En Markhan College, los secretos tienen precio… y algunos se pagan con sangre.
Ivy Sawyer era hermosa, brillante y aparentemente perfecta. Todos querían ser su amigo, todos la admiraban y muchos la envidiaban. Hasta que apareció muerta.
Rose Dawson no está dispuesta a aceptar la versión oficial. Mientras comienza a investigar, descubre que Ivy había dejado detrás una colección de secretos, mentiras y enemigos. Profesores destruidos por acusaciones, alumnos expulsados injustamente, becas obtenidas mediante accidentes, estudiantes acosados hasta la tragedia y una misteriosa Orden que controla silenciosamente los pasillos de Markhan.
Pero cuanto más investiga Rose, más incómoda se vuelve la verdad.
Ivy no era la víctima inocente que todos creían.
Era una estratega.
Una manipuladora.
Y quizá, la persona más peligrosa de toda la academia.
Ahora Rose deberá descubrir quién la mató… antes de convertirse en el próximo secreto enterrado de Markhan.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lazos invisibles
El desorden de mi habitación permanecía intacto cuando cerré la puerta tras la partida de los registradores: ropa tirada por todos lados, cajones volcados, colchón levantado contra la pared como si quisiera esconderse también. No me apresuré a ordenar nada. El caos exterior reflejaba bastante bien cómo se sentía todo por dentro: nada estaba donde debía estar, las seguridades se volvían falsas en un segundo y lo que creías firme se desarmaba sin aviso previo. Me quedé quieta en medio del cuarto respirando despacio, contando cada latido para que no me dominara la prisa. Saber que Malcom guardaba lo más valioso ya no daba tranquilidad completa: significaba que ahora nuestras vidas quedaban entrelazadas de verdad, no solo por su pasado herido sino por un secreto compartido que pesaba igual sobre ambos hombros. Un secreto que te aúna tanto como puede hundirte juntos si fallan las confianzas.
Margarita entró despacio sin llamar primero, con la mirada recorriendo el suelo antes de posarse en mí. No traía ya esa ligereza fingida ni las sonrisas ensayadas que usaba como escudo cotidiano. Su rostro mostraba algo más serio, más cansado, como si llevara mucho tiempo cargando una máscara que pesaba demasiado al final. Se apoyó contra el borde del escritorio roto sin pedir permiso y soltó lo que venía guardando desde antes: sabía quién era yo realmente desde el primer día. No mi nombre falso ni mi puesto de alumna nueva: sabía que era hermana de Ivy, que venía buscando respuestas y no buenas notas ni títulos. No lo gritó ni lo usó para amenazar; lo dijo bajito, como quien confiesa que también tiene cartas escondidas en la manga desde hace tiempo. Me quedé mirándola sin alterarme por fuera: otra pieza del tablero cambió su posición cuando menos lo esperaba.
Me explicó entonces cómo llegó hasta aquí y qué vio realmente durante años: no todo lo que parecía brillar era oro en esta escuela privilegiada, y no todo lo que se rompía tenía causas visibles en los informes oficiales. Estuvo cerca de Ivy mucho tiempo, vio crecer su ambición desmedida, cómo perfeccionaba cada truco hasta convertir el control en arte… y vio también el momento exacto en que su propia ambición empezó a cerrarle las salidas. Margarita sobrevivió a ella manteniéndose al margen justo lo necesario: nunca enemiga declarada ni amiga incondicional que caía después. Sirvió de oídos, ojos discretos y compañía callada cuando hacía falta, aprendiendo así que nadie en Markhan está seguro demasiado tiempo si depende solo de apellidos y dinero. Sabía historias, rumores fundamentados y nombres que Ivy anotaba antes de desaparecer, pero calló todo hasta ahora esperando ver si yo venía solo a reclamar bienes o a limpiar una imagen… o si venía dispuesta a tocar el fuego donde se queman los secretos grandes.
Me contó también detalles sobre Claudia: cómo nadie ayudó cuando el derrumbe empezó, cómo todos apartaron la mirada por miedo a ser los siguientes, cómo incluso quienes debían protegerla prefirieron salvar sus propias posiciones cómodas antes que enfrentar lo injusto. Y volvió a mencionar el nombre que ya me resultaba clave: las decisiones importantes aquí no las tomaban maestros ni directores; obedecían a intereses mucho más altos, oscuros y bien pagados que aparecían solo cuando alguien estorbaba demasiado. Me dio nombres, fechas y conexiones que encajaban perfecto con las anotaciones que ya conocía: Ivy descubrió canales ocultos de dinero, calificaciones compradas, silencios vendidos… y quiso jugar esa partida ella sola sin ayuda. Ese fue su verdadero error final: creyó que dominaba el sistema cuando el sistema ya la había visto mover todas sus piezas desde el principio.
Al terminar su relato Margarita me miró fijamente a los ojos sin rodeos: no estaba de mi lado por afecto repentino ni por venganza sencilla. Estaba aquí porque también tenía cuentas pendientes con quienes manejan todo a su antojo sin importarles a quién destruyan. Me advirtió con claridad que ahora contaba con dos aliados peligrosos: uno que llevaba cadenas rotas y otro que aprendió a sobrevivir escondiéndose entre sombras… pero que seguía estando sola en lo más decisivo. Nadie más debía saber cuánto sabía realmente. Cualquier confianza mal puesta era camino directo hacia el mismo lugar donde dejaron a Ivy. Cuando se marchó me quedé analizando cada palabra suya: ya no caminaba a ciegas, pero ahora veía que el enemigo no era una sola persona con cara conocida: era toda una estructura construida para aplastar a quien preguntara demasiado. Y ahora yo tenía que moverme entre aliados imperfectos y reglas que cambian según convenga, sabiendo que cada paso adelante significa que ya no hay vuelta atrás posible ni olvido seguro.