Nacida como una “maldición”, criada en el desprecio, y renacida con una nueva fuerza. Una princesa diferente está a punto de cambiar el rumbo de su reino.
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Capítulo 1: Dos Mundos, Dos Soledades
Dos Mundos, Dos Soledades
En algún lugar de la ciudad, bajo un cielo gris cubierto de nubes, Rin Tsumiki caminaba con los audífonos puestos y la mirada perdida.
La gente pasaba a su lado sin verla.
Siempre era así.
Desde pequeña había aprendido a no molestar, a no estorbar, a no llamar la atención. No porque fuera débil… sino porque el mundo se cansaba rápido de las personas sensibles.
Rin vivía en un pequeño departamento, compartido con su madre enferma y una rutina agotadora.
Escuela.
Trabajo de medio tiempo.
Casa.
Repetir.
No tenía muchos amigos. No tenía tiempo para soñar.
Pero sí tenía una cosa:
Historias.
Amaba leer novelas de fantasía, mundos donde las personas podían empezar de nuevo, donde el destino podía cambiarse.
A veces, antes de dormir, pensaba:
—Si pudiera renacer… lo haría mejor.
Ese día, como siempre, salió tarde.
El tren estaba lleno. El andén, abarrotado. La lluvia hacía resbalar el suelo.
Rin miró su celular.
Un mensaje de su madre.
“Cuídate.”
Sonrió con cansancio.
No respondió.
Nunca pensó que sería la última vez que leería esas palabras.
En otro mundo, bajo un cielo completamente distinto, una niña caminaba sola por un largo pasillo de mármol.
Sus pasos eran suaves. Casi inexistentes.
Flora Kler, princesa del Reino de Lunaris, avanzaba con la cabeza baja y las manos apretadas contra su pecho.
Su reflejo en los ventanales mostraba lo que todos temían.
Un ojo rojo. Un ojo verde. Cabello dividido entre blanco y negro.
Desde su nacimiento, fue llamada:
“Maldición.”
“Error.”
“Vergüenza.”
Nunca “hija”.
Nunca “princesa”.
Su habitación era fría. Grande. Vacía.
Más una jaula que un hogar.
Los sirvientes la miraban con lástima. Los nobles con desprecio. Sus padres… con indiferencia.
Ese día, como tantos otros, fue castigada sin razón.
—No debiste salir sin permiso —dijo la reina, sin siquiera mirarla.
—Lo siento… —susurró Flora.
Siempre lo sentía.
Aunque no supiera por qué.
Horas después, encerrada en su cuarto, abrazó una almohada.
No lloró.
Había aprendido que llorar no cambiaba nada.
Solo miró el techo y pensó:
—Ojalá… no hubiera nacido.
Rin, en su mundo, estaba de pie en el andén.
El tren se acercaba.
La multitud empujaba.
Alguien tropezó.
Ella perdió el equilibrio.
Sintió el vacío.
El ruido.
La oscuridad.
Y un solo pensamiento:
—Mamá… perdón.
Flora, en su mundo, caminaba por un balcón alto del palacio.
El viento era fuerte.
La luna, fría.
Había escuchado rumores.
Que pronto la casarían. Que la enviarían lejos. Que dejaría de existir como persona.
Se apoyó en la baranda.
Sus manos temblaban.
No quería morir.
Pero tampoco sabía cómo vivir.
—Si desaparezco… ¿alguien lo notará…?
Un paso.
Un resbalón.
Silencio.
Dos mundos.
Dos vidas.
Dos almas rotas.
Y en medio de la oscuridad…
Una luz desconocida comenzó a brillar.
Como si el destino, por primera vez…
Les ofreciera otra oportunidad.
Capítulo 1
Dos Mundos, Dos Soledades — Parte 2
La oscuridad no dolía.
No había frío.
No había calor.
No había ruido.
Solo… vacío.
Rin sintió que flotaba.
No tenía cuerpo. No tenía peso. No tenía voz.
Pero tenía conciencia.
—¿Estoy… muerta…?
No hubo respuesta.
Intentó moverse.
Nada.
Intentó recordar.
Su madre. La estación. El empujón. El ruido.
Entonces, lo entendió.
Había terminado.
Y, aun así… no sentía miedo.
Solo una tristeza profunda.
—No pude… hacer nada importante…
Una luz apareció a lo lejos.
Pequeña. Débil. Temblorosa.
Rin sintió que era atraída hacia ella.
Como si algo la llamara.
En ese mismo vacío, otra presencia existía.
Era débil. Cansada. Apagándose.
Era Flora.
Su alma flotaba, envuelta en recuerdos rotos.
Gritos. Desprecios. Silencio. Soledad.
No entendía dónde estaba.
Solo sentía sueño.
—¿Ya… terminó…?
No estaba triste.
Solo… cansada.
Cansada de pedir amor. Cansada de esperar. Cansada de existir.
Vio la misma luz.
Pero para ella…
Era descanso.
—Si es el final… está bien…
Y se dejó llevar.
Las dos luces se acercaron.
Una llena de arrepentimientos. La otra llena de resignación.
Cuando se tocaron…
El mundo tembló.
Una voz antigua resonó en la nada.
No era hombre. No era mujer. No era humana.
—Dos almas heridas…
—Dos destinos incompletos…
—Una oportunidad…
Rin sintió un tirón en el pecho.
—¿Qué… es esto…?
La voz continuó:
—El cuerpo vive…
—El alma se extingue…
—El alma vive…
—El cuerpo espera…
Flora no reaccionó.
Solo sonrió débilmente.
—Si ella… puede vivir mejor… entonces… tómalo…
Su luz comenzó a desvanecerse.
Rin intentó alcanzarla.
—¡Espera! ¡No te vayas!
Pero ya era tarde.
Antes de desaparecer, Flora susurró:
—Por favor… sé feliz…
El vacío se rompió.
Rin cayó.
Cayó.
Cayó.
Sintió dolor.
Frío.
Peso.
Respiración.
Un latido.
—¡Gasp…!
Abrió los ojos.
Techo blanco.
Cortinas pesadas.
Olor a flores secas.
—¿Dónde… estoy…?
Intentó moverse.
Su cuerpo era pequeño. Delgado. Débil.
Le dolía todo.
Giró la cabeza.
Un espejo estaba frente a ella.
Vio un rostro desconocido.
Hermoso.
Extraño.
Un ojo rojo.
Un ojo verde.
Cabello blanco y negro.
Sus labios temblaron.
—E… ¿Esa… soy yo…?
Sus recuerdos chocaron.
Su vida como Rin. El dolor de Flora. Sus miedos. Sus sueños.
Todo mezclado.
Su mente gritó.
Pero su voz no salió.
Lágrimas rodaron sin control.
—No… no… no…
No entendía.
No aceptaba.
No podía.
Pero su corazón…
Sabía la verdad.
Había renacido.
Desde el pasillo, unos pasos se acercaban.
—¿Ya despertó…?
Una voz fría.
La puerta se abrió lentamente.
Y con ella…
Comenzó su verdadera historia.
por eso no entiendo cuando hnos se pelean o son enemigos!!!