Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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capitulo 4
La tarde cayó lentamente sobre la mansión Kivilcim.
El cielo, que durante toda la mañana había estado cubierto por densas nubes, comenzaba finalmente a despejarse. Los últimos rayos del sol se filtraban a través de los enormes ventanales, iluminando los largos pasillos de la casa con una luz dorada y melancólica.
Denmet terminaba de ordenar algunos utensilios en la cocina cuando escuchó una voz conocida.
—¿Sigues aquí?
Se giró.
Emre estaba apoyado contra la puerta, con aquella sonrisa despreocupada que parecía acompañarlo a todas partes.
—No. En realidad, me fui hace una hora y esto es mi espíritu.
Emre soltó una carcajada.
—Definitivamente tienes un extraño sentido del humor.
—Y tú apareces demasiado.
—¿Eso es una queja?
—Todavía no.
Emre entró en la cocina y tomó una pequeña aceituna de una bandeja.
Denmet le dio una mirada de reproche.
—No toque eso.
—Solo es una aceituna.
—Es una aceituna que estaba preparando.
—¿Para quién?
—Para alguien que no eres tú.
Emre se llevó la mano al pecho.
—Qué cruel.
Denmet intentó mantener una expresión seria, pero terminó riendo.
Era extraño. Apenas conocía a Emre, pero hablar con él resultaba sencillo. No existía aquella tensión que sentía cada vez que Güner aparecía.
Con Emre podía respirar.
—¿Ya conociste a Selin? —preguntó él.
Denmet levantó la mirada.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque Selin no tarda mucho en investigar a las personas nuevas.
—¿Investigar?
—Es una forma elegante de decirlo.
Denmet se cruzó de brazos.
—No parece agradarle.
—Selin no es fácil de agradar.
—Creo que eso es evidente.
Emre se acercó a la mesa.
—¿Qué te dijo?
Denmet dudó unos segundos.
—Me aconsejó que me alejara de Güner.
La sonrisa de Emre desapareció.
—¿Te dijo eso?
—Sí.
—¿Y qué respondiste?
—Que vine aquí a trabajar.
Emre la observó atentamente.
—¿Solo eso?
—¿Qué esperaba que dijera?
—Nada.
Denmet entrecerró los ojos.
—Usted sabe algo.
—Todos sabemos algo.
—Eso no es una respuesta.
—Bienvenida a la familia Kivilcim.
Denmet tomó un paño y lo lanzó hacia él.
Emre logró atraparlo antes de que le golpeara el rostro.
—¡Oye!
—Eso fue por responder como un misterio andante.
Emre comenzó a reír.
Por primera vez desde que había llegado a la mansión, Denmet se sintió completamente relajada.
Pero no sabía que alguien los observaba.
Desde el pasillo, Güner permanecía inmóvil.
Había regresado a la cocina porque necesitaba hablar con Aysun sobre una cena de negocios. Sin embargo, al escuchar la risa de Denmet, se había detenido.
No sabía por qué.
Solo sabía que aquella risa había conseguido llamar su atención.
Observó a Denmet.
La joven sonreía mientras discutía con Emre.
Parecía feliz.
Libre.
Y aquella imagen despertó en Güner una sensación que no quiso reconocer.
Molestia.
—¿Vas a entrar o vas a seguir espiando?
Güner se sobresaltó ligeramente.
Emre lo había visto.
Denmet se giró.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Güner entró lentamente en la cocina.
—No estaba espiando.
—Claro que no —respondió Emre—. Estabas contemplando la arquitectura.
—No tengo tiempo para tus tonterías.
—Entonces, ¿por qué llevas un minuto parado en la puerta?
Güner le lanzó una mirada que habría conseguido silenciar a cualquier otra persona.
Pero Emre sonrió.
—Eso pensé.
Denmet intentó ocultar una sonrisa.
Güner lo notó.
Y por alguna razón, aquello lo irritó aún más.
—¿Has terminado con tu trabajo? —preguntó, mirando a Denmet.
Ella frunció el ceño.
—Estoy terminando.
—Entonces termina.
Denmet lo observó.
—Sí, señor.
Güner se dirigió hacia Aysun, que acababa de entrar.
—Necesito cambiar el menú de esta noche.
—¿Otra vez? —preguntó la chef.
—Sí.
—Ya está todo preparado.
—Entonces habrá que prepararlo nuevamente.
Aysun suspiró.
—¿Qué desea?
—Algo sencillo.
Emre comenzó a reír.
Güner lo miró.
—¿Qué es tan gracioso?
—Tú y la palabra sencillo.
—Emre.
—Está bien, está bien.
Güner volvió su atención hacia Aysun.
—Quiero una cena para cuatro personas.
—¿Quiénes vienen?
—Kerem y dos posibles inversionistas.
—¿Alguna preferencia?
Güner guardó silencio unos segundos.
Después miró a Denmet.
Ella estaba cortando verduras.
—Que ella prepare la entrada.
Denmet levantó la cabeza.
—¿Yo?
—Sí.
—Pero Aysun es la chef principal.
—Lo sé.
Aysun también pareció sorprendida.
—Señor Güner...
—¿Hay algún problema?
Denmet dejó el cuchillo sobre la mesa.
—No, señor.
—Entonces hazlo.
Güner salió de la cocina.
El silencio duró unos segundos.
Emre se acercó lentamente a Denmet.
—Interesante.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Por qué todos en esta casa dicen "interesante" cuando claramente quieren decir otra cosa?
Emre sonrió.
—Porque nos gusta mantener el misterio.
Denmet volvió a tomar el cuchillo.
—Voy a terminar arrepintiéndome de haber venido aquí.
Durante las siguientes horas, Denmet se concentró completamente en preparar la cena.
Había decidido crear algo sencillo, pero especial.
Una crema de calabaza acompañada de hierbas frescas, pequeños crujientes de pan y un delicado toque de especias.
No quería impresionar a Güner.
O al menos eso era lo que se repetía constantemente.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Aysun.
—Sí.
—Nunca habías preparado una cena para los invitados personales del señor Kivilcim.
—Siempre hay una primera vez.
Aysun sonrió.
—Esa confianza me gusta.
Denmet decoró el último plato.
—Listo.
Nermin apareció en la cocina.
—Ya están sentados.
Denmet observó los platos.
De repente, sintió nerviosismo.
—¿Y si no les gusta?
Aysun la miró.
—Hace unas horas dijiste que la comida podía hacer feliz a las personas.
Denmet sonrió.
—Sí.
—Entonces deja que la comida haga su trabajo.
Los platos fueron llevados al comedor.
Denmet permaneció en la cocina.
Los minutos comenzaron a pasar.
Demasiados minutos.
—No puedo esperar más —dijo.
Aysun la miró.
—¿Qué vas a hacer?
—Voy a mirar.
—Denmet.
—Solo desde la puerta.
Antes de que alguien pudiera detenerla, salió de la cocina.
Se acercó silenciosamente al comedor.
La puerta estaba ligeramente abierta.
Desde allí pudo observar a Güner junto a tres hombres.
Uno de ellos debía ser Kerem.
Era un hombre elegante, de cabello oscuro y expresión seria.
Los invitados conversaban mientras probaban la entrada.
Denmet intentaba descubrir alguna reacción.
Uno de los hombres sonrió.
—Excelente.
El corazón de Denmet se aceleró.
Kerem asintió.
—Tiene un sabor interesante.
Denmet sonrió.
—Otra vez esa palabra —murmuró.
Entonces escuchó la voz de Güner.
—La preparó la nueva ayudante.
Denmet se quedó inmóvil.
—¿La joven que llegó esta mañana? —preguntó Kerem.
—Sí.
—Tiene talento.
Güner guardó silencio.
—¿No estás de acuerdo? —insistió Kerem.
Denmet esperó.
Güner tomó otra cucharada.
—Tiene futuro.
Los ojos de Denmet se iluminaron.
Aquel comentario no era una gran declaración.
Pero viniendo de Güner...
Era mucho más de lo que esperaba.
Sonrió.
Y entonces dio un paso hacia atrás.
Pero chocó contra alguien.
Denmet soltó un pequeño grito.
Se giró.
Güner estaba detrás de ella.
Su rostro estaba serio.
—¿Qué estás haciendo?
Denmet se quedó paralizada.
—Yo...
—¿Estabas escuchando?
—No exactamente.
Güner levantó una ceja.
—Entonces, ¿qué hacías?
Denmet miró hacia el comedor.
Después volvió a mirarlo.
—Estaba... comprobando si la puerta funcionaba.
El silencio fue absoluto.
Güner la observó.
Denmet comprendió que aquella había sido la peor respuesta posible.
—Esa es tu explicación.
—Sí.
—¿La puerta funciona?
Denmet miró la puerta.
—Sí.
—Excelente.
Ella bajó la mirada.
—Lo siento.
Güner permaneció inmóvil.
—¿Por qué?
—Por escuchar.
—No has hecho nada malo.
Denmet levantó lentamente la mirada.
—¿Entonces no está enojado?
—Todavía no.
Denmet sonrió.
Y sin esperarlo, Güner también lo hizo.
Fue apenas un instante.
Una sonrisa pequeña.
Casi imperceptible.
Pero Denmet la vio.
Y el corazón le dio un vuelco.
Güner comprendió inmediatamente lo que había hecho.
La sonrisa desapareció.
Su expresión volvió a endurecerse.
—Regresa a la cocina.
—Sí, señor.
Denmet comenzó a caminar.
—Denmet.
Ella se detuvo.
Era la primera vez que él decía su nombre.
Se giró lentamente.
—¿Sí?
Güner parecía querer decir algo.
Pero finalmente negó con la cabeza.
—Nada.
Denmet sonrió.
—Buenas noches, señor Kivilcim.
—Buenas noches.
La joven se alejó.
Güner permaneció observándola.
No entendía qué estaba ocurriendo.
Tres años.
Durante tres años no había permitido que nadie atravesara las paredes que había construido alrededor de su corazón.
Y aquella joven había llegado apenas esa mañana.
Sin pedir permiso.
Sin conocer su historia.
Sin saber nada sobre él.
Pero había conseguido algo que Güner no había hecho desde la muerte de Fraize.
Había conseguido hacerlo sonreír.
Y eso era peligroso.
Porque una sonrisa podía convertirse en una conversación.
Una conversación podía convertirse en cercanía.
Y la cercanía...
Podía convertirse en amor.
Güner cerró los ojos.
No.
Nunca más.
Se dirigió nuevamente al comedor.
Pero mientras Denmet regresaba a la cocina, una figura apareció al final del pasillo.
Selin.
Había visto todo.
La sonrisa.
La mirada.
La forma en que Güner había pronunciado el nombre de Denmet.
Selin apretó los puños.
Aquella joven todavía no había hecho nada.
Pero ya era demasiado.
—Esto termina ahora —susurró.
Y mientras Güner regresaba con sus invitados, sin imaginar lo que estaba por ocurrir, Selin tomó una decisión.
Denmet Yilmaz no permanecería mucho tiempo en la mansión Kivilcim.
Aunque para conseguirlo...
tuviera que destruir su vida.
CONTINUARÁ...