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MARIONETA

MARIONETA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:611
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Antonia Valentini es una talentosa actriz de teatro que ha conquistado al público con su impecable interpretación de cada personaje. Su belleza, dulzura y noble corazón la convierten en una mujer admirada por todos los que la conocen. Lejos del brillo de los escenarios, dedica su vida a cuidar de su madre enferma y a apoyar a su hermano menor, Lorenzo Valentini, quien cursa su último año de instituto. El salario que recibe apenas alcanza para cubrir los medicamentos de su madre y los estudios de Lorenzo, pero jamás se ha rendido.

Su tranquila existencia cambia por completo cuando Aaron De Santis, el frío e implacable CEO de una de las corporaciones más poderosas del país, se convierte en el nuevo patrocinador del teatro donde ella trabaja.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 13

El salón de la mansión estaba en silencio cuando Irina encontró a Vicent mirando por el ventanal, con una copa en la mano y el ceño fruncido. Se detuvo unos pasos atrás, respiró hondo y se acercó con voz baja, sin la altivez que solía mostrar.

—Vicent… ¿podemos hablar un momento? —preguntó, sin atreverse a levantar la vista del suelo.

Él se giró sorprendido; nunca la había visto tan insegura.

—Claro, Irina. Pasa. ¿Te ocurre algo? Pareces muy alterada.

Ella se sentó en uno de los sofás de terciopelo, apretando las manos sobre el regazo para ocultar su temblor.

—Creí que solo era un capricho —empezó con voz quebrada—. Creí que en dos semanas se aburriría, que volvería a ser el mismo de siempre. Pero no… esto va mucho más allá. Lo he visto mirarla como si fuera la única cosa que existe en el mundo. He visto cómo cambia cuando ella está cerca. Y tengo miedo, Vicent. Mucho miedo.

Vicent se sentó frente a ella, con expresión seria.

—¿Miedo de qué? ¿De que se enamore?

—¡Peor! —exclamó ella, alzando la vista con los ojos llenos de lágrimas—. De que se destruya por ella. Y de que me arrastre a mí también. Antes, Aarón planeaba cada paso, calculaba cada riesgo. Ahora… actúa ciego. Gasta fortunas sin dudar, cambia sus horarios, ignora reuniones importantes… todo por estar cerca de ella. Ayer escuché que dijo que no le importaría perder la mitad de su imperio con tal de que ella no se vaya. ¿Te das cuenta? ¡Nunca habría dicho algo así por nadie!

—Yo también he notado que no es él mismo —admitió Vicent lentamente—. Pero no sé si es amor… o una obsesión enfermiza. La trata como si fuera suya, sí, pero también como si temiera que se desvanezca si la suelta un segundo.

—¡Es una locura! —Irina se puso de pie, caminando de un lado a otro—. Y esa muchacha… no sé qué le ha hecho. No habla, no pide nada, solo obedece. Y aun así él está dispuesto a arruinarlo todo por tenerla. Si esto sigue así, perderé mi lugar. Y tú… tú perderás al amigo que conociste.

Vicent la miró fijamente, comprendiendo por fin su verdadero propósito.

—¿Por qué me cuentas esto a mí? ¿Qué esperas que haga?

Ella se detuvo frente a él, con la mirada suplicante.

—Porque tú eres el único que puede hablarle claro. El único al que escucha. No quiero que le hagas daño a él… ni tampoco a ella, si es posible. Solo quiero que vea la realidad. Que se dé cuenta de que está atrapado en una fantasía que solo le traerá dolor. Y quiero que sepas que no estoy sola en esto. Si nos unimos, quizás podamos salvarlo.

—¿Salvarlo… o salvarte a ti? —preguntó Vicent con calma.

Irina bajó la mirada, sin poder mentirle:

—Ambas cosas. Mi futuro está ligado al suyo. Pero te juro que también temo por él. Esa clase de amor o de obsesión… termina quemando todo lo que toca. Y no quiero que Aarón termine reducido a cenizas.

Vicent guardó silencio unos instantes, sopesando sus palabras. Sabía que Irina movía hilos por interés propio, pero también sabía que tenía razón: algo muy oscuro estaba apoderándose de su amigo.

—No te prometo que haré lo que tú quieras —dijo finalmente—. Pero sí prometo averiguar la verdad. Y si hay alguien sufriendo injustamente, o si Aarón está a punto de cometer un error irreparable… haré lo que deba hacer.

—Gracias —susurró ella, con alivio—. Solo no te confíes. Ese secreto que esconden los dos… es más peligroso de lo que imaginas.

Irina se dejó caer de nuevo en el sofá, cubriéndose el rostro con las manos mientras su voz se quebraba entre sollozos contenidos.

—Llevamos tres años juntos, Vicent. Tres años en los que he aprendido a estar a su lado, a soportar su carácter, a ser la imagen que él necesitaba. Nunca le he pedido nada que no fuera estar a su lado. Pero ahora… siento que me he convertido en un mueble más de su despacho. Me ignora, me responde con monosílabos, y cuando habla de ella… sus ojos brillan de una forma que nunca brillaron por mí.

Vicent se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, y la miró con sinceridad:

—¿Y si es solo miedo a perder lo que has construido? ¿O es que realmente crees que ella es la culpable?

—No sé qué creer —admitió ella, alzando la vista con los ojos rojos—. Sé que él ha cambiado. Sé que está dispuesto a romper todas sus reglas por tenerla. Y lo peor… lo peor es que no sé si ella lo quiere, o si está tan atrapada como yo. A veces la miro y veo terror. Otras veces, veo una fuerza que me asusta. Pero lo que sí sé es que Aarón no está bien. Nunca lo he visto tan inestable, tan ciego. Ayer amenazó con desheredar a su propio primo solo porque le hizo un comentario sobre ella. ¡Su propia familia! Antes jamás habría actuado así.

—Es verdad —asintió Vicent lentamente—. La ambición de Aarón siempre tuvo límites. Pero ahora… parece que no hay nada que no esté dispuesto a cruzar.

—Por eso te necesito —insistió Irina, tomándole la mano con desesperación—. Tú eres el único que no le tiene miedo. El único que puede decirle: “Estás equivocado, estás destruyéndote”. Por favor, no dejes que siga por este camino. Si al final se da cuenta de su error y vuelve… quizás aún pueda arreglarse todo. Pero si sigue así, se perderá para siempre. Y yo me iré con él.

Vicent retiró su mano con suavidad, pero sin dureza.

—No voy a tomar partido por nadie todavía, Irina. Ni por ti, ni por él, ni por ella. Pero prometo averiguar qué hay realmente detrás de esa relación. Porque si hay una injusticia, o una amenaza oculta… yo no voy a mirar hacia otro lado.

—Entonces ten cuidado —le advirtió ella en un susurro, con una seriedad que le erizó la piel—. Porque Aarón no tolerará que nadie se meta en su “propiedad”. Y si te interpones… te tratará como a un enemigo. No dudará en hacerte daño, aunque seamos amigos desde niños. Esa muchacha ha despertado en él una oscuridad que no conocíamos. Y nadie sabe hasta dónde puede llegar.

Vicent se quedó solo unos minutos después de que ella se marchara, mirando hacia el vacío. Sabía que Irina movía sus propios intereses, pero su advertencia era real. Su mejor amigo se estaba convirtiendo en un extraño, y había una chica en medio de todo que parecía llevar todo el peso del mundo sobre sus hombros. Tenía que saber la verdad. Y tenía que saberla pronto.

 

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