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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:19.2k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

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CAPITULO 16 EL ENSAYO DE ETIQUETA

La mañana posterior a la confrontación con Héctor amaneció con una atmósfera completamente renovada. Tras haberle cantado las cuarenta en el patio andaluz, sentí que una pesada armadura de amargura se había desprendido de mi cuerpo. Bajé al desayuno con la cabeza alta, y esta vez Adrián se encargó de dejar claro que la agenda del día era exclusivamente nuestra: debíamos adquirir el vestuario de etiqueta necesario para la gala previa y la ceremonia de la boda. Priscila intentó sugerir un par de boutiques de unas amigas suyas, pero Adrián, con una sutil elegancia, declinó la oferta alegando que ya tenía una cita privada programada en la zona más exclusiva del centro comercial de la ciudad.

Dos horas más tarde, nos encontrábamos en el interior de un atelier privado de alta costura, donde el aroma a café recién molido y esencias francesas impregnaba el ambiente. La dependienta nos recibió con reverencias, guiándonos hacia un salón privado con espejos trípticos y sofás de terciopelo. Adrián se acomodó en uno de los asientos, cruzó las piernas con esa parsimonia que lo hacía parecer el dueño del lugar y me miró con una chispa de diversión oculta en sus ojos oscuros.

—Bien, Leonor, hoy el presupuesto de representación de la firma corre por mi cuenta —anunció con su voz profunda, teñida de un tono pausado—. Si vamos a presentarnos en esa boda como la pareja del año, su vestuario debe eclipsar cualquier intento de menosprecio. Así que elija sin mirar las etiquetas. Comencemos por lo que no se ve, pero define la seguridad de un vestido: la lencería.

La dependienta, captando la orden al vuelo, regresó minutos después con una bandeja de plata repleta de conjuntos de encaje finísimo en tonos negro, burdeos y blanco roto. Sentí que el rostro me ardía de la vergüenza pura al tener que evaluar aquellas prendas tan íntimas bajo la atenta mirada de mi jefe. Sin embargo, mi timidez se disolvió cuando mis dedos rozaron un conjunto de encaje francés en color azul medianoche. El sujetador, de líneas delicadas pero firmes, y la braguita a juego destilaban una sensualidad sofisticada, una lencería bonita que jamás me habría atrevido a comprar para mí misma, pero que en ese momento me hizo sentir un extraño y embriagador destello de feminidad.

—Ese azul destaca la palidez de su piel, Leonor. Lléveselo —dictaminó Adrián desde el sofá, con una fijeza analítica en la mirada que me hizo tragar saliva con dificultad.

A continuación llegó el turno de los trajes de gala. Tras probarme un par de opciones que no terminaban de encajar, la dependienta sacó un diseño de alta costura confeccionado en satén de seda color esmeralda. El vestido tenía un escote asimétrico que dejaba un hombro al descubierto, se ceñía a la perfección a la silueta de mi cintura y caía en una falda fluida con una abertura lateral que revelaba la línea de mi pierna al caminar.

Cuando salí del probador y me detuve frente al gran espejo del salón, el silencio en la estancia se volvió denso, espeso y caliente. Adrián se enderezó lentamente en el sofá de terciopelo. Sus ojos oscuros recorrieron cada curva de mi cuerpo vestida de esmeralda, deteniéndose en la línea de mi cuello y en el destello de la abertura de la falda. Ya no quedaba ni un solo rastro del director ejecutivo en su expresión; lo que vi en su mirada fue el brillo puro, espeso y devorador de un hombre fascinado ante la belleza de una mujer.

—Está... absolutamente deslumbrante, Leo —pronunció, y su voz sonó notablemente más ronca y baja de lo habitual—. Ese vestido fue diseñado para usted. No se hable más, nos lo quedamos.

Justo cuando pensaba que la tortura de los probadores había terminado y me disponía a regresar al cubículo para cambiarme, Adrián levantó una mano, deteniendo a la dependienta que ya se preparaba para empaquetar las prendas. La comisura de sus labios se curvó hacia arriba en esa media sonrisa irónica y enigmática que tanto me descolocaba.

—Un momento —intervino Adrián, inclinándose un poco hacia delante y clavando sus ojos en los míos con una picardía desbordante—. Falta un detalle  fundamental para las noches en la casa de invitados. Señorita, traiga por favor la sección de ropa de dormir. Algo en seda o satén, muy ligero.

Miré a Adrián con los ojos desorbitados, sintiendo una nueva oleada de calor encenderme las mejillas.

—Adrián... no creo que sea necesario... —balbuceé, intentando frenarlo.

—Es completamente necesario, mi amor —interrumpió él con una suavidad pausada que me erizó la piel, disfrutando del evidente aprieto en el que me encontraba—. Si va a seguir compartiendo el edredón de plumas conmigo en esa suite, no puedo permitir que pase otra noche envuelta en ese pijama gris abrochado hasta las orejas. Entre la calefacción de la finca y las plumas, va a morir de asfixia, y no me conviene que mi asistente estrella colapse por un golpe de calor en mitad de la madrugada. Necesita algo más acorde... para el clima de la habitación.

La dependienta regresó de inmediato con una selección de camisones cortos de seda. Adrián, con una audacia que me dejó sin respiración, alargó la mano y seleccionó un camisón de tirantes finos en color negro azabache, con un escote sutil y un acabado de encaje en el dobladillo que apenas llegaba a mitad del muslo. Era una prenda sumamente vaporosa, suave y sugerente.

—Pruébese este, Leo. Veamos si es lo suficientemente fresco para romper la frontera de nuestra línea invisible —me sugirió con un tono de voz bajo y cargado de un magnetismo tan perturbador que sentí que las piernas me temblaban bajo el vestido esmeralda.

Entré al probador con el camisón negro entre las manos, sintiendo el latido salvaje de mi corazón contra las costillas. Al deslizar el satén negro sobre mi piel frente al espejo del probador, me di cuenta de que las barreras se habían desmoronado por completo. La lencería bonita, el vestido esmeralda que eclipsaría el pasado y ese camisón sugerente sugerido por mi propio jefe eran las armas de una farsa que me estaba transformando por dentro. Adrián estaba tomando el control de mis noches y de mis días, y mientras me observaba en el reflejo, supe que la momia gris había muerto para dar paso a una mujer dispuesta a quemar todas las líneas invisibles de la suite compartida.

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Oliveros Andreina
con el primer desplante debieron irse igual no estaban obligados a asistir, al fin novela
Helizahira Cohen
Excelente novela
Helizahira Cohen: Además son cortas y no empiezan a alargar por no dejar, muy buena
total 1 replies
Helizahira Cohen
Eso estuvo perfecto no la dejo atrás
Helizahira Cohen
Es millonario que hacen alli todavía
Helizahira Cohen
En esa casa no hay privacidad en las habitaciones, todo el mundo entra
Helizahira Cohen
Deberías estar pensando en lo que hizo tu novio medio raro y no que hace una chica que ni conocías, te puede salir una verdad que no te guste
Helizahira Cohen
Interesante me gusta que Adrian ha seguido el juego muy bien, pero Hector si sabía de que ella lo quería de otra forma y se aprovechaba de eso ? porque esa actitud?
Miriam Piedrabuena
Excelente
Margelis Izarra
sigo sin entender la razón del odio contra la prota y por qué se quedan allí , yo me hubiese ido desde el momento que se metió a revisar sus cosas
Helizahira Cohen: igual digo, no entiendo a Priscila si esta insegura se busque a otra , Leonor nunca la ha determinado para nada y yo no asisto a ese circo digo Boda
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Margelis Izarra
yo como ellos me largo de allí y no asisto a ninguna boda...falta de respeto
Helizahira Cohen: asimismo es, esa tipa es una abusadora. me largo pero ya
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Akire
hermoso trabajo felicidades escritora , me engancho desde el primer capítulo hasta el final 👏👏👏👏👏👏👏
DHMEDINA
que bello Adrián.🥰
DHMEDINA
que bello Adrián.🥰
DHMEDINA
guaoo.. 🥰🥰🥰
DHMEDINA
buenísimo, Héctor que te quede claro! 👏👏👏
Helizahira Cohen: De verdad Hector que esperabas tu eterna amiga , como para que
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DHMEDINA
esa bruja de Priscila 💣💣
DHMEDINA
que emoción 🥰🥰
DHMEDINA
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
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