Ella renace en otra época. Decidida a ser feliz y a no perder la sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Boda Moriarty 1
Los días pasaron más rápido de lo que Emily habría querido.
Antes de que pudiera prepararse del todo.. mental o emocionalmente llegó la noche de la boda.
La habitación estaba en silencio mientras la ayudaban a vestirse. El suave roce de las telas, el sonido discreto de los broches… todo parecía amplificado por sus propios nervios.
Cuando finalmente se quedó sola frente al espejo, se observó con detenimiento.
El vestido era, sin duda, hermoso. La caída de la tela, los detalles delicados, el equilibrio perfecto entre elegancia y sobriedad… realzaba cada rasgo suyo sin exagerar. Su cabello negro caía en suaves ondas, cuidadosamente arreglado, y sus ojos azules brillaban… aunque no solo por la emoción.
Había tensión en ellos.
Emily apoyó suavemente las manos sobre la mesa.
—Tranquila… Solo compórtate.
Respiró hondo.
Una vez más.
Y salió.
El evento fue… deslumbrante.
La mansión del duque Moriarty estaba iluminada con una magnificencia que superaba cualquier recuerdo. Candelabros brillando como estrellas, arreglos florales perfectos, música suave flotando en el aire.
La alta sociedad estaba allí.
Rostros que Emily reconocía vagamente por los recuerdos de su vida como Emily Nolan… pero que en realidad no conocía.
Nobles, duques, damas influyentes.
Y ella… caminando entre ellos con una compostura que no sentía del todo.
Se mantuvo cerca de su tío, como una sombra elegante, observando más de lo que hablaba.
Escuchando.
Midiendo.
Cuidando cada gesto.
Y entonces… comenzó la ceremonia.
Emily levantó la mirada.
El duque Moriarty estaba allí.
Imponente, como en sus recuerdos… pero distinto.
Había algo en él que no había visto antes.
Cuando su mirada se posó en la mujer a su lado, todo cambió.
No era frialdad.
No era distancia.
Era… intensidad.
El mundo parecía reducirse a una sola persona.
Su esposa.
Lady Ophelia.
Emily sintió un leve desconcierto.
[Esto… no estaba en mis recuerdos.]
El hombre que en su memoria era distante, casi inaccesible… ahora miraba a su esposa como si nada más existiera.
Como si todo lo demás fuera irrelevante.
Emily apartó la mirada.
No era su lugar observar demasiado.
Se quedó en silencio, como había decidido desde el principio.
Invisible.
Segura.
Cuando la ceremonia terminó, el banquete comenzó.
La música subió ligeramente, las conversaciones llenaron el aire, y los invitados comenzaron a moverse con más libertad.
Emily permanecía junto a su tío… hasta que él avanzó.
—Tío… —susurró ella, apenas, pero él ya caminaba.
Directo hacia los recién casados.
No había escapatoria.
Emily lo siguió.
Cada paso se sentía más pesado que el anterior.
Y entonces estuvieron frente a ellos.
El duque Nolan habló con naturalidad, con la confianza de un hombre que no necesitaba adornar sus palabras.
—Felicidades. Nunca pensé verlo casado.
Sin rodeos.
Directo.
Como siempre.
El silencio que siguió fue… denso.
El duque Moriarty no respondió.
Solo lo miró.
Y esa mirada…
Era suficiente.
Fría.
Profunda.
Como si evaluara cada palabra, cada intención.
Emily sintió un escalofrío, pero mantuvo la cabeza ligeramente inclinada, sin atreverse a levantar la vista.
—Lady Ophelia —continuó el duque Nolan, inclinando apenas la cabeza ante la nueva duquesa—.
Entonces, con un leve gesto hacia Emily, añadió..
—Mi sobrina. Lady Emily Nolan.
El corazón de Emily latía con fuerza.
Pero no lo mostró.
No podía.
Levantó ligeramente la mirada… lo justo para cumplir con el protocolo.
La duquesa la observó.
Y sonrió.
Era una sonrisa suave, elegante… pero genuina.
Emily respondió con una reverencia perfecta, cada movimiento medido, impecable.
Sin temblores.
Sin errores.
Sin palabras innecesarias.
No miró al duque.
No lo necesitaba.
No se lo permitiría.
Solo mantuvo la compostura… y el silencio.
Después de unos segundos que parecieron eternos, su tío dio por terminado el saludo.
Y se alejaron.
Paso a paso.
Sin prisa.
Sin correr.
Pero en cuanto estuvieron lo suficientemente lejos… Emily soltó el aire.
Un suspiro largo, contenido durante demasiado tiempo.
Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba reteniendo la respiración.
Se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo su corazón intentaba recuperar el ritmo.
—Estoy bien… —murmuró, casi sin voz.
Y lo estaba.
Había pasado.
Había estado frente a él… y no había cometido ningún error.
Ni uno solo.
Por primera vez desde que llegó a esta vida… había enfrentado ese punto de quiebre de su destino.
Y no cayó.
Pero algo en su interior le decía que aquello… no había terminado aún.
hermosa novela
ame a Fred