Julián Alfonso Cabrera un CEO de mucho renombre, a pesar de estar casado con Karina Montalvo, llevaba una doble vida. ¿Podrá este CEO ocultar la verdad por nucho tiempo?
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Creo que papá no está muerto
Julián estaba desesperado porque Karina quería dejarlo en la calle, pero eso no lo iba a permitir.
La relación entre él y William se había ido al traste. Sin embargo, él quería, deseaba, una reconciliación.
Mientras tanto, Karina sentía una satisfacción amarga, solo un pequeño triunfo.
Buen trabajo, Paco; Julián acaba de bloquear la cuenta real. Julián va a creer que el dinero ha desaparecido del sistema.
En este momento Julián está atrapado en sus propios enredos, y no sabe qué hacer para recuperar su puesto y el amor de su amante, pero ya sin confianza le será más difícil la reconciliación.
Karina suspiró profundamente, el primer golpe la había dejado no satisfecha, sino con un sabor amargo en la boca. "Lo siento, Julián, pero eras tú o yo", dijo para sus adentros.
Ella sabía mover muy bien las piezas, y también sabía que Julián, dado el caso, podría ser peligroso. De todos modos, ella estaría preparada para todo. La guerra que se veía llegar inminente.
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La Torre estaba inusualmente silenciosa, Karina se encontraba en su estudio revisando unos documentos del último balance de la empresa. El bloqueo financiero era total, Julián Alfonso era ahora, un hombre rico en papel, pero indigente en la realidad.
De pronto, las luces parpadearon y se apagaron, un silencio sepulcral invadió la casa.
¿Quién está ahí?, preguntó Karina sin saber lo que estaba sucediendo.
En ese momento, recibió un mensaje de Paco.
Karina, sal de ahí, inmediatamente, Julián ha desactivado el sistema de seguridad desde la base central. Ha bloqueado las cerraduras electrónicas.
Karina sintió un frío glacial, pasos pesados subían las escaleras. No eran pasos de alguien que busca una conversación, sino de alguien que busca un final.
La puerta del estudio se abrió lentamente, Julián Alfonso apareció en el umbral, iluminador solo por la luz de la luna que entraba por el ventanal. Ya no era el CEO impecable; tenía la corbata suelta y los ojos inyectados en sangre. En su mano derecha, sostenía un objeto metálico que brilló con un matiz siniestro.
¿Dónde está el dinero, Karina?, preguntó Julián con una calma aterradora. Sé que fuiste tú, William es un idiota, pero no es tan brillante como para hackear las cuentas desde adentro.
El dinero no te pertenece, Julián. Nunca te perteneció, respondió Karina, retrocediendo hacia el ventanal, manteniendo su mano cerca de un pequeño interruptor que Paco había instalado bajo de la mesa.
Esta empresa es mía por derecho, yo la he construido poco a poco. He puesto todo mi esfuerzo, mi paciencia, y mis proyectos en ella, rugió Julián, rompiendo su calma y acercándose. Tú solo eres un estorbo que debí eliminar hace mucho tiempo. Una 'recaída' en tu salud, eso es lo que dirá el informe forense.
Justo cuando Julián levantaba el brazo, el celular de Karina vibró dando una señal de alta frecuencia.
¡Ahora!, gritó la voz de Paco, quien había logrado forzar la entrada. De repente, las pantallas del estudio se encendieron a todo volumen, proyectando en bucle, las imágenes de Julián y William en la casa colonial, sus conspiraciones y sus besos. El sonido de sus propias voces, llenó la habitación, desorientando a Julián.
Paco irrumpió en la habitación como un vendaval, derribando a Julián antes de que pudiera reaccionar.
El arma (un pesado pisapapeles de cristal con el que planeaba golpearla), rodó por el suelo.
Se acabó, señor Alfonso, dijo Paco, inmovilizándolo contra el suelo con una fuerza implacable.
Todo ha sido grabado, Julián, la policía está a dos metros de la entrada.
Karina se acercó a su esposo, quien lloraba de rabia en el suelo. Todavía puedes salvarte, le dijo ella.
Luego le tendió unos papeles, firma aquí y lárgate.
Julián no tuvo más remedio que firmar, pero muy en el fondo juró vengarse.
En ese documento, Julián renunciaba a su patrimonio y a todo lazo con la empresa. Ni siquiera podría ver a sus hijos.
Julián comprendió que era su fin, hasta William lo había abandonado.
Julián perdió todo, pero lo que más le dolía era que ya no vería más a William, el único ser con el que se sentía bastante bien.
Afortunadamente, aún le quedaba la casa colonial, esa que le regaló Karina en un aniversario. La misma que había puesto a nombre de su amado, pero él se la regresó "porque no quería nada del hombre que lo había traicionado".
Aun así, Julián era muy orgulloso para darse por vencido. "Solo he perdido una batalla, no la guerra", se dijo.
Julián se levantó, se sacudió la ropa y salió con la cabeza muy en alto. "No estoy derrotado aún", se dijo.
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Dos años después, Julián es el CEO en otra empresa llamada "Nadir Group", tan importante o más que "Torre Cabrera", a la cual Karina ya le había cambiado el nombre al que tenía antes, "Innovatech".
Los edificios de "Nadir Grupo", son más altos, y la fortuna le sonríe a Julián, pero su hogar está vacío, ni siquiera tiene el consuelo de ver a sus hijos, ya que Karina le prohibió tajantemente que los volviera a ver. A ellos les había dicho que su padre murió, y hasta mandó hacer una lápida con el nombre de Julián Alfonso Cabrera, para que sus hijos no le preguntaran más por él. Para ella sería una vergüenza que ellos supieran que su padre la había engañado con otro hombre.
Aunque los chicos no creían para nada lo que les dijera su madre.
De seguro papá se portó mal y no quiere que lo veamos. Estoy seguro de que él no está muerto, dijo Mario, quien era el más listo de los dos.
¿Tú crees?, respondió Sergio, no muy seguro.
Por supuesto que sí, ¿qué te parece si investigamos?, seguro que papá está por ahí, solo hay que buscarlo.
Bueno, deja traigo mi "compu".
Rato después, los dos chicos empezaron la investigación y la búsqueda de su padre.
En esa primera sesión no hubo resultados satisfactorios, pero no bajarían la guardia.
En eso, oyeron la voz de Adela que los llamaba para que fueran a desayunar.
Niños, ya es tarde y tienen que ir a la escuela.
Ay, Adela, no quiero ir, dijo Sergio.
Como si no supieras que de nada valdrán las súplicas, de todos modos nos van a obligar a ir, dijo Mario, haciendo bulla de él.
Chin, es verdad.
Niño, ¿qué palabras son esas?, dijo Adela, asustada.
Perdón, se me salió, dijo Sergio en un susurro.