NovelToon NovelToon
Más Astuta Que Tú

Más Astuta Que Tú

Status: Terminada
Genre:Escuela / Timetravel / Venganza / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Klarina_za29

Aranza Jordán murió atropellada cuando huía de un matrimonio arreglado... y de un amigo que la dejó desangrándose en plena calle.

Despierta en el cuerpo de Renata Anastasia Salvatierra, la nieta consentida de dos de las familias más poderosas del país. El problema: Renata es el personaje de relleno de una novela que Aranza nunca terminó de leer, la chica ingenua que, en la historia original, acaba muerta por culpa de su prima Selena.

Pero Aranza ya no está dispuesta a ser una víctima. Con una sonrisa dulce que no le llega a los ojos, una inteligencia afilada y un talento oculto para el hackeo, Renata se pone la máscara de la inocencia y juega con las cartas que la novela le dio. Ahora conoce el guion de todos: la prima que finge ser su amiga, la rival que la humilla, el protagonista que aún no sabe lo que se le viene encima.

Cinco primos que la adoran, abuelos que daría la vida por ella, un hacker de mirada fría que parece ver a través de su máscara... y enemigos que están a punto de descubrir que subestimar a la nueva Renata fue el peor error de sus vidas.

¿Astuta tú? Ella lo es más.

NovelToon tiene autorización de Klarina_za29 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Algo no cuadra

Al salir de la mansión Salvatierra, Joaquín y Leandro volvieron directo a la mansión de su familia. Vistas desde fuera, las dos casas eran casi del mismo tamaño; solo el diseño cambiaba.

—Algo raro les pasa a Andre y a Cami. ¿Tú qué opinas? —le preguntó Joaquín a Leandro. Llevaba un buen rato dándole vueltas, pero no había podido decirlo en la mansión Salvatierra.

Leandro se quedó callado un momento, repasando cómo habían tratado los dos a Selena.

—Sí, creo que esconden algo. Y con Selena están muy extraños —respondió.

—¿Y si investigamos? —propuso Joaquín, todavía con la curiosidad a flor de piel.

Leandro se frotó las sienes.

—No hace falta. Lo nuestro es Renata, nada más. No quiero meterme en asuntos de los Salvatierra —dijo. Además, Selena era un miembro de la familia que había aparecido hacía poco. A su juicio, entrometerse en esos asuntos no era buena idea.

Joaquín suspiró. Leandro tenía razón. Pero él no pensaba quedarse de brazos cruzados: primero vería cómo evolucionaban las cosas. Y si arrastraban a Renata a eso, entonces sí intervendría.

—Bueno. Bajemos, que no quiero que mis papás se pongan como fieras por llegar tarde otra vez —dijo, soltándose el cinturón. Si su padre se enfurecía, les quitaría todos los privilegios.

Leandro asintió y bajó del coche enseguida. En realidad habrían podido llegar mucho antes, apenas salieron del colegio. Pero como Selena les había pedido ayuda, habían decidido acompañarla a su casa.

Y de paso extrañaban a Renata. Quizá mirando fotos y recuerdos se les aliviaría un poco la añoranza. Pero no funcionó: en lugar de aliviarla, extrañaban todavía más a su hermanita.

—Parece que ustedes dos no escucharon lo que les dije ayer... —dijo Sofía con voz plana.

Joaquín y Leandro, recién entrados, se quedaron helados. Su mamá los esperaba con una vara bastante larga en la mano. Con un poco de miedo, Joaquín empujó a Leandro hacia delante.

—Maldito —masculló Leandro.

Sofía clavó la mirada en sus dos hijos.

—¡Los dos, siéntense! —ordenó.

Había creído que tener solo dos hijos no le daría tantos dolores de cabeza, sobre todo comparada con sus amigas, que tenían más. Pero se había equivocado de cabo a rabo: la cabeza le iba a estallar con dos hijos tan traviesos.

Hacía apenas unos días la habían llamado de la comisaría para recoger a los dos, que los habían atrapado en una carrera clandestina. Y hoy el director le había avisado de que se habían escapado en plena clase. En vez de volver a casa temprano, se habían ido quién sabe adónde.

Tac...

Tac...

Tac...

—¿Tienen algo que decirme? —preguntó Sofía sin dejar de mirarlos, golpeando la vara contra la mesa una y otra vez.

Joaquín y Leandro tragaron saliva. Se empujaban el uno al otro para que alguno diera la explicación.

Tac...

El golpe los asustó todavía más.

—E-es que fuimos a casa de los Salvatierra —dijo Leandro. Al ver que su mamá no decía nada, continuó contándole lo que había pasado: que habían ido a ayudar a Selena.

Sofía suspiró. ¿Qué iba a hacer con esos dos? Le dolía la cabeza solo de pensarlo. Si Renata estuviera ahí, ellos sí le harían caso.

—Mamá... —la llamó Joaquín con una sonrisa de oreja a oreja—. No estamos mintiendo, ¿eh? Si no nos crees, pregúntale a Andre o a Cami —dijo, intentando aflojar el ambiente.

Sofía puso los ojos en blanco.

—Como quieran. Pero esta noche no salen de casa —sentenció, y se fue.

Joaquín soltó el aire, aliviado.

—Nos salvamos —murmuró—. Avísale a Gonzalo que hoy no podemos ir a la carrera —le dijo a Leandro.

—Mm —contestó este, y les escribió a sus amigos.

* * *

Mientras tanto...

Renata acababa de terminar de cocinar. Iba pasando los platos de la cocina a la mesa uno por uno. Esa noche, no sabía por qué, le había dado por cocinar, y eso que casi siempre pedía comida a domicilio.

Ding, dong...

Frunció el ceño.

—¿Quién será? —murmuró mientras se quitaba el delantal. Caminó sin prisa hasta la puerta y abrió.

Su rostro, que hasta entonces estaba inexpresivo, se iluminó con una sonrisa al ver a los visitantes.

—No sabía que venían —dijo, abriéndoles paso.

Andrés también sonrió.

—Extrañábamos a nuestra hermanita —dijo, y le apretó las mejillas. Siempre le encantaban esos cachetes redondos.

Renata le apartó la mano, enfadada.

—Eso duele... —protestó, y lo dejó plantado en la puerta.

Camilo ya había entrado; iba a quedarse en la habitación de al lado de la de Renata.

Dentro, ella los invitó a cenar. Se alegró de haber cocinado de más. Que se consideraran afortunados de probar su comida.

—¿Dónde compraste esto, Rena? —preguntó Andrés, fascinado con el pollo glaseado en salsa de soja. Había imaginado que sabría dulce, como el que él compraba, pero se había equivocado: este era mucho mejor, con un toque dulce que luego picaba.

Renata respondió con una sonrisa enorme:

—Lo hice yo misma. —Estaba orgullosa de su comida, por supuesto.

Camilo, que masticaba, se detuvo y la miró sorprendidísimo. Andrés, que se servía otro plato, también se quedó quieto.

—¿Qué pasa? ¿No me creen? —dijo ella, entrecerrando los ojos.

Andrés se rascó la cabeza.

—Jajaja, no es eso. Es que nos sorprende que sepas cocinar —confesó.

Camilo asintió.

—¿Desde cuándo cocinas, Rena? —preguntó, intrigado. Y más con lo rico que estaba.

Renata puso cara de tristeza.

—Empecé a probar cuando mamá y papá se iban de viaje —dijo en voz baja.

A Camilo le dio remordimiento verla así. Sabía muy bien lo ocupado que estaba su tío. Además, la empresa que había fundado aún no era muy estable. No era que el resto de la familia no quisiera ayudar; es que su tío había querido hacerlo solo, sin la ayuda de la familia.

—Perdona, no pudimos cuidarte cuando estabas en Inglaterra —dijo Camilo, abrazándola. No sabía qué ocultaba Renata en realidad, pero estaba seguro de que no era tan cruel como para alejarse de su familia a propósito.

Andrés también se sintió mal, aunque no apartaba los ojos del celular de Renata, que seguía en la mesa del comedor. Le hizo una seña a Camilo para que la distrajera y, en cuanto ella se descuidó, lo agarró rápidamente.

—Ah, mejor vamos a descansar —dijo Andrés.

Renata lo miró extrañada.

—Pero si todavía es temprano —dijo, sintiendo que algo no cuadraba.

—Sí, los niños pequeños tienen que acostarse temprano —dijo Camilo, y la puso de pie tirando de ella.

1
Josefa Villalta
Excelente
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play