Daiana llega a la pequeña ciudad de los mitos con un solo objetivo: terminar su carrera. Cuando encuentra la casa de sus sueños (espaciosa, lujosa y extrañamente barata), no duda en firmar el contrato. Poco le importa que los vecinos hablen de una presencia, de una entidad que nunca abandonó el lugar; ella es una mujer de ciencia, racional y escéptica, incapaz de creer en cuentos de fantasmas.
Al principio, los pequeños sucesos (objetos que cambian de lugar, corrientes frías en habitaciones cerradas) son fáciles de ignorar. Daiana los etiqueta como producto del estrés o del cansancio acumulado por los estudios. Pero la negación se vuelve imposible cuando llegan las noches.
Sus sueños han dejado de ser simples proyecciones de su mente para convertirse en una realidad abrasadora. En la penumbra de su habitación, siente caricias que no debería sentir y una presencia que la obliga a gemir en la oscuridad. Despierta siempre igual: jadeando, con la intimidad palpitando de deseo.
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Capitulo 24: Tregua de cristal
La mansión de Sereia, que Daiana había elegido como su santuario de investigación, se ha transformado en un polvorín. Las paredes, cargadas de siglos de historia y magia estancada, parecen incapaces de contener la energía volátil que emana de sus nuevos habitantes. No es solo la estructura física lo que sufre; la arquitectura misma de la casa se retuerce ante la presencia de dos seres que, por naturaleza, deberían estar luchando por el dominio absoluto del territorio.
El Alfa, cuyo nombre sigue siendo un misterio que él se niega a compartir, es incapaz de permanecer quieto. Se mueve por el salón principal con una inquietud animal, sus botas resonando pesadamente sobre el parqué antiguo. Para un ser que ha vivido siglos bajo el dosel de los árboles, los techos bajos y las paredes cerradas son una afrenta a su libertad. Cada vez que sus ojos se clavan en Dorian, la tensión sube un grado más, haciendo que las lámparas de araña tintineen violentamente y que las sombras en las esquinas se alarguen con una vida propia y agresiva.
Dorian, por su parte, permanece en el lado opuesto del vestíbulo, apoyado contra la chimenea apagada. Su postura es de una calma gélida, un depredador calculador que no necesita mostrar sus dientes para imponer respeto. Sus ojos siguen cada movimiento del Alfa, no solo por hostilidad, sino porque su mente híbrida analiza la inestabilidad que el recién llegado trae consigo.
__Si no controlas tu instinto, terminarás destruyendo los cimientos sobre los que nos estamos escondiendo__. Dijo Dorian, su voz grave cortando el aire cargado.
__La mansión está viva, Alfa. Y no le gusta que la pisen con tanta furia__.
El Alfa se detuvo en seco, girándose hacia Dorian con un gruñido bajo que hizo vibrar el pecho de ambos hombres.
__No me des lecciones sobre supervivencia, híbrido. He sobrevivido a eras de caza mientras tú apenas aprendías a existir en esta forma de piel prestada. El problema no es mi instinto. El problema es que ella__. Señaló hacia el piso superior, donde Ana intentaba descansar.
__Se siente como una prisionera aquí. Y yo también__.
Dorian entornó los ojos, su aura de estática comenzó a crepitar sutilmente alrededor de sus dedos. La atmósfera en la habitación se volvió densa, casi irrespirable. La casa, sintiendo el conflicto de sus dos alfa, reaccionó: el cristal de un espejo cercano se quebró con un sonido seco, y una brisa fría comenzó a circular por el vestíbulo, portando el olor a ozono y sangre.
Mientras tanto, en el piso superior, la realidad es mucho menos física pero igualmente dolorosa. Ana esta sentada en el borde de la cama en la habitación de invitados, con las manos entrelazadas con fuerza. La puerta se abrió y Daiana entró, llevando una bandeja con agua que apenas ha tocado.
__Necesitas beber algo, Ana__. Dijo Daiana con suavidad, dejando la bandeja sobre la mesa de noche.
Ana levantó la vista, y Daiana sintió una punzada de culpa al ver la sombra que oscurece los ojos de su hermana. Ha perdido la chispa, esa alegría natural que siempre caracterizó a Ana. Ahora, sus ojos buscan constantemente la puerta, como si esperara que el Alfa entre en cualquier momento.
__¿Cómo puedes hacerlo, Daiana?__. Preguntó Ana, con la voz quebrada.
__¿Cómo puedes estar con él? Dorian... él es un espectro, una sombra, algo que no debería estar vivo. Y tú actúas como si fuera lo más normal del mundo__.
Daiana suspiró, sentándose a su lado y buscando su mano.
__Es diferente, Ana. Lo que tengo con Dorian... es una elección. Sí, es un híbrido, es peligroso y nuestro vínculo es complejo, pero fue algo que construimos. Él me respeta como individuo, me permite ser quien soy__.
__Él no__ Interrumpió Ana, haciendo un gesto vago hacia la puerta.
__Él no me respeta. Me posee. Me mira como si fuera su trofeo, su propiedad, su "luna". Siento su mirada incluso cuando no está en la habitación. Siento su hambre, su soledad... y lo peor es que, cuando me alejo, mi cuerpo siente que se va a romper. ¿Cómo llamáis a eso? ¿Amor? Porque a mí me parece una maldición__.
Daiana no tuvo respuesta inmediata. El contraste es doloroso. El vínculo de Ana no era una relación, es un grillete biológico y paranormal que la ata a la voluntad del Alfa. Daiana entiende que no puede pedirle a su hermana que vea la belleza en una jaula, por muy dorada que está sea.
__Estamos intentando ganar tiempo, Ana. Marcial es el verdadero peligro. Él va a querer usar tu conexión con el Alfa y conmigo para erradicar todo lo que no sea su versión de la "pureza"__. Explicó Daiana.
__Una vez que terminemos con él, buscaremos una forma de liberar ese vínculo. Te lo prometo__.
Ana soltó una risa amarga.
__No creo que él deje que eso pase. Él cree que es su otra mitad. Es como si estuviera hablando con un fanático religioso, pero en lugar de un dios, me adora a mí__.
Antes de que Daiana pudiera responder, un cambio drástico ocurrió en el ambiente. La mansión, que había estado zumbando con la tensión de los hombres, de repente se quedó en un silencio sepulcral. No es paz; es una ausencia absoluta de sonido, como si alguien hubiera succionado el aire de la casa.
Abajo, Dorian y el Alfa se congelaron al mismo tiempo. Dorian, siempre conectado a la esencia de la arquitectura, sintió el golpe primero.
__Marcial__. Susurró Dorian, apartándose de la chimenea. Sus ojos se oscurecieron.
__Ha comenzado__.
El Alfa caminó hacia la ventana, sus sentidos sobrenaturales captando algo que los humanos no pueden ver. El cielo nocturno, que hasta hace un momento mostraba las estrellas sobre Sereia, ha desaparecido. En su lugar, una negrura absoluta, espesa como la brea, cubre el exterior. No es noche cerrada; es un velo.
__Está sellando la casa__. Dijo el Alfa, con una rabia que empieza a desbordarse.
__No está intentando entrar. Está convirtiendo la mansión en un ataúd__.
El aire dentro de la casa empezó a volverse pesado, cargado de una presión que hace doler los oídos. Las ventanas comenzaron a empañarse desde el exterior, pero no con vaho, sino con una sustancia oscura que parece quemar el vidrio. Marcial no va a luchar con soldados. Va a luchar con rituales. Estaba ejecutando un confinamiento externo a gran escala, un hechizo diseñado para agotar el oxígeno y la magia dentro de las paredes, obligando a los ocupantes a asfixiarse en su propia desesperación.
Daiana bajó las escaleras apresuradamente, con Ana siguiendo sus pasos, aterrorizada por el cambio en la atmósfera.
__¿Qué está pasando?__. Preguntó Ana, sintiendo cómo el aire se vuelve difícil de respirar.
__Nos ha aislado__. Respondió Daiana, mirando las ventanas oscurecidas.
__Ha creado una burbuja de vacío alrededor de la mansión. Ni Dorian, ni el Alfa, ni yo podemos salir. Si usamos nuestros poderes para romper el sello, la energía de la mansión colapsará sobre nosotros. Nos está obligando a consumirnos desde dentro__.
Dorian se acercó a Daiana, rodeándola con un brazo, sintiendo la urgencia de la situación.
__Quiere que nos matemos unos a otros antes de que se nos acabe el aire. Sabe que el Alfa es volátil y que yo soy un híbrido. Si el caos nos consume, él ganará sin tener que levantar una sola reliquia de obsidiana__.
El Alfa se colocó frente a ellos, su presencia llenando el vestíbulo.
__No me importa su ritual__. Rugió el Alfa, sus ojos brillando con una intensidad sobrenatural.
__Si tengo que destrozar cada pared de esta casa para llegar a él, lo haré__.
__Si rompes el sello con violencia, la mansión caerá sobre nosotros, idiota__. Espetó Dorian, aunque su voz carece de la burla habitual; ahora hay urgencia.
__Tenemos que encontrar el punto de anclaje del ritual. Está afuera, oculto en algún lugar del terreno, pero el sello está conectado a nuestras propias firmas energéticas. Cuanto más luchemos, más fuerza le damos al hechizo__.
Ana miró a las tres figuras poderosas frente a ella. Por primera vez, el miedo personal quedó relegado a un segundo plano. La realidad es innegable: estan atrapados. La casa que debía ser un refugio se ha convertido en un sepulcro. Marcial ha jugado su mejor carta, y ahora, el Híbrido, la Arquitecta y el Alfa estan condenados a jugar bajo las reglas del fanático, o a morir juntos en la oscuridad.
El silencio volvió a caer, pero esta vez fue interrumpido por un sonido rítmico, como un latido constante, que proviene de las mismas paredes de la mansión. Marcial ha comenzado el conteo regresivo. El asedio no será una batalla de espadas, sino una guerra de resistencia, y el aire en la casa, cada vez más escaso, les recuerda que el tiempo no esta de su lado.
Dorian miró a Daiana, luego al Alfa, y finalmente a Ana.
__Escuchad bien__. Dijo, su voz resonando con la autoridad de un general.
__Si queremos sobrevivir, esta noche tenemos que dejar de ser enemigos. El Alfa protege el perímetro interior de la casa. Yo rastrearé el flujo de energía hacia el exterior, y Daiana... Daiana, tú tienes que sostener el núcleo de la mansión. Si el núcleo cae, todos morimos__.
El Alfa asintió una sola vez, una tregua forzada por la supervivencia. Daiana tomó aire, cerrando los ojos para comenzar su trabajo, y Ana, atrapada en medio del fuego cruzado, comprendió que su hermana y los seres que la rodean son lo único que la separa de la muerte. La guerra de Sereia ha llegado a sus puertas, y la mansión, un lugar maldito, esta a punto de convertirse en el escenario de la batalla final.