundo.
Y eso bastó para que Renata entendiera que algo iba mal.
—Gael respondió: —No tardaré.
Renata cruzó los brazos.
—Renata dijo: —Últimamente dices mucho eso de “todo está bien” y claramente nunca está bien.
Gael se quedó quieto unos segundos.
Luego volvió a mirarla.
Y por primera vez en varios días…
parecía realmente cansado.
—Gael dijo: —No quiero meterte en problemas que no son tuyos.
Eso tomó a Renata un poco por sorpresa.
Porque no sonó arrogante.
Ni controlador.
Sonó sincero.
—Renata preguntó más despacio: —¿Y si quiero entender?
Gael sostuvo su mirada varios segundos.
Como si estuviera pensando demasiado la respuesta.
Pero al final negó suavemente con la cabeza.
—Gael respondió: —Todavía no.
Y antes de que Renata pudiera insistir, salió de la casa.
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El silencio después de que la puerta se cerró se sintió raro.
Incómodo.
Renata soltó aire lentamente y se dejó caer en el sofá.
Intentó mirar televisión.
Después intentó usar el celular.
Luego caminar por la cocina.
Nada funcionó.
Porque, aunque intentaba convencerse de lo contrario…
estaba preocupada.
Y eso era un problema enorme.
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Una hora después seguía despierta.
Mirando el reloj cada pocos minutos.
Ridículo.
Completamente ridículo.
—Renata murmuró: —Ni siquiera me cae bien.
Mentira.
Claramente ya no era verdad.
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Casi a medianoche escuchó finalmente la puerta abrirse.
Renata levantó la cabeza inmediatamente.
Gael entró a la casa aflojándose la camisa otra vez.
Pero esta vez se veía agotado.
Mucho más que otras noches.
Gael se detuvo apenas la vio despierta.
—Gael preguntó: —¿Qué haces levantada?
Renata respondió demasiado rápido.
—Renata dijo: —Nada.
Gael arqueó apenas una ceja.
Claramente no le creyó.
Renata apartó la mirada.
—Renata preguntó: —¿Todo salió bien?
Gael dejó las llaves sobre la mesa lentamente.
—Gael respondió: —Sí.
Otra vez esa respuesta.
Pero esta vez Renata decidió no presionarlo.
Gael caminó hacia la cocina en silencio.
Y cuando pasó cerca del sofá, Renata habló casi sin pensar:
—Renata dijo: —Me preocupaste.
El silencio fue inmediato.
Gael se detuvo.
Lento.
Demasiado lento.
Y cuando giró hacia ella, la expresión en su rostro había cambiado completamente.
Más suave.
Más sorprendida.
Como si nadie le hubiera dicho algo así en mucho tiempo.
Renata sintió el calor subirle al rostro apenas se dio cuenta de lo que acababa de admitir.
Genial.
Simplemente genial.
Gael la observó unos segundos.
Y luego dijo algo tan tranquilo… que fue todavía peor.
—Gael respondió: —Lo sé.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos