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Peligrosa Atracción

Peligrosa Atracción

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Un imperio construido sobre el control. Una atracción que amenaza con destruirlo todo.

En el piso cuarenta y dos de Vance Financial, la regla es simple: la eficiencia se premia y las emociones no existen. Alexander Vance es un CEO implacable, calculador y distante, un hombre que ha convertido su vida en un mecanismo perfecto para sepultar la culpa de un pasado oscuro y un secreto familiar que podría arruinarlo.

Elena Ross llegó a su oficina solo para pagar las deudas de su familia, pero su resiliencia y templanza la convierten en la única asistente capaz de soportar la frialdad de Vance. Sin embargo, detrás de la fachada profesional, una química sofocante e innegable comienza a desgastar las barreras de ambos.

Cuando una serie de amenazas anónimas y un juego de poder corporativo ponen en riesgo la vida de Elena, el control de Alexander se fractura. Obligados a protegerse en medio de un nido de traiciones, la línea entre la lealtad, el deseo y el peligro empieza a borrarse.

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Capitulo 11: La última noche

​​El eco del disparo retumbó en las alturas del vestíbulo. Alexander arrastró a Elena hacia el pasillo lateral, manteniéndola protegida tras la estructura de los muros de piedra de la mansión.

​—Escúchame con atención —le susurró Alexander, pegando su boca a la oreja de ella. Su pulso estaba desbocado, pero sus movimientos eran finos, precisos—. Hay un pasadizo de servicio tras el marco de la chimenea de la biblioteca. Conduce directamente a la bahía baja. Te vas a encerrar allí hasta que yo vaya a buscarte.

​—No me voy a ir, Alexander —protestó Elena, sujetándolo con fuerza del torso—. No voy a dejarte solo aquí abajo.

​—No estás sola ni me estás dejando solo, Elena —contestó él, acunando su nuca con una presión dominante pero suave, fijando sus ojos grises en los de ella con un fervor abrumador—. Me estás dando la libertad de destruir a Marcus sin tener la mitad de mi mente aterrorizada por tu seguridad. Si te pasa algo a ti, no me queda nada por lo que salir con vida de esta casa.

​Las palabras calaron hondo en el pecho de Elena. La intensidad de su entrega era absoluta; ya no había margen para dudas. Elena asintió con la garganta apretada por la emoción, se inclinó y le robó un beso fugaz pero abrasador en los labios.

​—Vuelve por mí —le exigió ella.

​—Siempre —prometió él.

​Alexander la acompañó hasta la biblioteca, activó el resorte oculto de la chimenea y esperó a que el panel de madera se cerrara completamente tras de ella antes de girarse hacia la oscuridad de la estancia principal.

​Afuera, la lluvia azotaba los cristales con furia mientras los pasos pesados de dos hombres resonaban sobre el parqué del vestíbulo. Julian ya había neutralizado al primer mercenario en el jardín exterior, pero el avance de Marcus era ciego, alimentado por la desesperación de quien se sabe condenado.

​—¡Sé que estás aquí, Alexander! —gritó la voz rasposa de Marcus desde la galería superior, acompañada por el choque metálico de un arma al recargarse—. ¡Esa perra de tu asistente no te va a salvar hoy! ¡Se acabó el imperio que tu padre construyó!

​Alexander emergió de las sombras del salón central con una calma aterradora. Sostenía la pistola a un costado de su cuerpo, con la postura erguida y los hombros relajados, luciendo más como un cazador que como una presa.

​—El imperio sigue en pie, Marcus —dijo Alexander, su voz barítona retumbando con la autoridad de un trueno en la inmensidad de la casa—. El único que ha quedado reducido a nada eres tú. Un anciano acorralado pagando a matones con dinero robado.

​Marcus apareció en la balaustrada del segundo piso. Tenía el rostro desencajado, los ojos inyectados en sangre y la corbata deshecha. Levantó el arma apuntando directamente al pecho de su sobrino.

​—¡Tú debiste morir en ese río! —bramó Marcus con rabia descontrolada—. ¡Gabriel era el débil, pero tú eras el problema! Si te hubieras muerto con él esa noche, yo habría gobernado la corporación sin que nadie cuestionara los números.

​—La diferencia entre Gabriel y yo, Marcus... —dijo Alexander, dando un paso firme hacia las escaleras sin mostrar la menor duda— es que él intentó razonar contigo. Yo solo vine a cobrar la deuda.

​El sonido de un disparo rasgó el aire. Marcus apretó el gatillo impulsivamente, pero el proyectil se incrustó en la madera del pasamanos cuando Alexander se desplazó hacia un lado con agilidad implacable.

​Antes de que Marcus pudiera corregir la puntería, el sonido sordo de una ráfaga apagada cortó la noche desde el ventanal trasero. Julian rompió el cristal de la entrada principal, derribando al último escolta de Marcus con una maniobra limpia y certera.

​Marcus tropezó hacia atrás, preso del pánico al verse acorralado por dos frentes. Intentó correr hacia el corredor de las habitaciones, pero Alexander subió los escalones de tres en tres, alcanzándolo en la meseta superior. Le sujetó la muñeca armada con una fuerza aplastante, retorciéndole el brazo hasta que la pistola cayó al suelo rebotando por los peldaños.

​Alexander estrelló a su tío contra la pared de piedra, aprisionándolo del cuello con la mano izquierda mientras colocaba el cañón de su propia arma directamente entre las cejas del anciano.

​El silencio volvió a adueñarse de la mansión. Solo se escuchaba el jadeo agónico de Marcus y la respiración pausada de Alexander.

​—Hazlo... —suplicó Marcus con la voz ahogada por la presión en su garganta—. Hazlo y conviértete en el monstruo que siempre quisiste evitar ser.

​Los dedos de Alexander se tensaron sobre el gatillo. La rabia acumulada durante cinco años, el recuerdo de su hermano ahogándose en el agua helada del río y las horas de pesadillas amenazaron con consumirlo. Tenía el poder absoluto para terminar la historia en ese mismo instante.

​Pero en su mente resurgió el rostro de Elena. La calidez de sus labios, la firmeza con la que lo había mirado esa madrugada en su despacho y la promesa de no dejarse consumir por la oscuridad.

​Alexander dejó escapar un suspiro largo y frío. Con un movimiento seco, golpeó a Marcus  con la culata de la pistola, dejándolo inconsciente en el suelo.

​—No vales la pena —murmuró Alexander, dando un paso atrás.

​Las luces azules y rojas de las patrullas de la policía federal comenzaron a iluminar el jardín exterior a través de los ventanales, acompañadas por el sonido de las sirenas que ponían fin a la persecución.

​Julian subió las escaleras con el arma guardada en la funda, mirando a Marcus tendido en el piso.

​—La fiscalía está afuera, Alexander. Se acabó.

​Alexander no respondió. Se dio la vuelta inmediatamente y corrió hacia la biblioteca.

​Activó el mecanismo de la chimenea y la puerta de madera se abrió. Elena estaba allí, de pie en la penumbra del pasadizo con el rostro pálido pero los ojos brillantes de determinación. En cuanto lo vio sano y salvo, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos.

​Alexander la atrapó en el aire, envolviéndola en un abrazo aplastante, hundiendo las manos en su cabello mientras la besaba en el cuello, en los pómulos y finalmente en los labios con una pasión desbocada que rozaba las lágrimas.

​—Estás a salvo —susurró él contra su boca, temblando por la descarga de alivio—. Estás a salvo, mi amor.

​—Estamos a salvo —corrigió Elena, aferrándose a sus hombros con fuerza—. Los dos.

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Francisca Letycia MirandaGarcia
otra vez su misma técnica de la otra vez
Francisca Letycia MirandaGarcia
esto se pone más peligroso
Francisca Letycia MirandaGarcia
ahora sí que por fin acaben con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
y desde entonces no han hecho nada?
Francisca Letycia MirandaGarcia
bueno no tarda en haber un romance enmedio del peligro
Francisca Letycia MirandaGarcia
yo diría al verdadero caos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq tienen que ser tan duros los jefes, con cara de amargados
Daniel Valmont: Están farmeando aura 🤣
total 1 replies
Francisca Letycia MirandaGarcia
se nota interesante gracias
Daniel Valmont: Gracias por darle una oportunidad ☺️
total 1 replies
Edith Zenteno
buuuu lo mismo cuando mataron a su hermano si es un ceo tan importante donde están la camionetas con guardaespaldas?
Daniel Valmont: Están de huelga 🤣
total 1 replies
Martha Divas Delgado
muy buen comiendo autora me gusta
Daniel Valmont: Me alegra que te guste, por cierto soy hombre🤭
total 1 replies
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