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¡Su Majestad, Juro Que No Soy La Heroina!

¡Su Majestad, Juro Que No Soy La Heroina!

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Pareja destinada / Reencarnación
Popularitas:18.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosangel Pérez

Un temible asesino a sueldo reencarna por karma en el cuerpo de una noble atrapada en una novela trágica. Su destino: casarse con el volátil Emperador de Fuego para calmar su ira, ser abandonada por la protagonista real y morir de depresión.

Dispuesto a cambiar su destino (y a costa de su hombría), decide jugar el juego: curará la inestabilidad del Emperador, pero planea exigir un divorcio millonario para recorrer este nuevo mundo mágico a su antojo. Lo que no esperaba es que al Emperador de Fuego le fascinara tanto su fría y letal esposa. Entre conspiraciones, magia y un romance que no quiere aceptar, el antiguo asesino tendrá que luchar para demostrar que ella (el)... definitivamente no es la heroína de esta historia.

NovelToon tiene autorización de Rosangel Pérez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21: Guerra en la alcoba imperial

La semana de reclusión nupcial, una tradición arcaica del Imperio destinada a asegurar la descendencia mediante el confinamiento de los recién casados, se convirtió para Kaelen y Mirelle en una vorágine de contradicciones absolutas. Fue una semana donde el tiempo pareció detenerse entre las cuatro paredes de la opulenta alcoba imperial, un espacio que olió permanentemente a sexo, especias exóticas y al aroma almizclado del poder. Para Mirelle, o más bien para la conciencia de Vance que habita ese cuerpo exquisito, fueron siete días de una guerra sin cuartel: una lucha cruda entre el odio racional que le profesa al hombre que la retiene y la pasión desenfrenada e irracional que ese mismo hombre despierta en su traicionera carne de mujer.

Las peleas fueron constantes, absurdas y estallaron con la misma facilidad con la que se enciende una cerilla en un pajar seco, sirviendo a menudo como el preludio violento para una nueva sesión de lujuria.

Una tarde, el conflicto estalló en el umbral del fastuoso cuarto de baño de mármol. Mirelle, con el cabello alborotado y la piel aún enrojecida por el roce constante, intentó cerrarle el paso al emperador.

__No puedes bañarte conmigo, Kaelen. No es normal__. Protestó ella, con una indignación que sono hueca incluso para sus propios oídos.

Su cuerpo recuerda con demasiada nitidez la brutalidad de la sesión anterior en la cama, donde Kaelen la había sometido con una intensidad depredadora, sosteniéndola por la cintura mientras la embestía hasta dejarla sin aliento, con sus testículos chocando rítmicamente contra su trasero en un eco de posesión absoluta. Ahora, goteando el semen de él por sus muslos, solo quieresumergirse en agua caliente y restregarse hasta que la evidencia de su capitulación desaparezca.

__Necesito privacidad. ¿Cómo rayos voy a relajarme tranquila en la tina si te tengo a ti observándome como si fuese el siguiente plato de tu banquete?__.

Recordando cómo había devorado la comida el día anterior bajo su mirada, la analogía parece perturbarla más a ella que a él. Kaelen, lejos de inmutarse por la furia en esos ojos que tanto le fascinan, se limitó a sonreír con esa media sonrisa lenta y letal que había usado para desarmarla frente a la comida.

__No hay ni una sola parte de tu hermoso cuerpo, mi emperatriz, que yo no haya reclamado ya con mis ojos, mis manos y mi boca__. Respondió él con una calma exasperante, acorralándola contra el marco de la puerta. Su voz grave vibró con una confianza aterradora.

__Conozco cada lunar, cada mancha, cada curva que se dibuja en tu piel. No hay razón para ocultarte ahora, cuando hace menos de unos minutos gritabas mi nombre mientras te poseía__

Sin darle oportunidad de replicar, la levantó. Mirelle pataleó débilmente, insultándolo en voz baja, pero la resistencia física es inútil contra la fuerza del emperador. Él la metió en la tina monumental, ya llena de agua caliente y aceites perfumados, sentándose él primero y colocándola a ella entre sus piernas. Mirelle, haciendo un puchero que Vance habría considerado patético en su vida pasada, intentó hacerse la difícil. Se desplazó hacia adelante en la tina, creando la mayor distancia posible entre su trasero y el miembro del emperador, que ya comienza a dar señales de vida contra su espalda baja. "Si sigue así, me dejará en silla de ruedas", pensó con terror genuino. Sin embargo, su cuerpo masoquista, esa entidad biológica que parece tener mente propia, no comparte el mismo temor. Sus hormonas traicioneras le susurran que una ronda en el agua sería interesante, un nuevo terreno que conquistar en esta batalla de piel.

Decidida a arruinar el momento romántico que Kaelen parece estar disfrutando al rodear su cintura con sus brazos, Mirelle lanzó un dardo envenenado.

__¿Ah, sí? ¿Privacidad total?__. Escupió con sarcasmo, girando un poco la cabeza para verlo.

__Entonces, si voy a hacer mis necesidades, ¿también te quedarás a olerlas? Porque te aseguro, Kaelen, que por muy bonita que luzco por fuera y por mucho que mis sirvientas me pongan perfumes caros, el excremento no huele a rosas. A ver si así se te quitan las ganas de estar pegado a mí como una lapa__.

Esperaba que la cruda realidad de la biología humana repeliera al altivo emperador. Vance sabe que los hombres nobles no pueden soportar la pérdida de la mística femenina. Pero Kaelen no es un hombre común. Lejos de molestarse, soltó una carcajada genuina, atronadora, que resonó en las paredes de mármol, encantado por la forma única, cruda y "no tan mujer" de hablar de su emperatriz. Esa falta de filtros es una de las razones por las que no puede tener suficiente de ella.

__Mi amor__. Dijo Kaelen, recuperando el aliento mientras sus manos comenzaron a recorrer sus caderas con una supuesta inocencia que no engaña a nadie.

__Si tú eres capaz de soportar el sabor amargo de ese té anticonceptivo que bebes cada momento después de que te hago mía, solo para evitar darme un heredero por el momento, entonces yo puedo soportar cualquier olor que provenga de ti. Nada en ti me repugna__.

Mirelle se quedó helada. Resignada a la invasión total de su espacio personal, Mirelle cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Kaelen. Él, con una delicadeza que contrasta brutalmente con la violencia de sus embestidas en la cama, comenzó a lavarle el cabello. Sus dedos masajearon su cuero cabelludo con una suavidad que hizo que Vance, internamente, soltara un suspiro de alivio. Luego procedió a enjabonar y estregar su espalda con una esponja de seda.

Pero el ambiente, cargado de vapor y de la tensión no resuelta de su conversación, se volvió erótico inevitablemente. Las manos del emperador abandonaron la esponja y subieron desde su cintura para lavar sus senos. Lo que comenzó como caricias lentas y jabonosas se transformó pronto en un toque más posesivo. Los pezones de Mirelle, esos traidores implacables, se endurecieron al instante bajo la presión de sus pulgares. Kaelen esbozó una sonrisa triunfante contra su cuello, una expresión que ella no vio pero que sintió con cada fibra de su ser.

Supo que la batalla esta perdida, otra vez.

Kaelen la pegó más a su cuerpo, eliminando cualquier rastro de agua entre ellos. Su trasero quedó apretado contra la erección dura y pulsante del emperador, mientras su espalda siente el latido rítmico del corazón de él contra el suyo. Las manos de Kaelen bajaron desde sus senos hasta su vientre plano, acariciándolo con posesividad, mientras su lengua comenzó a jugar en su oído, alternando entre mordiscos suaves y lamiendo las gotas de agua que bajan por su cuello.

El placer fue inmediato y abrumador. El agua caliente parece potenciar la sensibilidad de su piel. De pronto, sin previo aviso, el cuerpo de Mirelle fue levantado y volteado por esas manos poderosas en medio de un gran chapoteo. Quedó a horcajadas sobre él, con las piernas envolviendo su cintura. No tuvo tiempo de procesar el cambio de posición ni de lanzar ninguna protesta sarcástica cuando el miembro de Kaelen, lubricado por el agua y el jabón, arremetió contra su interior con una estocada profunda que la hizo arquear la espalda hacia atrás, gritando de placer.

El agua de la tina comenzó a chapotear violentamente contra los bordes de mármol, derramándose por el suelo al ritmo frenético de sus movimientos. Mirelle, poseída nuevamente por ese instinto masoquista que odia y ama a la vez, comenzó a moverse en automático, subiendo y bajando, buscando más profundidad, más fricción. El vapor, los gritos de ella y los gruñidos roncos de él crearon una atmósfera casi mística. La afinidad de Mirelle con el agua pareció activarse involuntariamente, haciendo que el líquido a su alrededor vibrara con la intensidad de su clímax compartido, que los alcanzó a ambos en una explosión de sensaciones que los dejó temblando y aferrados el uno al otro en la tina ahora medio vacía.

Otro día, la discusión fue política y doméstica. Mirelle, intentando desesperadamente recuperar algo de su autonomía, trató de replicar sobre la necesidad de dormir en camas separadas una vez que la semana terminara. Argumentó que es costumbre entre la alta nobleza imperial que el emperador y la emperatriz tuvieran sus propios aposentos para garantizar el descanso y la privacidad

__Si ya nos hemos visto cada centímetro del cuerpo, hemos hecho el amor en cada rincón de este cuarto, en la mesa donde comimos y en el baño, ¿cuál es el maldito punto de seguir fingiendo que somos extraños que necesitan privacidad para dormir?__. Rugió el, frustrado por la lógica aplastante de la biología versus las normas sociales.

La oferta de Mirelle, llena de un cinismo que a Kaelen le resulta extrañamente atractivo, provocó que el emperador se cansara de las palabras. En un movimiento rápido que la tomó por sorpresa, la levantó y la cargó sobre su hombro como si fuera un saco de papas.

Mirelle protestó gimiendo, golpeando su espalda con sus puños, pero él simplemente caminó hacia la cama monumental. La arrojó suavemente sobre el colchón de plumas y, antes de que pudiera rodar para escapar, se acostó a su lado, atrapándola en sus brazos. La estrechó contra su pecho con firmeza, anulando cualquier posibilidad de movimiento, y permaneció así, respirando su aroma, hasta que el cansancio venció la resistencia de ella y se durmieron entrelazados.

Finalmente, la semana de confinamiento terminó. La pesada puerta de la alcoba imperial se abrió, y con ello llegaron las responsabilidades de llevar un imperio. Los ministros esperan, los informes se acumulan y la realidad política exige su atención. Mirelle, sintiendo una extraña mezcla de alivio y aprensión, comenzó a empacar mentalmente. Se preparó para regresar a la lujosa habitación que le habían asignado originalmente en el ala de la emperatriz, un lugar que ahora siente extrañamente ajeno tras siete días de vivir en el territorio de Kaelen.

Pero el emperador tiene otros planes.

Estan en el centro de la habitación, vestidos nuevamente con la formalidad que exige su rango, aunque la ropa se siente extraña sobre su piel acostumbrada a la desnudez compartida. Mirelle se ajusta las mangas de su vestido de seda color zafiro cuando Kaelen la tomó de la muñeca.

__No hay negociación en esto, mi emperatriz__. Sentenció él, con una voz que no admite réplica, la voz del gobernante ante el cual el imperio tiembla.

__Tú y yo estaremos en la misma habitación por siempre__. Mirelle lo miró, incrédula.

__Kaelen, las reglas de la nobleza...__.

__No pienso seguir esa regla absurda de la nobleza de "cada quien en su habitación", que en nuestro caso sería cada quien en su ala del palacio, a kilómetros de distancia__. La interrumpió él, tirando de ella hacia su cuerpo. Su mirada es intensa, depredadora, pero también extrañamente posesiva y necesitada.

__Tú eres mi esposa. Eres mi emperatriz. Te deseo cada hora del día y te quiero a mi lado, no solo para intimar, Mirelle, sino para despertar y ver que estás ahí__

__Pero...__. Intentó protestar ella, el pánico creciendo en el pecho de Vance ante la idea de perder su último refugio.

__Y aunque te sigas haciendo la dura__. Continuó Kaelen, acallando su protesta con un dedo sobre sus labios.

__Tú lo deseas tanto como yo. Tu cuerpo no miente, aunque tu boca se empeñe en llevarme la contraria__.

Mirelle trató de apartarse, indignada por su arrogancia, pero Kaelen la calló de la única manera que sabe que funciona instantáneamente. La besó. No fue un beso suave de despedida; fue un beso profundo, posesivo, que le supo a hambre y a promesa. Su lengua penetró su boca con una urgencia que hizo que el cerebro de Mirelle se volviera papilla, borrando cualquier argumento político.

Mientras la besa, las manos del emperador trabajaron con una eficiencia aterradora. Antes de que ella pudiera procesarlo, sintió el aire frío en sus muslos. Kaelen ha subido la falda de su vestido y, con una destreza que la hizo gemir contra sus labios, deslizó sus dedos en su interior. Ella ya esta mojada, traidoramente lista para él. Sus dedos se movieron con un ritmo cruel y experto, encontrando el punto exacto de su placer mientras su boca sigue devorando la de ella.

El orgasmo llegó rápido y potente, un clímax que la dejó temblando, con las piernas cediendo, el vestido arrugado y la respiración entrecortada. Kaelen la sostuvo para evitar que cayera, sonriendo con satisfacción mientras se separa unos centímetros de su rostro.

"Ah, rayos... qué débil es este cuerpo ante el emperador", se quejó internamente la voz de Vance, llena de una amargura cansada y humillante. Ha sido derrotada nuevamente por el placer básico, sin derechos a protesta, desarmada por un hombre que parece conocerla mejor que ella misma.

Mirelle enderezó su postura como pudo, arreglándose el vestido con manos temblorosas, sabiendo que ha perdido la guerra por el control de sus propios aposentos. Sin embargo, en el fondo de su mente, la conciencia de Vance sabe que la situación es mucho más complicada y peligrosa de lo que quiere admitir. Ponerle un nombre a lo que esta creciendo entre ella y el emperador (esa mezcla de necesidad, posesividad, lujuria y algo más aterradoramente parecido al afecto) es un riesgo que no puede correr. Si lo admite, lo volverá real, y eso amenazará la identidad de alma masculina que lucha desesperadamente por conservar, atrapada en un cuerpo de mujer que suspira por el toque de Kaelen.

La semana ha terminado, pero la verdadera batalla por su alma acaba de comenzar.

1
Alma Morales
En asuntos políticos puede ser Vincet y con el emperador Mirelle y listo 💞💞💞💞
Alma Morales
Ya se está dando porvencida 🤣🤣🤣
Alma Morales
Le llegará su regla🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
Bien dicho, así les cierra el pico 🤐 a esos impertinentes 👍❤️😁
Tatys Maramotti Silva 🫶💛💙❤️
lamentablemente tú cuerpo te traiciona mi querida Emperatriz aunque tú mente no quiera eso, es un verdadero conflicto interno 🤦😜
Fanny
va genial la historia, hace reír, me encanta
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
jajajaja el cuerpo de Mirelle no más no coopera con Vance 🤦🤦🤦🤦🤦
DAISY VARGAS
cuando uno ama de verdad no le repugna nada experiencia vivida
Edwin Rodríguez
ohhh ya quiero ver qué locura hace su alma y de hombre contra su cuerpo de mujer🤣🤣🤣🤣🤣
Arely Castañeda
le dijo mi amor🥰🤭
Alma Morales
Se van a enamorar muchísimo 💞💞💞
Alma Morales
También le gustó a Vins 🤣🤣🤣🤣
Alma Morales
Osea ya se entero Kaelen de que ella era hombre en su otra vida😱😱😱😱y aun así le gusta😱😱😱
Alma Morales
En ese imperio ya están aburridos de lo mismo😤
Alma Morales
Se topo con el emperador 🤣🤣🤣y ella ni por enterada🤣🤣🤣🤣
Alma Morales
No te queda de otra ,desaser el compromiso con un emprendedor es muy difícil 😱😱😱
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣 ya sos un Vance caido home🤣🤣🤣
Anonymus
Literalmente, sin palabras, Vance, te dieron, sopa, seco, plato fuerte, entremedio, postre y te empacaron un poquito para llevar 🤭🤭🤭🤣😂🤣😂🤣😂
DAISY VARGAS
la envidia es mala vence🤣🤣😅😅
DAISY VARGAS
tu dignidad quedó en el suelo🤣🤣🤣😅😅😅😅
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