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El Contrato Del CEO

El Contrato Del CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Embarazo no planeado / Traiciones y engaños
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: La Decisión.

Capítulo 23: La decisión

Rebeca se quedó en un hotel cerca de la mansión. No quería imponer su presencia ni invadir nuestro espacio para que nadie se sintiera incómodo. Pero yo quería que estuviera cerca.

—Ven a casa —le dije al día siguiente de su llegada.

—¿Estás segura?

—No. Pero quiero intentarlo.

—Camila...

—No me des las gracias. Solo quiero que conozcas a tu sobrino. Que pases más tiempo con tu sobrina y vuelvas a sentir lo que significa tener una familia.

—Ya no tengo derecho a eso.

—Todos tenemos derecho a intentarlo.

Ella aceptó. Llegó a la mansión un sábado por la mañana. Nico la esperaba en la puerta.

—¿Eres mi tía Rebeca?

—Sí, pequeño. ¿Y tú eres Nicolás?

—Sí, pero todos me dicen Nico.

—Entonces, Nico, ¿puedo darte un abrazo?

—Sí, pero si me aprietas mucho, me quejo.

Rebeca rió y lo abrazó con suavidad.

—¿Así está bien?

—Sí, así está bien.

Nico la tomó de la mano y la llevó al jardín.

—Ven, te voy a mostrar mis juguetes. Tengo muchos y mi mamá dice que soy un niño con suerte.

—Lo eres, Nico. Eres un niño querido y amado por tu familia, y eso significa que tienes mucha suerte.

La pequeña Rebeca gateaba por el césped, y Lucía la cuidaba desde la terraza.

—¿Quieres cargarla? —pregunté.

—¿Puedo?

—Por supuesto.

Rebeca tomó a la bebé en brazos y la miró a los ojos. Se quedó en silencio un largo rato.

—Es idéntica a ti —dijo al fin.

—¿Tú crees que se me parezca?

—No creo, te digo que tiene la misma mirada y el mismo color de ojos. Pero además, la misma sonrisa y el mismo carácter.

—No sabes cuánto te agradezco que hayas aceptado mi propuesta.

—Acepté porque yo también quería tener una familia, pero no sabía cómo decírtelo.

—Pues ya ves que no hizo falta que dijeras nada, porque nos estábamos comunicando por telepatía.

—¿Cómo se porta mi sobrina? ¿Cómo es ella? Para saber la manera en que debo tratarla.

—Es traviesa e inteligente. No se está quieta ni un segundo.

—Como tú.

—¿Yo era así?

—Eras peor. Mamá se volvía loca contigo.

—¿Y tú? ¿Cómo eras?

—Callada, observadora, siempre pensando.

—Seguimos siendo iguales.

—Cambiamos un poco físicamente, pero en el fondo seguimos siendo idénticas.

Esa tarde, después de que los niños se durmieron, Rebeca y yo nos sentamos en el balcón. El sol se ponía y el cielo se pintaba de naranja y rosa.

—¿Te acuerdas cuando éramos niñas? —preguntó ella.

—Lo recuerdo todo el tiempo, porque fueron tiempos maravillosos.

—En esa época éramos tan felices.

—Sí, antes de que papá muriera.

—Éramos muy felices y no lo sabíamos, antes de que todo se fuera al infierno.

—¿Crees que podamos volver a ser felices?

—No lo sé, pero quiero intentarlo.

—Eso es todo lo que pido.

—¿Sabes? En Suiza aprendí algo.

—¿Qué?

—Que el perdón no es para el que lo recibe, sino para el que lo da.

—¿Cómo así?

—Perdonar no cambia al otro, cambia a uno mismo. Te libera, te permite seguir adelante.

—¿Y tú te has perdonado?

—Estoy en eso todos los días.

—Es un buen comienzo, porque el primer paso es proponerse el cambio.

—Estoy de acuerdo, pero no lo voy a lograr sin tu ayuda.

Asentí y nos quedamos en silencio, mirando el atardecer, mirando al futuro.

—Camila —dijo Rebeca, después de un rato—. Necesito preguntarte algo.

—Dime.

—¿Por qué le pusiste Rebeca a tu hija?

—Por ti.

—¿Por mí?

—Sí, por todo lo que no pudimos ser y por todo lo que algún día seremos.

—No pensé que lo hicieras, después de todo el daño que te hice.

—Lo sé, pero con el tiempo también se aprende a perdonar.

—¿Así, sin más?

—Así como lo escuchaste. Con el tiempo aprendí a perdonar, sin guardar rencores.

Rebeca rompió a llorar y yo la abracé. Y en ese abrazo sanaron muchas heridas.

Esa noche, Rebeca se quedó a cenar. Sebastián preparó su plato favorito: arroz con pollo. Nico hizo algunas travesuras que la hicieron reír. La pequeña Rebeca se durmió en brazos de su tía. Lucía se unió a nosotros, y mi madre también. Esa noche estuvimos todos juntos, sonriendo. Todos felices.

—¿Sabes? —dijo Sebastián en un momento de silencio—. Hace un año nunca imaginé que estaríamos aquí.

—Yo tampoco —dije.

—Yo sí —intervino Rebeca—. Yo siempre supe que esto era posible.

—¿Y por qué no lo intentaste antes?

—Porque tenía miedo. Miedo al rechazo, al dolor. Miedo a no ser merecedora del cariño que ustedes me demuestran cada día.

—¿Y ahora, qué cambió?

—Ahora entendí que nadie es merecedor del amor. Solo hay que dejarse querer.

—Eso es bonito —dijo Nico.

—Gracias, pequeño.

—¿Tía Rebeca?

—Dime.

—¿Te vas a quedar con nosotros?

—No lo sé. ¿Tú quieres que me quede?

—Sí, así puedes jugar conmigo todos los días.

—Entonces, me quedo.

—¿De verdad?

—De verdad.

Nico saltó de alegría. Al verlo, supe que Rebeca se había ganado su lugar.

Al final de la noche, cuando todos se fueron, Rebeca se despidió.

—Me voy al hotel. Mañana vuelvo.

—No tienes que irte —dije—. Puedes quedarte aquí.

—¿Estás segura?

—Hay muchas habitaciones. Elige la que quieras.

—Entonces me quedo en la que tiene vista, la que siempre me gustó desde que éramos niñas.

—Entonces es tuya.

—Gracias, Camila.

—No me des las gracias, solo quédate.

—Me quedo.

Esa noche, Rebeca durmió en la mansión. Y por primera vez en muchos años, dormimos bajo el mismo techo. Y por primera vez en mucho tiempo, nos sentimos hermanas.

-¿Crees que Rebeca debe quedarse en la mansión?

-Like si confías en su cambio.

-Corazón si crees en las segundas oportunidades.

1
María Cortez
muy interedante histotia mucho misterio pero yodo sd resolvio
María Cortez
/Heart/Edpeto wue esta vez di enfrente la justicia.
Saily Smith
muy bueno. me encanta
Olga Robledo
Qué vieja tan mala, pero el karma existe, qué la vida le cobre todas sus intrigas
María Cortez
esta buena la novela con mucha intriga pero sigo aqui desvelandome por leerla .
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