En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 21 — Mi Rebelión
Pasaron varios combates.
Mago vs mago.
Caballero vs caballero.
Mago vs caballero.
La arena se había convertido en un escenario de fuerza, magia y talento. Cada enfrentamiento arrancaba exclamaciones de los espectadores, mientras los vencedores abandonaban el campo entre los vítores y los derrotados eran retirados para recibir atención.
Isolde observaba todo desde su palco con una expresión cada vez más aburrida.
Había visto algunos movimientos interesantes, pero la mayoría de los participantes dejaban demasiadas aberturas en sus defensas.
Demasiado predecibles...
Durante uno de los combates, Isolde se inclinó discretamente hacia Gideon.
—Regreso pronto.
Gideon la miró de reojo.
Por la expresión de su hermana, comprendió perfectamente que aquello probablemente significaba algo distinto a lo que estaba diciendo.
—¿Vas a hacer alguna de tus locuras otra vez? —murmuró.
Isolde sonrió inocentemente.
—¿Yo? Jamás.
Gideon entrecerró los ojos.
Definitivamente va a hacer una locura.
Sin embargo, no dijo nada.
Isolde se levantó de su asiento y abandonó el palco.
....................
El combate terminó con la victoria del caballero.
El anciano encargado de anunciar los enfrentamientos levantó la voz, haciendo que su voz resonara por todo el coliseo.
—¡El siguiente combate está por comenzar!
Los murmullos comenzaron a disminuir.
—Del lado derecho tenemos al joven noble perteneciente a la casa del marqués X: ¡Alfonso X, mago de nivel intermedio, dieciséis años!
Las puertas del lado derecho se abrieron.
De ellas salió un joven de cabello verde y ojos cafés, tez blanca y porte orgulloso. Vestía elegantes ropas de batalla propias de un joven noble. Caminaba con seguridad, dejando que sus pasos resonaran sobre la piedra mientras avanzaba hacia el centro de la arena.
Algunos miembros de la nobleza comenzaron a aplaudir.
—¡Es el hijo del marqués!
—¡Un mago de nivel intermedio a los dieciséis años!
Alfonso levantó ligeramente el mentón, disfrutando de la atención.
Entonces el anciano continuó:
—¡Y del lado izquierdo tenemos un talento extraordinariamente raro, aunque no imposible de encontrar! ¡Un talento combinado!
El ambiente cambió.
Varios espectadores se inclinaron hacia delante.
—¿Talento combinado?
—¿De verdad existe alguien así?
—¡Quiero verlo!
El anciano hizo una pausa antes de anunciar:
—¡Isold, plebeyo, dieciséis años! ¡El nivel de ambos talentos es desconocido!
Las puertas del lado izquierdo comenzaron a abrirse lentamente.
Clac...
Una figura apareció.
Medía aproximadamente un metro sesenta y cuatro y estaba completamente cubierta por una capa negra que ocultaba hasta el último detalle de su cuerpo.
La tela parecía tener bastante volumen.
A simple vista, daba la impresión de que debajo de ella se escondía un hombre algo robusto.
La figura caminó tranquilamente hacia el centro de la arena.
Paso.
Paso.
Paso.
Los murmullos crecieron.
—¿Ese es Isold?
—¿Por qué lleva una capa tan grande?
—¡No se le ve ni la cara!
—¿Será realmente un plebeyo?
La curiosidad se extendió por todo el coliseo.
Alfonso observaba a su contrincante con evidente desagrado por ser un plebeyo.
Finalmente, ambos quedaron frente a frente.
Alfonso cruzó los brazos.
—Plebeyo, ríndete ahora mismo. No esperes a que te humille delante de todos.
La figura cubierta por la capa permaneció en silencio.
Ni siquiera respondió.
Aquello hizo que una vena apareciera en la frente de Alfonso.
—¿Me estás ignorando?
Silencio.
Alfonso apretó los dientes.
—¡Te estoy hablando!
Pero Isold siguió sin responder.
Desde lo alto de las gradas, los espectadores comenzaron a murmurar.
El anciano levantó una mano.
—¡Ambos combatientes, tomen sus posiciones!
Los dos retrocedieron.
Alfonso tomó distancia con un movimiento rápido y comenzó a concentrar su maná.
Una ligera corriente de energía mágica envolvió su cuerpo.
Su expresión recuperó la seguridad.
—Será rápido.
El anciano levantó la mano.
—¡Comiencen!
En cuanto la señal fue dada, ambos se separaron todavía más.
Alfonso sonrió con confianza.
Pero aquella sonrisa duró muy poco.
Porque, en lugar de atacar...
Isold llevó lentamente una mano hasta la parte superior de su capa.
Sus dedos sujetaron la tela.
Por un instante, todo pareció quedar suspendido.
Entonces tiró de ella.
Una corriente de aire atravesó la arena.
La capa se abrió.
Un mechón ondulado de cabello morado escapó de entre la tela y ondeó suavemente con la brisa.
Y finalmente...
El rostro quedó completamente expuesto.
El silencio cayó sobre el coliseo.
No fue un silencio común.
Fue uno absoluto.
Miles de personas quedaron inmóviles.
La identidad de Isold había quedado al descubierto.
No era un joven plebeyo.
No era un hombre.
Era...
Isolde Valtheris.
Una mujer.
Durante varios segundos, nadie pareció capaz de reaccionar.
Y entonces...
—¿¡QUÉ!?
El grito de un espectador rompió el silencio.
Inmediatamente, el coliseo entero estalló.
—¡¿UNA MUJER?!
—¡¿QUÉ ESTÁ HACIENDO AHÍ?!
—¡SÁQUENLA!
—¡ESTO ES UNA COMPETENCIA DE TALENTOS!
—¡ESTÁ ARRUINANDO LOS COMBATES!
Los abucheos comenzaron a multiplicarse.
La euforia que había llenado el coliseo minutos antes se transformó en una oleada de indignación.
Alfonso quedó completamente petrificado.
Miró a Isolde.
Luego miró al anciano.
Después volvió a mirar a Isolde.
Su rostro se contrajo por la humillación.
—¿¡UNA MUJER...!?
Para él, aquello era una afrenta.
Había esperado enfrentarse a un joven plebeyo con un talento extraño y, en cambio, tenía delante a una insignificante mujer.
En los palcos nobles, las expresiones no eran mejores.
Los cuchicheos se extendieron como una enfermedad.
—Es la hija del duque Valtheris.
—¿Cómo se atrevió?
—¿Una mujer participando en el coliseo?
—Esto es una vergüenza.
En el palco de la familia Valtheris, Darius se levantó de golpe.
Su rostro estaba rojo de furia.
—¡Isolde!
Su voz resonó incluso por encima de algunos de los gritos.
—¡Ya verás lo que te pasará cuando regresemos al ducado!
Celestia palideció.
Su mirada se dirigió hacia su hija con preocupación.
—Querido, espera... quizá haya una explicación...
Pero la ira de Darius no disminuyó.
—¡Todo esto es por tu culpa!
La mano del duque se movió.
¡PAF!
La bofetada hizo que Celestia girara ligeramente el rostro.
—¡La has mimado demasiado! —espetó él.
Roderick y Gideon reaccionaron inmediatamente.
Ambos se colocaron delante de Celestia.
—¡No vuelvas a tocar a mamá!
—¡Padre, basta!
La tensión dentro del palco se volvió insoportable.
Mientras tanto, los abucheos continuaban desde las gradas.
—¡FUERA!
—¡QUE ABANDONE LA ARENA!
—¡ESTO ES UNA OFENSA!
En otro de los palcos, los magos tampoco ocultaban su disgusto.
—¡Una mujer afirmando ser maga!
—¡Es una ofensa para todos los magos!
—¡Deberiamos sacarla inmediatamente!
Sin embargo...
Había alguien que permanecía completamente tranquilo.
En el palco reservado para los grandes magos, Valtherion descansaba sobre el barandal de piedra.
Su pierna izquierda permanecía doblada hacia un lado, mientras la derecha se mantenía flexionada hacia delante, con la rodilla elevada y el pie firmemente apoyado sobre el barandal.
Su mano derecha descansaba relajadamente sobre aquella rodilla.
Su expresión no mostraba disgusto.
Ni sorpresa.
Ni preocupación.
Simplemente observaba.
Un mago de aproximadamente cuarenta y cinco años se acercó con evidente inquietud.
—Señor de la torre, no se disguste. Sacaremos a esa desquiciada mujer de la arena.
Valtherion no respondió.
Su mirada continuó fija en la arena.
Específicamente en Isolde.
Mientras tanto, Isolde terminó de quitarse por completo la capa.
La dejó caer a un lado.
Su figura quedó finalmente expuesta ante todo el coliseo.
Vestía un hermoso vestido de tonos blancos y azulados, delicado y elegante, completamente diferente a las ropas de batalla de los demás participantes. Sus pequeñas zapatillas azules de tacón alto, apenas contrastaban con la enorme extensión de piedra de la arena.
El viento movió suavemente sus cabellos morados.
Miles de ojos estaban clavados sobre ella.
Algunos llenos de indignación.
Otros de incredulidad.
Otros de desprecio.
Y unos pocos...
De auténtica curiosidad.
Isolde levantó lentamente la mirada.
Contempló las gradas.
Los palcos.
Las familias nobles.
Los magos.
Los plebeyos.
Y finalmente, a su oponente.
Entonces, contra toda lógica...
Sonrió.
Una sonrisa tranquila.
Serena.
Relajada.
Como si todos aquellos gritos y miradas hostiles no significaran absolutamente nada.
Y aquella expresión, en medio de aquella tormenta de indignación, su tranquilidad no hizo más que multiplicar la furia de la multitud.
gracias 😍😍❤️❤️❤️