Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 13
Han pasado tres días desde el arresto de Alejandro.
Tres días en los que Scarlett no ha podido verlo. Tres días en los que ha estado confinada en un apartamento seguro del FBI, con un agente custodiando la puerta las veinticuatro horas. Por tu protección, dice Williams. Para que no te pase nada.
Scarlett sabe que es mentira. Es para controlarla. Para asegurarse de que no intente contactar a Alejandro, de que no interfiera en el interrogatorio.
Pero esta noche algo cambia.
El teléfono seguro suena a las 2 AM. Scarlett se despierta sobresaltada, el corazón latiéndole con fuerza. Solo una persona tiene este número en caso de emergencia.
—¿Diga?
—Scarlett
la voz de Williams es tensa, diferente.
— Tengo malas noticias.
Ella se incorpora en la cama, apretando el teléfono.
—¿Qué pasa?
—Alejandro. Lo han sacado de la custodia.
—¿Qué, Cómo?
—Traslado programado a otra instalación. La caravana fue interceptada hace una hora. Tres agentes muertos. Él... desapareció.
El mundo se detiene.
Scarlett siente que las palabras no entran, que no pueden ser ciertas. Alejandro libre. Alejandro en manos de quién sabe quién.
—¿Quién fue?
pregunta, su voz apenas un susurro.
—No estamos seguros. Pero hay un nombre que aparece en todas nuestras hipótesis, Marcos.
—Marcos
repite ella, y el nombre sabe a veneno.
—Sí. Parece que alguien dentro de la organización filtró la información del traslado. Y Marcos actuó rápido.
—No hay ninguna noticia de Alejandro?
—No. No tenemos noticias de él. Pero si Marcos lo tiene...
Williams hace una pausa.
— Scarlett, Marcos no es como los demás. Si descubrió que Alejandro iba a testificar contra su padre, contra la familia... Sabes que es el próximo en la lista de buscados. No es un delincuente facil.
—Lo va a matar.
El silencio de Williams es la única respuesta que necesita.
Scarlett se levanta de la cama, la mente funcionando a mil por hora. El entrenamiento del FBI pugna por imponerse, por encontrar una solución lógica, racional. Pero el corazón le grita otra cosa, Alejandro está en peligro. Alejandro puede estar muriendo en este mismo momento.
—Voy a buscarlo
dice.
—¿Estás loca? No sabes dónde está, no sabes nada. Y estás embarazada.
—Precisamente por eso. Ese bebé necesita a su padre. Y yo necesito a Alejandro.
—Scarlett, escúchame. No puedes...
Pero ella ya no escucha. Cuelga el teléfono y comienza a vestirse. Ropa oscura, cómoda, la que usaba en las misiones. El arma que siempre guarda en la mesilla de noche. Y en el bolsillo, una fotografía, la única que tiene de Alejandro, tomada a escondidas una mañana mientras dormía.
—Voy por ti
susurra
—Espérame.
Salir del apartamento seguro es más fácil de lo que debería ser. El agente de la puerta es joven, inexperto, y Scarlett ha entrenado a docenas como él. Una distracción, un golpe preciso, y en menos de un minuto está en la calle, desapareciendo en la noche.
No tiene un plan. No sabe a dónde ir. Pero conoce a Marcos. Sabe cómo piensa, cómo actúa. Durante las semanas que pasó en la mansión de Alejandro, escuchó conversaciones, aprendió las dinámicas de la organización. Marcos es un hombre de instintos, de impulsos. No va a esconder a Alejandro en un lugar sofisticado. Va a llevarlo a algún sitio con significado, algún sitio donde pueda disfrutar de su venganza.
Y Scarlett sabe exactamente dónde.
El almacén abandonado en los muelles es un lugar que Alejandro mencionó una vez. Allí empezó todo, dijo, una noche de confesiones entre sábanas revueltas. Marcos y yo crecimos juntos en ese barrio. Ese almacén era nuestro escondite cuando éramos niños.
Si Marcos quiere hacer daño a Alejandro, lo hará allí. En el lugar que una vez fue sagrado para ambos. La máxima traición.
Scarlett conduce el coche robado con las luces apagadas, acercándose sigilosamente. Cuando el almacén aparece a lo lejos, ve luces en el interior. Sombras que se mueven.
Y en el suelo, atado a una silla, un hombre, tatuado, con la cabeza gacha.
Alejandro.
Scarlett contiene el aliento. Está vivo.
Pero no por mucho tiempo.
Marcos está frente a él, gesticulando, gritando algo que no alcanza a oír. Hay otros hombres, al menos cuatro, armados. Scarlett evalúa la situación con la mirada fría de la agente que fue, imposible entrar por la fuerza. Necesita un plan.
Entonces lo ve.
Una ventana en la parte trasera, rota, apenas cubierta con una tabla. Si puede llegar sin ser vista...
Diez minutos después, Scarlett está dentro.
Se mueve como una sombra, como le enseñaron en Quantico, como ha hecho cien veces antes. Pero ahora hay más en juego. Ahora no es solo su vida. Es la de Alejandro. Es la de su hijo.
Las voces se escuchan más cerca.
—...siempre fuiste un estúpido, Alejandro
dice Marcos
—Creyéndote superior, creyéndote mejor. Y mira dónde estás ahora. Por una mujer.
—No hables de ella.
—¿Qué, La federal, La que te utilizó y te entregó?
Marcos ríe.
—Pobre iluso. Todavía la defiendes.
—Mientes!
—Claro que no, eres un idiota. Pero yo sí sé. Sé que ibas a testificar contra tu padre. Contra todos nosotros. Por ella. Por esa mujer.
—Iba a testificar para proteger a mi hijo. Es diferente.
—¿Tu hijo?
Marcos ríe más fuerte.
—¿Crees que esa mujer va a tener a tu hijo, Crees que el FBI va a permitir que un criminal como tú tenga descendencia? Te mintió siempre y te sigue mintiendo.
Alejandro levanta la cabeza. Aunque golpeado, aunque sangrando, sus ojos negros aún tienen fuego.
—No sabes nada de ella.
—Sé que no está aquí. Sé que no vino a salvarte. Sé que cuando la necesitaste, desapareció.
Las palabras golpean a Scarlett como un puñetazo. Pero no se detiene. Sigue avanzando, escondiéndose tras cajas oxidadas, acercándose cada vez más.
—Pero te voy a hacer un favor
continúa Marcos.
—Antes de morir, vas a saber la verdad. Esa mujer, tu preciosa Scarlett, fue quien filtró la información de tu traslado.
Alejandro se tensa.
—Mientes.
—¿Crees? Tengo contactos en el FBI, igual que ella los tenía en nuestra organización. Ella quería que te atraparan. Quería deshacerse de ti y quedarse con todo. El mérito del arresto, la gloria, y encima tu dinero.
—No es verdad.
—¿No? Entonces ¿por qué no está aquí, Por qué no vino?
—Porque no sabe dónde estoy.
—¿No?
Marcos se inclina, acercando su rostro al de Alejandro.
—Le envié un mensaje hace una hora. Dándole la dirección. Diciéndole que si quería verte con vida, viniera sola.
Sonríe.
—Y no ha venido. ¿Aún crees en ella?
Alejandro cierra los ojos. El dolor en su rostro es tan físico que Scarlett lo siente en sus propios huesos.
Pero entonces ocurre.
Scarlett sale de las sombras.
—Estoy aquí.
Todas las armas se giran hacia ella. Marcos se vuelve, sorprendido, pero una sonrisa cruel se dibuja en su rostro.
—Bueno, bueno. La federal viene al rescate. Qué conmovedor.
—Suéltalo, Marcos.
—¿O qué, Vas a dispararme, Con esa armita? Mis hombres te matarán antes de que puedas apretar el gatillo.
Scarlett mantiene el arma firme, apuntando directamente a su cabeza.
—Puede ser. Pero tú serás el primero en caer.
—Scarlett
la voz de Alejandro es ronca, rota.
—Vete. Lárgate de aquí.
—No.
—Estás embarazada. No puedes...
—Puedo. Y lo haré.
No aparta la mirada de Marcos.
—Suéltalo o mueres.
Marcos la observa largamente. Algo en sus ojos cambia. Ya no es solo crueldad, es admiración.
—Eres increíble
dice.
—De verdad. Una mujer como tú, enfrentándose a todo por un hombre. Nunca vi algo igual.
—No me importa lo que hayas visto. Suéltalo.
—O podemos hacer un trato.
—¿Un trato?
—Sí.
Marcos da un paso hacia ella.
—Tú te quedas conmigo. Y él se va.
Alejandro se debate en sus ataduras.
—¡No, Scarlett, no!
—Cállate
le dice Marcos sin mirarlo.
—¿Qué dices, federal? Tu vida por la suya.
Scarlett mira a Alejandro. Mira a Marcos. Mira su vientre, donde su hijo crece.
Luego baja el arma.
—Acepto.
—¡No!
grita Alejandro.
— ¡Scarlett, no hagas esto!
Ella lo mira con los ojos llenos de lágrimas.
—Te quiero
dice.
—Scarlett...
—Llévenselo
ordena Marcos.
Dos hombres desatan a Alejandro y lo arrastran hacia la puerta. Él lucha, patalea, grita su nombre. Pero es inútil.
Cuando desaparece en la oscuridad, Marcos se acerca a Scarlett.
—Valiente
murmura.
— Y tonta. Pero valiente.
Ella lo mira sin miedo.
—Si le haces daño, te mato.
—No le haré daño.
Sonríe.
—Te tengo a ti. Eres mucho mejor premio.
Scarlett siente que el mundo se derrumba.
Pero en algún lugar, en la oscuridad, Alejandro corre hacia la libertad.
Y jura que volverá por ella.
Cueste lo que cueste.