Murió en las calles protegiendo a su hermana menor… y despertó en un infierno distinto.
Reencarnó como un omega, hijo de duques poderosos que lo odian y lo castigan en secreto. Para la sociedad es un villano manipulador; en realidad, es un niño roto al que nadie quiere proteger.
Golpes, hambre y humillaciones marcan su vida, ocultas tras rumores perfectamente construidos.
Para borrar toda sospecha, sus padres lo obligan a un matrimonio político con el temido duque del sur, un alfa frío y respetado que acepta el compromiso con desprecio, creyendo que el omega merece su fama.
Él no se rebela.
Después de un año de maltratos, obedecer es su única forma de sobrevivir.
Pero cicatrices ocultas, silencios que duelen y miradas llenas de miedo comenzarán a romper la mentira. Cuando la verdad salga a la luz, dos almas marcadas deberán aprender a sanar juntas.
Una historia de dolor, redención y un amor que aprende a cuidar lo que el mundo decidió odiar.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 17: Al despertar
Elian despertó lentamente.
No sobresaltado.
No con el corazón acelerado.
Despertó… tibio.
Durante unos segundos no entendió por qué. Su cuerpo estaba relajado de una forma que no reconocía, como si no hubiera pasado la noche en guardia. El aire olía distinto. Familiar. Seguro.
Entonces lo recordó.
El pecho firme bajo su mejilla.
El ritmo constante de una respiración ajena.
El brazo que, sin apretar, seguía allí, sosteniéndolo.
Elian abrió los ojos de golpe.
La vergüenza llegó inmediata, ardiente, recorriéndole la piel.
Se incorporó demasiado rápido.
—Lo siento —dijo antes incluso de pensar—. Yo no debí… me quedé dormido… no quise…
Kael despertó al instante.
No se movió bruscamente. No alzó la voz. Simplemente abrió los ojos y lo miró con atención tranquila.
—Elian —dijo—. Detente.
El omega se quedó inmóvil, respirando agitado, esperando la corrección que nunca llegaba.
—No hiciste nada mal —continuó Kael—. Te quedaste porque lo necesitabas. Y yo acepté.
Las palabras chocaron contra algo profundo.
Elian bajó la mirada.
—Aun así… —murmuró—. Ocupé su espacio. Su cama. No pensé…
Kael se incorporó despacio, manteniendo la distancia.
—Compartir espacio no es una falta —respondió—. Y menos cuando se pide permiso.
Elian tragó saliva.
—¿No… me equivoqué?
—No —dijo Kael con firmeza—. Pero es importante que hablemos de cómo te sientes ahora.
Eso sí era nuevo.
No castigo.
No juicio.
Diálogo.
Elian se abrazó a sí mismo.
—Me siento… confundido —admitió—. Anoche estaba bien. Tranquilo. Y ahora tengo miedo de haber cruzado algo que no entiendo.
Kael asintió.
—Eso es normal —dijo—. Cuando el cuerpo empieza a sentirse seguro, aparecen emociones que antes estaban prohibidas.
Elian levantó la mirada, inseguro.
—No quiero confundir seguridad con… otra cosa —añadió—. No quiero depender mal.
Kael sintió el peso de esas palabras.
—Escúchame —respondió con seriedad—. Buscar consuelo no es dependencia. Y necesitar contacto no te obliga a nada más.
Elian respiró hondo.
—¿Y si después… ya no puedo dormir solo?
Kael no esquivó la pregunta.
—Entonces lo trabajaremos —dijo—. Paso a paso. No te quitaré algo que te ayuda sin darte alternativas.
Eso aflojó algo en el pecho de Elian.
—Gracias… —susurró.
El silencio que siguió no fue incómodo. Era un silencio nuevo, donde ambos estaban presentes sin invadirse.
Elian miró alrededor de la habitación y luego volvió a mirar a Kael.
—Anoche… —dijo con cuidado—. Sus feromonas… me ayudaron mucho.
Kael asintió.
—Las liberé a propósito —admitió—. Para calmarte. Pero quiero que sepas algo importante.
Elian se tensó levemente.
—Nunca usaré eso para influirte —continuó Kael—. Si alguna vez no quieres sentirlas, me lo dices. Sin explicación.
Elian parpadeó, sorprendido.
—Está bien —respondió—. Gracias por decirlo.
—Y las tuyas —añadió Kael—. Respondieron porque te sentías seguro. No porque debieras hacerlo.
Elian bajó la cabeza, avergonzado.
—Me dio miedo… que pensara que yo…
—No —interrumpió Kael con suavidad—. No pensé eso.
El omega asintió lentamente.
—Entonces… —dudó—. ¿Está bien si hoy… volvemos a dormir separados?
Kael sintió una punzada inesperada.
No de rechazo.
De conciencia.
—Sí —respondió—. Y está bien si mañana vuelves a necesitar compañía. Ninguna de las dos opciones cambia lo que pasó anoche.
Elian lo miró, sorprendido.
—¿No se borra?
—No —dijo Kael—. Se integra.
Eso… se sintió correcto.
Un poco después, desayunaron juntos, como Kael había prometido. No hubo miradas raras ni tensión incómoda. Solo comida sencilla y silencio compartido.
Antes de separarse, Elian se detuvo en la puerta.
—Kael —dijo.
Era la primera vez que decía su nombre sin título.
Kael alzó la vista.
—Gracias —repitió Elian—. Por cuidarme sin… poseerme.
Kael sostuvo su mirada.
—Gracias a ti —respondió—. Por confiarme algo tan frágil.
Elian asintió y se fue.
Y Kael se quedó solo un momento más, apoyando una mano en el borde de la mesa.
Recién entonces se permitió aceptar la verdad que había estado evitando:
Lo que sentía ya no era solo responsabilidad.
Ni deber.
Era un deseo silencioso de quedarse.
No de poseer.
No de apresurar.
De acompañar.
Y supo, con una claridad que lo estremeció, que a partir de ahora tendría que ser aún más cuidadoso.
Porque proteger a alguien era una cosa.
Pero amar sin dañar…
eso requería una fuerza distinta.