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MAHUA

MAHUA

Status: En proceso
Genre:Aventura / Magia y demonio / Romance
Popularitas:148
Nilai: 5
nombre de autor: melany ayelen tschentscher

Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.

NovelToon tiene autorización de melany ayelen tschentscher para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 13: "EL HERALDO Y LA LLAVE"

El océano permaneció inmóvil.

No en calma.

Inmóvil.

Como si el tiempo hubiese dejado de avanzar.

Las gotas suspendidas en el aire dejaron de caer. Las olas congeladas alrededor del Leviatán quedaron detenidas a mitad de su violencia imposible. Incluso el Megalodón permaneció atrapado entre los tentáculos del Kraken como una pintura monstruosa suspendida entre ambos cielos.

Y en medio de todo aquello…

la grieta respiró.

Lentamente.

Una pulsación profunda atravesó el mundo.

BUM.

La madera destruida del Luk’s Stray vibró bajo nosotros.

BUM.

Las aguas suspendidas se contrajeron.

BUM.

Y entonces comprendí el error.

Nosotros creíamos que el Leviatán estaba observándonos desde el océano invertido.

Pero no.

El océano invertido era su ojo.

Sentí el pensamiento atravesarme como un cuchillo helado.

No era un lugar.

Nunca lo había sido.

Era parte de él.

Una extensión viva de algo tan gigantesco que mi mente apenas podía soportar comprenderlo.

El joven seguía sosteniéndome de la mano mientras colgábamos entre los restos del barco partido.

Pero ahora me observaba como si ya no supiera quién era yo.

Tal vez ni siquiera era yo.

—¿Qué hago…? —susurró.

Quise responder.

No pude.

Porque la voz regresó.

Más cerca esta vez.

MÁS CERCA.

La marca ardió brutalmente.

Sentí algo moverse debajo de mi piel.

No físicamente.

Más profundo.

Como si el océano estuviera creciendo dentro de mis huesos.

Grité.

El joven intentó acercarse más.

—¡Ey! ¡Mírame! ¡No escuches esa cosa!

Pero su voz sonaba lejana.

Todo sonaba lejano.

Excepto la grieta.

La líder de las sirenas descendió lentamente entre las aguas inmóviles. Incluso ella parecía aterrorizada ahora.

Su corona de huesos temblaba.

—No debería despertar tan rápido…

La capitana logró trepar entre los restos inclinados del barco sujetando todavía las cadenas espirituales de varios tripulantes.

Algunos ya ni siquiera tenían cuerpo completo.

Eran siluetas transparentes aferradas al Luk’s Stray mientras el barco moría bajo ellos.

Ella me vio.

Y retrocedió.

—Niña…

Su voz apenas se quebró.

—Cierra la puerta.

Las sirenas giraron violentamente hacia ella.

—¡No! —rugió la líder—. ¡El ciclo debe completarse!

La capitana desenvainó nuevamente el sable.

Aunque sus manos temblaban.

—¡Mírenlo! ¡¿No entienden lo que viene?!

La grieta se abrió otro poco.

Y algo gigantesco se movió detrás.

Ya no era solo un ojo.

Ahora podía distinguir formas.

Capas interminables de carne oscura moviéndose bajo océanos enteros.

Mandíbulas.

Aletas.

Ciudades hundidas atrapadas sobre su cuerpo como parásitos.

Y miles…

miles de ojos abriéndose lentamente dentro de la oscuridad.

Los tripulantes comenzaron a gritar otra vez.

Uno empezó a golpearse la cabeza contra la cubierta rota.

—¡Sáquenlo de mi mente! ¡SÁQUENLO!

Otro se lanzó al vacío llorando.

La capitana apretó los dientes.

—¡No lo miren!

Demasiado tarde.

El joven también había visto.

Lo noté enseguida.

Porque algo cambió en él.

La espada azul comenzó a latir igual que mi marca.

BUM.

BUM.

BUM.

Como dos corazones respondiéndose.

El muchacho soltó mi mano lentamente.

Su respiración se volvió irregular.

—Lo conozco…

Sentí miedo.

Miedo real.

—¿Qué?

Él observó la grieta sin parpadear.

Y cuando habló…

su voz ya no sonó completamente humana.

—Yo soñaba con esto antes del naufragio.

Silencio.

Incluso las sirenas callaron.

El viento dejó de soplar.

El Kraken rugió en la distancia mientras seguía desgarrando al Megalodón entre los océanos congelados.

Pero alrededor de nosotros…

todo murió en silencio.

El joven llevó una mano a su cabeza.

Dolor.

Mucho dolor.

—Escuchaba el mar incluso en tierra firme… —susurró—. Pensé que estaba enfermo.

La espada brilló más fuerte.

—Cada noche soñaba con una puerta debajo del agua.

La líder de las sirenas lo observó horrorizada.

—El heraldo recuerda…

Él cayó de rodillas.

Las venas azules ya cubrían parte de su rostro.

—Y había una voz…

La grieta respondió inmediatamente.

Un rugido atravesó ambos océanos.

El muchacho gritó llevándose las manos a la cabeza.

—¡HAGAN QUE PARE!

La espada explotó en luz azul.

Una ola atravesó el barco destruido lanzando a varias sirenas hacia el vacío.

La líder apenas logró mantenerse flotando.

La capitana se protegió detrás de un fragmento del mástil.

Yo seguía inmóvil.

Porque algo peor estaba ocurriendo.

La grieta…

estaba reaccionando a él.

No solo a mí.

A los dos.

La marca ardió otra vez.

Y por un instante vi algo imposible.

No con los ojos.

Con la mente.

Vi al joven siendo arrastrado bajo un océano negro cuando era niño.

Vi sombras enormes rodeándolo en las profundidades.

Vi una mano gigantesca tocando su pecho.

Marcándolo.

Y entendí algo horrible.

Él no había sobrevivido al naufragio.

Había sido devuelto.

La voz dentro de mi cabeza susurró:

EL HERALDO Y LA LLAVE.

Sentí náuseas.

El joven levantó lentamente la mirada hacia mí.

Y supe que él también lo había escuchado.

—No…

Retrocedió.

Aterrorizado.

—No quiero esto…

La líder descendió lentamente frente a él.

—No importa lo que quieras.

El muchacho levantó la espada inmediatamente.

—¡Aléjate!

Pero ella no atacó.

Solo lo observó.

Casi con compasión.

—El Leviatán no crea monstruos.

Señaló su pecho.

—Solo devuelve lo que el océano tomó primero.

El joven tembló.

—¿Qué significa eso?

La sirena sonrió tristemente.

—Que parte de ti murió hace mucho tiempo.

La espada rugió.

El muchacho gritó de rabia y lanzó un corte brutal.

La energía azul atravesó el aire.

Pero esta vez no golpeó a la sirena.

Golpeó la grieta.

El mundo entero se partió.

Literalmente.

Una línea azul cruzó el océano invertido de extremo a extremo.

Las aguas suspendidas comenzaron a colapsar.

El Leviatán rugió detrás de la puerta.

Ya no como algo dormido.

Ahora sonaba consciente.

Despierto.

Las sirenas comenzaron a entrar en pánico absoluto.

—¡IDIOTA!

—¡LA PUERTA SE ESTÁ ROMPIENDO!

—¡DETÉNGANLO!

El Kraken soltó al Megalodón y giró violentamente hacia la grieta como si hubiese entendido el peligro.

El monstruo rugió.

Un rugido diferente.

No de hambre.

De advertencia.

Y entonces se lanzó.

Los tentáculos gigantescos atravesaron ambos cielos envolviendo parcialmente la grieta para contenerla.

Pero algo del otro lado empujó.

Y uno de los tentáculos explotó.

Lluvia negra cayó sobre el mundo.

El Kraken gritó de dolor.

El Megalodón aprovechó inmediatamente y mordió parte de su cuerpo arrancando enormes trozos de carne oscura.

La batalla entre ambos monstruos volvió más salvaje que antes.

Pero ya no importaba.

Porque algo estaba cruzando.

La grieta comenzó a abrirse desde dentro.

Como un ojo despertando.

La capitana caminó lentamente hacia mí entre los restos destruidos del barco.

El Luk’s Stray apenas seguía unido por fragmentos de madera y cadenas espirituales.

Las almas de los tripulantes lloraban alrededor.

—Escúchame bien.

Su voz sonó cansada.

—Si esa cosa entra completamente… este mundo termina.

La miré aterrorizada.

—¿Qué hago?

Ella observó mi marca.

Después la espada del joven.

Y finalmente la grieta.

—Lo mismo que el Kraken intentó hacer durante siglos.

Silencio.

La capitana levantó lentamente el sable.

—Cerrar la puerta.

El joven respiraba cada vez peor.

Las marcas azules seguían extendiéndose sobre su piel.

—No creo poder controlarlo mucho más…

Y entonces lo vi.

Sus ojos.

Por un instante dejaron de ser humanos.

Se volvieron completamente negros.

Como profundidad oceánica.

La voz salió de su boca.

Pero no era su voz.

ABRAN.

El barco entero tembló.

Las sirenas se arrodillaron inmediatamente.

La líder bajó la cabeza.

—Mi señor…

El joven comenzó a retroceder horrorizado de sí mismo.

—No… no… NO…

Se golpeó la cabeza desesperadamente.

—¡SÁQUENLO DE MI CABEZA!

La espada azul vibró.

La grieta respondió.

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