trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
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Antes de ti
La mansión estaba inusualmente silenciosa aquella noche.
No había llamadas de emergencia.
No había reuniones virtuales.
No había asistentes persiguiendo a Dimitri con documentos imposibles de firmar antes de medianoche.
Por una vez, el mundo parecía haberse puesto de acuerdo para dejarlo en paz.
Y aun así...
Dimitri seguía pensativo.
Lukas lo notó inmediatamente.
Llevaban años juntos.
Sabía distinguir perfectamente entre el Dimitri cansado, el Dimitri molesto, el Dimitri estresado y el Dimitri que estaba pensando demasiado.
Ahora mismo era el último.
Estaban sentados en la sala principal.
Lukas en uno de los sofás.
Dimitri en el sillón frente a él.
Con una taza de café que llevaba quince minutos sin tocar.
Lo cual ya era una señal preocupante.
—Bien —dijo Lukas finalmente—. Vas a contarme qué pasó.
Dimitri levantó apenas una ceja.
—¿Y si no quiero?
—Entonces voy a seguir preguntando.
—Amenaza terrible.
—Funciona bastante bien contigo.
Eso sacó una pequeña sonrisa de Dimitri.
Pero desapareció rápido.
Lukas lo vio.
Y eso solo confirmó que algo realmente lo estaba afectando.
—¿Fue en la empresa?
—Sí.
—¿Problemas?
—No exactamente.
Silencio.
Dimitri observó el café unos segundos antes de hablar.
—Escuché una conversación.
—¿Entre quiénes?
—Algunos empleados.
Lukas parpadeó.
—¿Y?
Dimitri apoyó lentamente la taza sobre la mesa.
—No sabían que estaba cerca.
—Oh.
Ahora entendía.
Y también entendía por qué eso podía quedarse rondando en la cabeza de alguien como Dimitri.
Porque escuchar lo que las personas dicen cuando creen que no estás presente suele ser peligroso.
A veces doloroso.
A veces revelador.
A veces ambas cosas.
—¿Qué dijeron?
Dimitri permaneció callado unos segundos.
Como si estuviera decidiendo por dónde empezar.
Finalmente habló.
—Dijeron que parezco cansado.
Lukas parpadeó.
—Bueno...
—Lukas.
—¿Qué?
—Intenta fingir sorpresa.
—Lo estoy intentando.
—Fatalmente.
Eso provocó una pequeña risa de ambos.
Pero el ambiente volvió a ponerse serio rápidamente.
—También dijeron que siempre parezco molesto.
—A veces sí pareces molesto.
—Gracias por tu apoyo incondicional.
—De nada.
Dimitri negó apenas con la cabeza.
Y luego continuó.
—Dijeron que no creen que sea feliz.
Aquella frase quedó suspendida entre ellos.
Lukas dejó de sonreír.
Porque esa era diferente.
Mucho más diferente.
—¿Y qué pensaste cuando escuchaste eso?
Dimitri tardó demasiado en responder.
—No lo sé.
Mentira.
Lukas lo sabía.
Dimitri también.
Pero ninguno lo señaló.
Finalmente Dimitri suspiró.
—Pensé que tal vez tienen razón.
El silencio que siguió fue largo.
Pesado.
Honesto.
Porque Dimitri no decía cosas así normalmente.
No hablaba sobre sí mismo.
No hablaba sobre emociones.
No hablaba sobre felicidad.
Prefería hablar de negocios, contratos, estrategias y problemas que pudieran resolverse con lógica.
Eso era más fácil.
Muchísimo más fácil.
—¿Crees que tienen razón? —preguntó Lukas suavemente.
Dimitri apoyó la espalda contra el sillón.
Miró el techo unos segundos.
Y respondió algo que no había dicho en mucho tiempo.
—No recuerdo la última vez que pensé en eso.
Lukas sintió algo apretarse en su pecho.
Porque esa respuesta era peor que un sí.
Mucho peor.
No recordar cuándo fue la última vez que pensaste en tu propia felicidad...
Era una respuesta triste.
Demasiado triste.
—Dimitri...
—No me refiero a ahora.
—Lo sé.
El empresario cerró los ojos unos segundos.
Parecía cansado.
No físicamente.
Cansado de recordar.
—Cuando era niño no importaba si era feliz.
Importaba si era útil.
Lukas permaneció en silencio.
Escuchando.
Simplemente escuchando.
—Después importó construir la empresa.
Luego mantenerla.
Luego hacerla crecer.
Luego protegerla.
Luego proteger todo lo que dependía de ella.
Soltó una pequeña risa sin humor.
—Siempre había algo más urgente.
Lukas bajó la mirada.
Porque entendía exactamente lo que Dimitri estaba diciendo.
Había pasado gran parte de su vida sobreviviendo.
Luego trabajando.
Luego cargando responsabilidades.
Y en algún momento...
Simplemente dejó de preguntarse qué quería él.
—¿Y antes de mí?
La pregunta salió suave.
Casi en un susurro.
Dimitri abrió lentamente los ojos.
Y lo miró.
Aquella mirada hizo que Lukas supiera inmediatamente que la respuesta era importante.
—Antes de ti...
El empresario guardó silencio unos segundos.
Luego respondió.
—Existía.
Lukas sintió un dolor inesperado en el pecho.
Porque aquella respuesta sonó terriblemente vacía.
—Dimitri...
—No es una exageración.
Su voz era tranquila.
Demasiado tranquila.
—Me despertaba.
Trabajaba.
Volvía a casa.
Dormía.
Y repetía lo mismo al día siguiente.
Lukas tragó saliva.
Porque podía imaginarlo perfectamente.
La enorme mansión vacía.
Las habitaciones silenciosas.
Las cenas solo.
Las madrugadas frente a una computadora.
Sin nadie esperando su regreso.
Sin nadie diciéndole que descansara.
Sin nadie preocupándose realmente por él.
—Tenía dinero.
Poder.
Respeto.
Todo lo que la gente suele querer.
Dimitri bajó la mirada.
—Y aun así la casa siempre se sentía vacía.
El silencio se volvió doloroso.
Porque Lukas sabía que aquello era una confesión enorme.
Probablemente una de las más honestas que Dimitri había hecho jamás.
—Entonces apareciste tú.
Lukas levantó la vista.
Y encontró a Dimitri observándolo.
Sin máscaras.
Sin la frialdad habitual.
Solo sinceridad.
—Y de repente había alguien esperando cuando volvía.
Alguien que me obligaba a comer.
Alguien que discutía conmigo por trabajar demasiado.
Alguien que me trataba como una persona en lugar de como un director ejecutivo.
La voz de Dimitri bajó un poco.
—Alguien que se quedó.
Lukas sintió que el corazón le dolía.
Porque ahora entendía algo.
No era que Dimitri no supiera querer.
Era que durante años había vivido convencido de que nadie se quedaría el tiempo suficiente para conocerlo de verdad.
—¿Eras feliz? —preguntó Lukas suavemente.
Dimitri lo observó unos segundos.
Y esta vez respondió sin dudar.
—No.
La honestidad de aquella respuesta hizo que el silencio regresara.
—¿Y ahora?
Dimitri sonrió apenas.
Muy poco.
Pero lo suficiente.
—Ahora sí tengo momentos en los que lo soy.
Lukas sintió algo cálido en el pecho.
Porque para cualquier otra persona aquella respuesta podría sonar pequeña.
Pero él conocía a Dimitri.
Sabía cuánto significaba.
Sabía que para alguien como él admitir algo así era enorme.
—¿Solo momentos?
preguntó Lukas con una pequeña sonrisa.
Dimitri arqueó una ceja.
—No arruines la sinceridad.
—Estoy evaluando tu respuesta.
—Qué insoportable eres.
—Y aun así me soportas.
—Lamentablemente.
La sonrisa de Lukas creció.
Y para sorpresa de ambos...
La de Dimitri también.
Más grande que antes.
Más real.
Y durante unos segundos ninguno habló.
Porque no hacía falta.
Porque después de todo lo que se habían dicho esa noche...
Había algo que ambos entendían perfectamente.
Tal vez Dimitri no sabía cómo ser feliz durante toda su vida.
Tal vez todavía estaba aprendiendo.
Pero ya no estaba aprendiendo solo.
Y eso hacía toda la diferencia.