¿Cuánto tiempo toma borrar a una persona que nunca fue realmente tuya?
Alba tiene cuarenta y dos canciones guardadas en una playlist titulada simplemente "Nuestra". Cuarenta y dos fragmentos de una historia que siempre vivió en el "tal vez", en las miradas a escondidas y en las promesas que se quedaron a mitad de camino.
Mateo no fue su novio. No fue un error. Fue su "casi algo": ese espacio gris donde los sentimientos son más intensos porque nunca llegan a ser oficiales. Pero ahora que el silencio entre ellos es más fuerte que la música, Alba ha tomado una decisión: cada noche borrará una canción. Y con cada canción, intentará borrar un recuerdo.
Desde el primer acorde bajo la lluvia hasta el último mensaje sin responder, Alba recorrerá el mapa de su corazón roto para entender en qué momento el "nosotros" se convirtió en un "casi".
A veces, el desamor más difícil de superar es aquel que nunca tuvo un nombre.
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El almacén número 204.
Capítulo 13: El almacén número 204. [Presente]
Conduzco hacia la zona industrial. El paisaje cambia: de las calles arboladas y las cafeterías luminosas que Mateo frecuentaba, a naves de hormigón gris y grafitis desgastados. Siento que estoy entrando en la verdadera cara de mi relación, la que nunca se mostraba en público.Estaciono frente a “Custodia Segura 24h”. El cielo está oscuro, amenazando una lluvia que no termina de caer. Aprieto la llave con tanta fuerza que se me queda marcada la forma en la palma de la mano.[Pasado]
—Me voy un par de días a un congreso en Lyon, Alba. No me llames a menos que sea una emergencia, ya sabes que las itinerancias de datos son un caos y necesito desconectar para la ponencia.Siempre eran “congresos”, “retiros espirituales” o “visitas a clientes exclusivos”. Y yo, la novia perfecta, le preparaba la maleta con sus camisas de lino, convencida de que estaba con un genio incomprendido, no con un mentiroso profesional.[Presente]
La persiana metálica chirría al subir. El olor a cerrado y a polvo me golpea como un muro invisible. Enciendo la linterna del móvil y lo que veo me deja sin aliento. No es un trastero lleno de muebles viejos.Hay cajas de plástico apiladas, todas etiquetadas con códigos alfanuméricos. En una esquina, una mesa de trabajo con herramientas de precisión y lo que parecen ser marcos de cuadros antiguos vacíos. En otra, una trituradora de papel llena hasta arriba, como si alguien hubiera querido borrar huellas de manera obsesiva.Me acerco a la caja más cercana. No hay ropa ni recuerdos personales. Hay fotografías de casas de lujo, planos de seguridad de una galería de arte y una agenda con fechas de viajes que coinciden exactamente con los días que él “estaba en Lyon”.El aire se me corta. Él no era un intelectual. Era un meticuloso arquitecto del engaño.De repente, un ruido fuera. El motor de un coche se detiene justo frente a mi box. Mi corazón golpea dentro del pecho como un tambor desbocado. Apago la linterna y me quedo inmóvil. En el silencio absoluto del polígono, escucho unos pasos sobre la tierra.Busco mis auriculares desesperadamente, como si la música fuera el único escudo que me queda. El aleatorio salta y me envuelve una melodía oscura, de tensión pura, con cuerdas que se tensan hasta romperse. La atmósfera se vuelve aún más opresiva, como si la canción hubiera anticipado el peligro.La sombra de alguien se proyecta bajo la rendija de la persiana.—¿Mateo? —susurro, aunque sé que él no debería estar aquí.La persiana empieza a vibrar. Alguien está intentando abrirla desde fuera.El tiempo se detiene. Mis manos sudan, mi respiración se acelera. No sé si debo enfrentarme a lo que hay detrás de esa puerta o esconderme entre las cajas. Por primera vez, el peligro no es emocional. Es real.Quedan 29 canciones. Y cada nota que suena parece marcar la cuenta regresiva hacia un descubrimiento que podría cambiarlo todo.