Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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2 EL COMIENZO
Me fuí a mi pieza y arreglé una bolsa con mi ropa y mis cosas importantes. Los botones de la chaqueta de marino de Papi, su cortaplumas. Mis libros
Miré sentada en mi cama y esperé. Sabía que en cualquier momento ella llegaría.
El sueño me venció y me quedé dormida. Desperté y era de noche. Tenía hambre, me levanté y supuse que eran como las tres o cuatro de la madrugada.
Fuí despacio a la cocina y saqué un pedazo de carne seca y un vaso de agua.
Me fuí corriendo a mi dormitorio.
Comí y me dormí nuevamente. Sentí el grito de ella llamándome.
Fuí a la cocina. Ella ya estaba tomando desayuno.
--Sirvete café y come. Te espera un largo viaje.
--Catalina, tu sabías que cuando tú Padre te dejara tendrías que abandonar ésta casa.
--La casa es mía. Lo dijo fuerte y sin mirarme
--Esa fue lo que me prometió tu papá. Ahora yo y mi hijo somos dueños.
--Esa promesa, también entraba el que tú salieras de inmediato.
--Tu vida cambiará, te irás a vivir a la montaña. Yo iré una vez al año a llevarte provisiones. Recuerda que en el invierno no se puede subir ni bajar. La nieve no lo permite.
--Ahora Esteban te llevará, y yo me quedaré a resolver unos trámites.
--Van tres cajas de mercadería y dos sacos de harina, debes cuidar el alimento porque te deben alcanzar hasta diciembre. Estamos en marzo.
Yo comía con mi cabeza abajo. No quería mirarla. Era mi Madre y nunca la había sentido así.
No me permitía que la llamara así. Solo Jimena.
Jamás un cariño o una palabra de amor. Nunca me golpeó, pero la indiferencia dolía más. Nunca la sentí como una madre. Ella era fría e indiferente. A Papi lo trataba gual, pero también con rabia.
Vivíamos lejos de todo. Este año Papi pensaba matricularme en el colegio más cercano a diez kilómetros de casa. Pero él se había encargado de enseñarme. Aprendí desde muy pequeña a leer y a escribir. Sabía matemáticas y también mucha historia.
Esos días en que no se podía levantar. Él me hacía que me acostara con él y me enseñaba.
Era un hombre muy culto. El recorrer países lo hizo interesarse por distintas culturas.
Él tenía muchos libros de historia. De hecho me los llevaba conmigo.
--Catalina, ya tienes ocho años, sabes que yo nunca amé a tu Padre él .........se calló y miró al suelo, sentí como si su voz temblaba.
-- Me ayudó en un momento malo de mi vida. Me hizo un ofrecimiento y por eso me embaracé. Él me lo pidió y yo le cumplí. El trato era hasta que él muriera.
--No hay plazo que no se cumpla. Llegó el momento, nunca quise tener un hijo.
--Pero tuviste a Esteban. Le dije en mi inocencia.
Ella calló.
--Mi hijo es un tema que no quiero hablar contigo. Cuando seas grande lo comprenderás.
--Y si en algún momento quieres saber la verdad completa, te la diré.
--No puedes decir que te lastime, nunca te castigue físicamente.
Yo solo la escuchaba sin entender del todo sus palabras.
--Come, Esteban fue a comprar lo último que faltaba. En diciembre iremos a buscar los corderos y a llevarte mercadería.
--Estare sola verdad?
--Arriba vive don Ezequiel, a él lo verás de vez en cuando. Una vez al mes es el trato que hizo con tu padre.
--Es un viejo cascarrabias que no soporta a las mujeres. No le gusta la compañía, así que procura molestarlo lo menos posible. No soporta a nadie, solo a tu padre lo consideraba.
--Cuando sientas la camioneta, sal y te vas con Esteban.
Se levantó y se fue a su dormitorio.
No me dirigió la mirada, no podía decir que sentía pena. Nunca le tuve cariño, y lo que no se ama no duele.
Me fuí a mi pieza y le di una mirada. Aquí dormí por años. La voz de mi Papi retumbaba, con su voz fuerte cantando para mí, canciones en idiomas diferentes. No quería llorar. No tenía pena por dejar la casa, tenía pena por los recuerdos que me ataban a ella.
Finalmente tomé unos cuadros colgados de la pared, pintados por Papá para mí.
Salí, la camioneta me esperaba, de Jimena no había señales. Subí mis cosas, y cerré la puerta.
El viaje fue de alrededor de cinco horas. Todo era subida.
Esteban nunca me dirigió la palabra. Él siempre me ignoraba, sabía que mi presencia le molestaba. Cuando era más pequeña siempre le seguía como un cachorro, después comprendí que yo no le agradaba y siempre me trataba de hacer invisible. Una vez me empujó y me rompí las rodillas, no se cómo papá lo supo, escuché que le habló feo y desde ese momento me ignoraba con mayor razón.
--Espero que no se te vaya a ocurrir volver a mi casa. Ahora ya no eres bienvenida. Aguantamos por años a tu Padre y ahora que se fue ya nada te corresponde. Todo es de mamá
--Lo entiendes verdad?
Moví la cabeza en señal de asentimiento.
Quince minutos después llegamos. Habían pocos árboles.y muchas ovejas. A pesar del sol que estaba en lo alto. Hacía frío por qué corría mucho viento.
Esteban ni siquiera me acompañó. Sacó las cajas, las puso en el suelo. Mientras yo sacaba mi bolsa y dos sacos con mis cosas.
Se dió vuelta y se fue.
Me quedé mirando como se iba la camioneta. Y me di una vuelta alrededor. Mirando todo, no sé divisaban casas solo ovejas que pasaban.
Caminé hacía la casa. Era muy vieja y se veía en mal estado. Tenía a la entrada un corredor. Las tablas estaban malas.
Abrí la puerta y estaba con olor a encierro. Las ventanas estaban tapiadas. No sé veía nada. Entré con miedo, sentí que se movían cosas cuando pude fijar bien mi visión, sentí que pasaron corriendo por mi lado. Eran ratones.
No les tenía miedo, pero sabía que producían enfermedades.
Me dirigí a las ventanas y comencé a tratar de abrirlas. No veía nada. Me acordé que seguramente en las cajas venían velas y fósforos.
Efectivamente, venían, encendí la vela, las ventanas estaban clavadas por dentro y por fuera.
Con un palo abrí por fuera las ventanas y por dentro hice lo mismo.
Ahora podía vislumbrar como era por dentro la casa. Seguramente mi Papito fue su último habitante. Eso hacia más o menos unos cinco años.
Calculé que eran como las seis de la tarde, se oscureceria en unas tres horas más. Debía limpiar lo que más pudiera y acarrear las provisiones y tratar de dejarlas protegidas de las ratas.
La casa tenía una cocina, había un fogón con leña aún para encender. Y una sala? Un cuarto que también tenía una ventana que también abrí. Tenía una cama y un colchón que estaba muy roto. Los ratones seguro se lo había llevado para sus nidos.
Lo saqué para quemarlo junto con otras cosas. Necesitaba agua, así que busqué la vertiente, Papi me había explicado dónde estaba. Estaba cerca, encontré unos tarros oxidados y ahí trasladé agua. Saqué detergente y comencé a limpiar las tablas. Las pulgas me caminaban por las piernas. Mañana calentaría agua y la tiraría por el piso.
Faltaba poco para anochecer. Ya tenía el piso barrido y mojado, en una mesa que limpie coloqué la mercadería. Y limpie la cama y con las tres frazadas que traía las tiré sobre los resortes. Cerré la puerta. Busque leña e hice fuego, calenté agua en uno de los tarros. Me preparé un café y me lo tomé, me supo a nectar de los dioses, así decía papi cuando comía algo rico. Me senté en la cama y lloré, el olor a café me hizo recordar. Sin darme cuenta me dormí.
Desperté con el sol brillando en mi cara. Me tiré abajo. Mi cuerpo estaba enronchado de picadas de pulgas. Hoy si que las exterminaba a todas. Miré las provisiones y estaban intactas. Las ratas se habían asustado con mi presencia.
Salí.....
Miré a mi alrededor.
Era yo, rodeada de ovejas y era la primera vez que estaba totalmente sola. La casa estaba en un cerro y estaba rodeada de montañas. Recorrí la casa y me fijé en otros detalles. Tenía una especie de bodega atrás. Tenía mucha leña, encontré algunas herramientas. Con una piedra podría sacarles filo, como lo hacía Papi. Más allá había un baño, era un cajón con un hoyo, no tenía olor, seguro dónde ya no se usaba. La puerta estaba mala. También tendría que lavar y limpiar.
La cocina tenía ollas, una tetera, loza, servicios. Tenía repisas y muebles adosados a la pared. Una mesa y dos sillas.
Con unos palos grandes que arrastré hice fuego y comencé a hervir agua. A medida que los tarros iban hirviendo yo los iba llevando y los tiraba por el piso. Así eliminaría los nidos de ratas y las pulgas. Terminé como a las cuatro de la tarde. Estaba rendida.
Aproveché de comer, lo hice sentada en el corredor, mirando el paisaje, era hermoso. El aire era helado Se escuchaba el trinar de los pájaros y el balido de alguna oveja extraviada del piño.
Todas comían, y levantaban sus cabezas cuando sus borregos se les perdían.
Me entré, debía ahora limpiar los muebles para ordenar la mercadería. Ya era de noche, me preparé una leche con cacao, estaba rica.
Sentada en la silla mirando el fuego consumirse, pensé en Papá, él vivió aquí.
Cómo seria su vida? En qué pensaría? Amaba a Jimena?
Cómo te extraño Papá!, grite, pero mientras sigas aquí nunca morirás. Dije golpeando fuerte mi pecho.
Cerré mis ojos y te vi junto a mi, estabas tan bonito y sano. Ya no tosias, me hablabas y te escuchaba expectante. Y escuché clara tu voz diciéndome, "Duerme mi pequeña Catita, verás que todo mejorará".
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Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!