NovelToon NovelToon
Dime que no me quieres

Dime que no me quieres

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: MarOculto

Valentina Reyes lo tenía todo calculado: irse de aquella mansión, olvidar a Sebastián Montero y nunca volver. Pero la vida tiene otros planes.

Cuando Lumina Tech, la empresa que él le regaló y ella convirtió en su orgullo, está al borde de la quiebra, Valentina no tiene más opción que regresar a Las Lomas de Chapultepec — la residencia del hombre más poderoso de Ciudad de México. El mismo hombre que la crio como su protegida. El mismo que le rompió el corazón sin decir una sola palabra de amor en siete años.

Sebastián Montero parece no haber cambiado: la silla de ruedas, la mirada fría, el control absoluto. Pero debajo de esa armadura hay un hombre que la buscó por dos años después de que ella desapareció. Un hombre que guarda un anillo de oro en el bolsillo. Un hombre que esconde un secreto tan oscuro que prefirió perderla antes que destruirla.

Entre la guerra de las grandes familias empresariales, los celos que ninguno admite, y una conspiración que pone en peligro su vida, Valentina deberá decidir: ¿puede amar a un hombre que nunca le dirá "te quiero"… o su silencio es la prueba más grande de amor que existe?

Once años. Una historia de orgullo, sacrificio y el amor más terco del mundo.

NovelToon tiene autorización de MarOculto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17 — Emilio Navarro

Valentina no respondió si estaba lista.

No porque quisiera parecer misteriosa. Porque la pregunta de Sebastián no tenía una respuesta honesta que sonara bien. ¿Lista para que vinieran por ella? Nadie estaba listo para eso. Una solo aprendía a no quedarse quieta cuando veía venir el golpe.

El primer golpe no llegó con gritos ni con otra Camila.

Llegó con una invitación de Terranova a una cena privada con empresas industriales.

—Esto sí huele a oportunidad —dijo Luna, revisando la lista de invitados en la pantalla.

—¿Sin tiburones?

—No prometo milagros.

Valentina leyó los nombres. Manufactura, logística, energía, tecnología aplicada. Algunos del Consejo, otros fuera. Al final de la lista, un apellido le hizo detenerse.

Navarro.

—¿Emilio Navarro? —preguntó.

Luna se inclinó sobre la pantalla.

—Energía y transporte marítimo. Mucho dinero. Mucha sonrisa. Pésima fama.

—¿Lo conoces?

—No personalmente. Pero los Navarro tienen fama de comerse a las empresas que tocan.

Valentina se quedó mirando el apellido.

—Todas las familias grandes tienen fama de comerse algo.

—Sí, pero unos usan cubiertos y otros dientes.

La cena se realizó en un restaurante privado de Polanco, en un salón reservado donde la luz era baja y los meseros aparecían antes de que una copa quedara vacía. Valentina fue con un traje negro, carpeta delgada y la carta de intención de Valverde impresa en papel limpio.

No llevó a Sebastián.

Tampoco lo avisó más de lo necesario.

Rodrigo sabía, por supuesto. Rodrigo siempre sabía. Pero esa noche no había auto negro en la puerta ni chofer esperando a la salida. Valentina agradeció el espacio y, al mismo tiempo, sintió el hueco de no tenerlo.

Se odió un poco por eso.

Terranova abrió la cena con preguntas técnicas. Valentina respondió sobre implementación, costos de migración, seguridad de data y el piloto Valverde. Dos empresarios hicieron comentarios prudentes. Uno pidió una demo. Otro preguntó por Diego Paredes con la curiosidad morbosa de quien ya había leído demasiado.

—El caso está en proceso legal —dijo Valentina—. Pero Lumina no depende de una persona que decidió huir.

—Fuerte declaración —comentó alguien.

—Es una declaración verificable.

Algunos sonrieron.

Después del plato principal, cuando la gente empezó a moverse entre grupos, un hombre se acercó a ella con una copa de agua mineral en la mano.

—Valentina Reyes.

No preguntó. La ubicó.

Era alto, de traje azul oscuro, cabello peinado sin rigidez y una sonrisa tranquila. No tenía la frialdad de Sebastián ni la suavidad abierta de Daniel. Emilio Navarro parecía construido para no incomodar a nadie hasta que ya estuviera demasiado cerca.

—Emilio Navarro —se presentó.

—Lo sé.

Él sonrió un poco más.

—Eso me ahorra una introducción aburrida.

—Depende de qué tan aburrida fuera.

—Bastante. Heredero, energía, familia complicada, demasiadas reuniones con hombres que creen que hablar más fuerte es negociar mejor.

Valentina no pudo evitar una sonrisa breve.

—Conozco el tipo.

—Lo imaginé.

Emilio miró la carpeta que ella sostenía.

—Lumina está llamando atención.

—Espero que por las razones correctas.

—Las razones correctas rara vez son las primeras que circulan.

La frase era amable, pero tenía filo. Valentina lo registró.

—¿Y cuáles circularon hasta usted?

—Una empresa con tecnología útil, problemas de caja, un socio desleal y una directora que se negó a entregar control operativo aunque necesitaba dinero urgente.

—Suena a que alguien hizo tarea.

—Me gustan las empresas que todavía tienen columna vertebral cuando están contra la pared.

Valentina sostuvo la mirada.

—Eso puede ser un cumplido o una advertencia.

—Puede ser interés.

Ahí estaba.

Limpio. Directo. Sin decir demasiado.

—¿Interés de qué tipo?

—Inversión. Distribución. Tal vez implementación en activos energéticos. Grupo Navarro tiene plantas y puertos que consumen más de lo que deberían. Lumina podría servirnos.

Servirnos.

La palabra no estaba mal. Aun así, le incomodó.

—Estamos en una ronda ordenada con Terranova.

—Lo sé. No pretendo interrumpir. Solo abrir una conversación paralela.

—Las conversaciones paralelas suelen crear problemas.

—Solo cuando alguien miente.

Emilio bebió agua. No vino, no tequila, no nada que lo hiciera parecer relajado por accidente.

—Le mandaré una propuesta formal si le parece.

—Puede mandarla a Lumina.

—Prefiero mandarla a usted.

Valentina inclinó la cabeza.

—Lumina soy yo, pero no solo yo.

La sonrisa de Emilio cambió apenas. Más interés, menos encanto.

—Buena respuesta.

—¿Siempre evalúa respuestas antes de hacer propuestas?

—Cuando la propuesta puede costarme millones, sí.

—Entonces le ahorro otra evaluación: Grupo Montero no tiene control operativo sobre Lumina.

Emilio levantó las cejas, divertido.

—No pregunté por Montero.

—Iba a hacerlo.

—Tal vez.

—La garantía es limitada, auditada y por plazo definido.

—Los favores de Sebastián Montero rara vez son tan limitados.

La forma en que dijo el nombre de Sebastián no fue casual. No sonó a respeto ni a burla abierta. Sonó a historia.

Valentina sintió que pisaba una zona del piso que no conocía.

—Eso tendrá que discutirlo con él.

—No. Me interesa cómo lo entiende usted.

—Lo entiendo por contrato.

Emilio sonrió.

—Otra buena respuesta.

Antes de que ella respondiera, un socio de Terranova llamó a Emilio desde otro grupo. Él hizo una inclinación mínima.

Sacó una tarjeta de presentación de la cartera y la dejó sobre la carpeta de Lumina, no en su mano. Papel grueso, letras sobrias, solo un nombre y un correo directo.

—Si decide leer la propuesta, escríbame usted. No su asistente, no Grupo Montero, no Terranova.

—Lumina tiene procesos.

—Y usted tiene criterio. Por eso estoy hablando con usted.

La tarjeta parecía inofensiva. A Valentina le pesó más que algunas carpetas.

—Fue un gusto, Valentina.

—Igualmente, Emilio.

Él se alejó sin mirar atrás. Eso la inquietó más que si hubiera insistido.

Luna la llamó apenas terminó la cena.

—¿Sobreviviste?

—Sí.

—¿Alguien mordió?

Valentina salió al exterior del restaurante.

—Emilio Navarro quiere hablar de inversión.

Del otro lado hubo silencio.

—Luna.

—Híjole.

—Eso no es una evaluación financiera.

—No, es una evaluación espiritual. Los Navarro son de esos que te compran una silla y luego te cobran el piso donde la pusiste.

—Todavía no hay propuesta.

—Cuando llegue, léela con guantes.

Valentina miró la avenida iluminada.

—¿Tan mala fama tienen?

—Los Navarro no invierten para acompañar. Invierten para entrar. Y cuando entran, no siempre salen.

—Dame un ejemplo.

—Una empresa de logística en Veracruz. Entraron con veinte por ciento, prometieron internacionalización, luego compraron deuda, luego los fundadores terminaron como empleados de su propia compañía. Legal, limpio y horrible.

—Eso no significa que hagan lo mismo siempre.

—No. Pero significa que saben cómo hacerlo.

La advertencia se le quedó pegada durante todo el camino de vuelta a Las Lomas.

Sebastián estaba en el comedor pequeño, con una taza de té que no parecía haber tocado. No preguntó por qué llegaba tarde. Solo levantó la vista.

—¿Cómo fue?

Valentina dejó el bolso sobre la silla.

—Terranova sigue interesado. Valverde ayuda. Y alguien más quiere invertir.

La mano de Sebastián se detuvo sobre la taza.

—¿Quién?

Valentina observó su rostro antes de responder, sin saber por qué.

—Emilio Navarro.

La taza dejó de moverse antes de tocar el plato de porcelana blanca frente a él.

El cambio fue mínimo, pero lo vio.

Los ojos de Sebastián se oscurecieron como si alguien hubiera apagado una luz detrás de ellos.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play