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DIAMANTES Y BERRINCHES

DIAMANTES Y BERRINCHES

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Amor de la infancia
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

8

¡Ay, no, no, no! Ven mi reina,. Lo sé, nena, lo sé... podemos llorar juntas la tremenda decepción, pero que nos rompan las ilusiones no nos quita lo bonitas, así que sécate esas lágrimas y arriba la frente. Es que de verdad, tu lobo feroz resultó ser más burro que feroz, el príncipe azul te salió sapo . Te lo juro, si yo fuera tú, agarraba mis maletas hoy mismo, me negaba a todo este circo mafioso y me largaba a alguna playa paradisíaca en el Caribe a disfrutar de la vida entre dos extranjeros bien guapos, altos, bronceados y que sí sepan lo que quieren. ¡Nomás para que al taradete de Luciano le arda hasta el último rincón del cuerpo del puro coraje!

Pero volvamos a la telenovela que se está armando en este despacho. Tessa, con toda la elegancia y la madurez que a su "hermano de elección" le faltan, respiró hondo y miró a su papá con esos ojos que desarman ejércitos.

—Papi... ¿puedo decir algo? —preguntó con su dulce vocecita.

¡Eso! Sí, nena, dale duro con el látigo de tu desprecio. Que esté ridículamente guapo no le quita lo pendejo, así que acomódale las ideas.

Donato, mirándola con una adoración que me hace suspirar, asintió de inmediato y le acarició la mejilla.

—Dime, amor —le respondió con esa voz varonil que me da mil años de vida.

—Yo... yo siempre quise un amor como el de mi mamá y tú —soltó Tessa, mirando de reojo la silueta rígida de Luciano—. Un amor súper romántico, con mucha pasión, y que de ese amor naciera un pedacito de él y de mí.

A ver, ¡¿sí estás escuchando, bestia?! ¡Abre las orejas, pedazo de animal! Quiere ser MAMÁ, quiere formar una familia, quiere un romance de película, ¡no quiere meterse a un convento a rezar el rosario! Es que si Luciano estuviera más atento a lo que le dicta el corazón y menos a su orgullo, ya se habría dado cuenta.

Donato sonrió con una melancolía hermosa, recordando al gran amor de su vida.

—Mi amor... mi historia con tu madre fue lo más bello que he tenido en esta vida —dijo el patriarca, con los ojos brillando de nostalgia.

A ver, a ver... ¡tampoco le mientas a nuestra niña, mi futuro sugar daddy! Porque si le contamos la verdad de la historia sin anestesia, se nos trauma la criatura. Ok, tal vez no se trauma porque Tessa tiene carácter, pero la realidad es que no todo fue color de rosa en ese romance.

Aprovechando que Luciano está ahí parado con cara de estúpido y los viejos están metidos en sus recuerdos, les cuento el chisme completo: Ana María Salvatierra, que Dios la tenga en su santa gloria, era la mami de esta hermosura de ángel terrenal llamado Tessa. Perooooooo, a comparación de la dulzura de su hija, Ana —para las amigas— era un poco... ¿cómo decirlo de forma elegante? Rebelde. Sí, vamos a dejarlo en rebelde para no decir que era una completa fiera indomable.

A Donato lo traía de cabeza, loco de remate. La conoció cuando ella y él apenas tenían quince años en un viaje que hizo él a España. Si Ana era española, y no cualquier aparecida; era una verdadera promesa en el mundo del modelaje internacional. Hermosa, elegante, distinguida... tenía absolutamente todo para brillar en las pasarelas de París y Milán. Pero mi maduro y codiciable marido se obsesionó con ella a niveles estratosféricos. Durante tres largos años la pretendió con regalos, flores y poemas, aunque si somos sinceros con los términos de este siglo, básicamente la acosó por toda Europa. Las constantes y tajantes negativas de Ana finalmente llevaron a Donato a tomar medidas... mmm... drásticas. Digamos que decidió darle unas largas vacaciones en su finca de Sicilia en contra de su santa voluntad.

Y bueno, como toda buena historia de romance tóxico y mafioso de la vieja escuela, entre que si sí y que si no, entre gritos que despertaban a los vecinos, floreros carísimos rotos contra la pared y una pequeña amenaza de Ana con una pistola en mano, la cosa escaló. De hecho, la española tenía tan buena puntería que le dejó una bonita herida de bala en la pierna a Donato. Y milagrosamente... ¡se enamoraron! Qué lindo, ¿verdad? El síndrome de Estocolmo haciendo de las suyas. Al final se casaron por la iglesia, Ana se embarazó y todo iba de maravilla, el mafioso estaba completamente domado por su reina. Hasta que, trágicamente, cuatro años después del nacimiento de nuestro ángel Tessa, Ana murió, dejando a Donato con el corazón roto y una niña idéntica a ella, pero con sobredosis de dulzura.

—Prometo que buscaré al hombre más digno de todo el mundo para ti, sí, princesa —continuó Donato, regresando al presente y sellando el destino de su hija con una sonrisa protectora.

—Confío en ti, papi —respondió Tessa, dándole el tiro de gracia al ambiente de la habitación.

Don Vittorio , que ya estaba frotándose las manos pensando en las alianzas comerciales que esto traería, se levantó de su asiento y miró a los dos jóvenes herederos que seguían estáticos en medio del despacho.

—Escuchen con atención —declaró el jefe máximo con voz de mando—. A partir de mañana, todos aquellos miembros del consejo o familias aliadas que tengan hijos solteros y dignos deberán presentar una solicitud formal para el matrimonio . Como siempre se ha hecho en las tradiciones de nuestra familia.

¡Ay, mentirosillo ! "Como siempre se ha hecho", dice. Lo que quiere es ver qué territorio o qué rutas de contrabando gana con el matrimonio de la niña, pero fingiremos que le creemos por pura educación.

¿Y Luciano? Bueno... nuestro imponente, celoso y cobarde Luciano no pudo soportar un segundo más dentro de esa habitación. La sola idea de ver una fila de hombres entregando papeles para acostarse con su hada y darle esos hijos que ella tanto quería, le revolvió el estómago. Sin decir una sola palabra , salió por la puerta del despacho como alma que lleva el diablo, azotándola con tanta fuerza que los cuadros del pasillo temblaron.

Marcelo miró el espacio vacío donde hacía un segundo estaba su mejor amigo, soltó un suspiro de frustración y miró a los patriarcas.

—Con su permiso —dijo el escudero, saliendo a paso rápido detrás del torbellino de testosterona, listo para evitar que Luciano destrozara su Ferrari o le metiera un tiro a algún cristiano .

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Maria Garcia
me encanta su novela
Eliette Maldondo Velazquez: gracias
total 1 replies
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