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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13

 

Ximena no entendió qué quería.

 

Se acercó a Héctor.

 

Él le sujetó la muñeca, la jaló hacia sus brazos y le dio un beso suave en los labios.

 

-¿Así sí tiene chiste?

 

Ximena se puso roja hasta las orejas. La mirada se le fue hacia un lado.

 

Quiso apartarlo, pero Héctor aprovechó el movimiento y la tumbó sobre la cama.

 

-Héctor, ¿qué haces?

 

Tenía la cara encendida y no se atrevía a mirarlo.

 

-Algo que hacen los esposos. Recuerdo que cuando yo todavía no despertaba, tú intentaste besarme a escondidas. ¿Ahora te da miedo?

 

-Yo no te besé a escondidas. Eso fue un intento fallido.

 

-Pero la intención la tenías.

 

Bueno.

 

Eso sí no podía negarlo.

 

Esa noche, Héctor fue demasiado paciente. La besó despacio, la tocó con cuidado, y todo pasó como si el cuerpo hubiera entendido antes que la cabeza.

 

Tal vez desde esa noche, Ximena empezó a sentir, de verdad, que era la esposa de Héctor.

 

Pero también sabía algo con demasiada claridad.

 

Para él, eso solo era cumplir una obligación.

 

La mujer que ocupaba su corazón no era ella.

 

Eso lo entendía.

 

Al amanecer, Héctor se levantó y vio el hombro blanco de Ximena asomado entre las sábanas.

 

No se aguantó. Se inclinó y la besó otra vez, apenas.

 

La noche anterior se había comportado como un muchacho sin experiencia. Nunca había deseado así a una mujer. Su vergüenza, sus mejillas rojas, cada reacción suya, lo habían dejado sin control.

 

Nunca una mujer lo había tenido pensando tanto.

 

Ni siquiera quería ir a la empresa.

 

Héctor respiró hondo. En la boca se le formó una sonrisa leve que ni él mismo notó.

 

Cuando Tomás vio bajar al señor de la casa tan despejado y de tan buen humor, se movió de inmediato para servir el desayuno.

 

-Señor, esta sopa nutritiva la mandó preparar la señora especialmente para usted. Tiene que tomarla.

 

-Estos panecillos vienen recién hechos. Coma unos cuantos.

 

-Y esta leche la pidieron de importación. La señora dijo que usted también debe tomar un vaso.

 

Héctor se sentó frente a la mesa cargada y miró a Tomás.

 

-¿Ximena desayuna así todos los días?

 

-A la señora Ximena le gusta comer ligero. Normalmente toma unas tostadas y un vaso de leche.

 

-Tomás, ponle más atención. Desde ahora prepárale también desayunos completos. Últimamente está cansada.

 

Tomás entendió de inmediato.

 

-No se preocupe, señor. La señora Lourdes ya me dejó instrucciones. Como la señora Ximena está embarazada, su nutrición tiene que estar al día. Ya tengo todo preparado.

 

-Aunque no esté embarazada, tiene que estar bien alimentada.

 

-Sí, señor.

 

Tomás siguió sirviendo con cuidado. Cuando vio que Héctor casi terminaba, habló otra vez.

 

-Señor, hoy es sábado. ¿También irá a la empresa?

 

-Sí.

 

-La señora Lourdes me pidió preguntarle por la fiesta de cumpleaños de Don Mateo, mañana. ¿Usted y la señora Ximena asistirán? Si no tienen tiempo, ella puede avisar.

 

Héctor tomó una servilleta y se limpió la boca.

 

-Los Alcázar y la familia de Don Mateo se conocen desde hace años. Además, Ximena tiene una relación especial con esa casa. No ir se vería mal. Dile a mi mamá que iremos juntos.

 

-Claro, señor.

 

Cuando Ximena despertó, no se levantó de inmediato.

 

Se quedó escondida bajo las cobijas, mandándose mensajes con Renata.

 

Al saber que Santiago también asistiría al cumpleaños de Don Mateo, se le revolvió un poco el pecho.

 

Renata le mandó un audio:

 

-Xime, yo apenas me enteré de que mi familia tiene parientes lejanos con tanto dinero. Mi mamá sí sabe guardar secretos. Si ves a mi hermano, no te pongas nerviosa, ¿eh?

 

Ximena apretó el botón para responder.

 

-¿No puedes ir tú en su lugar?

 

Renata contestó al segundo.

 

-Mi hermano insistió en ir. Además, es familia lejísimos. Con que vaya alguien a felicitar basta. Imagínate, Don Mateo es pariente de mi abuela por una rama que ni entiendo. ¿Para qué ir todos?

 

-Sí. Qué flojera.

 

-¿Tú tampoco quieres ir?

 

Ximena mandó otro audio, sin vida en la voz.

 

-Claro que no. Pero parece que no puedo evitarlo.

 

-Tonta. Es una oportunidad buenísima. Además, escuché que invitaron a varios famosos.

 

Ximena también sabía que era una oportunidad perfecta para que su identidad saliera a la luz.

 

Pero algo en el pecho se le sentía raro.

 

La fiesta de Don Mateo se celebró en el Gran Hotel de la ciudad. Habían montado ochenta y ocho mesas.

 

Desde temprano, la entrada estaba llena de reporteros con cámaras enormes. La alfombra roja se extendía varios metros.

 

Al caer la noche, los invitados empezaron a llegar.

 

Los flashes explotaban uno tras otro, más brillantes que las luces del hotel.

 

El coche de Héctor se detuvo despacio.

 

Un valet con saco negro impecable y guantes blancos abrió la puerta con una cortesía perfecta.

 

La pierna larga de Héctor salió primero.

 

Las cámaras ya estaban listas.

 

Él bajó, se abrochó el saco y extendió la mano hacia el interior del coche.

 

Una mano pequeña y suave se apoyó en la suya.

 

Ximena llevaba un vestido corto de tul azul humo, bordado a mano. El escote dejaba los hombros al descubierto, y en el cuello traía un collar de diamantes de valor escandaloso.

 

Todo anunciaba el lugar que ocupaba como esposa de Héctor Alcázar.

 

El vestido de esa noche lo había elegido Héctor. El corte y el color eran jóvenes, frescos. La falda caía hasta las rodillas y dejaba ver sus piernas delgadas.

 

El maquillaje era limpio. Cuando giró apenas la cabeza y sonrió, más de un flash se volvió loco.

 

Ximena tomó el brazo de Héctor y subieron los escalones.

 

Héctor era la noticia favorita de la ciudad.

 

Diez meses atrás, había quedado gravemente herido, inconsciente, casi condenado a no despertar nunca.

 

Después se supo que se había casado con una muchacha de origen humilde por un arreglo de la familia. Lo increíble era que, después de esa boda, despertó.

 

Y la esposa era demasiado hermosa.

 

Podía opacar a más de una actriz famosa.

 

La conductora que cubría el evento desde la entrada vio a la pareja y casi saltó de emoción.

 

Levantó el micrófono.

 

-Señor Alcázar, ¿puede saludar al público?

 

Héctor inclinó apenas la cabeza. No tenía intención de quedarse.

 

La conductora dio un paso rápido y los detuvo.

 

-Señor Alcázar, la joven que lo acompaña es...

 

-Mi esposa.

 

Héctor bajó los ojos hacia Ximena.

 

Los flashes se aceleraron como si nadie quisiera perder ese segundo.

 

Ximena sintió que quizá no hacía falta tanta escena, pero también entendía que tal vez así debía ser.

 

-Entonces ella es la famosa señora Alcázar. Es muy joven y muy guapa. Se decía que usted y la señorita Valeria Robles eran pareja. ¿Terminaron porque se casó por ese arreglo familiar?

 

Esa pregunta tocó un punto prohibido.

 

Peor todavía, Ximena estaba ahí.

 

La conductora preguntaba por la ex de Héctor frente a su esposa, y encima usaba aquella boda como si fuera un chisme de mal gusto.

 

La cara de Héctor se enfrió.

 

Mientras la conductora esperaba respuesta, los reporteros volvieron a agitarse.

 

Valeria Robles bajó de un coche con un vestido negro de diseñador, escote profundo y cola larga.

 

Alta, sensual, segura de sí misma.

 

Las cámaras se movieron hacia ella de inmediato.

 

Detrás de la mujer que le helaba la mano a Ximena venía un hombre que le hizo el pecho todavía más pesado.

 

Santiago Núñez.

 

¿Cómo había llegado en el mismo coche que una actriz?

 

Algo en esa escena se sentía demasiado armado.

 

La cara de Ximena perdió color.

 

Los reporteros estaban enloquecidos.

 

Toda la prensa de la ciudad conocía la historia de Héctor y Valeria.

 

Valeria había sido la única novia que Héctor había reconocido.

 

Exnovia y esposa actual en la misma entrada.

 

Aquello era carnada perfecta.

 

Y, en ese mismo momento, el hombre que venía detrás de Valeria cruzó la mirada con Ximena.

 

Las cámaras capturaron el gesto al instante.

 

¿Qué era eso ahora?

 

¿Acaso esas dos parejas tenían pasados cruzados?

 

La conductora, excitada por el escándalo, levantó el micrófono hacia Ximena.

 

-Señora Alcázar, ¿podría decirnos...?

 

Héctor apartó el micrófono con la mano.

 

-Ella no responde preguntas.

 

-¿El señor Alcázar teme que entre su esposa y su antigua pareja salten chispas?

 

La conductora preguntó como si no le importara vivir.

 

El rostro de Héctor ya estaba negro de enojo. Aquella mujer no sabía leer el ambiente y lo había hartado.

 

-¿Por qué hablas tanto? ¿Qué tiene que ver contigo? ¿No tienes otra cosa que hacer?

 

-Señor Alcázar, señor Alcázar, todavía no responde...

 

Ximena apartó la mirada, nerviosa, y siguió los pasos de Héctor hacia el hotel.

 

Don Mateo ya estaba en la mesa principal.

 

Al ver a Héctor y Ximena llegar tomados de la mano, se levantó para recibirlos.

 

-Héctor, qué gusto que viniste.

 

Tomó la mano de Héctor para saludarlo y luego miró a Ximena.

 

-Ximena, ya eres toda una mujer.

 

Ximena forzó una sonrisa incómoda.

 

-Feliz cumpleaños, tío Mateo.

 

Don Mateo había calculado muchas cosas en su vida, pero nunca imaginó que Ximena terminaría casada con un Alcázar.

 

Antes del accidente de Héctor, él había pensado presentar a su propia nieta como posible pareja. Incluso lo había comentado con Lourdes.

 

En ese momento Lourdes lo veía con buenos ojos, pero Héctor nunca aceptó.

 

El asunto se quedó ahí.

 

Después Héctor sufrió el accidente. Todas las jóvenes de la alta sociedad que alguna vez lo admiraron tomaron distancia. Don Mateo, por supuesto, no iba a empujar a su nieta a ese pozo.

 

Nunca esperó que Héctor se casara con Ximena y, además, despertara.

 

-Ximena, tu mamá y tu abuelo se fueron demasiado pronto. Yo tampoco he tenido buena salud estos años y no pude cuidarte. No me guardas rencor, ¿verdad?

 

La gente podía ser muy descarada.

 

Quería marcar distancia, pero al mismo tiempo ponerse máscara de cariño, culpa y nostalgia.

 

A Ximena le revolvió el estómago.

 

-Usted y yo no tuvimos tanta convivencia, tío Mateo. Que no pudiera cuidarme entra dentro de lo normal. No le guardo rencor.

 

-Siempre fuiste una niña sensata.

 

Ahora Don Mateo fue quien quedó incómodo.

 

Héctor entregó el regalo: una pieza de obsidiana pulida, montada en plata, de colección.

 

Don Mateo quedó satisfecho y los invitó a pasar.

 

-Qué bueno que vinieron. Siéntense un rato. Voy a saludar a otros invitados.

 

-Adelante, Don Mateo.

 

La música empezó.

 

Poco a poco, varias parejas entraron a la pista.

 

A Ximena no le interesaban esas actividades sociales. Se quedó tranquila junto a Héctor. Cuando alguien la invitaba a bailar, rechazaba con educación.

 

-¿No quieres bailar o no sabes? -preguntó Héctor.

 

-No quiero. Y tampoco sé mucho.

 

En ese momento, Santiago se acercó.

 

Miró a Ximena y, como los demás hombres que la habían invitado, extendió la mano con cortesía.

 

-¿Me permites una pieza?

 

Santiago tenía un rostro limpio, amable, un aire educado.

 

Ximena no se atrevió a sostenerle la mirada demasiado tiempo.

 

-Lo siento. No tengo muchas ganas de bailar.

 

-¿O temes que el señor Alcázar no esté de acuerdo?

 

Santiago miró a Héctor con una provocación casi abierta.

 

-Imagino que el señor Alcázar no será tan celoso.

 

Héctor no había investigado a fondo la historia entre Ximena y Santiago.

 

Pero esa corriente pequeña, vieja, todavía viva entre los dos, la podía sentir.

 

-Puesto así, parece que yo soy el maleducado -dijo Héctor.

 

Estaba por soltar la mano de Ximena, pero ella la apretó de golpe.

 

Héctor bajó la mirada hacia sus dedos entrelazados. Pasó un segundo antes de volver a levantar los ojos.

 

-Parece que mi esposa hoy no está interesada en bailar.

 

Entre hombres, la guerra podía ser silenciosa.

 

-¿No está interesada o tiene miedo? -preguntó Santiago.

 

Comparado con la presión de Santiago, Héctor se mantuvo tranquilo.

 

-Eso tendrías que preguntárselo a nuestra Ximena.

 

Cuando la mirada de Santiago volvió al rostro de Ximena, su voz se suavizó.

 

-Tengo algo que decirte. ¿Ni diez minutos me das?

 

Ximena quedó atrapada.

 

Irse a solas con un hombre de relación poco clara, frente a su esposo, no tenía sentido.

 

Pero Héctor habló, como si quisiera ahorrarle el forcejeo.

 

-Parece que el señor Núñez trae un asunto urgente. Son diez minutos. Tu esposo no es tan mezquino.

 

Al final, Ximena soltó la mano de Héctor y entró con Santiago a la pista.

 

Apenas ella llegó a la pista, Valeria se acercó a Héctor con una copa de vino.

 

-¿No me invitas a bailar?

 

Héctor la miró sin emoción.

 

-Te equivocaste de persona.

 

Valeria miró hacia Ximena y Santiago, luego bajó la cabeza con una risa suave.

 

-Veo que no conoces bien el pasado de Ximena.

 

-¿Y tú cuánto sabes de ella?

 

-Lo suficiente para saber que ellos se gustaban desde los quince o dieciséis.

 

Valeria bebió un sorbo de vino.

 

-Ese tipo de sentimientos son los que menos se sueltan, ¿no crees?

 

Héctor no respondió.

 

Solo miró hacia la pareja joven en la pista.

 

Ximena estaba molesta.

 

-Santiago, ¿qué intentas hacer? Ya te dije muy claro que nosotros nunca empezamos y no vamos a empezar ahora. Hacer esto me pone en una posición horrible, ¿lo entiendes?

 

Que Santiago se enfrentara así a Héctor no le traía nada bueno a nadie.

 

Si Héctor era un hombre pequeño, podía hacerles daño a ambos.

 

-Si no fuera por ti, yo no estaría aquí hoy -dijo Santiago-. Ximena, me gustas. No quiero quedarme sentado sin hacer nada. Héctor tarde o temprano se va a divorciar de ti. Despierta.

 

Santiago hablaba como si fuera dueño de una verdad que ella no veía.

 

Ximena apretó los labios.

 

-Cuando me divorcie, hablamos. Pero todavía no me divorcio.

 

-Ximena...

 

Ximena sabía que lo de Santiago era más arrepentimiento que amor.

 

No haberse declarado cuando pudo era arrepentimiento.

 

Enterarse de que ella se había casado con Héctor también era arrepentimiento.

 

¿De verdad era porque la amaba?

 

Tal vez había algo de eso.

 

Pero no era todo.

 

-Santiago, tú sabes cómo estoy ahora. La casa de mi mamá todavía no vuelve a mis manos. El tratamiento de mi hermano cuesta muchísimo. No puedo separarme de los Alcázar, así como así.

 

Lo miró de frente.

 

-Y además, lo que sientes por mí es más bien esa inquietud de lo que no pudiste tener, ¿no?

 

Quizá porque el análisis fue demasiado directo, o quizá porque entendía la situación de Ximena, Santiago no dijo nada durante un buen rato.

 

Cuando terminó la canción y se separaron, Ximena habló otra vez.

 

-No hagas más tonterías. Empieza bien tu vida. Así tú vas a estar más tranquilo y yo también.

 

Valeria se acercó a Santiago con una copa en la mano.

 

-¿Te duele no tenerla? En realidad, ellos solo están juntos por conveniencia. Todavía tienes oportunidad.

 

Santiago bajó los ojos hacia el maquillaje perfecto de Valeria. La miró unos segundos.

 

-Ja.

 

Ximena volvió junto a Héctor y se sentó.

 

Héctor no habló, pero ella sintió que debía explicar algo.

 

-No es como te imaginas.

 

Él giró apenas la mirada.

 

-¿Cómo me lo imagino?

 

-Sé que quizá no te importa, pero como estamos casados, tengo obligación de explicarte mi relación con Santiago. Él y yo no somos ex.

 

-¿Entonces qué son?

 

Ximena se detuvo.

 

¿Qué eran?

 

No lo sabía.

 

¿Amigos?

 

¿Familia?

 

¿Otra cosa?

 

-Es el hermano de mi mejor amiga. Nos conocemos desde chicos. Si tengo que ponerle nombre, tal vez es como familia.

 

Héctor levantó una ceja.

 

¿Familia?

 

Alguien se acercó a saludar a Héctor. Ximena tomó una copa de vino y bebió un sorbo.

 

No sabía si Héctor creía su explicación.

 

Pero al menos ella había dicho lo que debía decir.

 

Después se levantó para ir al baño.

 

Al salir, vio a Valeria frente al espejo, retocándose el maquillaje.

 

Ximena quiso rodearla, pero Valeria la detuvo.

 

-Señorita Ximena, ¿no le da curiosidad saber por qué Santiago y yo llegamos en el mismo coche?

 

-No me interesa.

 

La voz de Ximena fue fría.

 

-¿No te parece que estás cayendo muy bajo? Por dinero pudiste casarte con un hombre inconsciente. Por dinero puedes quedarte pegada a un hombre que no te ama.

 

Las palabras de Valeria le picaron profundo.

 

¿Por qué cualquiera se sentía con derecho a sermonearla?

 

Lourdes, Tomás, Camila. Y ahora una actriz que apenas le hablaba por primera vez.

 

¿Con qué derecho?

 

-Si caigo bajo o no, ¿a ti qué? ¿Vives junto al mar o por qué tan metida?

 

Ximena soltó la grosería sin filtrarla.

 

En todos lados había gente buscando que la pusieran en su lugar.

 

Valeria no se enojó. Cruzó los brazos y caminó hasta quedar frente a ella.

 

-Solo quiero recordarte que el amor verdadero no se encuentra fácil. Si Santiago te quiere tanto, ¿para qué te quedas con Héctor? Él solo puede darte dinero. Si te falta dinero, yo puedo dártelo.

 

-Yo creo que usted no vino a recordarme nada, señorita Robles. Usted está celosa hasta los huesos.

 

Ximena miró con frialdad a la mujer de maquillaje perfecto.

 

-Tiene el mismo problema que Santiago.

 

Valeria entendió que la estaba insultando, pero no entendió cómo.

 

-¿Qué quieres decir?

 

-Que no pudo ser la señora Alcázar, no pudo meterse en la cama de Héctor, y ahora anda sufriendo todas las noches. Por eso busca cómo romper la casa de alguien más. Si trae tanta comezón, búsquese un hombre libre. Deje de mirar al marido ajeno.

 

-¿Qué? ¿Comezón? Ximena, habla claro.

 

Valeria se puso pálida y luego roja.

 

-Bueno. Como veo que le cuesta trabajo, se lo digo más claro: cuando una anda caliente, conviene tener tantita dignidad.

 

Ximena sonrió con gusto.

 

-Tú...

 

Ximena salió del baño con la cabeza en alto, pero casi chocó con alguien en la puerta.

 

-Perdón.

 

El hombre no dijo nada durante un momento.

 

Ximena levantó la vista.

 

-¿Héctor?

 

-¿Por qué tardaste tanto?

 

Estaba preocupado.

 

-No fue...

 

En ese momento, Valeria salió del baño con aspecto golpeado en el orgullo.

 

Al ver a Héctor, se le llenaron los ojos de lágrimas.

 

Esa cara de víctima le revolvió el estómago a Ximena.

 

-Héctor, me siento mal. ¿Puedes llevarme a casa?

 

Valeria intentó recargarse en él.

 

Héctor se movió con elegancia y la esquivó. Luego tomó la mano de Ximena.

 

-Nosotros todavía no vamos a irnos. Llama a tu asistente.

 

-Mi asistente no es...

 

Valeria no alcanzó a terminar.

 

Héctor y Ximena ya le habían dado la espalda.

 

Valeria había subestimado a Ximena.

 

Esa apariencia limpia, tranquila, nada tenía que ver con una muchacha torpe de pueblo.

 

Su encanto era silencioso, pero podía levantar una guerra entre hombres sin despeinarse.

 

Esa mujer era más difícil de manejar de lo que había imaginado.

 

Ximena pensó que Héctor, al decirle eso a Valeria, de verdad quería quedarse más tiempo.

 

Pero después de despedirse de Don Mateo, él la llevó directo hacia la salida.

 

-Si ya nos vamos, ¿por qué no llevaste a la gran actriz? -preguntó Ximena, con acidez.

 

Héctor iba sentado en la parte trasera del coche. Se masajeó suavemente la frente.

 

-Si te nace la caridad, puedo llamarla ahora mismo.

 

-Yo... tú eres el que quería.

 

-Yo no quería.

 

Héctor se recostó despacio, dejando la cabeza sobre las piernas de Ximena. Los ojos le quedaron entrecerrados.

 

-Quien más debe querer algo es ese tal Santiago Núñez.

 

-Ya te expliqué.

 

-La explicación fue muy floja.

 

Ximena se molestó.

 

Ella había explicado con seriedad. ¿Cómo que floja?

 

-¿Y qué tendría que decir para que quedes satisfecho?

 

-Por ejemplo, cuándo empezó a gustarte.

 

Héctor abrió apenas los ojos y la miró.

 

¿Gustarle?

 

Ximena no negaba que alguna vez se había sentido movida por Santiago.

 

Quizá desde la primera vez que lo vio.

 

Ella tenía quince o dieciséis años. Era normal sentir curiosidad por alguien del sexo opuesto, emocionarse tantito.

 

¿Eso contaba cómo gustar?

 

-Más bien fue una ilusión de adolescente. No algo serio.

 

-¿Ilusión?

 

Héctor sonrió.

 

La palabra le gustó.

 

-¿Y ahora?

 

-Estoy casada. Si me siguiera gustando otro, estaría mal de la cabeza.

 

Y el que hacía esa pregunta tampoco estaba muy bien.

 

Héctor quedó satisfecho con la respuesta. Cerró los ojos.

 

-Voy a dormir un rato. Me despiertas cuando lleguemos.

 

Que durmiera si quería.

 

Pero ¿por qué tenía que usar sus piernas de almohada?

 

Ximena no dijo nada.

 

Apoyó el brazo en la ventana y también cerró los ojos un rato.

 

Al día siguiente, apenas llegó a la universidad, Renata se tiró sobre su pupitre, lista para el chisme.

 

-Cuenta. ¿Qué pasó ayer en el cumpleaños de Don Mateo?

 

Ximena se lo resumió.

 

-Entonces mi hermano sí quedó bien triste, ¿no?

 

Ximena solo negó con la cabeza.

 

-Era cuestión de tiempo.

 

Renata también parecía casi resignada.

 

No solo porque Santiago ya no podía conmover a Ximena como antes.

 

Aunque pudiera, tal vez el momento correcto ya se había ido.

 

Además, Ximena ahora ya estaba enamorándose de Héctor.

 

-Ya no hablemos de mi hermano -dijo Renata-. Mejor hablemos del mural. El rector dijo que la parte que Patricia destruyó la cubramos con color plano. No hace falta rehacer todo. Patricia vino hace rato a tramitar su baja. Se veía apagada, apagada.

 

Ximena solo hizo un sonido breve.

 

-Ah.

1
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
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