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No Soy La Debilidad De Nadie.

No Soy La Debilidad De Nadie.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Aventura Urbana / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Dentro de la Mafia Rusa, existen pactos, lealdades y acuerdos, es por eso que las hijas son monedas de cambios para el ascenso de los jefes de las familia, es un modo facil modo de obtener más poder..
La familia Lombardi resultado de la unión del hijo de un capo de la Cosa znostra Italiana con la unica hija del lugarteniente y mano derecha de la Mafia Rusa. Su decendencua fue su primogeniro Alexander y kas gemelas Laura y Lorena.
El hijo y futuro jefe de la mafia rusa elvfrio y cruel Dimitri Volkov, siente una pasión descontrolada por una de las gemelas, mientras es el mejor amigo de sus hermanos, es que Lorena es un espiritu libre que odia la vida de la mafia y sueña con escapar de eze mundo, no quiere ser como.su madre, una mujer triste que se refugia en frivolidades y alcohol para olvidar su triste vida.
Dimitri logra casarse con Lorena, pero ella no quiere ser su debilidad, ni la de nadie, es por eso que aprendio defenza personal, yvparticipa en peleas clandestinas

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Entre el honor y el pecado.

Entre el honor y el pecado

Dimitri Volkov, siempre imprevisible, decidió premiar el talento de los pasantes de arquitectura con una oportunidad única en la vida. Invitó a los doce jóvenes a viajar a Francia, para asistir a unas conferencias magistrales donde cinco arquitectos de renombre mundial recibirían honores de la universidad más importante de Francia. Lorena, cuyo corazón latía al ritmo de los planos y las curvas perfectas, sintió que el suelo se le esfumaba bajo los pies cuando escuchó la noticia. Karla su amiga inseparable, soltó un grito de alegría que resonó en toda la oficina, mientras Jon Jairo, el más reservado del grupo, no pudo contener una sonrisa amplia y sincera. Durante los días que siguieron, la emoción creció como una marea imparable.

Las conferencias superaron cualquier expectativa: palabra tras palabra, los maestros desgranaban los secretos de la luz, el espacio y la memoria en la arquitectura. Lorena tomaba apuntajes con mano temblorosa, sintiendo que cada frase le abría una ventana hacia un mundo que siempre había intuido pero nunca había explorado del todo. Después de las ponencias, llegaron los recorridos por lugares emblemáticos de la arquitectura francesa: la elegancia gótica de Notre Dame, la audacia del Centro Pompidou, la serenidad de la Sainte-Chapelle con sus vitrales como joyas líquidas. Todo era hermoso, casi irreal.

Lorena caminaba por las calles de París con los ojos húmedos, sintiendo que aquello era exactamente lo que había soñado cuando, siendo niña, hojeaba revistas de arquitectura en la biblioteca de Moscú. En esos días, por primera vez desde que su madre fue herida, Lorena se sintió plenamente realizada. La arquitectura no era solo su carrera; era su refugio, su identidad, la promesa de un futuro que ella misma construiría. Y Dimitri, desde la distancia, observaba cada una de sus sonrisas sin decir una palabra, guardando sus intenciones como un lobo acecha a su presa.

La última noche en París, Dimitri organizó una fiesta en el hotel cinco estrellas donde todos se hospedaban, pagada con los recursos de sus empresas. El salón de eventos brillaba con candelabros de cristal y una vista de la Torre Eiffel iluminada, que parpadeaba como un corazón gigante en la distancia. Entre baile, champán y buenas conversaciones, los pasantes reían despreocupados, sintiéndose por unas horas parte de la élite mundial.

Lorena llevaba un vestido sencillo pero elegante, regalo de su hermana Laura, y su cabello caía suelto sobre su espalda. Dimitri la observó toda la noche, moviéndose entre sus socios y amigos, pero siempre con la mirada fija en ella. Cuando el alcohol y la música ablandaron las defensas de Lorena, él se acercó con pasos medidos, le ofreció la mano para bailar y ella aceptó, confiando en que era solo un gesto fraternal. Pero los bailes se sucedieron, las copas se vaciaron y, casi sin darse cuenta, Lorena se encontró en el ascensor junto a Dimitri, subiendo hacia la suite de él en el último piso.

La lógica, la moral y el miedo quedaron atrás cuando él cerró la puerta y la besó con una intensidad que la dejó sin aire. Lorena, ingenua y confiada, no supo decir que no. Dimitri la llevó a la cama y, en la penumbra de la habitación iluminada por las luces de París, hicieron el amor. Fue entonces cuando él se percató de algo que lo descolocó por completo: Lorena era virgen e inocente. No había cálculo en ella, ni malicia, solo una entrega temblorosa que desarmó al hombre de hierro. Al despertar, en la madrugada, Lorena sintió una vergüenza abrasadora. Su cuerpo recordaba cada caricia, pero su mente solo atinaba a huir. Se vistió en silencio, sin mirar a Dimitri que dormía profundamente, y abandonó la suite antes de que él abriera los ojos. Caminó por el pasillo descalza, con los zapatos en la mano, sintiendo que había cruzado una línea de la que no podría regresar.

En el avión privado de Dimitri, de regreso a Moscú, la tensión era tan densa que podía cortarse con un cuchillo. Lorena evitaba mirarlo a toda costa, fingiendo interés en la ventanilla, en un libro, en cualquier cosa que no fuera el hombre que ahora ocupaba sus pensamientos de manera obsesiva. Pero Dimitri no era paciente ni toleraba ser ignorado. Con brusquedad, tomó su mano y la condujo a una de las habitaciones privadas del jet, cerrando la puerta tras ellos. Karla y Jon Jairon intercambiaron miradas pero no emitieron palabras.

El rostro de Dimitri era una máscara de furia contenida. Le reclamó con voz baja pero cortante por ignorarlo durante todo el viaje, y antes de que ella pudiera articular excusa alguna, la besó con posesión, con una mezcla de deseo y dominio que la dejó temblando. Cuando separó sus labios, le dijo, con la mirada fija en sus ojos aterrorizados: "Tú eres mi mujer. Y si insistes en esa actitud de indiferencia, tendré que hablar con tu padre. Y con tu hermano".

El mundo de Lorena se derrumbó en ese instante. Sabía lo que eso significaba: la deshonra, la ira de su padre autoritario, la decepción de Alexader como hermano mayor, el caos familiar que tanto había costado contener. Se tensó por completo y, con un hilo de voz, suplicó: "Por favor, no le digas a mi padre... y menos a mi hermano. Haré lo que tú quieras, pero no les digas". Dimitri la observó en silencio durante unos segundos eternos, saboreando su victoria. Luego sonrió satisfecho. Le gustaba la propuesta, porque significaba que tendría a Lorena sin compromiso, sin ataduras legales, sin el peso de una relación formal. Ella sería su secreto, su posesión, su placer sin responsabilidades.

Lorena asintió con la cabeza gacha, sintiendo que acababa de vender un pedazo de su alma a cambio del silencio de un hombre al que, en el fondo, ya no sabía si temer o desear.

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