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Tras Los Lentes

Tras Los Lentes

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Pamela Calcumil

Ana Beltrán llegó a Moscú con una valija rota y un solo objetivo: un mejor futuro lejos de casa. Para lograrlo, se esconde. Ropa 3 talles más grande, lentes gigantes, rodete tirante. Se vuelve invisible.

Consigue trabajo como asistente del CEO de _Volkov Industries_: Dmitri Volkov. Arrogante, mujeriego, playboy. Un hombre que odia las distracciones y solo contrata mujeres "feas" para que no lo molesten.

Él no sabe su apellido. Ella no quiere que la vea.

Hasta que una gala lo obliga a romper las reglas. Sin lentes, sin el saco gris, Ana deja de ser "Asistente B" y se vuelve imposible de ignorar.

Ahora Dmitri no puede dejar de mirarla... y odia no entender por qué. Ella sigue luchando por su futuro. Él, por primera vez, está perdiendo el control.

Una historia de orgullo, máscaras y de dos personas que tienen que decidir si vale la pena arriesgarlo todo por ser vistos de verdad.

NovelToon tiene autorización de Pamela Calcumil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 18 EL CONSEJO

*Viernes. 9:00 AM. Sala del Consejo. Piso 50.*

Mesa de caoba. Diez sillones de cuero. Diez miradas.

El consejo de Volkov Industries. Todos hombres. Todos trajes. Todos poder.

Y Ana.

Sin saco. Pelo suelto. Sin lentes. Camisa azul. Pantalón negro.

Invisible, no.

Dmitri entró primero. Traje negro. Sin corbata. Carpeta en la mano.

Ana detrás. Espalda recta. Sin temblar. Mucho.

Silencio.

Orlov estaba por videollamada en la pantalla grande. Desde Moscú. Sonrisa chica.

—Volkov —dijo uno del consejo—. Dijiste que era urgente.

—Lo es —dijo Dmitri. Se paró al frente. Ana a su lado. No detrás. Al lado.

—Antes de empezar —dijo él—. Esto no es de números. Es de personas.

Orlov se rió. —¿Desde cuándo Volkov habla de personas?

Dmitri no lo miró. Miró al consejo.

—Hace tres años contraté a la mejor asistente que tuve —dijo—. Ana Beltrán.

Dijo su nombre. Completo. Sin “Asistente B”.

Ana sintió que se le iba el aire.

—Hace tres semanas dejé de fingir que solo era mi asistente —dijo él—. Porque me enamoré de ella.

Silencio total.

Katya, tomando el acta afuera, dejó de tipear.

—Y durante tres semanas —siguió Dmitri—. La escondí. La puse entre el trabajo y yo. La hice elegir entre ser invisible o ser mía.

Caminó hasta Ana. Le tomó la mano. Frente a todos.

—Hoy dejo de esconderla —dijo—. Porque si esta empresa no puede con una mujer real, entonces no quiero esta empresa.

Orlov explotó en la pantalla.

—¡¿Estás loco, Volkov?! ¡Tienes inversores! ¡Tienes un nombre! ¡No puedes meter a tu... tu asistente en el consejo!

—Puedo —dijo Dmitri. Voz de acero—. Y lo hago.

Soltó la mano de Ana. Abrió la carpeta.

—Renuncia —dijo. Y puso un papel sobre la mesa—. Mi renuncia como CEO. Efectiva hoy.

Ana lo miró. Pánico real.

—No —dijo ella bajito. Solo para él—. Dmitri, no.

Él no la miró. Siguió.

—Pero —dijo—. Tengo una contraoferta.

Sacó otro papel.

—Vendo el 51% de mis acciones —dijo—. A ella.

Señaló a Ana.

Todos se movieron.

—Queda como accionista mayoritaria —dijo él—. Y yo me quedo como su asesor. Sin sueldo. Sin poder. Solo ella.

Ana abrió la boca. Sin sonido.

—Eso es imposible —dijo uno del consejo—. Es tu asistente. No tiene capital.

—Tiene el mío —dijo Dmitri—. Porque yo se lo doy. Todo.

Orlov se rió. Nervioso. —Nadie va a aceptar eso.

—Yo sí —dijo una voz.

Irina entró. Sin tocar. Con otra carpeta.

—Soy abogada —dijo—. Y firmo como testigo. Y como accionista minoritaria. Le compro a Volkov el 2% con mis ahorros de diez años. Porque creo en ella más que en ustedes.

Katya entró detrás.

—Yo también —dijo—. El 1%. Mi herencia.

Dos mujeres más del piso 48 entraron.

—El 1% cada una —dijeron.

Ana los miraba a todos. Temblando.

—Yo... yo no puedo —dijo—. No soy...

—Sí eres —dijo Dmitri. Por primera vez la miró. Solo a ella—. Eres la mujer que me enseñó que el poder sin gente no sirve. Eres la que me hizo humano. Y si el consejo no te quiere, yo tampoco quiero el consejo.

Silencio. Largo.

El presidente del consejo, un hombre de 70 años, se sacó los lentes.

—Volkov —dijo—. ¿Estás seguro?

—Más seguro que nunca —dijo él.

El hombre miró a Ana. Largo.

—Señorita Beltrán —dijo—. ¿Usted quiere esto?

Ana respiró.

Pensó en tres años de saco gris. En lentes. En esconderse.

Pensó en Dmitri diciendo “te elijo”.

—Sí —dijo. Voz firme—. Lo quiero. No por la empresa. Por mí.

*9:47 AM.*

Votación. 6 a 4.

Aceptado.

Ana Beltrán, 51% de Volkov Industries.

Dmitri Volkov, asesor. 0%.

Orlov colgó la videollamada. Sin decir nada.

*10:05 AM. Pasillo. Piso 50.*

Salieron.

Ana se apoyó en la pared. Piernas flojas.

—¿Qué hiciste? —susurró—. Diste todo.

Dmitri se acercó. Le acomodó un mechón detrás de la oreja.

—Te di todo —dijo—. Porque tú ya me diste todo. Me diste una razón para no ser piedra.

—Y si la cago —dijo ella—. Si hundo la empresa...

—Entonces la hundimos juntos —dijo él—. Y la levantamos juntos.

Le tomó la cara.

—Ana Beltrán, CEO —dijo—. Me gusta cómo suena.

Ella se rió. Nerviosa. Con lágrimas.

—Estoy aterrada —dijo.

—Yo también —dijo él—. Pero ya no estoy solo.

*11:30 AM. Piso 48.*

Bajaron juntos.

Irina aplaudió. Una vez. Fuerte.

Después Katya. Después todos.

Ana se puso roja.

Dmitri levantó la mano.

—Asistente Beltrán ya no existe —dijo—. A partir de ahora es la Señora CEO.

—Y tú —dijo Ana—. Sigues siendo mi jefe.

Todos se rieron.

*8:00 PM. Su departamento.*

Ana no podía creerlo.

Masha saltaba en la cama. —¡Mamá es jefa! ¡Jefa!

Dmitri estaba en la cocina. Haciendo fideos. Mal.

—Nunca cociné —dijo—. Pero aprendo.

Ana lo abrazó por detrás.

—Gracias —susurró—. Por elegirme.

Él se giró. Harina en la cara.

—Siempre —dijo—. Te elegí desde el sábado. Solo tardé en decirlo.

La besó. Con gusto a tomate.

—Mamá —dijo Masha desde el cuarto—. ¿Él se queda a dormir?

Ana y Dmitri se miraron.

—Si tu mamá quiere —dijo él.

Ana asintió.

—Se queda —dijo.

*Lunes. 8:00 AM. Piso 48.*

Ana entró.

Pantalón negro. Camisa azul. Pelo suelto. Sin lentes.

CEO.

Dmitri entró detrás.

Jeans. Camisa. Sin traje. Asesor.

—Buenos días, Señora CEO —dijo él.

—Buenos días, señor Asesor —dijo ella.

Se sonrieron.

Y el piso 48 empezó a trabajar.

Con una jefa nueva. Y un hombre que por fin era libre.

*Fin del Capítulo 18.* 1.142 palabras.

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