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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

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Capítulo 02

En mi juventud pasada, yo solía mirarlo como si fuera un dios bajado a la tierra. Creía en cada uno de sus susurros nocturnos, en cada una de sus promesas al oído mientras me decía que juntos construiríamos una era dorada donde yo sería su emperatriz y él mi guardián.

Qué idiota fui. Qué estúpida, ciega y patética corderita al matadero.

Pero lo que terminó de encender la brasa ardiente en lo más profundo de mi estómago no fue solo la presencia de Aedric, sino la mujer que caminaba medio paso detrás de él, tomada delicadamente de la manga de su uniforme: Lady Laura Fiargod. Mi prima.

Laura vestía un diseño de seda lila pálido con incrustaciones de cristales diminutos que atrapaban la luz con cada movimiento. Llevaba el cabello castaño recogido en rizos primorosos, y sus ojos grandes y expresivos tenían esa humedad fingida de una cierva asustada, la máscara predilecta con la que seducía a la corte mientras por la espalda tejía la red de calumnias que terminó por estrangularme.

Aedric avanzó por el pasillo central, pero en lugar de dirigirse directamente a la mesa imperial o buscar a mi padre, sus ojos barrieron el salón hasta clavarse con fijeza en mi persona. Una sombra de incomodidad cruzó su rostro perfecto por una milésima de segundo.

En la línea de tiempo original, en este mismo instante, yo había corrido hacia él con la ingenuidad de una niña enamorada, tropezando con el borde de mi propio vestido en mi afán de recibirlo, provocando las risitas burlonas de los cortesanos y permitiendo que Aedric me levantara con una condescendencia fingida que me hacía parecer pequeña, tonta y dependiente.

Esta vez, no me moví un solo milímetro.

Permanecí apoyada con fingida displicencia contra la base de una columna de mármol veteado en negro, sosteniendo mi copa de vino con dos dedos, observándolo de frente, con la barbilla levantada y una mirada tan carente de emoción, tan implacable y distante, que parecía estar contemplando a un mendigo cubierto de lodo que acababa de colarse al salón.

Aedric notó el cambio al instante. Se detuvo a unos cuatro pasos de mí. Soltó suavemente el brazo de Laura —quien me dedicó una mirada furtiva cargada de veneno antes de recomponer su mueca virginal— y caminó los últimos metros que nos separaban con una lentitud premeditada, tratando de recuperar el control del escenario.

—Eleanor —dijo él, y su voz modulada en ese tono bajo y seductor que tantas veces me desarmó provocó que los cortesanos más cercanos contuvieran la respiración—. Has elegido un rincón muy apartado para alguien que está a punto de convertirse en el centro de todas las miradas del imperio.

El corazón me dio un vuelco doloroso, no por amor ni nostalgia, sino por el asco físico que su voz me provocaba. Me obligué a no retroceder. En lugar de eso, di un paso al frente, clavando mis ojos directamente en los suyos.

—El centro de las miradas suele ser el lugar donde caen las flechas con mayor facilidad, alteza —respondí, y las palabras salieron de mi boca con una calma tan afilada que una de las damas que nos observaba contuvo el aliento—. Y no me gustan los blancos fáciles.

Aedric entrecerró ligeramente los ojos. No estaba acostumbrado a que nadie, y mucho menos yo, no comenzara una conversación con él derramando elogios y sonrisas complacientes.

—Tus palabras suenan casi hostiles, querida mía —dijo él, extendiendo una mano enguantada en piel blanca para rozar la mejilla, un gesto que solía dejarme sin aliento por la vergüenza y el deleite.

Antes de que sus dedos rozaran mi piel, di medio paso atrás y levanté levemente mi copa, interponiéndola como un muro transparente entre su mano y mi rostro.

El gesto fue tan deliberado, tan sutilmente insolente, que los ojos grises del príncipe destellaron con una chispa peligrosa de cólera contenida.

—Estamos en un salón público, alteza —dijo mi voz, gélida como la escarcha de las montañas del norte—. El protocolo imperial prohíbe las muestras excesivas de afecto antes de que el sello matrimonial sea estampado por el sumo sacerdote de la luz. Me sorprende que el futuro emperador olvide tan rápido las normas que su propia dinastía redactó.

Un murmullo apagado recorrió el círculo de nobles cercanos. Laura dio un paso adelante, llevándose una mano al pecho con fingida angustia, lista para interpretar su papel de mediadora piadosa.

—Prima Eleanor... por favor —suplicó Laura con una voz cantarína y quebrada que buscaba presentarme como una histérica desagradecida—. Su alteza solo está demostrando el inmenso cariño que siente por ti tras semanas de agotadora campaña en las fronteras. No debes avergonzarlo frente a todos con semejante frialdad. Todas las jóvenes de la capital darían la vida por una sola mirada de afecto del príncipe Aedric. Deberías ser más comprensiva.

Miré a Laura. Por los dioses, durante años había sido tan ciega que creía que sus intervenciones eran actos de bondad para salvarme de mi propia torpeza. Ahora, viendo a través de los ojos de alguien que ya había sido asesinada por esa misma boca dulce, vi la víbora repugnante que se escondía tras los rizos perfectos.

—¿Comprensiva, Laura? —mi tono fue tan cortante que la muchacha parpadeó, desconcertada por el desprecio absoluto en mi voz—. Si tantas ganas tienes de consolar el cansancio de su alteza, ¿por qué no te ofreces tú misma para sustituirme? Después de todo, pareces conocer sus necesidades mucho mejor que su prometida oficial.

El silencio que cayó sobre esa parte del salón fue absoluto, denso como el plomo.

La cara de Laura perdió todo el color, volviéndose blanca como el papel de pergamino. Aedric apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de sus sienes se marcaron visiblemente bajo la piel. Dio un paso amenazante hacia mí, bajando la voz para que solo nosotros tres pudiéramos escuchar su amenaza.

—Cuida tu lengua, Eleanor Fiargod —siseó el príncipe con los dientes apretados, la máscara de cortesía desmoronándose para revelar el tirano cruel que siempre llevó dentro—. No sé qué clase de estupidez infantil se te ha metido en la cabeza esta noche, pero no toleraré tus insolencias. Tu familia está al borde de la bancarrota. Las minas de plata de tu padre están agotadas y las cosechas del condado del sur fracasaron dos años seguidos. Si el compromiso no se sella hoy, la casa Fiargod será despojada de su título ducal antes de que termine el mes. Deberías estar de rodillas agradeciendo que aún tenga la misericordia de llamarte mi futura esposa.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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