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El Regreso De La Princesa

El Regreso De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: vane sánchez

"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris

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Capítulo 13: La Tormenta y el Lobo

El tiempo, ese tejido invisible que Lyra había aprendido a respetar en sus dos vidas, pasó con una rapidez que ni siquiera ella esperaba.

Los días se convirtieron en meses, y los meses en años. Eryndor cumplió su promesa: cada vez que las vacaciones lo permitían, allí estaba, cruzando las puertas de Brumhaven con una sonrisa que iluminaba todo el palacio. Llegaba más alto, más fuerte, su cabello gris plateado un poco más largo, sus ojos azules un poco más profundos. Y cada vez, Lyra corría a sus brazos como si el tiempo no hubiera pasado.

Pero entre visita y visita, la soledad se instalaba en su habitación.

Lyra no perdió el tiempo. No podía permitírselo.

 

La Red Crecía

Darian, su mano derecha, se había convertido en un hombre de veinte años, con la mirada afilada y la lealtad inquebrantable. Mira, la pelirroja de los registros, era ahora una mujer meticulosa que llevaba cuentas de todo lo que ocurría en el reino. Y Kael, el mensajero que trepaba muros como una lagartija, seguía siendo su sombra, su conexión con el mundo exterior.

Juntos, habían tejido una red que abarcaba no solo Brumhaven, sino también las principales ciudades del reino. Mercaderes, sirvientes, soldados, posaderos... todos ellos, sin saberlo, alimentaban de información a la princesa de siete años.

Pero Lyra quería más. Necesitaba más.

Por eso, cuando Darian le propuso infiltrar a dos de sus mejores hombres en la Orden de los Caballeros de Valdris, no dudó ni un segundo.

—Son los mejores —dijo Darian, señalando a dos jóvenes que esperaban en la penumbra de la habitación secreta—. Se han entrenado durante años. Nadie sospechará de ellos.

Lyra los observó con atención. El primero era alto, de hombros anchos y mirada serena. Se llamaba Corbin. El segundo era más delgado, con manos ágiles y ojos que no perdían detalle. Renard.

—¿Saben lo que arriesgan? —preguntó Lyra, con esa voz que, a sus siete años, sonaba mucho más adulta de lo que debería.

—Lo sabemos —respondió Corbin—. Y aceptamos.

—La Orden es el corazón del poder militar de Valdris —continuó Lyra—. Si Varen Crain intenta algo, necesitará controlarla. Ustedes serán mis ojos allí. Si algo huele mal, si alguien se acerca demasiado a los traidores, quiero saberlo antes de que actúen.

—Así será, princesa —dijo Renard, inclinándose.

Lyra asintió, satisfecha.

—Vayan con cuidado. Y recuerden: su lealtad será recompensada. Cuando todo esto termine, tendrán tierras, títulos, lo que quieran.

—No lo hacemos por eso, princesa —dijo Corbin, con una sinceridad que conmovió a Lyra—. Lo hacemos porque nos diste una oportunidad cuando nadie más lo hizo. Porque creíste en nosotros.

Lyra sonrió.

—Entonces vayan. Y vuelvan con información.

 

El Invierno

Dos años habían pasado desde la partida de Eryndor. Lyra tenía ahora siete años, y el invierno se había instalado en Valdris con una crudeza inusual.

Las ventanas de su habitación temblaban con el azote del viento. La nieve caía sin piedad desde hacía tres días, cubriendo caminos, aislando aldeas, convirtiendo el mundo en un paisaje blanco y helado.

Y Lyra ardía en fiebre.

Comenzó como un leve calorcillo, fácil de ignorar. Pero pronto se convirtió en un fuego que recorría cada hueso, cada músculo, cada fibra de su ser. Nana Elle no se separaba de su lado, aplicando paños fríos en su frente, obligándola a beber infusiones que apenas podía tragar.

—Es la misma fiebre que tuvo tu hermano —murmuraba la anciana, con el rostro preocupado—. Pero él era mayor. Tú eres tan pequeña...

Lyra sabía lo que era. Su loba estaba llegando.

Y dolía. Dolía como si su cuerpo estuviera siendo desgarrado y reconstruido una y otra vez. En los breves momentos de lucidez, llamaba a su hermano, deseando con todas sus fuerzas que él estuviera allí, como ella había estado para él.

Pero Eryndor estaba lejos. Muy lejos. Y la tormenta lo había atrapado en el camino.

 

El Camino Imposible

En la ruta hacia Brumhaven, la tormenta rugía con una furia que pocos recordaban haber visto. El viento cortaba como cuchillos, la nieve cegaba a hombres y bestias, y el camino se había vuelto intransitable.

La comitiva que acompañaba a Eryndor se había detenido en una posada, esperando que el temporal amainara.

Pero Eryndor no podía esperar.

—Mi hermana me necesita —dijo, con una calma que helaba más que la tormenta—. Lo sé. La siento.

El capitán de la escolta negó con la cabeza.

—Es imposible, príncipe. Nadie puede viajar con este tiempo. Morirían congelados antes de llegar.

Eryndor lo miró fijamente. Y entonces, sonrió.

—Yo no soy "nadie".

Sin decir más, salió de la posada. El viento lo golpeó con una fuerza brutal, pero él no retrocedió. Cerró los ojos un instante, sintiendo el frío, sintiendo el miedo, sintiendo la urgencia.

Y entonces, se transformó.

El lobo gris de ojos azules emergió de la ropa caída, sacudiendo su pelaje contra la nieve. Su tamaño era imponente, aún más que dos años atrás. Su aliento formaba nubes de vapor en el aire helado, y sus ojos brillaban con una determinación feroz.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, una figura saltó sobre su lomo.

Adrián.

—¿Qué haces? —gruñó el lobo con la mente, sorprendido.

—Ir contigo —respondió Adrián, aferrándose a su pelaje—. Lyra también es mi amiga. Y si vas a morir congelado, al menos moriré contigo.

El lobo lo miró un instante. Luego, una especie de risa lobuna resonó en sus mentes.

—Agárrate fuerte.

Y se lanzaron a la tormenta.

 

La Travesía

Nunca, en sus dos vidas, Adrián había sentido algo así.

El viento aullaba como una bestia enfurecida, la nieve golpeaba su rostro con la fuerza de mil aguijones, y el frío calaba hasta los huesos a pesar de las múltiples capas de ropa, a pesar de ser un vampiro sentía frío.

Pero Eryndor corría. Corría sin detenerse, sin dudar, como si la tormenta no fuera más que una brisa molesta.

—¿Cómo puedes ver? —gritó Adrián contra el viento.

—No veo —respondió el lobo—. Siento. Siento a Lyra. Su loba me llama. Es como un faro en la oscuridad.

Adrián se aferró con más fuerza, maravillado y aterrorizado a partes iguales. Conocía el vínculo de los Lobos de Luna, pero vivirlo era otra cosa.

Las horas pasaron. O tal solo fueron minutos. En la tormenta, el tiempo perdía su significado. Solo existía el frío, el viento, y la voluntad inquebrantable de un lobo que no se detendría ante nada.

Cuando finalmente divisaron las luces de Brumhaven a lo lejos, Adrián sintió que las lágrimas se congelaban en sus mejillas.

—¡Lo logramos! —gritó.

El lobo no respondió. Solo aceleró.

 

La Llegada

En el palacio, la noticia de que alguien se acercaba corrió como la pólvora. Los guardias apenas podían creer lo que veían: un lobo gigante, cubierto de hielo y nieve, cruzaba el puente levadizo con una velocidad imposible. En su lomo, una figura encogida que apenas se sostenía.

—¡Es el príncipe! —gritó alguien—. ¡Y el príncipe de Aurelia!

Antes de que pudieran reaccionar, el lobo ya estaba dentro del palacio, sus garras resonando en el mármol mientras corría hacia las habitaciones de Lyra.

Alaric e Isolda, alertados por el revuelo, llegaron justo a tiempo para ver al lobo transformarse de vuelta en Eryndor, desnudo y tembloroso, pero con los ojos brillantes de determinación.

—¿Eryndor? —balbuceó Alaric —. ¿Cómo...?

—Después, papá —jadeó Eryndor, tomando una manta que un sirviente le ofreció—. Ahora, Lyra.

Adrián, más muerto que vivo, se deslizó del lomo del lobo justo antes de la transformación y ahora yacía en el suelo, tiritando.

—Llévenlo junto al fuego —ordenó Isolda, corriendo hacia él—. Rápido.

Pero Adrián, a pesar del frío, a pesar del agotamiento, sonrió.

—Ha sido... increíble —murmuró, antes de perder el conocimiento.

 

Junto a Lyra

Eryndor irrumpió en la habitación de Lyra sin anunciarse. Nana Elle dio un respingo al verlo, pero él no se detuvo.

—Fuera —ordenó suavemente—. Necesito estar solo con ella.

La anciana asintió, comprendiendo, y salió cerrando la puerta.

Eryndor se acercó a la cama y contuvo el aliento.

Lyra estaba allí, pequeña y frágil entre las sábanas, su rostro encendido por la fiebre, su respiración agitada. Pero cuando él se sentó a su lado, ella abrió los ojos.

—Eryndor —susurró, con una voz tan débil que apenas se oía—. No deberías... la tormenta...

—Cállate —dijo él, con ternura infinita—. No iba a dejarte sola. Nunca.

Tomó su mano entre las suyas y cerró los ojos. A través del vínculo, sintió a su lobo, y a través de su lobo, sintió a la loba de Lyra, luchando por nacer, luchando por llegar.

"Ayúdala", pensó.

"Ya lo hago", respondió su lobo. "Los dos estamos con ella. Su loba lo sabe. Eso le da fuerzas."

Lyra apretó su mano débilmente.

—Duele —susurró—. Duele mucho.

—Lo sé —respondió Eryndor—. Yo también lo pasé. Pero tú eres más fuerte que yo. Tú puedes con esto.

—¿Te quedarás?

—Todo el tiempo que haga falta.

Y así, hermano y hermana, lobo y loba, esperaron juntos mientras la tormenta rugía afuera y la fiebre consumía el cuerpo de Lyra.

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Karen Xochipa León
Es una historia que te atrapa en el momento que quieres leer algo diferente algo nuevo /Smile//Smile//CoolGuy/ algo más, espero con ansias los demás capitulos.
Karen Xochipa León
ahhh ☺️👏🥰🥰 me gustó la ame mucho espero con ansias los demás capitulos es una historia diferente que allá leído te atrapa desde el primer capítulo ☺️👏👏
Mónica Aulet
Muy buen comienzo!!!!
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