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El Lado Oscuro De Mi Tutor.

El Lado Oscuro De Mi Tutor.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:13.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Roxana Fernández

Para Alexander Rivas, el control lo es todo. Como el profesor más temido de la facultad, su arrogancia es su armadura y su intelecto, su arma más letal.

Pero cuando se cruza con Valentina Soler, una alumna que no baja la mirada y que desafía cada una de sus reglas. Siente que su dominio y autocontrol está tambaleando ante el deseo de tenerla.

​Lo que comienza como una guerra de voluntades pronto se convierte en sombras y un deseo voraz que amenaza con destruirlos a ambos.

Sin embargo, en el juego de la seducción, el peligro no es solo ser descubiertos.

Un secreto familiar, enterrado bajo años de mentiras, comienza a salir a la luz.

¿Qué pasará cuando descubran que sus vidas han estado entrelazadas desde mucho antes de conocerse?

¿Lograrán mantenerse unidos después de revelar ese secreto que puede destruirlos a ambos?

NovelToon tiene autorización de Roxana Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13. En la mira del león.

Capítulo 13

En la mira del león.

La mañana siguiente no trajo consuelo. Valentina despertó con el cuerpo aún enredado entre las sábanas de Alexander, pero la paz le duró poco.

Su celular no dejaba de vibrar desde las seis. Cuando al fin se obligó a revisar las notificaciones, el corazón le dio un vuelco.

—¿Todo bien? —preguntó Alexander, adormilado, acariciándole la espalda.

Ella no respondió al instante. Miraba fijamente la pantalla con una mezcla de terror y resignación. Un mensaje destacaba sobre todos los demás:

Su padre.

》Necesito verte hoy mismo. En casa. Urgente.

Y otro, segundos después:

》No me hagas ir a buscarte a la universidad, evita más escándalos.

—¿Es tu padre? —preguntó Alexander, incorporándose.

Valentina asintió con lentitud, sintiendo que se le cerraba el pecho.

—Ya lo sabe. O al menos, sabe lo suficiente. Me ha pedido que vaya a casa hoy.

Alexander se levantó de la cama con un suspiro largo, cruzando el cuarto sin camisa mientras se pasaba la mano por el cabello.

—¿Le dijiste algo? —preguntó con voz ronca.

—Claro que no. Alguien se lo dijo. O lo vio en las redes. Hay fotos nuestras en todos lados, Alex.

Él asintió. Caminó hasta ella y le tomó el rostro con ambas manos.

—Vamos juntos. No pienso dejarte sola con él, a fin de cuentas tú ya eres mi responsabilidad.

—No —dijo ella enseguida, tomándole las muñecas—. Necesito ir sola. Si llegas a aparecer en casa lo vas a provocar más. Quiero que me escuche a mí primero. Que vea que no soy una niña manipulada por nadie y que ya estoy en edad de tomar mis propias decisiones.

—Pero no eres consciente de lo que tu padre es capaz de decirte. De hacer. Y yo no voy a permitir que nadie te ponga un dedo encima, ni siquiera él.

—Lo sé. Créeme. Y es precisamente por eso que debo enfrentarlo sola. Él se enfadará más si te ve llegar conmigo, creerá que me estoy revelando o algo.

Alexander asintió, aunque a regañadientes. Le besó la frente, un beso largo y firme.

—Si no me escribes dentro de una hora después de llegar, yo mismo iré a buscarte. Me da igual la seguridad privada, el tamaño de su maldito ego o sus guardaespaldas. Iré por ti en contra de lo que sea que se imponga. ¿Entendido?

Ella sonrió con suavidad, aún temblando por dentro.

—Gracias.

La mansión Soler estaba silenciosa esa mañana. Demasiado tranquila para la tormenta que estaba a punto de estallar dentro de esas cuatro paredes.

Valentina cruzó la reja automática en su vehículo con las manos temblorosas en el volante. El jardín perfectamente podado y los ventanales pulidos contrastaban con el huracán de empciones que llevaba por dentro.

El mayordomo le abrió la puerta sin decir palabra, como si ya supiera el infierno que le esperaba allí dentro.

Su padre la esperaba en el despacho. De pie. Con los brazos cruzados, mirando por la ventana hacia el fondo del jardín.

—Cierra la puerta —dijo sin mirarla.

Ella lo hizo. El sonido del portazo pareció sellar su destino.

—Dime que no es cierto —empezó él, con voz gélida—. Dime que todo esto que ha salido en la prensa es mentira. Necesito oírlo de ti misma para estar tranquilo.

—No es mentira —dijo ella, alzando el rostro—. Pero tampoco es lo que todos dicen, solo quieren manipular las cosas porque me odian.

Él se giró con los ojos llenos de una furia contenida. Su impecable traje gris parecía a punto de estallar con su respiración entrecortada.

—¿Estás teniendo una relación con un hombre de cuarenta y cinco años? ¿Con tu profesor? ¿Con alguien que podría ser tu padre? ¿Sabías que es apenas dos años menor que yo? —gritó, con el rostro rojo de ira.

—No lo veas así, papá. Él no es solo mi profesor. Es mucho más que eso. Lo nuestro no empezó en un aula. No fue por interés. Ni mucho menos abuso.

—¡No me des esa basura romántica como excusa, Valentina! —rugió él, golpeando la mesa—. ¿Sabes cuántos enemigos tengo? ¿Sabes cuántas personas van a usar esto para atacarme, para hundir nuestro maldito apellido? ¿Para desacreditar mi empresa?

Gritó con furia, sus ojos ardiendo de rabia y algo peor que eso, decepción.

—¡Siempre es sobre ti! —le gritó ella de vuelta, aunque temblando—. Siempre se trata de tus negocios, de tus contactos, de tu reputación. ¡Nunca de mí, nunca de lo que yo realmente deseo! Toda mi vida ha sido prestada, todo lo que he hecho ha sido solo para beneficiarte a ti.

Él se acercó dos pasos, bajando el tono pero alzando el filo de su voz.

—¿Y tú qué crees que eres sin este apellido? ¿Sin mi protección? ¿Sin el futuro que te estoy pagando? ¿Sabes cuántos años me costó educarte para que llegaras a donde estás parada? Y ahora lo tiras todo a la basura por una aventura absurda con un profesor frustrado que ni futuro tiene.

—No es una aventura —susurró ella, con los ojos húmedos—. Es real, nos queremos y estaremos juntos pase lo que pase.

Hubo un silencio denso en el que solo las miradas hablaban.

El rostro de su padre se transformó. El desprecio en sus ojos fue como un puñal en su pecho.

—Te vas a olvidar de él. Ahora mismo. Me da igual lo que creas sentir. Me da igual si crees que es amor, capricho o vulnerabilidad. Eso termina hoy. Si no, te retiro todo. No más universidad privada. No más casa con todas las comodidades. No más cuentas con fondo ilimitado para ti. Puedes irte con él a vivir en un apartamento diminuto y ver cuánto te dura el amor sin dinero en los bolsillos.

Ella lo miró, inmóvil. Su pecho subía y bajaba con violencia, pero su voz fue serena.

—Entonces retira tu apoyo económico de una vez por todas —lo dijo tan fuerte, incluso para convencerse a sí misma.

El hombre la observó, incrédulo.

—¿Qué dijiste? —preguntó, aunque con un dejó de amenaza.

—Hazlo. Quítamelo todo. Pero no me pidas que renuncie a lo único verdadero que he tenido en años. Estoy cansada de vivir una vida que elegiste tú por mí. Estoy cansada de fingir. Alexander me mira. Me escucha. Me respeta. Me desea por lo que soy, no por el apellido que tengo.

El silencio fue absoluto.

—Muy bien. Entonces vete —dijo finalmente el hombre, volviendo a su silla—. Pero no regreses. Si sales por esa puerta, ya no eres más mi hija.

Valentina apretó los labios. No lloró. No suplicó.

Dejó las llaves sobre el escritorio y dio media vuelta, cruzó el despacho y salió de la mansión.

Y aunque el dolor le nublaba la vista, en su pecho algo se rompía... para finalmente liberarse.

Alexander la esperaba afuera. Ella subió a su vehículo en silencio, con su rostro pálido y la mandíbula apretada.

—¿Qué pasó? —preguntó él, tomando su mano—. ¿Todo bien ahí dentro?

—Acabo de perder lo que quedaba de mi familia —dijo—. Pero no pienso perderte a ti.

Él la atrajo hacia sí, abrazándola con fuerza.

—No vas a estar sola, Valen. Te juro que nunca vas a estar sola mientras yo respire.

Ella se acurrucó contra su pecho, permitiéndose llorar. Y en medio de ese llanto, el amor creció con más fuerza que nunca.

Esa noche, cuando el mundo callaba y solo el roce de las sábanas hablaba por ellos, Alexander la amó con una devoción nueva. Cada beso era una promesa. Cada caricia, una forma de decir "estoy contigo".

No hubo prisa. Solo una pasión profunda, y una ternura feroz.

Entre jadeos y gemidos ahogados, ella entendió que había hecho lo correcto. Que el fuego que ardía entre ellos no era un simple capricho, sino un destino marcado por el más puro amor.

Y, aunque el mundo los quisiera apagar, ellos seguían ardiendo juntos.

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Alcira Ascanio Felizola
excelente historia
Yura Ran
Romana muchas gracias por tan hermosa novela. excelente /Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Beer/
Yura Ran
muy hermoso y tierno. 👌😊
Xair Victoria
Ese amor es invencible ☺️
Xair Victoria
Me encanta esta novela
Marita Peña
HERMOSA HISTORIA
Marita Peña
👏👏👏👏TREMENDO FINAL
Marita Peña
NO IMPORTA EL DINERO NI LA EDAD
Marita Peña
ME IMAGINO QUE SI DUELE EN DEFINITIVAMENTE ES SU PADRE
Marita Peña
ESTA PAREJA ARDE
Marita Peña
INTERESANTE
Marita Peña
POR SUERTE TODO SALIO A LA LUZ
Marita Peña
👏👏👏
Marita Peña
HERMOSO CAPÍTULO
Marita Peña
👏👏👏POR SUERTE SE SACARON UN CLAVO
Marita Peña
SIEMPRE LO E DICHO ELLOS JUNTOS SON INVENCIBLES
Marita Peña
EXACTO JUNTOS
Marita Peña
👏👏EXCELENTE
Helizahira Cohen
he leído varias con el mismo estilo pero con diferencias
Marita Peña
Y SI TOD@S VÍCTIMAS DE ESTE SOLER
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