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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La jugada silenciosa

Capítulo 13

El olor a desinfectante aún impregnaba el aire.

Matías estaba sentado en la cama, apoyado contra el respaldo. El vendaje firme en su abdomen le recordaba que había estado a centímetros de la muerte. Pero su mente… estaba más despierta que nunca.

Un error.

Solo uno.

Y casi le cuesta todo.

La puerta del cuarto se abrió sin ruido.

—Están aquí —anunció uno de sus hombres.

Matías asintió.

—Que entren.

Tres hombres cruzaron el umbral. No eran simples guardaespaldas. Eran las piezas clave de su estructura en México. Los únicos en quienes confiaba lo suficiente como para hablar sin filtros.

—El Cartel del Norte no se ha movido —dijo el primero—. Demasiado silencio.

Matías sonrió apenas.

—Eso significa que creen que reaccionaré.

—¿Y no lo harás?

Matías sostuvo su mirada.

—No como esperan.

Silencio.

Todos sabían que cuando Matías hablaba así… alguien iba a caer.

En otra parte de la ciudad, Isabella caminaba por los pasillos de la universidad como si nada hubiera pasado.

Pero todo había cambiado.

Cada ruido fuerte la hacía girar la cabeza.

Cada mirada desconocida la ponía alerta.

No era miedo.

Era conciencia.

Sabía que Matías estaba moviendo algo. Lo sentía.

Y odiaba que no la incluyera.

En la clínica clandestina, Matías desplegó un mapa sobre la mesa.

—Ellos quieren guerra abierta —dijo con calma—. Quieren que dispare primero para justificar una masacre.

Uno de los hombres frunció el ceño.

—Entonces… ¿qué propones?

Matías levantó la vista.

Sus ojos ya no tenían debilidad.

—Cortarles el oxígeno.

Señaló tres puntos en el mapa.

—Rutas de suministro. Cuentas congeladas. Dos aliados que no son tan leales como creen.

—Eso es arriesgado.

—No tanto como una guerra.

Se apoyó en la mesa, conteniendo el dolor.

—No quiero ruido. No quiero cuerpos en la calle. Quiero que cuando despierten… estén asfixiándose y no sepan por qué.

Silencio.

Uno de los hombres asintió lentamente.

—Eso los obligará a exponerse.

—Exacto.

Matías tomó aire.

—Y cuando lo hagan… sabré exactamente a quién disparar.

Horas después, en un edificio elegante del centro, el hombre que había ordenado el ataque recibió una llamada.

—Se cayó la ruta del puerto.

Frunció el ceño.

—¿Cómo?

—Incautación anónima.

Otra llamada.

—Congelaron dos cuentas en Panamá.

Otra más.

—Los Herrera se retiraron del trato.

El hombre apretó el teléfono con fuerza.

—¿Qué está pasando?

Del otro lado solo hubo silencio.

Matías no había disparado.

Pero había atacado.

Esa noche, Isabella regresó al lugar donde Matías se recuperaba.

Entró sin avisar.

Lo encontró de pie, vestido ya con camisa negra, aunque aún se notaba la rigidez en sus movimientos.

—Deberías estar descansando.

Él no se sorprendió al verla.

—Deberías estar lejos.

Ella cruzó los brazos.

—No funcionó.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Matías.

—No.

Ella lo miró con atención.

—Estás planeando algo.

—Siempre.

—¿Es peligroso?

Matías caminó hacia ella, despacio.

—No para ti.

Isabella sostuvo su mirada.

—Eso no responde mi pregunta.

Silencio.

Tensión.

Él se detuvo frente a ella.

Demasiado cerca.

—Estoy asegurándome de que nadie vuelva a apuntarte.

El corazón de Isabella latió más fuerte.

—No soy tu punto débil.

—No —corrigió él suavemente—. Eres mi línea roja.

El aire entre ellos se volvió denso.

Ella tragó saliva.

—¿Y si cruzan esa línea?

Los ojos de Matías se oscurecieron.

—Entonces dejo de jugar limpio.

Isabella entendió algo en ese momento.

El disparo no había cambiado a Matías.

Lo había refinado.

Ahora no era impulsivo.

Era calculador.

Y eso era mucho más peligroso.

A la madrugada, un vehículo explotó en un estacionamiento vacío.

Sin víctimas.

Pero con un mensaje claro.

Dentro, documentos.

Nombres.

Traiciones internas del Cartel del Norte.

Matías no estaba atacando al enemigo.

Estaba haciendo que el enemigo se destruyera solo.

Al día siguiente, el hombre que había ordenado el disparo golpeó la mesa furioso.

—¿Quién está filtrando información?

Nadie respondió.

Porque el miedo ya se estaba colando entre ellos.

Exactamente como Matías había previsto.

De regreso en la clínica, uno de sus hombres se acercó.

—Funcionó. Están desconfiando entre ellos.

Matías asintió.

Pero su mirada estaba fija en la puerta.

—No bajen la guardia.

—¿Crees que intentarán algo más?

Matías pensó en Isabella caminando sola por la universidad.

Pensó en su sonrisa.

En su desafío.

En la bala.

—No lo intentarán —dijo con frialdad—. Lo harán.

Esa noche, Isabella recibió un mensaje desconocido.

Un número oculto.

Solo una frase:

"Él no puede protegerte de todo."

Su respiración se detuvo.

Y en ese mismo instante, su teléfono vibró otra vez.

Mensaje de Matías.

"No salgas sola mañana."

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