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SERAS MIA

SERAS MIA

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO / Mafia
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Los vivos y los muertos

El silencio fue absoluto.

Nadie habló.

Nadie respiró.

Emma permanecía inmóvil frente a Iván Petrov, convencida de que había escuchado mal.

Las últimas palabras seguían repitiéndose en su cabeza.

"Tus padres... están vivos."

Sintió que las piernas dejaban de responderle.

—No...

Susurró casi sin voz.

—Eso es imposible.

Petrov bajó lentamente la cabeza.

—Entiendo que no me crea, señorita Emilia.

Yo tampoco habría podido creerlo si no hubiera vivido todo con mis propios ojos.

Emma dio otro paso hacia él.

Las lágrimas corrían por su rostro.

—No juegue conmigo.

No después de todo lo que descubrí.

No después de veinte años creyendo que estaba sola.

Petrov levantó la vista.

Sus ojos estaban llenos de tristeza.

—Jamás me atrevería a jugar con usted.

Le fallé una vez.

No volveré a hacerlo.

Adrián seguía observándolo sin bajar la guardia.

—Necesito pruebas.

Petrov asintió.

—Es lógico.

Metió la mano lentamente dentro de su saco.

Los escoltas levantaron las armas.

—¡No se mueva!

Petrov sonrió con cansancio.

—Si quisiera hacerles daño...

No habría esperado veinte años.

Sacó un sobre de cuero completamente gastado.

Lo dejó sobre una mesa cercana.

—Esto pertenecía a su padre.

Emma dudó unos segundos antes de acercarse.

Abrió el sobre lentamente.

Dentro encontró varias fotografías antiguas.

La primera mostraba a una pareja abrazando a una niña de unos cinco años.

Emma sintió que el corazón le daba un vuelco.

Era la misma familia del retrato de la mansión.

Pero esta vez la imagen era mucho más clara.

Su madre sonreía mientras sostenía un ramo de flores.

Su padre la tenía sentada sobre los hombros.

Los tres parecían felices.

Muy felices.

Emma acarició la fotografía con la punta de los dedos.

—Ellos...

Ellos son mis padres...

Petrov asintió en silencio.

—Alexander y Victoria Volkov.

Adrián observó la imagen.

Jamás había visto a su tío tan sonriente.

—¿Cuándo fue tomada?

—Tres meses antes del secuestro.

Emma siguió revisando el contenido del sobre.

Había dibujos infantiles.

Entradas de un zoológico.

Un pequeño moño azul.

Y una carta.

El sobre llevaba escrito su nombre.

"Para Emilia."

Las manos le temblaban tanto que apenas pudo abrirla.

El papel estaba amarillento por el paso del tiempo.

Reconoció inmediatamente la misma letra del mensaje encontrado en la bóveda.

Comenzó a leer en voz alta.

"Mi pequeña Emilia..."

Su voz se quebró.

Respiró profundamente y continuó.

"Si alguna vez esta carta llega a tus manos, significa que no pude volver por vos cuando te lo prometí."

Emma rompió en llanto.

"Quiero que nunca dudes de algo."

"Tu mamá y yo te amamos con toda nuestra alma."

"Si desaparecemos de tu vida será únicamente para protegerte."

"Jamás porque dejáramos de buscarte."

Las lágrimas caían sobre el papel.

Adrián sintió un nudo en la garganta.

Ni siquiera él pudo contener la emoción.

Emma siguió leyendo.

"Hay personas dentro de nuestra propia familia que desean quedarse con todo lo que construimos."

"No confíes en nadie hasta descubrir quiénes siguen siendo leales."

"Y si alguna vez encontrás a Adrián..."

Emma levantó la vista sorprendida.

Miró a Adrián.

Luego volvió a la carta.

"Decile que nunca deje de protegerte."

"Él hizo una promesa siendo un niño."

"Y sé que algún día la cumplirá."

Emma ya no podía seguir leyendo.

Se abrazó la carta contra el pecho.

Las piernas le fallaron.

Adrián llegó justo a tiempo para sostenerla.

Ella escondió el rostro sobre su hombro.

Lloró durante varios minutos.

En silencio.

Sin fuerzas.

Adrián no dijo nada.

Simplemente la abrazó.

Como si intentara devolverle veinte años de soledad.

Viktor observaba la escena con respeto.

Esperó hasta que Emma se calmara un poco.

Luego miró a Petrov.

—Todavía falta responder una pregunta.

Petrov levantó la vista.

—Lo sé.

—Si Alexander y Victoria siguen vivos...

¿Por qué nunca intentaron recuperar a su hija?

El viejo guardia cerró los ojos.

Esa parecía ser la pregunta que más temía.

Tardó varios segundos en responder.

—Porque no podían.

—¿Quién se los impedía?

Petrov respiró profundamente.

—Alekséi.

Él descubrió el lugar donde estaban escondidos.

Y les hizo una advertencia.

Si intentaban acercarse a Emilia...

La mataría.

Emma sintió que el corazón se encogía.

—Entonces...

¿Ellos sabían dónde estaba?

Petrov asintió lentamente.

—Sí.

La vieron crecer desde lejos.

Supieron cuándo empezó la escuela.

Cuándo terminó la universidad.

Incluso el día que conoció a Damián.

Emma abrió los ojos con incredulidad.

—¿Me estuvieron observando toda la vida?

Petrov bajó la cabeza.

—Era la única forma de asegurarse de que seguía con vida.

Emma no supo qué sentir.

Rabia.

Dolor.

Alivio.

Todo al mismo tiempo.

Antes de que pudiera hacer otra pregunta, el teléfono de Adrián comenzó a sonar.

Era Viktor.

Aunque estaba a pocos metros, había recibido una llamada urgente en el comunicador.

Su expresión cambió por completo.

—Señor...

Tenemos un problema muy grave.

Adrián tomó el dispositivo.

—¿Qué pasó?

Viktor tragó saliva.

—Nuestros hombres encontraron el escondite donde vivían Alexander y Victoria.

Emma dio un paso al frente.

—¿Y?

Viktor cerró los ojos unos segundos.

—Llegamos demasiado tarde...

La casa estaba completamente incendiada.

El mundo de Emma volvió a derrumbarse.

—¿Incendiada...? —susurró sin poder creer lo que acababa de escuchar.

Viktor asintió con pesar.

—Nuestros hombres llegaron hace quince minutos. El fuego ya había consumido gran parte de la casa.

Emma sintió que el aire le faltaba.

—No...

No otra vez...

Adrián tomó el comunicador de manos de Viktor.

—Decime exactamente qué encontraron.

Del otro lado de la línea respondió uno de los escoltas.

—La estructura principal quedó destruida, señor. Los bomberos todavía están trabajando. No encontramos cuerpos, pero tampoco señales de que hayan escapado.

Adrián frunció el ceño.

—¿Y las cámaras de seguridad?

—Las arrancaron antes de prender fuego la casa.

—¿Algún vehículo?

—Solo restos de neumáticos. Al menos dos camionetas abandonaron el lugar a toda velocidad.

Adrián cortó la comunicación.

No le gustaba nada de aquello.

Si Alekséi hubiera querido matar a Alexander y Victoria, habría dejado los cuerpos para enviar un mensaje.

Pero no había cuerpos.

Eso significaba una de dos cosas.

O habían logrado escapar...

O alguien se los había llevado.

Emma seguía abrazando la carta contra su pecho.

Las palabras de su padre todavía resonaban en su mente.

"Nunca dejamos de buscarte."

Durante veinte años creyó que había sido abandonada.

Ahora descubría que la verdad era completamente distinta.

Levantó lentamente la mirada hacia Petrov.

—Quiero ver esa casa.

Adrián negó de inmediato.

—No.

—Necesito ir.

—Es demasiado peligroso.

—¡Son mis padres!

Su voz quebró el silencio de la residencia.

—Pasé veinte años creyendo que estaban muertos...

Y ahora no sé si siguen vivos o si llegaron tarde para salvarlos.

No puedo quedarme acá esperando noticias.

Adrián permaneció unos segundos en silencio.

Comprendía perfectamente lo que sentía.

Si él estuviera en su lugar...

Tampoco aceptaría quedarse de brazos cruzados.

Finalmente asintió.

—Está bien.

Pero no vas a separarte de mí ni un segundo.

Emma respondió con un leve movimiento de cabeza.

Una hora después...

Tres camionetas negras avanzaban por un camino de tierra rodeado de árboles.

El humo todavía podía verse a la distancia.

Cuando llegaron, Emma sintió que un dolor profundo le atravesó el pecho.

La casa estaba completamente destruida.

Solo quedaban algunas paredes ennegrecidas y el esqueleto de la estructura.

Los bomberos terminaban de apagar los últimos focos de incendio.

Un oficial se acercó a Adrián.

—¿Usted es el señor Volkov?

—Sí.

—Revisamos todo el lugar.

Todavía no encontramos víctimas.

Emma sintió un pequeño alivio.

—¿Entonces pudieron escapar?

El hombre negó lentamente.

—No podemos asegurarlo.

Simplemente... no estaban aquí cuando comenzó el incendio.

Viktor comenzó a recorrer el terreno.

Observaba cada detalle con atención.

De repente se agachó junto a un viejo rosal quemado.

—Señor.

Adrián se acercó.

En el suelo había una pequeña cadena de plata.

Emma la reconoció de inmediato.

Llevó una mano a la boca.

—Es de mi mamá...

Petrov tomó la cadena con mucho cuidado.

—La señora Victoria nunca se la quitaba.

Emma sintió que las lágrimas volvían a aparecer.

Si la cadena estaba allí...

Significaba que su madre había estado en esa casa poco antes del incendio.

Mientras los investigadores seguían trabajando, uno de los bomberos salió de entre los escombros con una pequeña caja metálica.

—Encontramos esto bajo una viga.

Está prácticamente intacta.

Adrián recibió la caja.

Tenía el mismo símbolo del lobo y la estrella que habían visto en la bóveda.

Emma respiró hondo.

—Abrila.

Él levantó la tapa lentamente.

Dentro había un reloj de bolsillo antiguo, varias fotografías y un pequeño cuaderno de cuero negro.

En la primera página había una inscripción escrita a mano.

"Diario de Alexander Volkov."

Emma sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—Es... de mi papá.

Petrov sonrió con emoción.

—Él escribía todas las noches.

Tal vez ahí encuentren respuestas que yo nunca pude darles.

Adrián abrió el diario con cuidado.

Las primeras páginas hablaban de negocios y reuniones.

Luego aparecieron notas sobre el nacimiento de Emilia.

Había dibujos infantiles pegados entre las hojas.

Sonrisas.

Viajes.

Cumpleaños.

Hasta que una página llamó su atención.

La tinta estaba escrita con tanta fuerza que casi había atravesado el papel.

"Hoy descubrí que Alekséi me traicionó."

Adrián levantó la vista.

Todos guardaron silencio.

Continuó leyendo.

"No busca solo quedarse con la empresa."

"Busca algo mucho más antiguo."

Emma frunció el ceño.

—¿Algo más antiguo?

Adrián siguió leyendo.

"Si encuentra el Legado antes que Emilia..."

La página terminaba allí.

El resto había sido arrancado.

—Faltan hojas... —murmuró Viktor.

Petrov observó el cuaderno.

Su expresión cambió por completo.

—No...

—¿Qué pasa? —preguntó Adrián.

—El diario estaba completo.

Alguien arrancó esas páginas hace muy poco.

Todos intercambiaron miradas.

Eso solo podía significar una cosa.

Alguien había llegado a la casa antes que ellos.

Y se había llevado justamente la información más importante.

En ese instante, un escolta corrió hacia Viktor.

—¡Señor!

—¿Qué ocurre?

—Encontramos huellas detrás de la casa.

No son de los bomberos.

Son recientes.

Adrián cerró el diario de golpe.

—¿Hacia dónde van?

El escolta señaló el bosque.

—Conducen a una vieja cabaña.

Pero hay algo más...

El hombre tragó saliva antes de continuar.

—No son huellas de una persona.

Son de cuatro.

Y una de ellas... pertenece a una mujer descalza.

Emma sintió un vuelco en el pecho.

Sin saber por qué, estaba segura de una cosa.

—Es mi mamá...

Adrián la miró con decisión.

—Entonces todavía tenemos una oportunidad.

Porque si esas huellas son recientes...

Significa que Alexander y Victoria podrían seguir con vida.

Continuará...

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Laura Castañon
como que clase de regalo
Laura Castañon
continuenla👏 porfis esta bien bonita
Laura Castañon: muchísimo
total 1 replies
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