NovelToon NovelToon
ENTRE MAREAS

ENTRE MAREAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa

Sofía Marchetti llegó a Puerto Sereno con dos maletas, un equipo de buceo y el corazón roto. Vino a estudiar los arrecifes de coral. A esconderse del mundo. A recordar quién era antes de que un hombre la convenciera de que no era suficiente.

Lo que no esperaba era a Andrés Villareal.

Alto, silencioso, con las manos curtidas por el mar y una mirada que no sabe mentir. Un hombre que no juega, no esconde, no promete lo que no puede cumplir. Todo lo contrario a lo que Sofía conocía.

Pero Sofía aprendió a desconfiar. Y las heridas que no se ven son las que más duelen.

Entre buceos al amanecer, noches con olor a sal y un océano que parece guardar secretos, dos personas que no buscaban nada terminarán encontrándose de la única manera que el mar permite:

Sin aviso. Sin red. Sin vuelta atrás.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 — Rumbo al asfalto

La noticia de la crisis de Rafael cayó sobre la casa de Elena como un rayo en medio de la calma. El rosario que Elena sostenía se deslizó de sus manos, golpeando el suelo de madera con un sonido seco que pareció retumbar en toda la estancia.

—Tengo que ir — dijo Elena. Su voz no tembló. Era la voz de una mujer que había pasado treinta años esperando y no pensaba perder ni un segundo más —. Andrés, busca las llaves. Nos vamos a Caracas ahora mismo.

Andrés asintió. No hubo dudas en sus ojos, solo una determinación férrea. Miró a Sofía, que estaba de pie junto a la puerta, y luego a Valeria, que miraba a todos con los ojos muy abiertos, asustada por la tensión que llenaba el aire.

—Yo voy con ustedes — dijo Sofía, dando un paso al frente.

—No — la voz de Ricardo llegó desde la entrada del patio. Había estado escuchando desde las sombras —. Sofía, no seas ridícula. Tú no tienes nada que hacer en ese hospital. Esta es una tragedia familiar de ellos. Tú vienes conmigo en el Jeep, regresamos a Caracas como personas civilizadas y dejas que ellos resuelvan sus asuntos.

Andrés se giró hacia Ricardo. Sus ojos azules eran dos cuchillos de hielo.

—Vuelve a abrir la boca para decirle qué hacer — susurró Andrés — y te juro que no vas a necesitar el Jeep para llegar al hospital.

Ricardo retrocedió un paso, pero Marcela, que acababa de llegar detrás de él, intervino con su tono profesional y gélido.

—Andrés, Ricardo tiene un punto. El tiempo es vital. Rafael está en la Clínica Metropolitana. En autobús o en tu lancha no llegarán a tiempo si algo pasa en las próximas horas. Ricardo tiene el Jeep listo. Es la forma más rápida de llegar.

Andrés apretó los puños. Odiaba cada palabra que salía de la boca de esa mujer, pero sabía que tenía razón. El viaje por tierra desde Puerto Sereno era largo y sinuoso.

El viaje fue un infierno de silencios y tensiones.

Andrés conducía su vieja camioneta con Elena de copiloto, quien no dejaba de mover los labios en una oración muda. Sofía iba atrás con Valeria, quien se había quedado dormida con la cabeza en el regazo de Sofía después de llorar un poco por la confusión.

Ricardo y Marcela los seguían de cerca en el Jeep de lujo, como buitres esperando el momento exacto para descender.

Durante las horas de carretera, Andrés miraba por el retrovisor constantemente. No miraba a Ricardo; miraba a Sofía. Ella le devolvía la mirada, tratando de transmitirle una fuerza que ella misma sentía que se le escapaba por los manos.

Llegaron a Caracas cuando la ciudad era un monstruo de luces y ruido. El contraste fue violento. El olor a salitre fue reemplazado por el humo de los escapes y el aire denso de la metrópolis. Sofía sintió que el pecho se le apretaba; este era el mundo de donde ella había huido, el mundo que ahora intentaba reclamarla.

La Clínica Metropolitana se alzaba como un edificio de cristal y acero, frío y aséptico. Entraron casi corriendo.

Marcela tomó el mando, hablando con las recepcionistas y los médicos con una autoridad que Andrés no podía igualar en ese terreno. Los guiaron hasta la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos.

Un médico de bata blanca impecable se acercó.

—¿Familiares de Rafael Villareal?

Elena dio un paso al frente, seguida de Andrés.

—Soy su esposa — dijo Elena. No dijo "ex", no dijo "la madre de su hijo". Dijo esposa, reclamando su lugar después de tres décadas.

—El señor Villareal tuvo una complicación mayor en la sutura de la válvula mitral — explicó el médico con voz profesional —. Perdió mucha sangre y su corazón está muy débil. Hemos logrado estabilizarlo, pero las próximas doce horas son críticas. Está en coma inducido.

Elena se tambaleó. Andrés la sostuvo por los hombros, firme como un roble.

—¿Podemos verlo? — preguntó Andrés.

—Solo de uno en uno. Por cinco minutos.

Elena entró primero. Andrés se quedó afuera, mirando a través del cristal. Sofía se acercó a él y le tomó la mano. Por primera vez en todo el viaje, Andrés no se resistió. Se aferró a la mano de Sofía como si fuera lo único real en ese edificio de mentiras y dinero.

Ricardo se acercó a ellos, rompiendo el momento.

—Bueno, ya cumpliste, Sofía. Estás aquí. Ahora deja que los médicos hagan su trabajo y vámonos — dijo Ricardo, bajando la voz —. He reservado una suite en el hotel Eurobuilding. Necesitas un baño, ropa limpia y salir de este ambiente.

Andrés soltó la mano de Sofía y se giró hacia Ricardo. El cansancio del viaje y el dolor de ver a su padre así se convirtieron en una furia pura y concentrada.

—Escúchame bien, caraqueño — dijo Andrés, dando un paso hacia él. Su presencia en ese pasillo elegante era imponente, fuera de lugar, pero poderosa —. Ella no se va a ninguna parte porque ella es mi mujer. No es un objeto que vienes a recoger, no es un contrato que terminó. Es la mujer que me dio la mano cuando el mundo se me caía encima y es la mujer que se va a quedar a mi lado hasta que mi padre salga de esa habitación.

Ricardo se rió con desprecio.

—¿Tu mujer? Mira dónde estás, lanchero. Este no es tu pueblo de pescadores donde puedes arreglar todo a golpes. Aquí eres nadie. Sofía, mírale las manos. Tiene escamas y olor a pescado. ¿De verdad vas a tirar tu vida por esto?

Sofía dio un paso al frente y, sin mediar palabra, le cruzó la cara a Ricardo con una bofetada que resonó en todo el pasillo.

—Vete de aquí, Ricardo — dijo Sofía, con una voz que cortaba como el hielo —. No me importa el hotel, no me importa el laboratorio, y no me importas tú. Andrés tiene razón. Soy su mujer. Y prefiero el olor a mar de sus manos mil veces antes que el vacío de tu vida perfecta. Vete antes de que sea yo la que llame a seguridad.

Ricardo se llevó la mano a la mejilla, con los ojos llenos de odio. Miró a Marcela, que observaba desde lejos con una mueca de disgusto.

—Te vas a arrepentir, Sofía — escupió Ricardo —. Cuando este viejo muera y el lanchero se dé cuenta de que no sabe qué hacer con los millones, vas a estar sola.

Ricardo se dio la vuelta y se fue, con los pasos resonando en el mármol.

Andrés miró a Sofía. Había una mezcla de asombro y adoración en sus ojos.

—¿Lo dijiste en serio? — preguntó él, en un susurro.

—Cada palabra — dijo Sofía, acercándose a él —. No me voy a ninguna parte, Andrés. Nunca más.

Él la abrazó, escondiendo su cara en el cuello de ella. En medio de ese hospital frío, rodeados de máquinas y de la sombra de la muerte, se sintieron más vivos que nunca.

Pero la batalla no había terminado. Marcela seguía allí, mirando el reloj, y adentro, el corazón de Rafael Villareal luchaba su batalla final.

Esa noche Sofía escribió en su cuaderno (en una hoja suelta que consiguió en la clínica):

Caracas es ruidosa y gris.Ricardo es una sombra que finalmente se desvanece. Pero el amor de Andrés... el amor de Andrés es lo que me mantiene en pie.

Elena está con Rafael ahora. Andrés está conmigo.Y afuera, el sol de la ciudad empieza a salir, pero nosotros solo queremos volver al mar.

Vive, Rafael. Vive por ellos.

Fin del Capítulo 22 ✨

1
Helizahira Cohen
Muy bonita, romántica, sencilla y corta me gusta
Helizahira Cohen
te equivocaste de nombre ella hablo de Rodrigo y apareció Ricardo, bueno un error se entiende, Andres debe calmarse es pasado
Helizahira Cohen
Esas cosas pasan mas a menudo de lo que uno cree
Helizahira Cohen
No hay comentarios, es bonita, romántica pero esta narrada bien, sigo leyendo, ojalá vean tu trabajo
Helizahira Cohen
Es bonita y la escritora es mi paisana venezolana, describe nuestro mal y menciona nuestras palabras, Cambur = banana
mailyn rodriguez
hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi.
mailyn rodriguez
Gracias 🥰
Cliente anónimo
Es muy bonita la historia.🥰
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play