NovelToon NovelToon
Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Mafia / Completas
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Aleksandra es una brillante residente de neurocirugía que creció en un orfanato creyendo que sus padres murieron en un accidente común. Desconoce que su padre fue un desertor de la mafia rusa que la entrenó en combate y manejo de armas antes de dejarle una fortuna oculta. Su ordenada vida da un vuelco la noche en que rescata de un callejón a Dante Moretti, el temido heredero de la mafia italiana, herido de muerte tras una emboscada.
Ella le salva la vida operándolo en secreto en su cocina y, entre la fiebre y el peligro, comparten una noche ardiente y desesperada. Al amanecer, él ha desaparecido. Descubriendo poco después que está embarazada, Aleksandra huye a Dubái con una beca médica para criar a su hijo lejos de la violencia.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Sombras sobre el cristal

El motor del Porsche Macan blanco de Aleksandra apenas emitía un murmullo eléctrico mientras salía del estacionamiento subterráneo del hospital.

Eran las tres de la madrugada. La autopista Sheikh Zayed se extendía como una cinta de asfalto oscuro flanqueada por rascacielos iluminados. Aleksandra no encendió la radio. Sus ojos iban y venían con una cadencia rítmica, matemática: espejo retrovisor central, espejo lateral izquierdo, espejo derecho, cada cuatro segundos.

En la primera rotonda hacia Dubai Healthcare City, ejecutó una maniobra clásica de contravigilancia: dio una vuelta completa adicional antes de tomar la salida designada. Cincuenta metros atrás, un sedán alemán de cristales polarizados imitó el giro con una distancia calculada para no llamar la atención.

«Profesionales», pensó con una frialdad amarga apretándole la mandíbula. «Dante no tardó ni quince minutos en ponerles correa».

No intentó perderlos. En una ciudad saturada de cámaras de reconocimiento facial y radares de tráfico como Dubái, una persecución a alta velocidad solo atraería a la policía emiratí y bloquearía sus opciones de escape. Continuó a velocidad crucero, estacionó en su plaza asignada en el subsuelo del edificio residencial y subió por el ascensor privado sin apurar el paso.

Al entrar a su departamento, cerró la puerta y pasó los tres cerrojos silenciosos. Caminó descalza por el pasillo en penumbra directo a la habitación de su hijo.

Dimitri dormía profundamente. La sábana de lino blanco cubría su pequeño cuerpo hasta la cintura, y sus brazos descansaban sobre la almohada, con la respiración suave y acompasada. Aleksandra se arrodilló junto a la cama baja. Con una delicadeza infinita, apartó un mechón castaño de la frente del niño y rozó su mejilla tibia.

El corazón se le encogió con una mezcla feroz de terror y devoción.

Dante estaba en la ciudad. El hombre cuya sola mención hacía temblar los puertos de Italia había respirado a escasos centímetros de ella, y no se marcharía con las manos vacías.

Se puso de pie, fue hasta su vestidor y abrió la caja de seguridad empotrada detrás del espejo de cuerpo entero. No había tiempo para la vacilación. Sacó los dos pasaportes suizos que Mikhail Volkov le había dejado con identidades limpias para ella y para el niño, tres fajos de billetes de alta denominación en francos y dólares, y la Glock 43. Cargó el arma con un movimiento fluido, metió una bala en la recámara, activó el seguro y la guardó en su bolso de mano junto a los documentos.

«Calma, Sashenka», se ordenó a sí misma en ruso, sintiendo la adrenalina helada recorrerle las venas. «Si compras boletos ahora o intentas llegar al aeropuerto antes del amanecer, la seguridad privada de Moretti interceptará el manifiesto de vuelo en cinco minutos. Tienes que moverte cuando haya luz, en medio de la multitud».

A las siete de la mañana, la luz dorada del desierto inundó los ventanales de la sala.

Dimitri ya estaba vestido con su uniforme escolar: bermudas beige y una camisa polo azul marino. Sentado a la mesa del desayuno, comía trozos de manzana con la misma sobriedad meticulosa de siempre.

—Mami, hoy tienes los ojos cansados —dijo el pequeño de pronto, mirándola fijamente con sus pupilas grises—. ¿El paciente de la noche estaba muy roto?

Aleksandra sonrió, ocultando la tormenta interior detrás de una máscara de dulzura materna. Le acarició el cabello antes de alcanzarle su mochila pequeña.

—Un poco, mi vida. Pero ya lo reparamos. Hoy mamá te llevará al colegio y luego iremos a dar un paseo largo, ¿te gustaría?

Dimitri asintió con entusiasmo, dejando los cubiertos perfectamente alineados junto al plato.

Bajaron juntos al vestíbulo de mármol. Aleksandra llevaba gafas oscuras y un vestido camisero de seda verde olivo que le cubría hasta las rodillas, con el bolso cruzado sobre el pecho, manteniendo la mano derecha a milímetros del cierre donde descansaba el arma.

Al salir a la acera peatonal para caminar las dos cuadras que separaban el edificio de la academia internacional de Dimitri, el calor matutino ya superaba los treinta grados. Aleksandra fingió mirar la vidriera de una cafetería para observar el reflejo en el cristal: a mitad de cuadra, apoyado contra la entrada de un hotel, un hombre de hombros anchos y gafas de sol sostenía un teléfono celular a la altura del pecho.

El lente de la cámara apuntaba directo hacia ellos.

Aleksandra dio un paso sutil, colocando su propio cuerpo como una barrera entre el fotógrafo y Dimitri, guiando al niño con una mano firme sobre su hombro hasta cruzar el pórtico de seguridad del colegio.

—Hasta la tarde, doctora Rossi —saludó la maestra en la entrada, tomando la mano de Dimitri.

—Hasta luego —respondió ella, inclinándose para darle un beso sonoro en la coronilla a su hijo—. Pórtate bien, solnyshko. Mamá vendrá por ti antes de lo habitual.

El niño le dedicó una última mirada cómplice antes de ingresar al patio de juegos.

Apenas las puertas de vidrio blindado del colegio se cerraron, el hombre que los vigilaba en la esquina guardó el dispositivo, dio media vuelta y subió a la parte trasera de una camioneta oscura estacionada a la sombra de unas palmeras.

En el piso cincuenta y cuatro del hotel Armani, en el centro de Dubái, la suite presidencial estaba sumida en una atmósfera densa de humo de cigarro y órdenes militares en voz baja.

Dante Moretti estaba de pie frente al inmenso ventanal que ofrecía una vista vertiginosa del Burj Khalifa. Llevaba una camisa blanca impecable con las mangas arremangadas hasta los codos, dejando al descubierto los antebrazos marcados por venas gruesas y la cicatriz lineal de su viejo combate. En la mano sostenía un vaso bajo con whisky escocés, que hacía girar en círculos lentos, haciendo chocar los cubos de hielo con un repique cristalino.

La puerta de la suite se abrió con paso apresurado. Lorenzo entró a la estancia, cerrando con llave tras de sí. Su rostro habitualmente imperturbable mostraba una rigidez extraña, una tensión que iba mucho más allá de un informe rutinario de vigilancia.

—Don Dante —dijo Lorenzo, deteniéndose a dos pasos de su líder.

Dante no se dio vuelta.

—Dime que ya tienes la dirección de su departamento y el itinerario de sus turnos en el hospital.

—Tengo la dirección. El complejo residencial en Healthcare City, piso cuarenta y dos. Y también tenemos el registro completo de sus movimientos matutinos —Lorenzo tragó saliva, sosteniendo una tableta electrónica en la mano derecha—. Pero hay algo más, señor. Algo que no estaba en ningún informe de Milán.

Dante se giró despacio. Sus ojos de tormenta se clavaron en su lugarteniente con una fijeza peligrosa.

—Habla claro, Lorenzo. Sabes que detesto los preámbulos.

Lorenzo dio un paso al frente y extendió la tableta con la pantalla encendida.

—Nuestro vigía tomó esto hace cuarenta minutos, en la puerta de la Emirates International Academy.

Dante bajó la vista hacia la pantalla.

La fotografía era nítida, tomada con un teleobjetivo de alta resolución. En la imagen aparecía Aleksandra de perfil, agachada frente a un niño de unos tres años, arreglándole el cuello de la camisa polo azul.

Pero los ojos de Dante no se detuvieron en la mujer.

Se clavaron en el niño.

La respiración del Don se congeló en su pecho. El vaso de cristal se detuvo en el aire.

El niño estaba mirando directamente en dirección a la cámara, como si hubiera intuido el lente oculto a cincuenta metros de distancia. Tenía la mandíbula firme, cuadrada, idéntica a la suya. El arco de las cejas, la postura erguida de los hombros pequeños... y por encima de todo, sus ojos.

No había duda biológica ni margen de error humano. Eran los mismos ojos grises, fríos y despiadados que Dante veía cada mañana en el espejo; la mirada que había heredado de su abuelo y de su padre, la marca inconfundible de la dinastía Moretti.

Un silencio aterrador, denso como el plomo derretido, cayó sobre la habitación.

—Tiene tres años y medio —la voz de Lorenzo tembló apenas, rompiendo la quietud—. Nació en agosto, Don Dante. Exactamente nueve meses después de la noche en que usted desapareció en Milán. Se llama Dimitri.

Los dedos de Dante apretaron el vaso de whisky con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blancos como el hueso. Una pequeña grieta crujió en el cristal fino, pero él ni siquiera pareció notarlo.

Tres años y medio.

Mientras él libraba una guerra despiadada en las trincheras de Lombardía, cazando traidores y durmiendo con una pistola debajo de la almohada, su sangre respiraba en el desierto. Aleksandra no solo le había salvado la vida aquella madrugada en su cocina; se había llevado en sus entrañas al único heredero de su imperio. Había ocultado a su propio hijo a miles de kilómetros para mantenerlo lejos de sus manos.

Una tormenta de emociones primitivas —furia volcánica, incredulidad y una posesividad salvaje que le desgarró el pecho— estalló en la mirada del Don.

—Lorenzo —dijo Dante. Su voz ya no era humana; era un susurro bajo, gutural, cargado de una autoridad letal que no admitía apelación en este mundo.

—Ordene, Don Dante.

Dante apoyó el vaso agrietado sobre la mesa de cristal y se abrochó los botones de los puños con movimientos lentos, calculados y letales.

—Prepara tres vehículos blindados. Dile a los muchachos que dejen las armas largas en el maletero; no quiero un espectáculo público que asuste al niño.

Alzó la vista hacia su lugarteniente, y en sus ojos grises ardió el fuego de una sentencia irrevocable.

—Vamos a buscar a mi familia.

1
Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Maria Laura Perez: Gracias 😘
total 1 replies
Marta Luisa Nebreda Escalante
porqué ella no instruye al hijo como su padre hizo con ella ? quedará a cargo de dos dinastías y el chico cero instrucción 🤔🤔🤔🤔🤔
Marta Luisa Nebreda Escalante
no sólo que lo abrió sino que ella se abrió de piernas a él 🤣
Marta Luisa Nebreda Escalante
ella es más mafiosa que él, porque viene de la mafia rusa 🤔🤦
Marta Luisa Nebreda Escalante
no quiere llevarlo hacia la mafia de su padre y qué lindo ejemplo le está dando al hijo con un arma en la mano.....va va vs🤔
Ana Cortes
felicidades me encantó tu novela fue fluida y no monótona lo único que al final las edades de los hermanos no coincidían ya que de principio se llevaban por tres años al final fueron por seis años todo lo demás lo disfrute al máximo éxito y bendiciones♥️♥️♥️
Marta Luisa Nebreda Escalante
jajaja jajaja 🤣, idiota e inconsciente dijo porque se fué y no pensó lo mismo cuando se encamo 😂😂😂😂😂😂
Ana Cortes
dios los libre
Mayra C Velez V
cuándo le dirá papá ☺️
Mayra C Velez V
madre mía 🤭
Ana Cortes
como dra puede irse sin pensar en sus pacientes de Dubai irse sin dar ninguna explicacion
Mayra C Velez V
mas de cuatro años... tres años y medio de Dimitri más el embarazo
Mayra C Velez V
/Toasted//Shy//Gosh/
Maria Gudiño
y el trabajo en Dubai 🤔🤔🤔?????
Mayra C Velez V
"en tú cama"
Mayra C Velez V
"en tu cocina" creo
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play