A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás
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UN REGALO
La jornada en la empresa había sido especialmente tranquila.
Andrea terminó de firmar el último documento del día y miró el reloj.
—Por fin terminamos.
Alejandro sonrió mientras cerraba una carpeta.
—Hoy fue un buen día.
—Gracias a ti. Cada vez haces mejor tu trabajo.
Él bajó la mirada con una sonrisa tímida.
—Solo intento ayudar.
Andrea guardó los documentos en su portafolio.
—¿Necesitas algo antes de irte?
Alejandro respiró hondo.
—Sí... bueno... en realidad quería darle algo.
Andrea lo miró con curiosidad.
—¿A mí?
Él asintió.
Metió la mano en el bolsillo de su saco y sacó una pequeña caja azul.
La sostuvo con ambas manos antes de extenderla hacia Andrea.
—Es para usted.
Andrea abrió ligeramente los ojos.
—Alejandro...
No era necesario.
Él sonrió con nerviosismo.
—Lo sé.
Pero quería hacerlo.
Por favor, acéptelo.
Andrea tomó la cajita con cuidado.
—Gracias.
La abrió lentamente.
Dentro descansaba un delicado collar de plata con un hermoso dije en forma de luna abrazando una pequeña estrella brillante.
Por un instante, Andrea quedó completamente en silencio.
Era un diseño elegante y lleno de delicadeza.
Pasó suavemente un dedo sobre el dije.
—Es... precioso.
Alejandro soltó el aire que había estado conteniendo.
—Me alegra que le guste.
Andrea levantó la vista.
—¿Por qué elegiste este?
Alejandro sonrió con timidez.
—Porque... cuando lo vi, me recordó a usted.
Ella lo observó sorprendida.
—¿A mí?
Él asintió.
—La luna siempre ilumina incluso en las noches más oscuras.
Y... usted hizo algo parecido conmigo.
Cuando nos conocimos, yo sentía que todo era muy difícil.
Usted me dio una oportunidad cuando nadie más lo habría hecho.
Así que... pensé que este collar era una buena forma de darle las gracias.
Andrea sintió que un cálido nudo se formaba en su garganta.
No era el valor del regalo lo que la emocionaba.
Era el significado.
Cerró la caja con cuidado.
—Es uno de los regalos más bonitos que me han dado.
Alejandro sonrió aliviado.
—¿De verdad?
—Sí.
Muchísimo.
Andrea sacó el collar de la caja.
—¿Podrías ayudarme a ponérmelo?
Alejandro abrió un poco los ojos.
—¿Yo?
Ella asintió.
—Claro.
Con las manos ligeramente temblorosas, Alejandro tomó el collar.
Andrea se giró lentamente, apartando con delicadeza su cabello para dejar libre su cuello.
Alejandro colocó la cadena con el mayor cuidado posible y cerró el broche.
Al terminar, dio un pequeño paso hacia atrás.
—Listo.
Andrea se acercó al espejo que había en el despacho.
Al ver el collar sobre su cuello, sonrió con sincera emoción.
—Es hermoso...
Se volvió hacia Alejandro.
—Muchas gracias.
Lo voy a cuidar con mucho cariño.
Él sintió que su corazón latía con fuerza.
—Me hace muy feliz escuchar eso.
En ese momento llamaron a la puerta.
—¿Mamá?
Era Adán.
Entró al despacho y, al ver el collar, sonrió de inmediato.
—¡Qué bonito!
Andrea lo tocó con una mano.
—Fue un regalo de Alejandro.
Adán miró a su amigo con una gran sonrisa.
—Tienes muy buen gusto.
Alejandro rio con algo de vergüenza.
—Gracias.
Andrea volvió a observar el dije de la luna y la estrella.
Sin que Alejandro lo notara, acarició el collar con la punta de los dedos.
No era solo una joya.
Era un recuerdo de la noche en que el destino cruzó sus caminos bajo una tormenta.
Y, sin decir una sola palabra, ambos sabían que aquel pequeño regalo guardaba un sentimiento mucho más profundo de lo que cualquiera se atrevía a expresar.