Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Berrinche
La posada apareció al caer la tarde.
Era modesta, de madera oscura y techo inclinado, con un pequeño establo al costado y luz cálida escapando por las ventanas. Un lugar de paso… pero lo suficientemente seguro para reagruparse.
Los hombres comenzaron a moverse de inmediato.
Heridos hacia dentro.
Caballos asegurados.
Guardias posicionados.
Todo bajo una organización clara… y una sola autoridad.
Rachel descendió del carruaje con ayuda de una doncella, observando el lugar con atención. Aún sentía la tensión en el cuerpo, pero lo que más destacaba ahora no era el miedo.
Era otra cosa.
Molestia.
Porque desde que había comenzado todo… Damian no la había vuelto a considerar.
Ni una explicación.
Ni una mirada.
Nada.
Dentro de la posada, él ya estaba reunido con varios oficiales. Habían ocupado una mesa al fondo, apartada, donde mapas improvisados yacían extendidos.
Rachel no se acercó de inmediato.
Pero sí escuchó.
—No fue un ataque al azar.. Sabían lo que hacían.
Damian apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Coincido.
Su voz era baja, pero firme.
—Una joven noble. Un carruaje identificable. Escolta limitada.
Otro oficial asintió.
—Un objetivo fácil.
Rachel apretó ligeramente los dedos sobre su abanico.
[¿Un objetivo fácil?]
—O alguien los observaba desde antes.. Esperando el momento adecuado.
Damian no negó.
—También es posible que no hayan terminado.
El silencio cayó entre los hombres.
—¿Cree que… podrían volver? —preguntó uno.
—Si pertenecen a un grupo mayor… o si alguien los envió, no sería extraño.
Rachel sintió un escalofrío.
[¿Alguien los envió…?]
—O podrían intentar recuperar lo que no lograron —añadió otro.
—O vengarse —cerró Damian, sin cambiar el tono.
La conversación continuó.
Estrategias.
Turnos de vigilancia.
Rutas seguras.
Todo decidido… sin ella.
Rachel apretó el abanico con más fuerza.
[Ni siquiera me informan directamente.]
Había escuchado todo por casualidad.
Como si no fuera parte del problema.
Como si no fuera… el objetivo.
Eso fue lo que la hizo moverse.
Caminó hacia la mesa.
Con elegancia.
Con control.
Pero claramente… con intención.
—Lord Devlin.
Las voces se detuvieron.
Todos la miraron.
Damian alzó la vista hacia ella.
—Lady Mason.
Rachel sostuvo su mirada.
—Me gustaría hablar con usted un momento.
El ambiente quedó en silencio.
Damian hizo un leve gesto a sus hombres.
—Continúen.
Y se apartó unos pasos.
Rachel lo siguió.
Lo suficiente para hablar sin interrupciones.
Respiró hondo.
Se recompuso.
—Entiendo la situación.. Y agradezco que se haya hecho cargo.
Damian no dijo nada.
Solo la escuchaba.
—Pero me gustaría señalar… que soy la persona directamente involucrada.
Hizo una pequeña pausa.
—Y agradecería ser informada de lo que ocurre.
Su voz era firme.
Correcta.
Nada fuera de lugar.
Pero clara.
Damian la observó unos segundos.
Y entonces respondió.
—Deje de hacer berrinches.
Silencio.
Total.
Rachel parpadeó.
Una vez.
Lentamente.
[¿Qué dijo?]
El golpe no fue físico.
Pero lo sintió igual.
Directo.
Seco.
Inesperado.
Rachel lo miró, completamente incrédula.
—¿Perdón?
Pero él ya había desviado la mirada, como si el asunto no mereciera más atención.
—Esto no es un salón de té.. Es una situación de riesgo.
Rachel sintió cómo algo se encendía dentro de ella.
—No estoy haciendo un berrinche —respondió, aún manteniendo la compostura… por poco—. Estoy pidiendo información.
Damian no reaccionó.
—Está pidiendo atención innecesaria —corrigió él.
Eso fue suficiente.
La calma de Rachel… se tensó.
—Soy la persona que fue atacada.
—Y está a salvo —respondió él, inmediato—. Eso es lo importante.
Rachel apretó los labios.
—¿Y eso significa que no merezco saber qué está pasando?
Damian la miró.
Directo.
Frío.
—Significa que no está en posición de dirigir nada.
Silencio otra vez.
Pero esta vez… cargado.
Rachel sostuvo su mirada.
Sus ojos ya no eran solo tranquilos.
Había fuego ahí.
Contenido.
Pero evidente.
—No estoy intentando dirigir —dijo, más bajo, pero más firme—. Estoy intentando no ser tratada como si no existiera.
Eso… lo detuvo un segundo.
Apenas.
Pero fue suficiente para notarlo.
Aun así, no suavizó su postura.
—Entonces no actúe como si esto fuera una ofensa personal.
Rachel lo miró.
Y esta vez… no respondió de inmediato.
Porque entendía.
Parte de ella entendía. La situación. El peligro.
La urgencia.
Pero otra parte… no iba a aceptar ser ignorada.
Se giró.
Lentamente.
Sin hacer una escena.
Sin perder la elegancia.
Pero claramente molesta.
—Bien —murmuró.
Y comenzó a alejarse.
Pero esta vez… no había curiosidad.
Ni interés.
Solo una conclusión clara en su mente..
[Este hombre… es imposible.]
Y, sin embargo… eso no hacía que dejara de querer enfrentarlo.
Al contrario. Solo la hacía querer… demostrarle que estaba equivocado.