Novela+18
La graduación debía ser el inicio de una nueva etapa.
Para despedirse antes de tomar caminos distintos, Rei y sus amigos viajan a una cabaña aislada en medio de un bosque. Pero una violenta tormenta de nieve los deja atrapados, incomunicados y lejos de cualquier ayuda.
Rei, un joven que ha aprendido a vivir con la ceguera de su ojo derecho, pronto comienza a notar que algo no encaja en aquel lugar.
Extraños sucesos se acumulan, la tensión crece y la desconfianza empieza a dividir al grupo.
El miedo se apodera de la cabaña.
Y lo que comenzó como un viaje entre amigos pronto se transformará en una pesadilla de la que tal vez no todos regresen con vida.
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CAPÍTULO 6 — EL LAGO
Nos tomó varios minutos cambiarnos y preparar todo lo necesario para pasar el día fuera de la cabaña.
Trajes de baño.
Toallas.
Cañas de pescar.
Bebidas.
Y, por supuesto, una enorme cantidad de botanas que Akira insistió en llevar.
—¿Realmente necesitas tres bolsas de papas?
—Sí.
—¿Y cuatro refrescos?
—También.
—¿Y los chocolates?
—Sobre todo los chocolates.
—Tu alimentación me preocupa —comentó Yoru.
—Oh, vamos. Todos comeremos no solo yo.—dijo Akira.
......................
Siguiendo las indicaciones de Yoru, caminamos por un sendero que atravesaba parte del bosque.
A medida que avanzábamos, el sonido del agua comenzó a escucharse a lo lejos.
Y entonces los árboles se abrieron.
Mis ojos se agrandaron.
Ante nosotros apareció un lago enorme de aguas cristalinas.
Las montañas nevadas se elevaban majestuosamente en el horizonte.
El bosque rodeaba la orilla como una muralla verde.
La superficie del agua reflejaba el cielo azul y las nubes blancas.
Era el lugar más hermoso que había visto en mi vida.
Me quedé inmóvil.
—Qué hermoso...
Aoi sonrió.
—Es increíble.
Incluso Akira permaneció unos segundos admirando el paisaje.
Lo cual era raro.
Muy raro.
Porque al segundo siguiente gritó:
—¡AL AGUA!
Y se lanzó de cabeza al lago.
Una enorme salpicadura se elevó varios metros.
—¡Está helada! —gritó desde el agua.
—¡Entonces por qué te lanzaste! —preguntó Haru.
—¡Porque soy valiente!
—¡Porque eres un idiota!
Todos estallamos en carcajadas.
......................
Las horas siguientes fueron tranquilas.
Y felices.
Nadamos.
Jugamos.
Tomamos fotografías.
Incluso intenté aprender a pescar.
Aunque los resultados fueron bastante cuestionables.
—Rei, el pez no va a saltar directamente a tus brazos —dijo Haru.
—Nunca se sabe.
—Sí si si.
—¡Déjame soñar!
Mientras tanto, Akira seguía entrando y saliendo del agua como una criatura marina hiperactiva.
Aoi no dejaba de reír.
Y Haru parecía incapaz de apartar los ojos de ella.
Aquello era tan evidente que llegó un momento en que todos nos cansamos de fingir que no lo notábamos.
Akira, como era de esperarse, fue el primero en cansarse de quedarse quieto.
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras observaba a Haru y Aoi.
Era tan evidente que se gustaban que ya resultaba desesperante.
Akira se acercó al grupo.
—Oigan.
Haru levantó la vista.
—¿Qué?
Akira señaló una zona del bosque cercana al lago.
—¿Por qué no van a caminar por allá?
—¿Por qué? —preguntó Haru desconfiado.
—Porque hace rato vi unos conejitos entre los árboles.
Los ojos de Aoi brillaron al instante.
—¿Conejitos?
—Sí —afirmó Akira con absoluta seriedad—. Eran muy lindos.
—¡Quiero verlos!
Akira sonrió internamente.
—Entonces deberían ir antes de que se escondan.
Aoi se volvió hacia Haru.
—¿Vamos?
—Eh... sí, claro.
La joven tomó la delantera sin sospechar nada.
Antes de alejarse, Haru giró ligeramente la cabeza.
Akira le guiñó un ojo.
Yo levanté un pulgar.
Yoru hizo exactamente lo mismo.
Haru comprendió de inmediato.
—Malditos...
—Ve, campeón —susurró Akira.
—Es ahora o nunca —añadí.
—No desaproveches la oportunidad —dijo Yoru acomodándose los lentes.
Haru negó resignado mientras una ligera sonrisa aparecía en su rostro.
Chicos, son lo máximo.
Luego siguió a Aoi sendero adentro.
......................
Mientras tanto, nosotros permanecimos junto al lago.
Akira se dejó caer sobre el césped.
—Si después de esto no se confiesa, me rindo.
—Yo también —respondí.
Yoru soltó una pequeña risa.
—Definitivamente lo hará.
—¿Tan seguro estás? —pregunté.
—Lo conozco.
Volví a mirar hacia el sendero por donde habían desaparecido.
Esperaba que Yoru tuviera razón.
......................
Cuando finalmente regresaron al lago, ambos intentaban actuar con normalidad.
Fracasaron miserablemente.
Aoi no dejaba de sonreír.
Haru tampoco.
Y cuando los vimos llegar tomados de la mano, Akira saltó de su lugar.
—¡LO LOGRARON!
—¡Ya era hora! —grité.
Aoi se puso completamente roja.
Haru soltó una carcajada avergonzada.
Yoru simplemente sonrió satisfecho.
......................
Más tarde, cuando la emoción se calmó, regresamos a nuestras actividades.
Yo estaba sentado cerca de la orilla pescando junto a Yoru.
El agua se movía suavemente.
El bosque permanecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Fue entonces cuando lo vi.
Algo se movió entre los árboles.
Una sombra.
Rápida.
Oscura.
Desapareció casi de inmediato.
Mi cuerpo se tensó.
Fruncí el ceño.
¿Qué diablos fue eso?
Dejé de mover la caña durante unos segundos.
Intenté volver a localizar aquello.
Pero no vi nada.
Solo árboles.
Solo sombras.
Solo bosque.
—¿Pasa algo? —preguntó Yoru.
Volví a la realidad.
—No...
Forcé una sonrisa.
—No es nada.
Yoru me observó unos segundos más.
Como si no terminara de creerme.
Pero finalmente volvió a concentrarse en la pesca.
Yo hice lo mismo.
Aunque aquella sensación incómoda permaneció conmigo.
......................
Un rato después observé a mis amigos.
Akira seguía nadando como si fuera inmune al cansancio.
Haru y Aoi permanecían juntos.
Tomados de la mano.
Besándose cada vez que creían que nadie los observaba.
Lo cual era inútil.
Porque todos los observábamos.
Suspiré.
—¿Cuándo tendré una pareja yo también...?
Yoru giró la cabeza.
—¿Dijiste algo?
—Nada.
—Mhm.
Justo entonces su caña se dobló.
—¡Tengo algo!
Sus ojos se iluminaron.
—¡Rei! ¡Rei! ¡Mira!
Tiró con fuerza.
La emoción en su rostro era tan genuina que parecía un niño pequeño.
No pude evitar reír.
—Tranquilo o el pez te llevará a ti.
—¡Es enorme!
—Eso dijiste la última vez.
—Esta vez es verdad.
Su entusiasmo era contagioso.
Y por un momento olvidé completamente aquella sombra.
......................
Más tarde volvimos al agua.
La tarde avanzaba lentamente.
El lago reflejaba la luz del sol.
Nadábamos sin preocupaciones.
Yo me alejé un poco de la orilla.
Nada demasiado lejos.
Solo lo suficiente para disfrutar del agua.
Entonces ocurrió.
Algo rozó mi pie.
Me sobresalté.
Miré hacia abajo.
No vi nada.
Probablemente mi pie rozo una planta...
Intenté continuar nadando.
Pero de pronto sentí un fuerte tirón.
Algo sujetó mi tobillo.
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué...?
La fuerza aumentó.
Me arrastró hacia abajo.
El agua cubrió mi cabeza.
Intenté patear.
Liberarme.
Pero aquello seguía tirando.
El pánico explotó dentro de mí.
Abrí los ojos bajo el agua.
Todo era confuso.
Oscuro.
Borroso.
Intenté subir.
No pude.
Mis pulmones comenzaron a arder.
Escuché gritos distantes.
Muy lejanos.
Como si vinieran de otro mundo.
Y entre todos ellos distinguí una voz.
La voz de Yoru.
—¡REI!
Después todo se volvió negro.
Lo siguiente que sentí fue una presión sobre mi pecho.
Dolor.
Tos.
Y una sensación insoportable en los pulmones.
Escuché voces.
Muchísimas voces.
—¡Rei!
—¡Respira!
—¡Vamos!
Entonces abrí los ojos.
Y expulsé una gran cantidad de agua.
Comencé a toser violentamente.
El aire volvió a entrar en mis pulmones.
Dolía.
Pero era aire.
Estaba vivo.
Parpadeé varias veces.
Lo primero que vi fue el rostro de Yoru inclinado sobre mí.
Su expresión estaba llena de preocupación.
Más preocupación de la que jamás le había visto mostrar.
A mi alrededor, Haru, Aoi y Akira observaban con rostros pálidos.
—Rei... —murmuró Yoru.
Su voz sonó temblorosa.
—¿Estás bien?
Intenté responder.
Pero solo conseguí toser otra vez.
Y mientras recuperaba lentamente el aliento, una única pregunta ocupaba mi mente.
Porque estaba seguro de algo.
Yo no me había hundido solo.
Algo había tirado de mí hacia las profundidades del lago.